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TELECENTROS
Y DESARROLLO CULTURAL EN LA CIUDAD DE SEVILLA
Diseño
de investigación y notas para una experiencia de creatividad
social
Francisco
SIERRA CABALLERO
UNIVERSIDAD DE
SEVILLA
fsierra@us.es
Las
nuevas formas mediáticas digitales han modificado y redefinido
conceptualmente el sistema convencional de medios articulando
nuevas formas de producción y organización de la mediación
informativa.
Las
mutaciones que introduce la “galaxia Internet” en la nueva
morfología social se manifiestan con especial intensidad en las
perturbaciones e irrupciones de la actividad social que afectan
a la cultura. Transformaciones reticulares y centrífugas de la
nueva ecología cultural que hoy permiten sobremanera al sujeto
de la posmodernidad permear la realidad misma, personalizar el
mundo, apropiarse con la imaginación mundos posibles y reales
de interacción, y proyectar nuevas lógicas de participación y
desarrollo local.
En
esta línea, se presentan a continuación las bases metodológicas
y los fundamentos programáticos de actuación de la Red de
Comunicación y Desarrollo Local, integrada por el Centro
Iberoamericano de Comunicación Digital de la Universidad de
Sevilla, la red de Emisoras de Radio y Televisión Municipales
de Andalucía (EMA-RTV) y la organización no gubernamental
Instituto Europeo de Comunicación y Desarrollo, para la promoción
del uso y apropiación de las nuevas tecnologías de la
información y la comunicación (NTIC´s) en la programación
del desarrollo sociocultural de la ciudad de Sevilla.
PENSAR LA NUEVA ECOLOGÍA
COMUNICACIONAL
El punto de partida de este proyecto es el reconocimiento
de un nuevo ecosistema informativo. En la nueva cultura mediática
el proceso de comunicación se ha liberado por completo de las
coordenadas espaciotemporales descritas por Descartes en los
albores de la modernidad con formas ampliadas de experiencia que
trascienden el horizonte local de los acontecimientos. Más aún,
la espacialización del tiempo en la red anticipa una nueva
conceptualización de lo local.
Castells habla en este
sentido de una nueva lógica espacial basada en flujos de
información frente a la lógica de la organización social
arraigada en la historia de los lugares y territorios locales
inmediatos. El nuevo modelo de configuración urbana, el espacio
de los flujos inmateriales de organización de las prácticas
sociales disocia la experiencia del espacio físico haciendo
posible la simultaneidad virtual y el espacio fragmentado
atemporal. Tales transformaciones se manifiestan y repercuten
con especial intensidad en la planeación urbana.
En las dos últimas décadas,
se ha iniciado un proceso contradictorio de transformación
urbana en torno a las redes tecnomediáticas y comunicacionales
de la revolución digital reorganizando las bases de articulación
de las ciudades y megalópolis modernas que trasciende las
formas históricas conocidas de territorialidad. La reformulación
informacional de lo urbano nos plantea a este respecto
significativos interrogantes sobre las lógicas de planificación
y gestión comunicacional en las políticas de ordenación del
territorio apenas explorados en el campo de la Comunicología.
Pero sobre todo nos sitúa ante un problema ideológico
fundamental de legitimación y fundamentación del contrato
social.
DE
LA TELÉPOLIS Y LA CIUDADANÍA GLOCAL
Sobre las formas convencionales del lazo social, sobre
las prácticas y representaciones simbólicas modernas, el
ciberespacio introduce nuevos hábitos y relaciones. Como bien
señala Echevarría, los problemas técnicos de acceso,
circulación o transmisión rápida y segura de la información
a través de Internet son importantes, pero resulta mucho más
urgente reflexionar sobre la conformación de la red como nuevo
espacio ciudadano. La conformación de una nueva telépolis
constituye a este respecto el principal reto que debe afrontar
la agenda de investigación en comunicación. La ruptura de los
límites internos y externos de la ciudad y de los territorios,
la integración y confusión de los ámbitos público y privado,
tradicionalmente concebidos en el discurso y en la comunicación
política moderna separadamente, no sólo apunta nuevas pautas
culturales de organización y socialidad humanas, sino también,
a través de las diversas formas electrónicas de interacción e
intercambio de información, la constitución de un nuevo
espacio de identidad y participación política.
La cultura de la navegación,
la cultura de la crisis comunicacional, de las migraciones y
mediaciones culturales hibridadas y descentradas, polivalentes y
diversas, ha transgredido definitivamente las leyes culturales
de la proxemia, del territorio y las fronteras, de los modos de
identificación de lo propio y lo ajeno, de lo cosmopolita y lo
local, para ir instaurando definitivamente una lógica
transversal y constructiva – autónoma, diríamos – de
producción de las diferencias culturales, en función de una
nueva forma de organización espaciotemporal de la experiencia,
del sentir y del sentido, que por necesidad ha asumido como
principio la interculturalidad, el reconocimiento del otro, de
la alteridad como identidad, y asimismo la asunción de una
cultura del diálogo. Ello supone, desde luego, un cambio
cultural sin precedentes que incide de forma especial en la
memoria colectiva.
Hoy
la red se está convirtiendo en el espacio o entorno/memoria de
la cultura popular. Pero, como advierte Héctor Schmucler, la
velocidad de escape plantea un problema:
“Entre memoria y
comunicación existe una relación inquietante: se excluyen y se
necesitan al mismo tiempo. La idea de comunicación generalizada
en nuestros días evoca la instantaneidad, la simultaneidad y en
el límite, el no tiempo. La memoria siempre exigió la duración,
la persistencia; el concepto de velocidad le es ajeno. Para que
la memoria se adaptara a la noción de comunicación sin tiempo
tuvo que excluirse de los cuerpos y alojarse en la abstracción
de señales electrónicas. La comunicación como puro contacto
se corresponde a la memoria digital: almacenamiento de sucesivas
oposiciones de insignificantes unos y ceros. En ambos sólo se
reconoce un cúmulo de fragmentaciones; parcelación indefinida
que desvanece el reconocimiento de un origen y que se libera de
cualquier pertenencia. La memoria, así, se vuelve un repertorio
idiota de datos y la comunicación una serie de mecanismos que
los interconectan. Tautológico, este orden tecnoinstrumental en
que se han inscrito memoria y comunicación no hace otra cosa
que repertirse a sí mismo” (Schmucler, 1997: 12).
Pensar la aportación de las NTIC a la memoria y al
desarrollo local exige, por ello, en primer lugar, modificar las
estrategias de análisis, cuestionar los métodos y técnicas de
investigación, integrar disciplinas y perspectivas de estudio,
cambiar la mirada en un sentido productivo y ecológico. Los
entornos complejos del ciberespacio y las redes tecnológicas
demandan una investigación crítica reflexiva y un nuevo marco
teórico capaz de describir y comprender las condiciones técnicas
del mundo electrónico posmoderno desde una aproximación endógena
y generativa al complejo tecnomundo de los nuevos medios, pues sólo
una observación de segundo orden permitirá proyectar nuevos
procesos de mediación.
En
el actual entorno telemático es necesario un conocimiento más
elástico de la comunicación como flujo. Y un enfoque más
creativo de la investigación en comunicación. Como advierte
Paolo Vidali, la virtualidad de la nueva cultura mediática pone
en juego no sólo la reivindicación de lo singular de toda
experiencia, sino la potenciación y extensión de los sentidos
recuperadores de la imaginación como medio productivo de
conocimiento (Bettetini/Colombo, 1995: 270).
El
desarrollo exponencial de medios inteligentes de conexión y
documentación informativa nos plantea a este respecto una
reflexión fundamental sobre la propia naturaleza del
pensamiento y la cognición humanas. La sociedad telemática nos
ha hecho comprender, al fin, reflexivamente, la relación
ecosistémica que mantenemos con nuestro sistema y con el
entorno que observamos y transformamos a través del proceso de
conocimiento. El cambio de paradigma comunicológico parte, en
este sentido, de una consideración creativa de la complejidad
social en torno a los nuevos procesos de mediación informativa,
proyectando el campo social del entorno urbano como un espacio
plural, constructivo y contradictorio de las identidades
culturales múltiples, como un espacio de encuentro, de nuevas
realidades, de socialización, migración y transformación del
territorio, como una red de redes y vínculos sociales.
La
metáfora de la red aquí más que un juego lingüístico da
cuenta de un proceso imaginario que trata de convertir a los
actores sociales en tejedores de sueños, en artífices de los
procesos materiales, simbólicos y político sociales de la
ciudad. Se trata de desplegar una cultura de investigación
generativa que contribuya, como resultado, a desarrollar
procesos colectivos de apropiación de las tecnologías y
saberes comunicacionales, ampliando la cultura de información
vigente mediante una concepción comunicativa dialógica,
emancipadora y productiva de la cibercultura.
Para
ello, debemos comenzar a preguntarnos cómo se articula la red,
qué niveles de análisis y de qué modo se pueden comprender
los procesos comunicativos a través de estas redes, más allá
de la polarización entre el individuo y la red global. Y
definir al mismo tiempo una nueva política de la representación,
pues, como advierte Jameson, no hay proyecto de investigación
sin racionalidad social e histórica, ni intervención cultural
sin proyecto político.
UN
NUEVO MARCO ESTRATÉGICO
Por
lo mismo, la idea original del programa “Nuevas tecnologías,
participación ciudadana y desarrollo local” no es sin más
dotar de herramientas accesibles a la población de Sevilla para
cubrir una demanda de consumo o conexión a la red, en línea
con algunas de las líneas maestras definidas hasta la fecha por
la Unión Europea, que identifica por lo general el proceso de
construcción de la Sociedad de la Información con los medios
de difusión digital en manos del Estado y, en la mayoría de
los casos, según las necesidades y posibilidades del mercado.
En las iniciativas consideradas a este respecto por la Comisión
Europea, y los gobiernos de la Unión, la planificación y
control de los nuevos espacios de interacción telemática
reproducen, como consecuencia, el modelo regulador y de mediación
de los medios convencionales (prensa, radio, televisión, . .),
excluyendo o marginando del proceso el potencial creativo de la
ciudadanía y el tejido social organizado.
Frente
a esta lógica, la red de telecentros de la ciudad de Sevilla ha
sido concebida como una apuesta por el empoderamiento del Tercer
Sector y de la ciudadanía, como una decidida voluntad de
configuración de las condiciones propicias para una comunicación
no burocratizada, ni mercantilizada, en virtud de un modelo
genuino y diferente de creatividad social que se inspira en la
investigación-acción y la capacidad de comunicación de las
organizaciones no gubernamentales y los sectores
tradicionalmente excluidos del proceso de modernización tecnológica,
con el fin de reconstruir espacios comunitarios, de participación
y encuentro, de diálogo y cooperación, que pueden sin duda
contribuir al fortalecimiento de la gobernabilidad e
instituciones de la ciudad.
En
esta línea, el proyecto parte de una idea compleja de
comunicación según la cual la extensión de redes telemáticas,
la promoción de grupos autónomos de intervención y el diseño
de proyectos comunitarios a partir del lenguaje de los vínculos
debe ser la base de cooperación productiva para construir
comunicación local democrática multiplicando tres formas
estratégicas de la comunicación alternativa:
-
La reflexividad
colectiva y liberadora sobre las prácticas de comunicación.
-
La cultura dialógica de construcción del consenso.
-
Y el reconocimiento de la multiplicidad y la diferencia.
La
política de redes de pensamiento e intervención social en la
comunicación constituye, en este sentido, otra forma de hacer
cultura, otra forma de organizar la comunicación y la
participación ciudadana:
-
Articulando dinámicas de consenso e integración de los
diferentes actores sociales de la ciudad en la discusión del
modelo organizativo de la comunicación pública.
-
Garantizando la cobertura y acceso de todos los usuarios.
-
Observando el principio de igualdad en la participación
pública del sistema cultural organizado por las industrias de
la comunicación.
-
Facilitando la multiplicidad de emisores y el pluralismo
real en la estructura de la información local.
-
Y promoviendo el uso creativo y crítico de los medios, a
partir de una pedagogía de la comunicación transformadora.
Concebida
como una dimensión estratégica para reconstruir la ciudad y
dinamizar la ciudadanía y la gobernabilidad local, el programa
parte de los espacios de convivencia que las redes sociales
construyen en los barrios y los distritos de la ciudad para
definir un nuevo marco de relaciones sociales que, desde una
mirada ecológica,
haga posible el espacio público local como un complejo entorno
de participación pluralmente constituido en el reconocimiento
de las múltiples voces y actores que lo conforman, y así poder
rescatar la palabra, las prácticas comunicativas que se generan
desde los propios ciudadanos, en la definición de un nuevo
modelo de desarrollo basado en la confianza ciudadana por
manifestarse, por hacer propuestas y llegar a acuerdos, en
definitiva, por transformar la participación en la vida política
como un compromiso con la comunidad y la convivencia. De acuerdo
a esta filosofía, el proyecto se sustenta en un plan de trabajo
y de Investigación Acción Participativa como programación de
proyectos barriales descentralizados, donde la comunicación se
vincula de forma directa al desarrollo local en todas las fases
del mismo, de forma transversal, tratando en todo momento de
observar qué posibilidades hay de codeterminación, de proyección
y cambio histórico, de definición y afirmación del deseo de
una política de autogobierno de la comunicación en la red
global.
Tal
dinámica presupone, en consecuencia, una intervención en red,
con otras ciudades, experiencias y programas de trabajo
nacionales e internacionales, tratando en todo momento de pensar
los macroprocesos de configuración de la sociedad global de la
información, con las dinámicas locales, próximas y concretas
de los ciudadan@s de Sevilla, en línea con proyectos marco
estratégicos como los Presupuestos Participativos, del que el
plan de telecentros forma parte y participa de forma coordinada,
contribuyendo con su desarrollo a dinamizar y diversificar las
formas de acceso, participación y decisión de los vecinos.
EJES DE ACCIÓN Y CULTURA METODOLÓGICA
Esta
y otras experiencias locales de los miembros de la red
constituyen el capital intelectual y social aplicado al
proyecto, cuyo denominador común es una filosofía praxiológica
de la comunicación basada en cuatro principios de actuación pública:
-
El liderazgo y capitalización del proceso por el Tercer
Sector y la ciudadanía, conformando un modelo de organización,
planeación y gestión de la red con participación pública y
autonomía social.
-
La definición de un modelo reticular de organización y
concepción del proyecto inspirado en la lógica de
desterritorialización que, aún siendo un proyecto de base
local, amplía las estrategias de cooperación, intercambio de
información y conocimiento, e intervención con otros grupos,
iniciativas y programas europeos, latinoamericanos o africanos
que actualmente vienen trabajando en esta dirección.
-
La apuesta por un modelo de participación con énfasis
también en la economía social. A diferencia de otros
proyectos, la red de telecentros se Sevilla no se limita tan sólo
a ofrecer un servicio público y un espacio para la ciudadanía.
Además de la prestación de esta función vertebral estratégica
para la Sociedad de la Información y la gobernabilidad local,
el proyecto “Nuevas tecnologías, participación ciudadana y
desarrollo local” aspira a promover sinergias productivas, dinámicas
de innovación y reconducción económica, con impacto en el
territorio, albergando programas tanto de formación específica
en el campo de las nuevas tecnologías, como el asesoramiento y
desarrollo virtual del pequeño y mediano comercio local, y la
creación de nuevos servicios y redes de producción, distribución
y organización económica social (cooperativas, industria de
contenidos, campañas de comercialización, incubadoras de
empresas, . . . ).
-
El diseño de un programa de investigación-acción según
la filosofía y propuestas del Programa Ciencia y Sociedad de la
Unión Europea. La red de telecentros nace vinculada al proyecto
y resultados de un proyecto de investigación aplicada dirigido
a:
o
Sistematizar las
experiencias, resultados y modelos de participación política y
social de la ciudadanía con y en materia de nuevas tecnologías
de la información.
o
Conocer los usos,
obstáculos y factores de incorporación de las NTIC`s en la
vida cotidiana y el espacio público de la ciudad.
o
Definir los
procesos de apropiación y praxis comunicativa con las
herramientas de mediación digital por los ciudadanos.
El proyecto trata, de este modo, de realizar tres
objetivos estratégicos de intervención:
-
La promoción de una nueva cultura del ocio participativa
y democrática, favorecedora de sinergias y procesos de
configuración del espacio público y la gobernabilidad local.
-
La generación de contenidos electrónicos en la red,
bien como resultado de las iniciativas de creación de los
grupos sociales involucrados en el proyecto, como en forma de
servicios profesionales de apoyo a pequeños empresarios y
comerciantes, de cada distrito y unidad barrial, así como forma
de difusión de nuevas ofertas de información, comunicación y
cultura local.
-
La integración y cooperación con colectivos sociales
especialmente marginados del proceso de innovación tecnológica
y desarrollo de la nueva economía de la información y la
comunicación.
El núcleo de
organización de los procesos de articulación con las NTIC´s
es el telecentro, espacio físico dotado de la infraestructura
telemática necesaria para la realización de las actividades
relacionadas con estos tres ejes estratégicos de actuación al
fin de:
-
Facilitar el acceso a Internet de la ciudadanía, con
especial empeño en el caso de los colectivos más marginados.
-
Dinamizar la cultura local, promocionando las formas de
expresión y memoria popular con los nuevos soportes digitales.
-
Contribuir a la integración de la población inmigrante,
apoyando su acceso a los medios de interconexión con las redes
de pertenencia en sus poblaciones de origen y asentamiento.
-
Organizar nuevas redes ciudadanas y alianzas entre
movimientos y plataformas sociales, fortaleciendo el tejido
asociativo y el cambio cultural en las formas de relación y
organización interna de las organizaciones no gubernamentales.
El
programa de intervención contempla para ello la creación de
una unidad central de base para la producción, dirección y
coordinación del proyecto, y una red de telecentros alojada en
los centros cívicos de la ciudad, así como, en cada uno de los
barrios de la ciudad, adaptando en algunos casos donde resulte
oportuno disponer de otro espacio mejor comunicado y reconocible
por la población, sedes de asociaciones de vecinos,
organizaciones no gubernamentales o casas de la juventud. En
estos espacios de convivencia social se articulan las redes de
generación de cultura y ciudadanía, las lógicas proactivas de
participación local, los espacios plurales y deliberativos de
información, comunicación y decisión colectiva, con la misión
de rearticular en el ciberespacio los viveros de ciudadanía y
los espacios de interlocución.
A nuestro entender, las
nuevas redes telemáticas abren un escenario potencial de múltiples
sinergias productivas de cooperación, organización y autonomía
comunitaria que debe ser explorado y conocido para un mejor
desarrollo de la comunicación local en las lógicas globales de
la nueva sociedad de la información. Las redes cívicas, los
telecentros comunitarios o plataformas públicas que generan
formas innovadoras de apropiación y uso de las NTIC, deben por
lo mismo ser revitalizadas en los procesos creativos de
organización y desarrollo social. En este sentido, podemos
decir que las comunidades locales en el ciberespacio están en
condiciones de articular procesos constituyentes de inteligencia
colectiva para el cambio social a partir de las necesidades
radicales de los sujetos y conjuntos humanos. Al favorecer
diversas formas de interacción, cooperación e intercambio
basadas en la participación activa, las comunidades locales
disponen con las nuevas plataformas digitales una herramienta
poderosa de organización y desarrollo endógeno, favoreciendo
además “la democratización de la creación cultural y la
ruptura de la barrera histórica entre productores y
consumidores de objetos culturales” (Abril, 1998: 72).
La
transferencia de poder creativo a las máquinas de
procesamiento, depósito y programación informativa plantea, a
este respecto, problemas estratégicos de coresponsabilidad y
cogestión cultural en materia de comunicación y desarrollo. La
gestión de los bienes informacionales y de la exomemoria telemática,
las formas de planificación y desarrollo del patrimonio
cultural apuntan significativas interrogantes sobre las
relaciones entre poder, información y desarrollo que apenas
comenzamos a definir. Así por ejemplo:
“Son
determinantes, obviamente, las decisiones de política de la
documentación, es decir, las relativas a las finalidades del
banco de datos y a las modalidades de acceso: la comercialización
de los datos almacenados acaba por constituir otro criterio,
esta vez de naturaleza económica, que opera tanto en la fase de
selección como la de interrogación. El valor de la información
no está ya determinado sólo por parámetros internos a la
institución documental, sino que se ve afectado por las leyes
de un verdadero mercado, a menudo competitivo; así, la apertura
al público – controlada o indiscriminada, gratuita o de pago
- o la decisión de gestionar sólo internamente las
informaciones almacenadas influyen tanto sobre la arquitectura
del sistema como sobre las convenciones adoptadas y, en un último
análisis, sobre los contenidos memorizados”
(Bettetini/Colombo, 1995: 226).
La
apuesta, en este sentido, por una perspectiva virtual de las
nuevas comunicaciones no debe entenderse en oposición a lo
real, sino más bien a lo actual, como potencia, como realidad
conceptual, como utopía, pero por lo mismo como una propuesta
política de la comunicación para el ámbito local concreto.
Pues sin proyecto estratégico y política definida no es
posible la realización de la cultura mediática sugerida. En
coherencia, el modelo organizativo de planificación y gestión
del proyecto parte de una decidida política de construcción de
la red de telecentros de dominio público y gestión social, con
participación del gobierno municipal, las organizaciones
sociales y la universidad. Un consorcio creado a tales efectos
será la instancia encargada de evaluar y definir las líneas de
actuación estratégicas. El principio de pluralidad y vocación
de servicio público y gestión autónoma por las entidades
ciudadanas contempla la inclusión de representantes del
comercio y las pequeñas y medianas empresas de la ciudad. Por
supuesto, el modelo de organización es comunitario, con
financiación pública y privada, descentralizado por barrios y
autónomo en su financiación. Los tres grupos principales
objeto del proyecto y protagonistas de la iniciativa son:
-
Los
jóvenes, en función de la demanda de acceso a la
información, la cultura y medios de expresión, en
especial en barrios periféricos o desprovistos de
infraestructura y oferta cultural de la ciudad.
-
Las
mujeres excluidas del mercado de trabajo y sin acceso al
conocimiento de la red digital.
-
La
población inmigrante demandante de servicios públicos
gratuitos para la comunicación personal, la organización
y satisfacción de necesidades básicas y la participación
en la vida pública, social y culturalmente.
A partir de la identificación de estos tres grupos, el
proyecto tiene previsto articular un proceso paulatino de
implantación de la red en cuatro fases:
-
Diagnóstico
y exploración del campo de actuación. La primera fase
comprende el estudio o pre-alimentación y conocimiento de
las necesidades de la población objeto del proyecto, así
como la elaboración de un mapa o cartografía de colectivos
sociales, grupos de educadores e iniciativas ciudadanas en
materia de comunicación pública, cuya experiencia o
singularidad contribuyan al buen desarrollo y éxito del
proyecto. Se trata de este modo de apropiarnos del capital
social, simbólico y económico, que dispone la ciudadanía
y las organizaciones sociales en la materia. A tal fin, esta
primera fase contempla la realización de entrevistas,
grupos de discusión, etnografía y encuesta con las
organizaciones sociales, los técnicos de los Centros de
Información Juvenil, los responsables de centros cívicos y
los vecinos de cada distrito, para conocer las formas más
adecuadas de implementación de las nuevas tecnologías.
-
Diseño
participativo del plan de telecentros. Una vez analizada la
información compilada e identificadas las conclusiones más
destacables del estudio de exploración sobre el terreno, se
propone constituir un proyecto de investigación-acción
participativa con el grupo operativo encargado de
articular la unidad y proyectos sectoriales del programa.
-
Plan
técnico y ejecución de la unidad central.
-
Plan
de formación. Paralelamente, el programa articulará un
plan de formación dirigido a cubrir la necesidad de
conocimiento de las habilidades básicas para la ciudadanía
en materia:
-
Competencia
comunicativa multimedia. Habilidades instrumentales para
la producción de mensajes en soportes audiovisuales y
digitales, enseñando a los usuarios a manejar los
equipos, explotar adecuadamente la tecnología y disponer
de recursos y programas necesarios para una eficaz
comunicación.
-
Competencia
de organización de la comunicación. Desarrollo de la
capacidad de gestión interna y externa de la comunicación
para la acción social al servicio del fortalecimiento de
la acción institucional y coordinada de las redes y
organizaciones locales.
-
Capacidad
de recepción y lectura crítica. Formación
educomunicativa para un uso inteligente, hipertextual y
comprensivo de los sistemas de información y producción
de información.
-
Formación
para la formación. Capacitación de formadores
educomunicativos y técnicos para la formación de
ciudadanos como base de producción de una Escuela Moderna
de Ciudadanía desde un punto de vista sociopolítico y
cultural amplio.
-
Educación
para la innovación. Formación de la cultura emprendedora
y de organización de economía social y cooperativa en
red basada en las posibilidades comunitarias de las nuevas
tecnologías y la potencialidad del ciberespacio.
A MODO DE CONCLUSIÓN
El reto comunicológico de este proyecto es, en resumen,
tratar de realizar la producción y desarrollo de redes
ciudadanas y experiencias de socialidad y comunidades de vida a
partir de los nuevos sistemas y entornos complejos de información.
Un reto poco o nada fácil, de acuerdo con el profesor Artur
Serra:
“Sabemos
que la ingeniería se basa en el diseño, pero no es lo mismo
diseñar un sistema informático que una comunidad social con un
sistema informático incorporado. La complejidad del diseño es
doble, y los conocimientos necesarios para abordarlo también. Y
a ello se añade un problema difícil de tratar: ¿ quién diseña
una comunidad ?. ¿ Se puede concebir el diseño de una
comunidad por una minoría que lo imponga al resto?. ¿ O, a fin
de ser consecuentes con los principios de una sociedad democrática
ha de ser un diseño de al menos una myoría de dicha sociedad
¿?. ¿ Tenemos metodologías para que las comunidades se
autodiseñen a sí mismas?” (Finquelievich, 2000: 195).
No tenemos respuesta a estas y otras muchas cuestiones. Sólo
sabemos, por el momento, que las condiciones del cambio social
hipermediatizado exigen actitudes y competencias de los
investigadores en comunicación completamente distintas para la
innovación y el desarrollo de la nueva cultura mediática.
Hablamos por supuesto de una nueva lógica de la mediación
social entre los científicos de la comunicación y su objeto de
estudio o lo que es lo mismo, entre conocimiento comunicacional
y realidad informativa.
Para
ello, la comunidad académica de la comunicación, además de
hacer frente a las insuficiencias teórico-conceptuales y
metodológicas de la investigación señaladas, debe tratar de
articular nuevas formas de organización que faciliten la
autonomía social y la construcción del conocimiento complejo
vinculando física, material y socialmente los nodos de la red
de interacción mediática de lo local a lo global. El presente
proyecto en curso trata precisamente de explorar esta dimensión
desde una lógica de los vínculos y una visión de la
comunicación y la organización social constructiva y compleja.
Parafraseando
a Aristóteles, tenemos la certeza de que nuestra tecnología no
se justifica por su capacidad de dar respuestas, sino por ser
una creación de posibilidades.
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FUENTES
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www.tele-centros.org
OURMEDIA
http://www.ourmedianet.org/
FAO-COMMUNICATION AND DEVELOPMENT
http://www.fao.org/sd/CDdirect/CDre0055e.htm
SOCIEDAD
DE LA INFORMACIÓN
http://www.desarrollosi.org/
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