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La
presencia de la desaparición
Velocidad y alteridad en el espacio tecnológico:
una perspectiva microarquitectónica
José
Alberto Sánchez Martínez
Universidad Autónoma de México. Facultad de
Ciencias Políticas y Sociales.
Palabras
clave:
Velocidad, alteridad, tecnología.
Resumen:
En los últimos tiempos los componentes tecnológicos,
que aquí hemos dado en llamar microarquitectura tecnológica,
han sufrido transformaciones inimaginables. Dos características
de ellos son el tamaño y la velocidad que alcanzan. Dicha
velocidad no sólo representa un problema tecnológico sino
también social, desde el momento en que afecta las formas de
concebir el tiempo y el espacio por los individuos expuestos a
ella. Eso lleva a pensar sobre un problema
de tipo perceptual en el ser humano que afecta su relación
con el otro. Desde
este ángulo el texto
reflexiona
sobre la
velocidad y la tecnología. Explora la velocidad como categoría
y dispositivo de comunicación que afecta las relaciones con el
otro (alteridad). Se sostiene que hay una microarquitectura
tecnológica que propicia la aceleración de los patrones de
comunicación: imagen, sonido, etc. El cambio de éstos afecta
directamente en la relación con los otros, desde la forma de
imaginarlo, hasta la de representarlo, sobre todo en lo que se
ha llamado ciberespacio. Especialmente intenta desentrañar qué papel
juega el individuo en la forma de comunicarse
a altas velocidades, la paradoja de la velocidad en
cuanto al tiempo y al espacio, la alteridad del individuo
consigo mismo y con el otro, y el problema de los encuentros en
la comunicación veloz.
Pasa
tan rápido el tiempo, que todo cuanto ha ocurrido no parece
haber tenido tiempo de ocurrir.
Roberto
Juarroz
Si abrimos la puerta de la tecnología nos topamos con un
universo rico y antagónico del ser humano. Un universo maquinal
que se subdivide en infinitas puertas. Puertas que dan a
diversos espacios. El ciberespacio como espacio tecnológico
surgió de la mutación de las maquinas. Hablamos de un espacio
que se abrió entre ellas, de ellas: algo parecido al vacío que
inaugura la existencia de cada cosa, y que forzosamente se
relaciona con todas las demás cosas, o con el vacío de las demás
cosas. Decir vacío no es imputarle un sentido negativo de
significado y valor a su aparición, sólo es atribuirle una
condición de existencia inmaterial, necesaria e imprescindible.
Algo parecido a los espacios que abre la poesía.
La palabra ciberespacio enuncia lo dicho: espacio que hay
entre las maquinas, dentro de las maquinas, principio de
desaparición simbólica del mundo. Ese espacio se crea,
funciona y es representativo de acuerdo a las características
de las mismas maquinas, en este caso, los ordenadores. La
inteligencia, su arquitectura, la capacidad de acción y reacción
son condiciones también del
ciberespacio. Las computadoras modifican el ciberespacio, y el
ciberespacio al expandirse da la pauta para que las computadoras
sean modificadas en sus condiciones.
Una de las transformaciones del ciberespacio está
mediada por la velocidad de las maquinas. La velocidad amplia y
ampliará las
perspectivas del ciberespacio. Podemos incluso pensar
ficcionalmente que en un futuro diversos ciberespacios habitaran
un multiverso.
Con todo, el ciberespacio hizo necesaria la velocidad. La
cantidad y complejidad de datos que circulaban requerían
de intervalos cada vez más dilatados de tiempo, además
de que eso implicaba tener cada vez menos accesibilidad a ese
espacio y a esos datos. Es entonces que se requirieron
componentes más veloces tanto para procesar los datos, como
para desplazarlos territorialmente.
Esta característica no tiene su génesis propiamente en
la tecnología, sino, en el desplazamiento de las formas de
vida. Primeramente en el paso de la vida rural a la urbana,
donde la contemplación del mundo no tiene más cabida. No es
extraño que el ciberespacio se estructure semiológicamente
similar al espacio de las ciudades modernas.
La velocidad surge, en este contexto, como una necesidad
del espacio tecnológico y se instaura en lo cotidiano como un
hecho social que representa múltiples complejidades.
Microarquitectura
de la velocidad
Con
certeza, la única cosa que estamos obligados a aceptar es que
somos parte de las paradojas del movimiento. Cambio,
transformación, metamorfosis o mutación son conceptos que
adoptamos para explicar la movilidad.
Los griegos se desvelaron en estos quehaceres, pensaron,
teorizaron e incluso refutaron la idea de movimiento.
Anaximandro, Heráclito, Parménides, son ejemplo de ello. Pero
no es el movimiento lo que este texto busca dilucidar, sino uno
de los elementos que lo constituyen, o mejor dicho, que influye
en el movimiento: la velocidad.
“Somos la primera generación de la historia – dice
Virilio – en asistir a la conquista del espacio pero, sobre
todo, a la de una velocidad que permite la conquista del tiempo
real de la instantaneidad, asistimos asimismo a la revelación
de una última energía, la ENERGIA CINEMÁTICA, energía en
‘imágenes’ o, si se lo prefiere, en ‘informaciones’,
que viene a añadirse así a la energía potencial y a la energía
cinética”.
Esta velocidad que alcanza el mundo y sus relaciones, se
debe en gran medida a la revolución microarquitectónica de la
tecnología en el ámbito de la comunicación. Parafraseando a
Virilio, el aumento de la velocidad es indisociable del avance
de técnica. Las nuevas estructuras funcionales de los
aditamentos tecnológicos, igual que el edificio o la fabrica
citadina, reordenan el espacio y lo generan como otro. De esta
perspectiva surgen las conjeturas en el espacio tecnológico. En
este caso tomaremos el ancho de banda y el microprocesador para
discernir sobre la velocidad.
La microarquitectura surge como una forma de recorrer el
espacio y de estructurar el tiempo. No sólo es problema de índole
mercantil al crear la necesidad de poseer componentes más
veloces, es ente todo, en un sentido humano, un problema
perceptual.
¿Qué
es la velocidad?
La realidad de las nuevas
tecnologías está fundamentada en lo “micro”. En
construcciones físicas de dimensión materialmente pequeñas
que procesan datos a altas velocidades, pero como en la ciudad,
no sólo la arquitectura determina el paisaje, sino también las
vías de desplazamiento: calles y periféricos. De la misma
forma también en la ciberciudad los canales de desplazamiento
han sido revolucionados para una mejor aceleración.
Etimológicamente la palabra velocidad se deriva del latín
velocítas que se traduce como rápido. Sin embargo, la
raíz de velocítas es velox que a su vez deviene
de veho, adjetivo latín que significa veloz.
Literariamente, entonces, la palabra velocidad hace referencia
por analogía a la reducción del tiempo y del espacio,
principios de la virtualidad. Hay una velocidad intrínseca en
cada cosa, es decir, una rapidez que se requiere para hacer cada
cosa y que está determinada por el tiempo y el espacio de cada
cosa. Cuando se altera el tiempo, se altera por inercia la
relación entre el espacio y la cosa.
Por el contrario la aceleración viene del latín acceleratío
que es entendida como un movimiento variable de acuerdo a las
cosas. Los físicos, con respecto a los fenómenos, le dan a
estas palabras una definición más completa y por lo mismo más
compleja: (“Velocidad: magnitud física que expresa la
longitud recorrida por un móvil en la unidad de tiempo”. “Aceleración: incremento de la velocidad
en la unidad de tiempo”.)
Cuatro son los elementos que componen la velocidad:
objeto, espacio, distancia y tiempo. Sólo a través de éstos
la velocidad puede ser manifiesta, representativa a los hechos y
las relaciones. El microprocesador es un motor que acelera la
velocidad: la aceleración determina la velocidad. La velocidad
se compone por distintos tiempos que son distintas
aceleraciones. Mayor procesamiento de datos en un menor tiempo
quiere decir más velocidad y menos distancia. El
microprocesador y el ancho de banda como componentes
microarquitectónicos de la velocidad reordenan el mundo, y no sólo
eso, también las relaciones con el otro, con los otros.
Al
reducirse el mundo, la velocidad se instaura como característica
primera de las relaciones, los intercambios: más información,
más producción, más imágenes. La imagen, por ejemplo, juega
con la aceleración del mensaje, la información. Al salpicar
con mayor rapidez el mensaje se genera una síntesis, que
contrariamente a la visión hegeliana no parte de la tesis y de
su opuesto la antitesis. La velocidad elimina la confrontación
simbólica, que siempre esta representada por el otro. La imagen
vive en la paradoja de ser el primer objeto del conocimiento y
el último. Contrariamente a ese fenómeno de la velocidad, las
palabras representan el espacio de la lentitud que requiere de
la lectura, que implica un proceso simbólico de reflexión. La
velocidad nos aborta imágenes e información fósiles,
descarnadas. Por su
parte Virilio alega sobre la velocidad que:
“(…) no es un fenómeno, sino la relación entre
los fenómenos: dicho de otro modo, es la relatividad misma; de
ahí la importancia de la constante de la velocidad de la luz,
no sólo en la física o en la astrofísica, sino en nuestra
vida cotidiana, desde el momento en que ingresamos, más allá
de la era de los transportes, en la organización y el
acondicionamiento electromagnético del territorio”.
Sustitución del espacio real por el tiempo on-line a
través de la revolución microarquitectónica de la tecnología:
la velocidad es el fantasma del movimiento, surge en el
desplazamiento de las formas, imágenes y sustancias que le dan
existencia a la existencia. Es también ritmo y cambio. Ritmo ya
que se manifiesta con una movilidad acorde a los elementos
culturales y sociales que la provocan; y cambio porque dichos
elementos se transforman dependiendo de la aceleración.
Aquiles
en el ciberespacio
La
principal paradoja de la velocidad consiste en una disminución
del espacio donde se acrecienta la aceleración. Estamos más
cerca pero también más lejos. Microprocesador y
ancho de banda ejemplifican ese fenómeno tecnológico.
El microprocesador es la inteligencia de la computadora,
los nuevos microprocesadores alcanzan un tamaño de 20 nanómetros,
hay una relación muy estrecha entre el tamaño y la velocidad:
“0.13
micrones es un término de fabricación que se requiere a la
característica del tamaño de la compuerta de polisilicio en el
microprocesador. Esta característica del tamaño tiene una
correlación directa con la velocidad y los requisitos de energía
del microprocesador. Cuando se reduce el tamaño, la velocidad
de procesamiento (MHz) aumenta mientras disminuyen
proporcionalmente los requisitos de energía. 0.13 micrones es
actualmente el menor tamaño disponible para la producción de
gran volumen. Esta tecnología permite velocidades nunca antes
vistas”.
Con
el procesador Pentium4 las velocidades en transferencias de
datos se duplicaron, pasando 3.2 GB de datos por segundo, tres
veces el ancho de banda de los procesadores anteriores.
El impacto más representativo de esto se localiza en la
concepción del tiempo y del espacio. El espacio se ha reducido
y el tiempo se ha acrecentado. La aporía de Zenón de Elea
sobre Aquiles y la tortuga es sugestiva para comentarla. Aquiles
en un nivel analógico le correspondería el ciberespacio,
mientras que a la tortuga el espacio real, natural. Primero habría
que decir que la paradoja de Zenón está ubicada en el análisis
del espacio no del tiempo. Tanto Aquiles como la tortuga se
encuentran en distintos espacios, por lo que cada vez que
Aquiles se desplaza la tortuga hace lo mismo en su espacio, esto
es, los espacios son proporcionales. Mientras Aquiles corre una
distancia la tortuga corre la mitad de la distancia y como la
tortuga salió con cierta ventaja, nunca será rebasada.
El ciberespacio inaugura la era de la velocidad, la era
de Aquiles. El microprocesador que supera tres veces a los
anteriores tiene que recorrer
tres veces menos de tiempo en la misma distancia, si la
distancia se duplica el tiempo también se reduce a seis veces
menos, así hasta el infinito. El infinito no sólo es sucesivo,
también es antecesivo, regresivo. La numerología evoca esta
función regresiva de la realidad. El cero es la ausencia de
todo espacio, de igual forma, la presencia de todo espacio. Por
ello toda cantidad es infinita en sí misma y en su conjunto numérico,
pero puede, de igual manera no existir, ser infinitamente
inexistente o aparentemente inexistente. El pensamiento
occidental niega la posibilidad de lo inexistente, por lo menos
en teoría. Sin embargo, la velocidad abre la posibilidad de lo
inexistente, del otro espacio: el del tiempo. Este es el sentido
que ha adquirido la velocidad de las microtecnologías.
En la era de Aquiles, necesitamos reducir el tiempo de la
realidad. A través de los hechos lo podemos constatar. El
ciberespacio plantea nuevas relaciones sociales: la distancia
que me unía al otro ha sido sustituida por el tiempo que ahora
me separa de él. La velocidad que implica vivir en una ciudad
capitalizada se refleja en los comportamientos, formas de sentir
y pensar de sus individuos. Amar, crear, odiar, percibir, son
factores que no se dan ya tanto con relación al espacio sino al
tiempo.
Séneca al referirse sobre la búsqueda de la felicidad
expresó que la velocidad de su búsqueda creaba distancia de
ella. Ambos, microprocesador y ancho de banda reducen el mundo,
lo compactan, dando velocidad y aceleración a las relaciones
intercomunicacionales. Pero al mismo tiempo hay una separación
entre los seres humanos que participan de esa comunicación.
El
ciberespacio como metáfora
Una
característica del conocimiento para entender los sucesos
sociales es la metáfora. La metáfora está en la cotidianidad
de los usos del lenguaje, cuales quiera que ellos sean,
primordialmente, sin embargo, también está en el uso de las
formas, los objetos, las esencias: la metáfora es el centro de
la comunicación y el entendimiento.
Como se observo, la velocidad instaura nuevas relaciones.
Relaciones que no son casuales, sino que se determinan por la
repetición y la diferencia: repetición porque hay un ejercicio
continuo de las acciones, la internet, por ejemplo, surge de un
ejercicio continuo de
la tecnología; y diferencia porque para que una relación
exista es necesaria su oposición o contraposición ( yo-otro ).
La repetición y la
diferencia también son elementos de la metáfora, es decir, la
metáfora es la unión de dos diferentes y es la repetición de
esos diferentes: sólo en la metáfora lo diferente es
repetible.
Desde esta perspectiva el ciberespacio es metáfora:
lugar donde se encuentran dos o más seres opuestos, homogéneos
por el espacio tecnológico, pero opuestos como lo otro de lo
mismo. Es igualmente la repetición
de sus apariciones, de sus encuentros lo que hace del
ciberespacio una metáfora. El ciberespacio como metáfora está
situado más allá del espacio y más acá del tiempo.
Escribió Gilles Deleuze que “la repetición expresa a
la vez una singularidad contra lo particular, un extraordinario
contra lo ordinario, una instantaneidad contra la variación,
una eternidad contra la permanencia. En todos los aspectos, la
repetición es transgresión”.
El ancho de banda y el microprocesador como
microarquitecturas de la velocidad son transgresores tecnológicos.
Primero porque su estructura es homogénea, repetitiva, después
porque promulgan la instantaneidad contra la variación.
Transgresores del espacio real posibilitan el ciberespacio y la
velocidad. Por tanto,
la velocidad surge de una transgresión tecnológica, y el
ciberespacio de una transgresión del tiempo por el espacio.
Velocidad
del encuentro
La
distancia es un vacío interlocutor entre el otro y los otros,
cuando ese vacío desaparece, cuando ese vacío es sustituido
por vías de comunicación veloces, el otro, los otros, se
vuelven vacíos que necesitan intercomunicarse cada vez más rápido
para tener apariciones fugaces.
El ancho de banda instaura una comunicación hiperveloz
pero también hiperreal. Frente a los medios de comunicación
representativos, el ancho de banda sustituye la mirada, el
gesto, los emblemas, el territorio, que son analógicamente
también canales de intercambio informacional del otro, de lo
otro.
“El ancho de banda es la capacidad de una línea para
trasmitir información”.
El efecto de la banda radica en crear una necesidad de
intercambiar información cada vez más rápido y, como
consecuencia de acelerar las relaciones sociales.
“La ciencia de las maquinas nos exilia, tanto del mundo
geofísico, como del cuerpo físico del otro, que siempre
contradice mi ego y cuya vital necesidad no es lo que era en
otro tiempo, en la época en
que el reino animal aún dominaba con toda su potencia energética
sobre esas energías de síntesis o, más bien, de sustitución
que hoy prevalecen”.
Es el intercambio acelerado a través de la banda lo que
hace de la realidad una síntesis: la velocidad, como se mencionó,
sintetiza la realidad. Es decir, la realidad se manifiesta en imágenes
que son extractos seccionados y pequeños, ni siquiera
representativos de la realidad y del mundo. En
internet y en ciberespacio
el otro es información que transita a través de códigos por
la banda; datos seccionados del otro a través de los cuales se
representa y se construye su presencia física: el otro es
imaginado por medio de su fantasma, de su espectro.
La velocidad como característica de las
microarquitecturas tecnológicas modifica el imaginario social,
sobre todo en la deconstrucción y reconstrucción del cuerpo.
Imaginar al otro físicamente por medio de datos es destruirme a
mí mismo como presencia física para encontrarnos en una
ausencia - presencia, en una realidad imaginaria.
Hay un momento en la alta velocidad donde dos cosas que
se tocan desaparecen, sólo es posible el proceso de imaginación
e invención del otro mientras se mantengan desplazándose. A
este fenómeno lo podemos denominar como encuentro. El encuentro
está determinado por la disposición
y aceptación de la información del otro.
El
cuerpo es entonces un medio de reconstrucción del otro. Si
tomamos en cuenta que la velocidad produce el accidente, el
accidente de la velocidad ciberespacial es el encuentro. Para
que ese encuentro se de, la imaginación debe reconstruir la
información disponible y previamente aceptada. Hay un sin número
de variables que marcan la aceptación de la información:
aspectos culturales, intelectuales, personales, estéticos,
curiosidad, deseo, erotismo, entre otros. Si hablamos de
velocidad, hablamos también de un cambio acelerado de
sensaciones instantáneas en
la navegación, de ahí que la aceptación sea encuentro instantáneo
que se postula por mismo interés o sentimiento. El encuentro
puede ser fugaz, fantasmal, donde el otro no logre inducir la
imaginación a su búsqueda. O puede ser real, permanente, es
decir, en ese momento, o en posteriores, donde se persigue la
reconstrucción imaginaria del otro.
¿Pero como pueden tocarse dos ausencias en un espacio
que es inmensamente pequeño y por lo mismo infinito? En la alta
velocidad la ausencia tiene una forma de aparición, una
presencia insustancial: la forma en que alguien se la imagina.
Es de alguna manera el mismo proceso en que rememoramos la
ausencia de algo o alguien, sólo que en un tiempo real donde el
pasado y el futuro no es referencia,
y por lo mismo el presente es también fantasmal, algo
que parece que no existe porque nunca ha existido
y que no existirá porque no existe. Para que dos
ausencias o más se toquen es necesario que estén conectadas al
espacio donde es posible la aparición o la rememoración: el
ancho de banda son las arterias de los fantasmas que se
encuentran en un espacio ubicuo, omnipresente, vía por donde
fluye la sangre de las transparencias. Las bandas son las venas
del ciberespacio, y el ciberespacio es el corazón de los nuevos
encuentros.
Hay una segunda vertiente: el desencuentro. La velocidad
siempre es desencuentro, deslocalización. En ella la primera
manifestación que se experimenta es la pérdida de sentido.
Todo territorio que se pisa es extraño, se debe confiar en lo
que no se conoce para conocerlo.
Si en el encuentro el ancho de banda conduce del fantasma
al otro, en el desencuentro se pasa del otro al fantasma. La
imaginación no reconstruye nada, sino que al adentrarse en la
alta velocidad la imaginación ya lleva un arquetipo del otro, y
cada posible encuentro se vuelve desencuentro en tanto no
aparece como la presencia predeterminada. Sólo en este sentido,
las relaciones a través de internet son espectrales, vacías:
el desencuentro es la falta del otro como información
suficiente y necesaria para su reconstrucción corporal y simbólica.
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