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TECNOLOGÍAS
DOMÉSTICAS, CULTURA Y PRÁCTICAS DE CONSUMO
Claudio
Asaad
Patricia
Ceppa
Las innovaciones tecnológicas
acompañan, a lo largo de la historia, la evolución de la
sociedad.
Las discusiones teóricas
acerca de la tecnología como problemática a reflexionar
tiene sus orígenes en autores clásicos de la filosofía
moderna y de la sociología y de los neoclásicos con sus
perspectivas más orientadas hacia lo cultural y la “dimensión
humana de la tecnología” (Katz). Las propuestas conceptuales,
entonces, parecen girar en torno a la dicotomía: visión
economicista versus perspectiva cultural. La primera postula, en
principio, la necesidad de estudiar la tecnología desde lo económico,
por entender a aquella como innovación derivada del propio carácter
de la tecnología como fuerza productiva social directamente
dependiente de las leyes del capital. Katz aclara que para poder
abordar algún análisis relacionado con el cambio tecnológico
no se deben ignorar, desde esta perspectiva, el ciclo, la
crisis, la tasa de beneficio, el mercado o la acumulación.
La perspectiva
culturalista, en cambio, no acepta los determinismos en el análisis
de la tecnología. Un principio fundamental, por ejemplo, es
pensar que son las ideas y los valores que cambian
constantemente la dinámica social, los que van definiendo el
rumbo de la tecnología y más específicamente las
innovaciones. De algún modo esta manera de pensar la tecnología
niega la creencia de que “cada artefacto o proceso de trabajo
viene definido por su antecesor”, y fortalece la idea de que
lo imprevisible y cambiante es el principio que rige a las
culturas tecnológicas.
Otro de los principios de
esta perspectiva, que algunos advierten como un obstáculo teórico,
sostiene la idea de ignorar los condicionamientos históricos y
sociales de la innovación.
Es interesante observar a
aquellos autores que entienden a esta visión como demasiado
limitada y por lo tanto sesgada, cuyas consecuencias tienen como
base intentar oponer la economía a la cultura. Claudio Katz
propone incorporar la noción de modo de producción-concepto
marxista-para aclarar las maneras en que la economía y la
cultura inciden en la tecnología. Dice Katz: “el modo de
producción sirve para contextualizar la innovación en función
de la acumulación y la tasa de ganancia.
El registro histórico
de las revoluciones tecnológicas muestra que se caracterizan
por su penetración en todos los dominios de la actividad
humana, si bien generalmente se originan en las esferas
dominantes de la sociedad luego se difunden por todo el conjunto
de las relaciones y estructuras sociales.
Castells afirma que en la
historia se suceden largos períodos de tiempo de gran
estabilidad en los que no ocurre nada, alternados con intervalos
en los que se producen grandes transformaciones. A fines del
siglo pasado se inició uno de estos intervalos en la historia,
caracterizado por la transformación de nuestra cultura
material, por obra de un nuevo paradigma tecnológico organizado
en torno a las tecnologías de la información.
La revolución tecnológica
actual se originó y difundió en un período histórico de
reestructuración global del capitalismo para el que fue una
herramienta esencial. La nueva sociedad que surge de ese proceso
de cambio es tanto capitalista como informacional.
Las anteriores revoluciones
tecnológicas tuvieron lugar en unas pocas sociedades y se
difundieron en un área geográfica relativamente limitada. En
contraste, las nuevas tecnologías de la información se han
expandido por todo el mundo a gran velocidad en menos de dos décadas
(70 al 90) desplegando una lógica característica de esta
revolución tecnológica: la aplicación inmediata para su
propio desarrollo de las tecnologías que genera, conectando al
mundo a través de la tecnología de la información.
Teniendo en cuenta estos
ejes conceptuales, la problemática que nos interesa analizar
toma como base, por lo tanto, el contexto de los estudios de la
cultura: las prácticas cotidianas, la ciudad, la familia y los
dispositivos tecnológicos que conforman una dinámica red de
intercambio y contrastes por la que transitan los nuevos
discursos de la sociedad y en la que se producen significaciones
particulares.
Estas relaciones, además,
basan su desarrollo en la idea de establecer y facilitar la vida
de las personas a través del bienestar, como uno de los
objetivos esenciales. La vida de las personas en la ciudad
moderna implica reconocerse en iconografías y conductas de
validez universal en las que el fenómeno de la globalización
adquiere protagonismo.
Tecnología y modernidad
forman parte de un discurso que comienza a
principios del siglo XX y que adquiere cada vez más
fuerza a medida que
las personas involucran en sus vidas mayor cantidad de procesos
y dispositivos para poder llevar adelante gran parte de las
actividades cotidianas y profesionales.
La relación entonces,
entre el artefacto tecnológico y los individuos comienza a ser
un tema de interés fundamental para los científicos sociales
que ven en esta relación el eje de las redefiniciones de los conceptos de cultura, práctica
cultural, consumo, etc. La importancia de estas problemáticas
radica, de una manera fundamental, en la idea de tratar de
comprender el
circuito que va desde la necesidad que surge por adquirir la
tecnología, hasta el centro mismo de las prácticas de
utilización de cada dispositivo. Cuando las personas narran
pequeñas anécdotas de su vida cotidiana en las que
se suceden una cadena de acontecimientos desafortunados,
en mucho de los casos, estas historias están co-protagonizadas
por la computadora, que actuó por cuenta propia, o por el
lavarropas o el teléfono que dejaron de funcionar
en un momento crucial del día. La dependencia de nuestro
sistema de vida de los circuitos tecnológicos es cada vez más
impresionante y con el tiempo se ensancha un poco más.
Las tecnologías eléctricas y electrónicas
están pasando de ser vestimentas de uso diario a
convertirse en una segunda piel. En las fábricas y empresas de
mediados del siglo pasado, los operarios y los oficinistas
establecían los primeros contactos con máquinas que eran
capaces de realizar, con cierta precisión, operaciones
complejas en menor cantidad de tiempo. La necesidad del
aprovechamiento de las horas del día que impone la vida
moderna, a su vez facilitada por la misma tecnología, permite
trasladar cierto tipo de tecnología al hogar; conformando en
los distintos espacios de la casa pequeños núcleos de producción,
como los galponcitos donde el padre
fábrica simples
muebles de madera, o la cocina donde la incorporación de la
licuadora, o la multiprocesadora transforman el lugar en un
experimental laboratorio culinario.
El hecho de que ciertos dispositivos
faciliten las tareas y además permitan obtener
resultados de productos complejos y muy elaborados, muestran
como algunas operaciones que eran propias de centros de producción
especializados pueden resolverse fácilmente en el hogar. A
pesar de que esta tecnología reduce el tiempo de ciertos
procesos, hay una inversión de tiempo necesaria que debe
desarrollarse para poder cumplimentar etapas y utilizar todos
los aparatos tecnológicos que se van incorporando al hogar. La
historia de la vida privada de las sociedades nos muestra como,
fundamentalmente las mujeres en el hogar debían
realizar cada una de sus tareas domésticas durante
muchas horas y de una por vez. La concentración y dedicación
que merecían los actos de cocinar, lavar ropa o limpiar los
pisos de la casa, no permitía demasiada distracción o
administración del tiempo en otras actividades. En este sentido
la tecnología ha permitido la multitarea.
Es posible hoy,
cocinar mientras la lavadora automática ejecuta el programa que
hemos elegido y al mismo tiempo podemos estar al tanto de las
noticias a través de un canal de cable, y si nos descuidamos
hay algunos que incluso
se permiten hablar con un amigo por el teléfono inalámbrico.
La red que entrama y relaciona de manera interdependiente el conjunto de señales
telefónicas, los bytes que permiten la comunicación entre
computadoras y los sistemas de transferencia de datos entre
entidades bancarias, instituciones, y medios de comunicación
dibujan nuevas rutas y caminos por donde transitan
nuestras identidades y buena parte de nuestras acciones. Dentro
de esta compleja topografía la casa parece ser el espacio donde
los individuos tratan de buscar sus momentos de ocio,
tranquilidad y conexión con el afuera.
Pero si observamos en
una primera mirada las particularidades
del hogar moderno advertimos que
si hay algo
que lo caracteriza es
su capacidad de integración a una serie de circuitos y redes técnicas
y tecnológicas, a través de dispositivos como la red eléctrica,
el teléfono, la televisión, la PC conectada a Internet, etc.,
que lejos de aislarnos y posibilitarnos
la desconexión del afuera, nos mantiene permanentemente
vinculados con la realidad.
Como explicáramos al
principio, ciertas condiciones económicas son necesarias para
que esta fotografía de principios de siglo XXI se acerque con
cierto grado de certeza a lo que está ocurriendo hoy en los
hogares modernos. El consumo, como fenómeno y práctica
habitual de los grupos sociales de occidente, tiene aquí un rol
fundamental en la definición de cómo la tecnología y la
cultura se van imbricando en un proceso que se retroalimenta y
crece a medida que las empresas obtienen más ganancias y
generan nuevas alternativas tecnológicas que perfeccionan
modelos anteriores.
El consumidor parece
satisfacer una sentida necesidad al obtener un nuevo modelo de
microondas, o lavarropas; este ritual es habitual en las sociedades, sobre
todo en las desarrolladas, donde los cambios de aparatos del
hogar son tan habituales como las reformas de la casa o la
compra de un automóvil nuevo.
Si bien la problemática
del consumo tecnológico no es un tema de interés central
en nuestro trabajo es ineludible tenerlo en cuenta, ya
que forma parte de este circuito en el que el consumo y la
compra de los artefactos condicionan de un modo esencial las prácticas
de utilización posteriores. Distintas líneas científicas
derivadas de las ciencias sociales han tratado e intentan
desentrañar y poner un poco de luz sobre este proceso.
En el
caso de los estudios que desde la antropología realiza Daniel
Miller, -inspirado en la obra de Georges Bataille- el científico
concluye que el
acto de compra es un acto de devoción, de amor y de sacrificio
ritual.
Con el tiempo el consumismo
se fortalece en el
mundo capitalista de finales de la segunda posguerra.
Fernando Rocchi
explica que el
concepto de “Estilo de Vida”, adquiere
importancia como categoría de análisis social en esta
etapa de la historia.
Los aportes de Pierre Bourdieu, a partir de los conceptos
de Veblen, (1899), Lipovetsky y otros autores ayudan a
comprender el alcance de esta categoría de análisis que
actualmente se relaciona no solamente con el consumo sino que
además lo vincula a términos como el gusto, entendido como un
espacio común, compartido por
grupos sociales que conforman subculturas, por el sólo
hecho de compartir los mismos intereses o conductas en la
“esfera de los gustos “ (Rocchi, 2002).
El consumo de la tecnología es una categoría
social que asume importancia con la convergencia de las tecnologías
derivadas de la informática y de la electrónica.
La consecuencia de este avance puede sintetizarse en la
aparición de Internet y de las redes virtuales de servicios que
han colocado a la
globalización en el centro de las discusiones científicas.
Este concepto
se refuerza a partir de las nuevas tecnologías de la
información y la comunicación, modificando la noción del
espacio. Las distancias se acortan y las fronteras se diluyen
dando paso a la construcción de la supercultura en la cual las
personas combinan tradiciones y prácticas culturales locales
con los campos de información cultural distantes más
pertinentes y atractivos a los que tienen acceso, con el fin de
construir su estilo particular, híbridos culturales hechos a la
medida: sus superculturas (James Lull).
El concepto de supercultura
se basa en la idea central de que la cultura es simbólica y
sintética. La construcción cultural siempre ha implicado la
fusión y la mediación material y simbólica. Actualmente la
naturaleza de esta construcción cultural opera con mucha mayor
velocidad y variedad que antes, debido al aporte de las nuevas
tecnologías de la comunicación, la capacidad de distribución
y el alcance de las economías globalizadas.
Es necesario haber aclarado
estos puntos para comprender, en el contexto de nuestro proyecto
de investigación, los objetivos perseguidos, que son los
siguientes:
1)
Realizar un diagnóstico acerca de cuales son las prácticas de
consumo de tecnología doméstica en los hogares riocuartenses,
y el modo en que estas prácticas establecen relaciones
familiares distintas.
2)
Determinar el tipo de tecnología doméstica disponible y el
modo en que se la utiliza de acuerdo con las diferentes
necesidades cotidianas.
3)
Averiguar cuales y de que tipo son las necesidades de los
comedores y centros comunitarios, centros de salud de la ciudad,
en cuanto a tecnología doméstica básica para la realización
de tareas vinculadas con sus objetivos.
4)
Diseñar estrategias comunicacionales a través de la producción
de material impreso, videos, aplicaciones multimedia y programas
o publicidades radiales, con el fin de conseguir que las
familias cedan a las ONG, dispositivos y aparatos tecnológicos
que ya no utilizan.
5)
Evaluar los resultados de la experiencia y ponderar el proceso.
Cada uno de ellos requiere
la planificación de una serie de acciones en correspondencia
con la metodología de investigación elegida para llevar
adelante la indagación.
Uno de los aspectos en el
se avanzó, fue en el intento de determinar la importancia de la
tecnología doméstica como objeto de estudio que ayude a
comprender el alcance de nuestras elecciones, hábitos de
consumo y prácticas cotidianas. Es importante destacar en este
punto que ya entrado el siglo 21 los aparatos eléctricos y
electrónicos que se utilizan en el hogar han incorporado, además
de los elementos mecánicos, sistemas electrónicos
inteligentes, diseños y formas que recuerdan la estructura de
diseño futurista y pequeñas pantallas o ventanas de información
de cristal líquido o con sistema de programación digital que
han requerido la integración de microchips o circuitos
integrados de pequeñas dimensiones.
La convergencia como fenómeno
de esta época y como postura teórica que tuvo su auge a
principios de los años noventa, postulaba la articulación y
complementación de voluntades empresariales, instituciones y
creadores de contenidos; a la vez que refería a la integración
de distintas tecnologías y lenguajes (el caso más típico es
el del multimedia); así las videograbadoras incorporan sistemas
mecánicos para la reproducción, la grabación, chips
inteligentes para la programación y sistemas de transmisión de
señal electrónica para la reproducción de imagen y sonido en
los televisores.
Otro caso paradigmático es la transmisión de
la señal televisiva a través de sistemas satelitales y antenas
parabólicas en el hogar, en este caso intervienen en el proceso
de transmisión de señales, datos digitales que son convertidos
por transductores especiales, hasta su definitiva visualización
en las pantallas de los usuarios.
Estos fenómenos también
nos muestran cómo, en el hogar, se tiende a una integración de
tecnologías, de funciones y de soluciones a las necesidades de
información y de simplificación de algunos procesos; de este
modo, en un solo artefacto se puede resolver la programación,
mediante un sistema con timer digital de la cocción de un
alimento, atendiendo a las características que lo componen, su
peso, tipo de cocción, y temperatura con sistemas de microonda,
convección y el calor de un horno convencional.
No se debe reflexionar
mucho para darnos cuenta de que este tipo de artefacto tecnológico
de uso cotidiano, como es un horno de microondas, requiere del
conocimiento y la habilidad de manejo de los usuarios, quienes
deben introducir datos, programar y poner a punto el sistema
para lograr el resultado deseado.
Muchas de estas operaciones se
asemejan a las acciones y procesos que se deben llevar adelante
con una computadora. Lo mismo sucede en la programación y
configuración de algunos sofisticados sistemas de telefonía
inalámbrica y celular, en los que debemos determinar los tipos
de servicios que deseamos nos brinde el sistema y la manera que
pretendemos que se nos presente.
Este panorama, apenas
descriptivo, del modo en que se
van integrando y complejizando el diseño de los
artefactos tecnológicos del hogar, nos muestra con cierta
claridad la necesidad de averiguar e indagar acerca de cómo se
definen las prácticas y relaciones de los usuarios con estas
tecnologías.
Partimos de la idea de que los resultados de este
análisis aportarán novedosos puntos de vista, o confirmarán
los ya existentes, en relación a los modos en que las personas
se mueven en el mundo,
resignifican la cultura y proyectan sus deseos y necesidades. Si
bien es complejo comprender el grado de implicancia que tienen
las sociedades en la determinación de la tecnología y a la
inversa, este proyecto apunta a acentuar la
mirada en estos vínculos que nos narran, desde la
comunicación con estos aparatos, que median nuestra relación
con el mundo y muestran los fundamentos de los modos de vida
actuales.
Retomando la idea de relación
entre tecnología y sociedad, Castells afirma que la tecnología
no determina la sociedad, la plasma, pero tampoco la sociedad
determina la innovación tecnológica, la utiliza. Si bien la
sociedad no determina la tecnología, sí puede sofocar su
desarrollo por medio del Estado.
También mediante la intervención
estatal, las sociedades pueden generar un proceso acelerado de
modernización tecnológica, capaz de cambiar el destino de las
economías. Esto tiene gran influencia en el bienestar social.
Por lo tanto, la capacidad o incapacidad de las sociedades por
dominar la tecnología define en buena medida su destino, al
punto que puede decirse que aunque por sí misma no determina la
evolución histórica y el cambio social, la tecnología o su
carencia plasma la capacidad de las sociedades para
transformarse, así como los usos a los que esas sociedades
deciden dedicar su potencial tecnológico. La misma cultura
puede inducir trayectorias tecnológicas muy diferentes según
el modelo de relación entre Estado y sociedad.
Los primeros resultados
obtenidos y presentados aquí, muestran un esbozo de cuales son
las tecnologías más utilizadas por las personas de Río Cuarto
en sus hogares, cuales son las necesidades que se pretenden
satisfacer con su uso y algunas variables determinantes, como
son los espacios de la casa en los que se usan estos
artefactos, la relación entre género y tecnología y la
complementación o vínculo que existe entre las tecnologías
personales, las relacionadas con el ocio y las directamente
vinculadas con el hogar.
[1]
Altamirano Carlos. Diccionario de Términos críticos de
sociología de la cultura, , 2002, Paidós, Buenos Aires.
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