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Tecnologías
domésticas y género
María
Amelia Alfonso y Ana Silvia Laborde
UNRC
El
presente trabajo forma parte de uno de los objetivos
centrales de la investigación “Tecnologías domésticas, prácticas
de consumo y necesidades sociales en la región sur del Río
Cuarto”, cuya finalidad es la de conocer los hábitos y prácticas
de consumo de tecnología doméstica, como un modo de acceder
desde allí a las razones culturales que promueven este tipo de
conductas.
En
este artículo intentamos mostrar desde donde se analizarán los
datos relacionados con estas prácticas a partir del género
como una categoría de análisis
que integra nuestra preocupación central.
La
posición de la mujer en la sociedad moderna y su relación con
las instituciones y los espacios de la sociedad es una problemática
ampliamente estudiada desde las ciencias sociales, la antropología,
la sicología social, la comunicación, etc.
En este sentido los ejes conceptuales teóricos que
fundamentan la elección de nuestras categorías de indagación
toman como base los estudios realizados por Livingstone
(1996). En este estudio, que ya tiene un poco más de
diez años, la investigadora destaca la novedad de los estudios
que enfocan desde una perspectiva empírica
las experiencias de
consumo de la gente (Livingstone, 1996:170). Desde este
contexto, se asume una problemática en la cual es necesario
recrear desde perspectivas sociológicas, antropológicas e históricas,
una problemática
de la que aun no se han obtenido
las respuestas más sustanciales. En ese mismo estudio
Livingstone muestra como la
red de vínculos familiares se construyen a partir de una tensión
entre satisfacción y
frustración. El
concepto central de su estudio es el constructo, entendido como
un proceso a través del cual es posible conocer que
interpretación realizan las personas de
las tecnologías que consumen, pero además nos da
información acerca de
los vínculos familiares y como estos actúan para que esas
condiciones de interpretación sean posibles.
Ahora
bien, ¿Cuál es entonces el espacio
que adquiere la mujer, en tanto representante de su género,
en este proceso de otorgar sentido a las tecnologías domésticas
con las que se relaciona?
En
primera medida Livingstone se anima a afirmar que el género al
determinar las formas de hablar y de expresarse sobre las
tecnologías, genera ya un sistema de valoraciones
donde aparecen, entonces cuatro constructos en los que es
posible advertir estas diferencias; ellos son: la
necesidad, el control, la funcionalidad y el poder.
Sin
embargo, la situación
de la mujer, hogar y tecnología, puede revisarse desde otras
teorías y puntos de vista, que , entendemos, complementan
nuestro abordaje y nos sirve para comprender de una manera más
profunda e integral el alcance de este fenómeno, indagamos en
otras perspectivas teóricas, que revisan, como lo explicáramos
al principio, la problemática de la mujer y sus vínculos desde
una mirada histórica que permite observar cuestiones ligadas a
los distintas etapas de la historia de la familia argentina
(Torrado, S: 2003);
de esta visión hemos tratado de extraer aquellas
visiones que nos sirven para comprender más como ciertas
tradiciones culturales
que aparecen
reformuladas y transformadas, adquieren sentido
al momento de encontrar fundamentos a algunos trayectos
de las prácticas femeninas.
Dentro
de los estudios culturales
creemos interesante a los fines de nuestro trabajo, los aportes
de Cynthia Cockburn, (
Silverstone, 1996), quien partiendo de la pregunta “Qué
significa tecnología cuando hablamos de género?”, desarrolla
distintos razonamientos, que parten de una aguda observación de
la situación de los géneros y la tecnología a través de la
historia, para generar algunas reflexiones.
La que hemos tomado en nuestro trabajo es la que apunta a
comprender a la tecnología y el género como un problema
relacional en la que el acceso a ciertos saberes tecnológicos
han implicado un intento de nivelación en la posición que
ocupan hombre y mujer
en instituciones como la familia.
En
el marco general de la investigación, que está en su segunda
etapa,
se trata de describir las formas en que las familias de
la región sur de la Provincia de Córdoba utilizan las tecnologías
domésticas para observar cual es la influencia que ejercen en
sus relaciones cotidianas pues
pensamos que las prácticas domesticas pueden ser reveladoras de
las relaciones que se establecen entre tecnología e
individuos y entre los miembros de una familia entre sí.
“La gente ya no esta rodeada de otros seres humanos
como sucedía en el pasado, sino por objetos”. (Baudrillard,
1988:28), esta sentencia del investigador francés, si
bien algo apocalíptica, intensifica la mirada hacia esta
perspectiva relacional, en la que el vínculo de las personas
con la tecnología nos estaría brindado algunas explicaciones
acerca de cómo se construyen determinadas prácticas
culturales.
Las
tecnologías comienzan a ser importantes como problemática para
las ciencias sociales, a partir de su consideración dentro del
contexto social y cultural donde se desarrollan. Es necesario
entonces determinar el ámbito de investigación donde los
dispositivos tecnológicos y la tecnología
como concepto significativo aparecen
definiendo prácticas y hábitos de consumo.
En
el tejido social, conformado por múltiples relaciones de los
sujetos y de los espacios donde se organiza la interacción, los
grupos de individuos son atravesados por las instituciones que
conforman la sociedad. La tecnología como mediadora de esas
relaciones, constituye un factor fundamental en las
transformaciones que se producen en el seno de la misma. En este
sentido puede entenderse la tecnología como resultado de un
complejo proceso de interrelación entre acciones, objetos y
culturas (Silverstone 1.996:26)
Para comprender el fenómeno tecnológico hay que
observar productos materiales y también pensarlo a
partir de un análisis multidimensional que comprenda historia,
saberes, relaciones sociales, y un imaginario colectivo acerca
de la tecnología.
Nuestro
trabajo determina como ámbito de investigación el hogar. La
construcción del hogar depende del proceso y la estructura de
la familia y también de las redes sociales en las que sus
miembros se pueden insertar. Cuando
con la ayuda de las tecnologías de la comunicación
y del transporte,
estas redes devienen mas extensas y complejas, los límites
del hogar y el vecindario aparecen mas difusos si bien no por
ello se reduce la importancia cultural del ordenamiento del
espacio (Tim Putnam, en R. Silverston y E. Hirchs, pag. 283.)
Para
Elizabeth Jelin “la unidad familiar no es un conjunto
diferenciado de individuos.
Es una organización, un microcosmo de relaciones de
producción, de reproducción y distribución
con una estructura de poder y con fuertes componentes
ideológicos y afectivos que cementan esa organización y ayuda
a su persistencia de reproducción”.
Los
avances tecnológicos proporcionan a los miembros de las
sociedades industriales una mayor capacidad de elección en
cuestiones de género. El patriarcado está en decadencia, las
desigualdades sociales basadas en diferencias categóricas están
superándose progresivamente en las culturas más igualitarias
de aquellas sociedades,
el aumento de los niveles educativos de la población
femenina y el acceso a niveles de educación mas altos en las
clases medias, tiene como consecuencia el incremento del empleo
femenino, ampliando el grado de autonomía y de autovaloración
de las mujeres que buscan su realización también en el mundo
laboral. Es así como en los sectores medios el nivel de vida de
la familia depende en forma creciente de la suma de ingresos de
la pareja. Sin embargo esta mayor participación de la mujer en
el ámbito público no implica una reestructuración profunda
del hogar. No hay redistribución de tareas y responsabilidades
hacia los miembros varones; las mujeres amas de casa-madres ven
sobrecargadas sus tareas y deben recurrir a otras mujeres de la
familia o empleadas para la ayuda del trabajo doméstico.
Ellas son las que siguen teniendo la responsabilidad para
la organización doméstica aún cuando
cuentan con ayuda doméstica remunerada y quienes
organizan el consumo cotidiano(comida y limpieza), mientras que
las decisiones respecto de los bienes de consumo durables
(tecnología) están en mayor medida en manos de los hombres o
son decisiones compartidas.
También son importantes las voces
de los jóvenes en relación con opciones y decisiones de consumo familiar. Según Judy
Pearson y otros en su libro Comunicación y Género, los maridos
ejercen mayor poder dentro de la relación cuando son más
competentes, por lo tanto la competencia actuaría
como mediador entre la toma de decisiones y el
comportamiento conflictivo. La educación y los niveles
salariales también influyen sobre el poder en la familia,
cuanto más educados sean los cónyuges más igualitarias serán
también las normas que rigen en la familia.
Por otra parte la
autoridad del marido se incrementa en función de su salario,
mientras que también las madres trabajadoras influyen en mayor
porcentaje sobre las decisiones financieras del hogar, pero
menos, en las decisiones referentes a los asuntos domésticos
respecto a las madres que no trabajan. Independientemente de si
la mujer trabaja fuera de la casa o no, los maridos tienden a
tomar más decisiones que conciernen a toda la familia (Hoffman,
1970:283)
Desde
la revolución industrial que tuvo lugar
en el siglo XIX comenzamos a ver las diferencias entre
sexos respecto al acceso a la tecnología: los hombres eran los
especialistas y técnicos, mientras las mujeres
conformaban la mano
de obra que hacía funcionar las máquinas en las fábricas.
Estas máquinas eran fabricadas para ser utilizadas por los
hombres y sólo algunas, según las conveniencias de los
empresarios eran adaptadas para ser manipuladas por las mujeres.
La distancia entre las mujeres y la tecnología de los hombres
fue identificada por la ola feminista de los 70 como una gran
desventaja y desde entonces se ha tratado de que
las mujeres adquirieran las competencias necesarias para
su utilización. Sin embargo todavía
“ ... las relaciones de género en la familia
occidental y su característica división sexual del trabajo,
modelan fuertemente la forma en que se adoptan y utilizan las
tecnologías domesticas (Cowen
en Silvertone.1996:64)
En
general y respondiendo a la historia de la cultura
patriarcal, los varones poseen menor resistencia a la adopción
de las nuevas tecnologías consideradas masculinas, y por
consiguiente, en el entorno familiar ejercen un uso más
intensivo de las mismas.
Las
mujeres consideran a las tecnologías como elementos capaces de
proporcionarles soluciones a los problemas tanto domésticos
como laborales, por eso es notable que adquieran artículos para
facilitar y disminuir el tiempo destinado a las tareas
domesticas (por ej. lavarropas, secarropas, lavaplatos, etc.).
Para los hombres, en cambio, significan la expresión de
conocimientos técnicos, del control de la tecnología misma.
Nestor
García Canclini, en el libro “Consumidores y ciudadanos”
define el consumo como “El conjunto de procesos
socioculturales en que se realizan la apropiación y los usos de
los productos”, explicando así que los actos a través de los
cuales consumimos son algo más que ejercicios de gustos o
actitudes individuales, y mostrando que en estos procesos también
intervienen las reglas de la distinción entre
los grupos, de la expansión educacional, las
innovaciones tecnológicas, y de la moda. Así, el consumo puede
ser estudiado por muchas disciplinas desde distintos puntos de
vista. Uno de los investigadores que aborda el tema es Colin
Campbelll (R.Silvertone/E.Hirsch.1996: 319) quien dice que en la
sociedad moderna existe un deseo de consumo de lo nuevo,
generado por un ciclo de ensueño, anhelo, consumo, desilusión
y deseo renovado, ciclo
bien conocido en el mundo de la publicidad y expresado en
constancias en la moda y la innovación en los bienes de
consumo, incluidas las tecnologías,
ya que nuestra vida cotidiana está impregnada de
tecnología, especialmente las de la información y comunicación,
que según Silverstone se están convirtiendo en una componente
central de la cultura familiar.
La
perspectiva de Dan
Adaszko, suma además algunas categorías para clasificar a las
tecnologías desde distintos niveles: el primero es el
“saber tecnológico”
que hace referencia
a la realización eficiente de una actividad.
El
segundo nivel es el
“imaginario tecnológico”; este concepto tiene implicancias
que pueden ser interpretadas desde la sociología y la filosofía;
en todo caso un denominador común es acordar que las sociedades
producen para sí un entramado
de imágenes e ideas desde donde es posible pensar al
hombre, la tecnología
y su mutua relación, es al fin pensar en un conjunto de representaciones que conforma un determinado
orden y da sentido a la relación del hombre con su cultura y con las posibilidades significativas del
universo.
El
tercero se refiere a la forma en que el hombre se relaciona con
los “objetos tecnológicos”, debemos comprender que como
producto de la cultura la tecnología se manifiesta en sus
propios objetos; formas simbólicas de materializar
lo representado. La aplicación de la técnica al
conocimiento científico hace posible la acción de las personas
sobre las posibilidades que la tecnología representa como
transformadora de la realidad. Es de este modo que las personas
pueden valorar, o no, determinados ámbitos de su vida a
partir de una escala axiológica[1]
en la cual el imaginario tecnológico tendrá un peso
significativo.
El
último nivel de análisis que menciona Adaszko, es
el de la tecnología
como “relación social”. Como tal, un objeto tecnológico
encierra una multiplicidad de relaciones entre los hombres que
lo producen, y
muestra, de manera intrínseca,
el posicionamiento social que ellos detentan (por ejemplo
las posiciones de dominación, agrupación, acciones
corporativas).
Estas
líneas teóricas, son las que hemos tratado de aplicar en
nuestras primeras aproximaciones a un primer nivel de análisis.
Género,
tecnología y prácticas de consumo en Río Cuarto
Hemos
considerado ya los principales conceptos que definen la
importancia de la tecnología doméstica como elemento de interés
social. Hemos visto también
la trascendencia del género en la toma de decisiones
dentro del hogar y nos preguntamos a partir de los objetivos de
nuestro estudio cual es la diferencia de
acceso a las tecnologías y las formas de apropiación
según el género
entre los consumidores de nuestra región.
Río
Cuarto es la ciudad
más importante por su densidad poblacional (175.000
habitantes) de la región antes mencionada y funciona como núcleo
proveedor de servicios sanitarios, educativos y recreativos para
las localidades vecinas, como también
de bienes y realización de trámites administrativos.
Tiene una escasa industrialización y la presencia de una
Universidad Nacional genera reactivación en el plano comercial
y habitacional. Los habitantes consideran que es una ciudad cómoda
por su reducida extensión y su trazado edilicio, tranquila por
su ritmo de vida, fundamentalmente una ciudad que otorga
importancia al encuentro familiar y con amigos. Los ciudadanos
de esta localidad cordobesa, se han adaptado rápidamente a la tecnología y la consumen en cantidades considerables
según estudios realizados anteriormente.
Estas son
algunas de las características
del medio social en estamos desarrollando nuestro
trabajo.
Metodología
Para
acceder a nuestros objetivos utilizamos un diseño descriptivo
exploratorio en varias etapas, la primera es un
relevamiento e interpretación de las prácticas de
consumo de la tecnología doméstica de las familias. De acuerdo
a los resultados obtenidos se efectuarán entrevistas en
profundidad para
ahondar sobre los mismos.
Las
tecnologías domésticas consideradas son sólo aquellas cuyo
uso depende de la red eléctrica.
Para
poder establecer un cierto orden sobre las disimilitudes estas
tecnologías seleccionadas se las clasificó
en tres grupos
de acuerdo a su función, estas son: tecnologías domesticas
relacionadas a las tareas del hogar, de consumo cultural o de
comunicación, y tecnologías de uso personal.
En
el intento de lograr una primera aproximación descriptiva y
teniendo en cuenta los constructos desarrollados por Livingstone, sobre la necesidad y
funcionalidad encontramos entre nuestros entrevistados, que
tanto hombres como mujeres coincidían en sus respuestas con los
resultados de la autora, declarando
que las tecnologías referidas a las tareas del hogar son muy
importantes por su practicidad y el ahorro de tiempo que les
proporciona, mientras que las de uso cultural son
imprescindibles para la comunicación y la información. Las
tecnologías de uso personal les permiten además de economizar
tiempo, también dinero.
Sobre
las expectativas de compra
de artículos relacionados con la comunicación
las mujeres se manifestaron mas interesadas en el anhelo
de adquirir computadoras, teléfonos, televisores,
videograbadoras y
radios, mientras los hombres
lo hicieron por el DVD que no fue mencionado por ninguna
mujer. Este resultado corrobora
la idea de que
en
general, los varones poseen menor resistencia a la adopción
de las nuevas tecnologías,
y por consiguiente, en el entorno familiar ejercen un uso
más intensivo de las mismas.
Si
bien todavía no poseemos datos en esta etapa de nuestra
investigación sobre control y poder, los datos que nos brinda
Torrado sobre la femineidad y el ámbito laboral nos permiten
conocer que en la Argentina desde fines del siglo XIX cuando
decae el trabajo femenino en las artesanías tradicionales a las
que se le permitía acceder, las mujeres comienzan a tener
acceso a la tecnología a partir de las ocupaciones modernas (fábricas
y servicios), como
consecuencia del desarrollo de la urbanización que generaba el
modelo agro exportador, Esta situación preocupó en extremo a
la sociedad patriarcal que
mantenía a esposas e hijas en el ámbito privado del hogar,
pues se suponía que las mujeres trabajadoras escapaban de sus
responsabilidades maritales
y contribuían al desorden social y político.
Recién
en 1.974 con la sanción de la ley sobre contrato de trabajo, se
logran condiciones equitativas, respecto a salarios, descanso y
vacaciones, etc., y se prohibe cualquier tipo de discriminación
laboral, sobre todo de sexo, aunque en la realidad estas normas
fueron frecuentemente violadas, y las mujeres las más
afectadas. Sin embargo nada pudo impedir que la participación
de la mujer a través de la educación y el trabajo avanzara día
a día, y le permitiera hoy insertarse en los espacios
considerados propiedad de los hombres. Este cambio en la situación
social femenina, modifica su forma de establecerse socialmente,
la que ahora se funda más en su trabajo que en su familia,
alterando los roles tradicionales. Así, la mujer cuenta con su
salario y dispone del poder que le permite
adquirir y
usar tecnologías que le facilitan el trabajo doméstico
(tecnologías asociadas a las tareas del hogar), que
contribuyan a la estética y la higiene (tecnologías de
uso personal) y los momentos de ocio y comunicación (tecnologías
de uso cultural), como ellas mismas han manifestado en nuestro
trabajo de campo.
Pese
al control sobre las tecnologías y al poder
que la mujer ha logrado dentro del hogar también hemos
podido corroborar, que si bien la tecnología le permitió
facilitar las tareas domésticas, y obtener un tiempo
extra para otras, es ella quien sigue ocupándose de
realizarlas, notándose muy
poca colaboración por parte de los hombres en estos quehaceres.
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Tanto una
computadora como un utensilio de cocina son productos que
contienen determinada tecnología, sin embargo si se le
pregunta a un sujeto perteneciente a una cultura occidental
cuál de ellos es un producto tecnológico, desde su sentido
común señalará, con seguridad la computadora.
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