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HACIA UNA ECOLOGÍA
SOCIAL Y ESTRATÉGICA DE LA COMUNICACIÓN
*
Autor:,
Eduardo A Vizer
Resúmen.-
Esta
presentación resume una línea de investigación sobre las
relaciones entre las prácticas de comunicación y los procesos
sociales e institucionales en que se constituyen –y a las
cuales a su vez constituyen-. Como construcción de teoría y prácticas
de intervención, viene desarrollándose durante más de dos décadas,
y sufriendo los avatares propios de la realidad argentina y
latinoamericana. Es parte de un proyecto de cooperación entre
la Universidad de B. Aires y el PPG en Comunicación de la
Universidad Unisinos (Brasil).
Se
trata de abordar el análisis de instituciones y comunidades
como una ecología social, como un “cultivo”
ambiental, un entorno en el que los propios hombres
generan a través de diferentes formas de trabajo
los recursos necesarios para el colectivo social. Los
agentes sociales se ponen en “enacción” por medio de dispositivos culturales aprendidos y reconstruídos
permanentemente. Proceso que implica a la vez un trabajo
de estructuración sobre el espacio y el tiempo: trabajo físico
y también social, cultural-simbólico e imaginario. Las
organizaciones construyen dispositivos, los que se instituyen
como estructuras de un sistema a fin de ocupar,
desarrollar y distribuir “racionalmente” los múltiples
espacios y tiempos que les aseguren el acceso a los recursos para su supervivencia: prácticas instrumentales;
normas, valores y rutinas formales e informales; estilos de
vinculación y asociación social; organización espacial y
temporal de sus “ambientes”; dimensiones culturales, simbólicas
e imaginarias, etc.
* PROYECTO UBACYT (director). La cooperación argentino-brasileña en política
educativa e investigación en comunicación. Proyecciones estratégicas
para el MERCOSUR. Año 2003. Prog. 98/2000. 2003
* PROYECTO UBACYT S 060“Teoría y práctica de la investigación y la
intervención sociales. Implementación de un método y
dispositivos innovadores en comunicación comunitaria”. Proyecto de investigación binacional
sobre comunidades y organizaciones sociales. UBA–UNISINOS.
Equipo UBA Direct.
Eduardo A. Vizer. Equipo brasileño, Direct. Dr. Jairo Ferreira,
Co-direct, Vizer. Grupo de Pesquisa CNPQ (Brasilia)
*
Título do Projeto na Unisinos : "A emergência do campo de
significação das ONG's na Web: discurso e contexto de
produção em dispositivos digitais". Unisinos/Fapergs/Cnpq.
Coordenador: professor Jairo
Ferreira.
A parceria se desenvolve no âmbito do Grupo de Pesquisa
Epistecom – Epistemología da Comunicaçao - Diretorio do CNPQ
(Brasilia). coordenadores : Jairo
Ferreira
e Eduardo A. Vizer.
INTRODUCCIÓN.-
“Si
las respuestas fallan, volver a las preguntas !” (1)
(De
la Introducción a “La trama (in)visible de la vida social:
comunicación, sentido y realidad” E. A. Vizer, Ed. La Crujía,
Bs. As. 2003.)
El
epistemólogo húngaro Imre Lakatos –al abordar en forma crítica
la filosofía de la ciencia de Popper- propone desarrollar líneas
estratégicas de investigación
estructuradas como Programas de Investigación (PIC, o
Programas de Investigación Científica)(2). A lo largo de los años
he intentado (a veces en forma deliberada, y otras veces como
una exploración mas intuitiva), cultivar una línea de reflexión
crítica en relación a ciertos presupuestos y
“fundamentals” del pensamiento sociológico, y al mismo
tiempo orientar las proposiciones y las hipótesis de trabajo
hacia una perspectiva constructivista y pluridisciplinaria de
los procesos de conocimiento. La problemática –y las
preguntas- se han centrado sobre las relaciones –e
interdependencias mutuas- entre la
formación de estructuras y organizaciones, y
la praxis de la interacción en los vínculos sociales (la
tradición del viejo dilema de pensar lo social desde las
estructuras, o bien desde la acción social). Pero las nuevas
hipótesis exploratorias para abordar este dilema se
orientaron hacia el desarrollo de modelos teóricos desde una
“perspectiva comunicacional” (B. Pearce, 1994). Las
preguntas y las investigaciones se dirigieron originariamente
hacia la construcción de un modelo de agente o sujeto en
comunicación (el modelo actor-observador) y hacia
las diversas formas y dispositivos de comunicación y de
formación de sentido. Hacia las prácticas de comunicación que cumplen un rol fundamental, ya sea en la modalidad de
las expresiones discursivas, ya sea como prácticas sociales,
como contextos y matrices culturalmente institucionalizados, o
bien por medio de la estimulación mediática permanente que
-como una “ecología informacional”- es construida a
través de las redes de los medios de comunicacón. Las
proposiciones teóricas se orientaron hacia las relaciones de mutua
interdependencia entre los procesos de estructuración (generación
y reproducción de las estructuras sociales), entre los procesos
de interacción social, las
mediaciones de la comunicación y la construcción de sentido y
valor en la multiplicidad de contextos de
la vida social.
Generalmente
se hace difícil construir proposiciones teóricas valiosas e
innovadoras que permitan articular en forma fructífera -y científicamente
rigurosa-, la sistematización y la coherencia lógica sin caer
en un formalismo nomológico
(en busca de “leyes universales”). E incluir al mismo tiempo
en nuestras proposiciones lo particular, la historia, o –al
decir de Prigogine- la inevitabilidad de las transformacions
impuestas por “la flecha del tiempo” y la complejidad
creciente de nuestras sociedades. Solamente algunos pocos padres
fundadores de la sociología lograron construir sistemas teóricos
capaces de articular fructíferamente el pensamiento social
sistemático con las transformaciones del tiempo y la historia;
las proposiciones lógicas de las leyes sobre las regularidades
sociales, con la argumentación siempre incierta y abierta a hipótesis
sobre las condiciones del cambio histórico, las alternativas de
la acción estratégica y las bifurcaciones que se abren en las
situaciones de crisis (seguramente Marx y Weber se aseguran un
primer puesto en la lucidez y la riqueza de la productividad de
sus sistemas de pensamiento).
En
este incierto campo de exploración donde se cruzan disciplinas
y diversas metodologías de investigación social, los proyectos
emprendidos se han focalizado sobre los diferentes problemas y
las múltiples dimensiones que se entrecruzan como una urdimbre
que genera estructuras, y determina la conformación y
regeneración de las relaciones sociales y de los procesos de
organización en comunidades, instituciones, colectivos y
movimientos sociales, Asociaciones Voluntarias y Organizaciones
No Gubernamentales. Este informal “Programa” ha requerido
proseguir líneas y experiencias de investigación sumamente
variadas, intentando no reducir la realidad multidimensional y
compleja a recortes teóricos predeterminados por una u otra línea
de pensamiento. El objetivo por un lado consistía en
desarrollar un modelo conceptual de análisis no reduccionista
sobre conjuntos (o colectivos) sociales. Objetivo posiblemente
demasiado ambicioso
pero necesario, e iniciado muchos años atrás y con el aporte
de variadas disciplinas (fundamentalmente a partir de la
sociología, la comunicación, la psicología, la antropología,
la semiología y la sistémica). Las formas organizativas de los
grupos humanos son tan diversas y multifacéticas como las
modalidades vinculares de relación y acción social, y tan
ricas y cargadas de significación, de sentido y valor como las
manifestaciones culturales, discursivas y comunicacionales que
las expresan y acompañan, y por medio de las cuales se
construyen y reconstruyen los “mundos de la vida” (Husserl,
Habermas). Pero además del objetivo teórico, se requería
cumplir con una condición de “aplicabilidad social” de los
conocimientos. Evitar la separación drástica entre el saber
sin el desarrollo de una práctica operativa, o el uso de técnicas
de acción y de intervención social, pero sin un sustento teórico
fundamentado. Afortunadamente, existían ya antecedentes que
permitían desarrollar experiencias teórico-prácticas
sumamente fructíferas centradas en metodologías cualitativas,
en la interpretación y el análisis diagnóstico y en la práctica
de la intervención: ya sea en instituciones y organizaciones
sociales acotadas, o bien en el desarrollo e implementación
–que podemos considerar experimentales- de técnicas
focalizadas hacia la comunidad y las poblaciones marginales, la
educación popular, la comunicación institucional y la actual
comunicación comunitaria.
En
buena medida, tanto el campo de conocimiento como la práctica
de la investigación propuestas –antitéticas a una
perspectiva positivista-, se hubieran asociado en las décadas
de los sesenta y setenta a la problemática propia de la “ideología”, o bien en parte también
cercanas a lo que la antropología clásica denominó
“cultura simbólica”. Desde la perspectiva de las
teorías de la comunicación influenciadas tanto por los
paradigmas del constructivismo radical como el social, se puede
concebir la existencia de procesos
transsubjetivos que relacionan, mediatizan y “comunican” a
los sujetos entre sí (en tanto agentes sociales) y a las
instituciones, construyendo
-o destruyendo- “universos de sentido”, operando sobre las
instituciones, las creencias y las expectativas en la formación
de valores y normas
de existencia social. La proposición fundamental que guía esta
línea de investigación estratégica se asienta en la hipótesis
de que es posible –y necesario- explorar un campo de problemáticas
sociales que las propias sociedades construyen
“transsubjetivamente” (mas allá de la mera subjetividad de
las conciencias individuales, y propias del funcionamiento de
los dispositivos y las matrices culturales). Como una forma
reactualizada del “inconsciente colectivo” del viejo
Durkheim, investigamos
los fundamentos culturales e imaginarios de ciertos dispositivos
socioculturales y simbólicos por medio de los cuales los
agentes sociales (re)construyen
en sus mentes,
en las prácticas y en las instituciones, las condiciones
de existencia de las certidumbres: certezas sobre la relación
efectiva y operativa que se produce entre las representaciones y
la propia “realidad”. Por ende, también exploramos las
condiciones para el quiebre de las creencias, las certezas y la
efectividad de las acciones sociales que los individuos imprimen
sobre las realidades cotidianas, “construyendo y cultivando”
un habitat que Lacan llamaría “real, simbólico e
imaginario” (un habitus social compartido expresado en
las formas, los símbolos y las señales cultural y
objetivamente reconocibles por los agentes sociales, y que
aseguran la acción y la participación social activa para la
reconstrucción colectiva de los diversos contextos sociales y
culturales). Certezas asentadas en el "sentido común",
construídas por medio de la acción social y el lenguaje (dos
procesos elementales de comunicación). Certezas y
representaciones construídas por la sociedad y la cultura para
asegurar la asociación entre "sentido y realidad",
(que son las que fundamentan, reproducen y transforman las
dimensiones de formación del sentido y de la realidad a lo
largo de procesos históricos). Certezas sobre el futuro, sobre
la naturaleza y la sociedad, sobre las relaciones humanas, sobre
"la moral", sobre la política y las instituciones,
sobre "el sistema", sobre la justicia y sobre nosotros
mismos.
LA CONDICIÓN
SOCIAL Y LA “CULTURA INSTITUCIONAL Y DISCIPLINARIA” EN LA PRÁCTICA
DE LA INVESTIGACIÓN.-
A
partir de las fuertes críticas al positivismo, y una filosofía
de la ciencia marcada por el cientificismo y la búsqueda
ilusoria de la neutralidad valorativa, los que fuimos formados
en ciencias sociales en los años sesenta,
concientes de los “privilegios” -a pesar de
pertenecer a contextos universitarios del tercer mundo-, nos
hemos visto obligados a convivir y construir una cultura
esquizofrénica. Las “reglas” de la academia exigían tomar
en bloque un modelo universalista de producción y legitimación
del conocimiento. Las condiciones institucionales de nuestras
universidades y centros de investigación solo nos permitían
construir un remedo (un “simulacro”?) de la cultura académica
institucional del primer mundo. Y por último –last but not
least- la realidad social y cotidiana nos apabullaba con sus
crisis e incertidumbres permanentes, sus restricciones
inevitables y los problemas personales que oscilaban entre la
frustración económica, la abierta –o encubierta- persecución
política y las exigencias de compromiso ético, o bien la fría
indiferencia, la desvalorización de la actividad científica y
la falta de reconocimiento social.
La
esquizofrenia cultural surgía como un emergente de las problemáticas
y las frustraciones con las que el investigador convive y se
nutre en sus condiciones de vida
y de trabajo diario en las “tres” realidades: la vida
cotidiana, la “cultura institucional” de una universidad de
“primer mundo inserto en el tercero”, y la “cultura científica
de una academia con valores universalistas” (con remedos de
primer mundo). Entre el investigador social del primer mundo y
el del tercero, la diferencia abismal en las condiciones de
producción obligan a redefinir no solamente las condiciones
materiales sino también el objeto y el sentido de las
investigaciones. A su vez, hemos tomado conciencia que el
replanteo de los criterios para la producción de conocimientos
sobre la propia realidad requiere inevitablemente de un
replanteo epistemológico y metodológico crítico. Conocer
la realidad va mucho más allá de una mera descripción
objetiva empírica, (la interpretación es inevitable);
“describir” una realidad conlleva hacer explícitos los
criterios de selección de los datos y el recorte de la realidad
que ha realizado el observador. La división del trabajo
intelectual no implica que es suficiente diagnosticar los
problemas de una comunidad o una institución (los
“diagnosticados” son actores sociales con sus propias
capacidades de observación y “autodiagnóstico”). El
profesional (en tanto observador calificado y con experiencia)
es el mas preparado para sugerir estrategias
de acción o de mediación social, pero no es el único
dueño de los instrumentos intelectuales que aseguran una intervención
social exitosa. La mirada del observador científico
–paradógicamente, y en pleno apogeo de la era científico
tecnológica- ya no se constituye en la única mirada legítima
de un saber “verdadero”. El ojo del observador –científico-
es también objeto de observación crítica. Creemos que la
ciencia social debe revisar sus premisas, y repensar críticamente
el viejo paradigma sujeto-objeto (tan caro a Durkheim cuando
propone “estudiar los hechos sociales como cosas”). Desde
una ciencia social “aplicada”, se debe desarrollar
estrategias que aseguren la inclusión respetuosa de la
“mirada del Otro” en el proceso de construcción del
conocimiento social. Más aún, pensar en un proceso de
co-construcción de conocimiento. Un paradigma de cooperación
epistemológica entre diferentes “sujetos de conocimiento”.
Sujetos de conocimiento situados social e históricamente;
sujetos de análisis y de interpretación. Y finalmente: sujetos
que “cultivan” y desarrollan –conciente o
inconcientemente-, estrategias de (auto)intervención sobre sus
medios ambientes, sobre sus condiciones de vida y sobre sus
creencias y valores culturales. No debemos olvidar las
frustraciones y los fracasos estrepitosos que produjeron los
ensayos de modelos políticos, económicos y culturales extraños
impuestos sobre las propias realidades nacionales, regionales o
locales por parte de organismos internacionales, y gobiernos
implícita o explícitamente autoritarios, con un
desconocimiento grotesco o un desprecio soberano por las
condiciones particulares de la propia sociedad. Hemos sido
formados en universidades que han pasado por
crisis cíclicas entre el universalismo del paradigma
positivista y la búsqueda del compromiso social y la inclusión
del “Otro” con una mirada histórica y particularista. (3)
“WORK IN PROGRESS”: UN PROGRAMA
TENTATIVO.-
“Las ciencias, después de todo, son nuestra propia creación, incluídos
todos los severos standards que parecen imponernos”.
P. Feyerabend
De
acuerdo a una evaluación crítica del cuadro de situación
sobre las condiciones de la investigación social en el país,
en la universidad y en los pocos Institutos y centros de de
investigación, la (auto)reflexión sobre las implicancias y los
objetivos del propio rol del investigador (como docente, como
co-formador de las mentes y las conciencias, como observador de
la propia realidad y como actor social implicado),
obligan a redefinir el propio sentido y los valores del
ejercicio del rol. Frente a este escenario complejo
-escuetamente descripto-, se hizo evidente la necesidad
imperiosa de desarrollar una reflexión crítica sobre los
paradigmas y los estilos instituídos de hacer y pensar en los
diversos campos de la ciencia social (en este caso específico y
personal, la dupla co-disciplinaria entre sociología y
comunicación como background intelectual).
Se ponen de manifiesto las limitaciones arbitrarias de
las barreras disciplinarias
y se trabaja sobre diferentes abordajes epistemológicos,
sobre la problemática de la complejidad social creciente, y las
inevitables consecuencias para la construcción de teoría. Se
elaboran diferentes encuadres de trabajo en equipos
interdisciplinarios, sobre la cooperación entre programas
co-disciplinarios, y se construyen proyecciones de cortes
transversales entre disciplinas, que en la jerga de los
“nuevos paradigmas” se concebía como el antecedente
discursivo de un incipiente pensamiento
“trans”disciplinario. Estos problemas teóricos y metodológicos
ocupan mi colaboración en equipos interdisciplinarios diversos,
varios años antes de ingresar al Centro de Estudios Avanzados
en el año 1986, (en el momento de renunciar como primer
director de la Carrera de Ciencias de la Comunicación). Y es
precisamente en el CEA donde se desarrolla bajo la dirección
brillante de Rolando García, un área de reflexión e
investigación a partir de un pensamiento fundamentado en los
“sistemas complejos”. Se centra en la construcción sistemática
de hipótesis, marcos conceptuales, problemáticas y modelos
socioambientales y poblacionales. Los problemas concretos en
estudio –la desertificación en primer lugar- se consideran
directa o indirectamente generados por el monocultivo y la
concentración de la producción hacia los mercados
internacionales, y éstos cambios socioecnómicos a su vez como
condicionantes de la desertificación y la sobreexplotación de
los recursos naturales, los procesos de emigración rural, el
despoblamiento y las hambrunas. En resúmen: se comienzan a
legitimar nuevas formas de pensar la investigación
social, nuevas formas de abordar los procesos sociales como
unidades complejas, y nuevas formas de redefinir las
aplicaciones del conocimiento sobre la realidad, a fin de
“intervenir estructuralmente” en su transformación. Pero no
“desde arriba” (por medio de los instrumentos y las
directivas del poder político o económico) sino considerando
los procesos del propio interior de una comunidad. De esos años
debo un reconocimiento especial a los fructíferos intercambios
de conversaciones y de papers (con Prigogine en Austin, I.
Wallerstein, -“Impensar las Ciencias Sociales”-, a M.
Barbero, así como lecturas y esporádicas charlas con Von
Foerster, E. Morin, N. Luhmann y Maturana, y a entusiastas
interlocutores como B. Chang y M. Morgan de Umass, Awerswald de
Esalem en S. Francisco, G. Tremblay y Zylberberg de Québec, J.
Ferreira, F. Netto y Bolaño en Brasil, y ya en Argentina una
lista --lamentablemente no muy larga- que prefiero no nombrar
para no excluir a nadie). También surgió la posibilidad de
realizar proyectos como Fulbright Fellow, y participar en
experiencias y exposiciones públicas realizadas en Canadá,
Estados Unidos, Brasil, Centroamérica, etc. -, en diferentes ámbitos
universitarios y gobiernos locales.
Estas
experiencias de una nueva cultura de pensamiento
“trans”disciplinario, ayudaron a redefinir el encuadre
epistemológico y el objetivo fundamental de las investigaciones
sobre los procesos y las relaciones sociales, sobre todo a nivel
de las comunidades y las instituciones. Se focaliza el interés
en las problemáticas que surgen de las profundas
transformaciones socioeconómicas y estructurales que generaron
(en la Argentina especialmente a través de las políticas de la
década del noventa) la ruptura de los lazos sociales, la
“desafiliación social” (en términos de R. Castel), la
marginación y la exclusión, la quiebra –y la incipiente
reconstitución?- de la confianza pública hacia el Estado, los
dispositivos generadores de “resiliencia social” en la
sociedad civil: diversidad de los movimientos sociales,
multiplicación de las Asociaciones Voluntarias (AV, Turner
2000), los Organismos no Gubernamentales (ONG´s), etc. En resúmen,
centramos la atención en desarrollar conceptos e instrumentos
teóricos y metodológicos que ayuden a articular la teoría
con la práctica social, el diagnóstico con la intervención en
instituciones y comunidades.
En
este punto se comienza a esclarecer el amplio abanico teórico y
práctico de aportes de las ciencias de la comunicación, que se
presentan como una “vía regia” innovadora de articulaciones
inter o transdisciplinarias entre el conocimiento teórico sobre
procesos y acciones sociales y las mediaciones simbólicas que
las atraviesan. Entre el saber construido del investigador y el
de los sujetos de la investigación (y no en tanto
“objetos”). Entre el “observador profesional y/o científico”,
y el “Otro”. Cada actor social en un doble rol de
observador-observado y partícipe de un proceso comunicacional
en espiral.
El
“programa” –o los proyectos- de investigación han
pretendido contribuir a un análisis interdisciplinario y una
discusión sobre los ejes de
desarrollo y las complejas implicancias
-económicas, políticas y culturales- que
van condicionando el crecimiento exponencial del Sector
Social y las asociaciones voluntarias como expresión autónoma
de la sociedad civil. Se debe abordar la creciente complejidad y
fragmentación de nuestras formaciones sociales. Los procesos de
gestión, de conflicto e integración
sobre la estructura y las relaciones sociales en un país
de desarrollo intermedio como la Argentina. Las nuevas formas
que adquieren los movimientos sociales (los “nuevos”
movimientos sociales), la multiplicación de los “movimientos
de militantes cibernéticos” en la Red (MMC); las asociaciones
comunitarias y las vecinales (en redes institucionales,
interpersonales, locales o globales –“glocales”-las
agrupaciones conectadas por Internet, asociaciones militantes,
eclesiales, estatales o paraestatales, y las orientadas hacia el
mercado). Se intenta comprender su estructuración como agentes
de cambio, su "agregación" en instituciones de
segundo nivel (entre las bases y el Estado) y su rol en el
contexto actual de reconfiguración de las relaciones entre el
Estado y la sociedad. Diferentes concepciones sobre el problema
de la cooptación de las organizaciones sociales por parte del
Estado y de los partidos políticos (los que desarrollan un
doble discurso, que a la vez que ensalza la participación de
las organizaciones en la vida pública, desconfía y se aparta
cuando no puede manipularlas o condicionarlas, acusándolos de
antidemocráticas o antipolíticas). Otro factor relativamente
nuevo es el crecimiento exponencial de las fundaciones
empresarias y del mundo corporativo que intenta construir una
imagen del mundo económico como socialmente comprometida con
los problemas y los valores de la sociedad y de la ciudadanía.
Se plantea siempre el dilema de la permanente presión por la
cooptación de las organizaciones sociales por parte del poder
político o el poder económico. Pero además –y en forma no
tan visible- se plantea la lucha por el poder simbólico de
los discursos y los procesos de formación de sentido y de los
valores: sobre las mentes, sobre el acceso a los medios de
comunicación, al tiempo y los espacios de exposición pública
(en los medios, en las plazas, y en las calles). Por detrás de
este nivel de manifestación pública de las organizaciones y
los movimientos sociales, operan –además de las estructuras
políticas, el Estado o las corporaciones empresariales- otros
actores sociales con intereses
particulares, otros discursos y otros valores: iglesias, sectas,
grupos de interés, líderes carismáticos y oportunistas,
sectores sociales en busca de reconocimiento, y también mafias
ocultas, agentes infiltrados de origen incierto, y hasta
terroristas de cualquier tendencia.
Los
“tres estados” (el mercado, el Estado y la sociedad civil)
se ven inevitablemente obligados a convivir (a cooperar o bien a
confrontar) en un mundo día a día mas interdependiente. Nos
hallamos ante una sociedad fragmentada como un
“rompecabezas” sin reglas de articulación?; o
nuevamente ante el dilema de pensar a la sociedad como un corral
de lucha entre depredadores y víctimas, o la ficción de una
“familia orgánica” que coopera y participa en el bienestar
colectivo? Debemos pensar y ayudar a que las organizaciones
sociales ganen mas autonomía y “empowerment”?, o por el
contrario el Estado debe pensar en términos de una especie de
“libertad condicional vigilada” al estilo de las políticas
de seguridad post 11 de setiembre? Ante este dilema inmensamente
complejo donde se juegan los modelos y los valores de las
sociedades futuras, una de las primeras cosas que saltan a la
vista es el abismo de diferencias que surgen entre pensar y
actuar desde lo “macro”: el Estado, la seguridad social, los
derechos ciudadanos, la libertad de expresión, etc.
O bien pensar un compromiso de participación donde
podamos intervenir en forma efectiva situados desde lo
“micro”: la asociación barrial, una ONG, un movimiento por
reivindicaciones específicas, la participación en las redes de
información y de comunicación electrónica (Internet). De uno
u otro modo, nos hallamos igualmente ante el dilema de no saber
si uno cumple un rol de “idiota útil” sutilmente manipulado
por poderes desconocidos, o si –moralmente- nos debemos a la
promoción y la defensa de los valores de una siempre difícil
autonomía relativa. De todos modos, las palabras clave siguen
siendo compromiso crítico y participación.
La
descentralización y el nuevo espacio local:
En
los últimos años se observa la aparición de una nueva escena
local. Por un lado se produce una suerte de revitalización de
la esfera local, y por otro el municipio como punto de
condensación de la fragmentación social de la protesta, de la
crisis de mediaciones y de la falta de recursos. “Dos factores
impulsores de los nuevos escenarios son la reforma de Estado y
la globalización” (García Delgado, 1997). El proceso de
reforma estructural llevado a cabo en los ’90 ha promovido
procesos de alta concentración económica, de desestructuración
espacial del tejido productivo que produce desempleo, distribución
desigual del ingreso y que llevan a una acelerada reconversión
de las economías locales. Las políticas de descentralización
también han significado la cesión de competencias a provincias
y municipios en el área de la política social (educación,
vivienda, salud y planes focalizados de combate contra la
pobreza). Si bien la descentralización aparece como una
megatendencia universal que encuentra fundamentos en la revolución
científica y tecnológica, en la reforma del estado
y un mundo que demanda soluciones rápidas y localizadas,
en nuestro país “la descentralización ha estado básicamente
vinculada a la crisis fiscal del Estado, a la distribución de
los costos del ajuste así como la atención de la cuestión
social desde realizadades más cercanas... El municipio aparece
como la “cara más cercana de un Estado en retirada” (García
Delgado, op. cit: 30)
El
resurgir de las democracias en la década de los ochenta y
noventa, llevó a pensar en la necesidad de trabajar en y con
las comunidades en un pié de igualdad para construír (en
muchos casos reconstruír) las bases de las formas institucionales
de un régimen democrático. A los conocidas y valoradas
ideas-fuerza de compromiso social y emancipación -que
movilizaron a una generación anterior movida por un idealismo
muchas veces irreal-, se le han planteado “nuevas”
ideas-fuerza: "Derechos Humanos", "Derechos
sociales", "Ciudadanía", "Género" (y
derecho reproductivo), derecho a la identidad y a la diferencia,
y alguno que otro término que afirman agrupaciones del pujante
Sector Social o nuevos movimientos que expresan la diversidad
actual de la sociedad civil.
Esta nueva y compleja diversidad social -que en las
naciones mas desarrolladas ha dado origen a un nuevo campo académico
denominado multiculturalismo- se constituye en el terreno de
trabajo objetivo para especialistas
de las ciencias sociales. Como respuesta a los esquemas de
planificación vertical y dirigista por parte de agencias de
gobierno han surgido nuevas propuestas de acción social bajo
denominaciones como "planificación participativa",
"gestión social", "gestión participativa",
"auditoría social", "desarrollo local",
"promoción comunitaria", "desarrollo
comunitario", y desde el campo específico de la comunicación,
la "comunicación comunitaria".
Esta
complejización de las relaciones entre los nuevos procesos
sociotécnicos, psicosociales y culturales (y el crecimiento
exponencial de las industrias culturales), en primer lugar puso
en evidencia la propia complejidad e inevitable
interdisciplinariedad de los estudios sobre la comunicación. La
comunicación como proceso de transformación social, como acción
comunitaria e intervención participativa en poblaciones
marginales o en proyectos de desarrollo y promoción social
específicos (en salud, educación, capacitación, etc.), dejaba
de ser vista como mera aplicación artesanal e improvisada de técnicos,
que muchas veces ni siquiera se interesaban en aprehender los
recursos proporcionados por los investigadores científicos. El
divorcio entre la cultura científica y la humanística (la teoría
de las 2 culturas, de Snow y Prigogine); entre la teoría y la
práctica, dejaban a una metodología fructífera como la
investigación-acción, y la investigación-acción-participativa
(IAP) en una situación secundaria, en una "tierra de
nadie" (Vizer, cap. V,
op. cit.).
Los
programas de planificacion para el desarrollo estatales, tanto
como las experiencias de promoción social en
comunidades, han
promovido siempre
los procesos de comunicación: ya sean interpersonales, o
mediados tecnológicamente (la Escuela de Comunicación y
Desarrollo iniciada en los 60, la Educación Popular y la propia
Comunicación Comunitaria.). Serían inconcebibles los programas
y las prácticas de desarrollo de la comunidad sin el aporte
racional del uso de
medios y procesos de comunicación que abren la puerta a
toda forma de información, conocimientos, servicios y creación
de redes de interrelación social entre los múltiples actores e
instituciones sociales, tanto a nivel local como global
Consideramos
que las ciencias de la comunicación brindan aportes estratégicos:
se hace evidente el rol central que tienen los
procesos de información y comunicación
humanos (interpersonales, grupales, comunitarios e
institucionales) así como el acceso a las nuevas
tecnologías. Buscamos
construir, desarrollar conceptos e implementar marcos teóricos
y metodologías innovadoras (la teoría del cultivo social
versus la teoría del capital social; o el desarrollo de una teoría y una
metodología de la investigación sobre los procesos de
comunicación como dispositivos de “construcción de ecologías
sociales y culturales”). Consideramos que hemos
desarrollado una metodología de investigación empírica y de
intervención sobre procesos locales de organización social, y
de los dispositivos simbólicos y discursivos que se conforman
en las organizaciones socio-comunitarias, (ONG’s,
asociaciones, movimientos sociales, etc).
APORTES TEÓRICOS Y METODOLÓGICOS ESPECÍFICOS.-
Nuestros
problemas fundamentales se orientan hacia una perspectiva de
abordaje y a preguntas de naturaleza socioantropológica y
comunicacional. En la práctica cotidiana que venimos realizando
hace años (mayormente desde la propia Universidad) en escuelas,
comunidades, ONG’s, municipios, hospitales, etc., nos
preocupamos por las dimensiones socioorganizacionales así como
institucionales y culturales. Trabajamos desde una doble
perspectiva teórica: sobre los procesos y dispositivos de
generación de “capital social y simbólico” (Bourdieu), o
bien desde una perspectiva teórica propia (que desarrollamos en
proyectos tanto en Argentina como en el Brasil desde el 2003).
Se trata de abordar el análisis de instituciones y comunidades
como una ecología social, como un “cultivo”
ambiental, un entorno en el que los propios hombres
generan a través de diferentes formas de trabajo
los recursos necesarios para el colectivo social. Los
agentes sociales se ponen en “enacción” por medio de dispositivos culturales aprendidos y reconstruídos
permanentemente. Proceso que implica a la vez un trabajo
de estructuración sobre el espacio y el tiempo: trabajo físico
y también social, cultural-simbólico e imaginario. Las
organizaciones construyen dispositivos, los que se instituyen
como estructuras de un sistema a fin de ocupar,
desarrollar y distribuir “racionalmente” los múltiples
espacios y tiempos que les aseguren el acceso a los recursos para su supervivencia: prácticas instrumentales;
normas, valores y rutinas formales e informales; estilos de
vinculación y asociación social; organización espacial y
temporal de sus “ambientes”; dimensiones culturales, simbólicas
e imaginarias, etc.
Metodológicamente,
aplicamos un diseño innovador desarrollado en nuestras Cátedras:
el “dispositivo analizador” (Vizer, cap. IV, op. cit). Se asocian tres líneas
estratégicas de producción de conocimiento –generalmente
separadas en la investigación clásica-: la “prueba” de hipótesis
generales; la participación de los miembros de
una comunidad y/o asociación voluntaria en el proceso de
(auto)diagnóstico de problemas, y la búsqueda de estrategias
de abordaje y propuestas de acción en común. Por último, la
orientación institucional y/o comunitaria en el diseño de
dispositivos y acciones específicas para el análisis-diagnóstico
de fortalezas, obstáculos, oportunidades, desafíos y amenazas
que favorezcan la construcción e implementación de acciones de
cambio (transformación) en los propios “colectivos
sociales” involucrados. (4) Además se propone una metodología
de evaluación permanente del proceso de investigación-acción
denominada “triangulación recursiva”. (Vizer, op. cit.)
Estamos
replicando un marco conceptual de análisis que promueve la
construcción y refinamiento de teoría y práctica sobre diferentes
dimensiones asociadas a los procesos de transformación en
colectivos sociales: en las relaciones formales e
informales (intraorganizacionales y extraorganizaciones); en los
vínculos primarios (“las redes de contención” de los
individuos); las actividades productivas (trabajo); la
construcción y distribución de los espacios y los tiempos; y
finalmente las dimensiones simbólicas y culturales que los
acompañan.
a)
Por un lado buscamos conocer las modalidades de percepción y
reacción ante los problemas locales y colectivos en las
organizaciones sociales (instituciones, comunidades, ONG’s).
Las concepciones y representaciones sociales que tienen
sobre sí mismas, su identidad, su rol y su “posición”
dentro del contexto social, y en relación a los poderes y las
instituciones del Estado, así como al resto de la comunidad.
b)
Hemos refinado técnicas y metodologías –innovadoras, y
provenientes de diversas orientaciones epistemológicas y orígenes
disciplinarios (psicosocial, comunicacional, antropológico,
etc.)- que permitan tanto la investigación en un sentido
clásico, como la investigación-diagnóstica, la interpretación
y la intervención interdisciplinaria en los procesos de
gestión y autogestión de instituciones y organizaciones de la
comunidad.
c)
Sometimos a prueba hipótesis y proposiciones sobre relaciones
entre diferentes dimensiones socioorganizacionales
“universales”. Estas hipótesis se expresan como
proposiciones sobre dimensiones comunes a toda organización,
las que se definen como variables teóricas pasibles de
ser operacionalizadas en investigaciones empíricas sobre
las prácticas sociales y culturales de cualquier
institución y/o comunidad.
Hipótesis
fundamentales:
I.
Los
individuos y las poblaciones "construyen, modelan y
cultivan sus propias ecologías" (ecologías físicas, sus
tiempos y espacios ambientales, sus entornos socioculturales,
afectivos e imaginarios); reconstruyen –por medio del trabajo-
su medio ambiente transformando la naturaleza, a sus propias
culturas, sus estructuras e instituciones sociales, sus tecnologías,
y sus vínculos.
II.
Si consideramos a la sociedad a partir de un paradigma de
construcción y reproducción permanente, podemos hablar de un
paradigma generativo. Podemos abordar
el problema de la generatividad de la sociedad desde
perspectivas diferentes. Podemos elaborar una hipótesis general sobre la existencia de
diferentes esferas o “dominios ontológicos” de acción
tanto materiales como culturales, los que a un nivel simbólico
se manifiestan como construcciones institucionales y
discursivas, constituídas
a lo largo de los años y de la historia. La creciente
complejidad social y cultural de nuestras sociedades modernas
(amenazadas por grandes poderes económicos y la
“homogeneización hegemonizante” de ciertas tecnologías y
ciertas prácticas) ha transformado los “modos de producción”
de los dispositivos de generación de recursos y de
las condiciones de vida de las poblaciones (su “ecología
material, social y simbólica”) .
III. Las
ciencias de la comunicación pueden realizar un aporte
considerable tanto a la comprensión, como al diagnóstico y la
intervención social en éstas condiciones críticas. Pero deben
asumir el desafío de producir un saber a la vez
transdisciplinario y accesible a la gente. Como corolario, se
hace indispensable desarrollar un “discurso del método”
asociado a la práctica de la intervención, y la construcción
de espacios de participación. La comunicación implica no solo
al proceso de recreación estable de los vínculos y del lazo
social. Implica también concreción de actos y de valores de
resistencia y de ruptura. La comunicación –en tanto praxis-
debe ser el lugar del sentido crítico y la significación.
En
principio consideramos seis dimensiones o ejes de
análisis en la “construcción ecológica de los colectivos
sociales” (metodológicamente se pueden considerar como
variables “teóricas”, a las que “operacionalizamos” en
indicadores que se describen e interpretan en un
“Dispositivo”)
1)
Un eje de las prácticas y las acciones instrumentales,
entendidas como técnicas asociadas a la producción y la
transformación –ecológica- de los recursos necesarios para
el funcionamiento de un sistema, una comunidad u organización
social para el logro de sus objetivos. Debemos considerar las
condiciones de vida y relaciones con el medio, los recursos y la
posesión y el acceso a medios de producción, de circulación y
de consumo. Obviamente, la estructura productiva, los procesos
económicos y el trabajo pasan a un primer plano de análisis.
2) Un eje de organización política, o dimensión
formal, asociada
a las estructuras y el ejercicio del
poder instituído, de la toma de
decisiones, el control de los recursos, las jerarquías y la
autoridad –tanto internas como externas a una organización-.
Corresponde a aspectos paradigmáticos de organización y
legitimación de un “sistema” –una ecología de orden político-,
una estructura de dominio social, que puede ser tanto local,
como regional o bien nacional (por ej. la existencia y vigencia
de legislación específica). Cabría pensar en proposiciones e
hipótesis en términos de un eje de análisis
"vertical" sobre estructuras y prácticas
institucionalizadas de igualdad-desigualdad; concepciones y
prácticas democráticas versus autoritarias. (por
ej. la relación clásica entre Estado y sociedad, e
instituciones como el Derecho, la división de los poderes, los
mecanismos y organismos de control y procesos de legitimación,
etc.).
3) Un eje
normativo-valorativo, asociado
estrechamente a las prácticas cotidianas y sus procesos
comunicativos y simbólicos. Corresponde al mundo de las prácticas
sociales (instituyentes), pero –a diferencia del punto
anterior- se asocia fundamentalmente a una visión más
informal, espontánea
y particular de ejercicio de la ciudadanía y del derecho
(público y privado). Se centra el análisis y la interpretación
en un sentido más "horizontal" de las relaciones
sociales, en términos de igualdad, y de derechos a la diferencia:
entre individuos, grupos y sectores sociales, en las diferencias
de género, y culturales. Se diferencia con el eje anterior, al
"oponerse" en forma radical a las prácticas
cotidianas de las relaciones verticales de desigualdad
estructural (vistas mas bien desde las dos perspectivas de los
puntos anteriores, que están asociadas a la idea de posesión y
acceso a recursos: económicos, de fuerza, de poder de decisión,
etc.). Por este motivo, este nivel de análisis es especialmente
rico en el trabajo sobre movimientos sociales, de derechos
humanos, de minorías, de género, etc. En esta línea, se puede
tomar en consideración los trabajos de Holloway, y las
concepciones alternativas sobre las relaciones
Estado-Sociedad civil, así como las críticas a la
concepción clásica del poder hegemónico y el rol del Estado
por sobre la sociedad.
4)
La dimensión específicamente “ecológica” del espacio y
del tiempo. La vida social concebida como “realidad
material y simbólica” en
el entrecruzamiento –tanto estructural como histórico- de múltiples
procesos temporales que “cultivan, reproducen y estructuran”
diferentes espacios y territorios sociales, tanto públicos
como privados. Paradigmas institucionalizados sobre la
distribución y el uso del tiempo y el espacio en los diferentes
contextos sociales de la vida cotidiana. Los procesos de
apropiación del espacio natural, transformados en espacios y
tiempos “humanizados”, y culturizados como conjuntos de
elementos y relaciones sociales y simbólicas, (los que son
capaces de dar permanentemente
cierto “sentido espacial
al pasado” y una proyección hacia un futuro, con lo que el
presente se manifiesta como
una secuencia tanto real como imaginaria, una expresión
localizada dentro de un proceso histórico continuo). La
construcción social de los espacios y los tiempos puede a su
vez analizarse en tres dimensiones diferentes: físico-material,
simbólico-comunicacional, y por último en una dimensión
imaginaria.
5)
Una dimensión de vínculos de asociación interpersonal, un
"cultivo afectivo”-intersubjetivo, y transubjetivo-
donde los seres humanos pueden transformar a los objetos
y a otros seres humanos en objetos del deseo (para usar
un término psicoanalítico). En el vínculo, el sujeto es
sujeto para Otro, y así se reconoce como sujeto para sí.
Adquiere valor y sentido en la mirada del Otro, y ese valor y
ese sentido pasa a formar parte de su propio ser. Es el ojo del
observador el que me transforma en actor, y es la conciencia de
la acción la que me construye como observador de un entorno. Es
fundamental el análisis tanto de las formas instituídas como
de las instituyentes
en la generación y mantenimiento de vínculos, de lazos
sociales y de parentesco teñidos por el sentimiento, las redes
de protección y contención social, etc.
6)
Por último, una dimensión cultural, imaginaria y
mítica (que puede ser una proyección de trascendencia, como
sucede con las manifestaciones religiosas). Las narraciones, las
ceremonias y los rituales articulan una identidad con una
identificación colectiva, y certifican la coherencia
–o al menos cierta congruencia-, entre el mundo “objetivo”
y las percepciones subjetivas. Originalmente, ésta era
la función "reproductiva" que la sociología clásica
atribuyó a las ideologías (distorsionando como negativa a la
riqueza plural y fructífera de las manifestaciones de la
cultura popular).
Ej.
de esquema de aplicación del Dispositivo de Análisis a
comunidades e instituciones
|
Categorías
|
Síntesis
conceptual
|
Descripción
diagnóstica
|
Posibilidades de
intervención
|
|
Acciones
instrumentales
|
Producción
– trabajo – función económica
|
|
|
|
Organización
política
|
Toma
de decisiones, modos de representación y delegación-detentación
del poder
|
|
|
|
Dimensión
normativa-valorativa
|
Organización
de la institución. Valores, normas
|
|
|
|
Dimensión
espacial y temporal
|
Construcción
real, simbólica e imaginaria del espacio
|
|
|
|
Dimensión
vincular
|
Redes
efectivas de contención-grupos y tiempos sociales
|
|
|
|
Imaginarios
sociales
|
Cultura,
mitos, ceremonias, rituales, identidad, percepciones del
mundo real
|
|
|
(1)
Este es un resúmen de las propuestas teórico-metodológicas
desarrolladas en diferentes proyectos de investigación, y
presentados en el libro “La
trama (in)visible de la vida social: comunicación, sentido y
realidad”. Autor Eduardo A. Vizer, Ed. La Crujía, Bs. As.
2003.
PROYECTO
Org. de Estados Iberoamericanos (OEI). “Las nuevas formas de
asociación comunitaria e institucional en el contexto actual de
reconfiguración de las relaciones entre el Estado y la
sociedad”. 1998/9.
PROYECTO
DE INVESTIGACIÓN PLURIANUAL (PIP) CONICET Nº 02454.
2000/2004 “La emergencia de
la(s) organización(es) del Sector Social (tercer sector).
Implicancias para el desarrollo social y las políticas públicas”
PROYECTO UBACYT S 057 “Asoc. voluntarias y
reconstrucción de la sociedad civil en la Argentina: las
condiciones de la ciudadanía activa.”
IIGG. UBA. Vizer Investigador. Asoc. 2001/02 Dir. Dra C.
Reigadas
PROYECTO UBACYT (director). La cooperación
argentino-brasileña en política educativa e investigación en
comunicación. Proyecciones estratégicas para el MERCOSUR. Año
2003. Prog. 98/2000. Código 5623 (del 1/1/al 31/12/ 2003).
PROYECTO
UBACYT S 060“Teoría
y práctica de la investigación y la intervención sociales.
Implementación de un método y dispositivos innovadores en
comunicación comunitaria”. Proyecto
de investigación binacional sobre comunidades y organizaciones sociales. UBA–UNISINOS
(CNPQ-UBACYT).
Equipo
UBA Direct. Eduardo A. Vizer. Equipo brasileño, Direct. Dr.
Jairo Ferreira, Co-direct, Vizer. Grupo de Pesquisa CNPQ (Brasilia)
(2)
Para el desarrollo de Programas de Investigación en condiciones
de permanente falta de financiación (típicas en la Argentina),
es importante no depender solamente de la financiación
temporaria, sino además del reconocimiento institucional. Es
importante reconocer la innovación que ha introducido la
Secretaría de Investigación de la Facultad de Ciencias
Sociales de la UBA, con la creación del Programa
de Reconocimiento Institucional de Investigaciones no
Acreditadas (o sea sin financiación)
(3)
No solamente los investigadores y los intelectuales desarrollan
“dispositivos de interpretación”. Todo ser humano construye
–a su medida- dispositivos y “mapas”que le permiten
desempeñarse en la vida. Son útiles para construir estrategias
de supervivencia, acciones colectivas, instituciones y relatos
(sobre la vida, la naturaleza, la sociedad, dios, el futuro, las
ambiciones, los amigos y el amor). En otras palabras, los
dispositivos de interpretación, y las estrategias
que construye cada uno, son los que nos permiten
construir la materia de la vida y la “realidad de nuestros sueños”.
(4)
“Tanto a nivel macro como microsocial, los sectores menos
favorecidos de la comunidad y las instituciones públicas y
privadas se ven obligadas a cambiar sus estructuras y
procedimientos organizativos, tanto mentales como sociales y
económicos: lo local se rearticula en lo global, la organización
(empresa, organismo público o asociación comunitaria) se
rearticula en sistemas de redes y en contextos día a día más
amplios. Primero la empresa, luego la universidad y el Estado, y
ahora las ONG´s y las asociaciones civiles, se hallan
desarrollando la reflexión y las estrategias teóricas y
operativas imprescindibles para interpretar, diagnosticar e
intervenir en estos procesos de cambio” (Vizer 1997, aporte al
proyecto de Programa de Orientación en Comunicación
Institucional, Maestría en “Comunicación y Cultura",
Fac. C. Sociales, UBA).
Eduardo A. Vizer (UBA): Doctor en Sociología. Profesor
Titular Regular de la Cátedra Promoción Comunitaria, y de
Comunicación Comunitaria. Coordinador del proyecto y 1er.
Director de la carrera de Ciencias de la Comunicación,
Universidad de Buenos Aires. Coordinador de Epistemología y
Teoría del Conocimiento: Maestría en Estudios Sociales y
Culturales, Univ. Nacional de La Pampa. Evaluador de Posgrados CONEAU, de la
Univ. de Massachussets (UMASS). Consultorías: International Council
for Canadian Studies, Human Resources Development Canada (HRDC),
Canada-Fulbright Program “International Mobility in Higher
Education Program” (IMHEP), Ottawa. Secretaría de Ciencia y Tecnica de la Nación (SECYT)
Plan Nacional de Ciencia y Tecnología. Ex Fulbright Fellow (EEUU), becario Internationes (Berlin),
ICCS (Ottawa, Canada); y Prof. Visitante PPG en Comunicación,
Unisinos, (Capes) Brazil. Miembro Internacional Board of Editors
de Psychline (Chicago) y Cyberlegenda (Univ. Fiuminense, R. de
Janeiro). Publ. mas relevante:
“La
trama (in)visible de la vida social: comunicación, sentido y
realidad”.
(Prólogo
de J. M. Barbero, Ed. La Crujía, Bs. As, 2003.)
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Posgrados
en Ciencias Sociales y Comunicación. Qué "Cultura
institucional y disciplinaria" estamos construyendo? ALTERNATIVAS
Nº 14, 2000, CIPTE (Centro de Investigación Educativa Univ.
Nac. del Centro, Pcia. Bs. As).
www.licencomunicación.com.ar
Las Tecnologías de Información y Comunicación (TIC's) y el
crecimiento del Capital Social, en “GLOBALIZACIÓN Y NUEVAS
CIUDADANÍAS” Coord. C. Reigadas & C. Cullen. Ed. Suárez,
Mar del Plata e Inst. Gino Germani, UBA, 2003. Trabajo
presentado a las Jornadas Internacionales sobre Nuevas Tecnologías.
CFI, Consejo Federal de Inversiones, Junio 6/7, 2000. Y a las
Jornadas de Políticas Sociales en el Mercosur, Col. Grad. Sociología.
Junio 28/30. Y en web de Cidade do Conhecimento.
Instituto de Estudos Avançados, Univ. de São Paulo.
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|