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Tecnologías
de la información, educación y desarrollo
Roxana
Cabello
Universidad
Nacional de General Sarmiento. Argentina
Resumen
En este
trabajo se revisa críticamente la expectativa que organismos
internacionales depositan en la incorporación de las TIC en la
educación con vistas a impactar sobre el desarrollo. Además señalamos
–apoyándonos en resultados de nuestra investigación empírica-
algunas dificultades que obstaculizarían el desempeño del rol
que se espera que la escuela y los maestros cumplan en relación
con el proceso de expansión de las TIC. Finalmente incorporamos
una reflexión sobre el modo en que debería encararse este
problema cuando se espera que repercuta en los procesos de
desarrollo humano.
Palabras
clave: tecnologías de
la información; maestros; desarrollo.
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Presentación
Presentamos
en este trabajo algunas reflexiones respecto de un problema que
se ha hecho bastante generalizado en ciertas propuestas que
presentan a los procesos de desarrollo como meta. En ese
tipo de propuestas se hace manifiesta una expectativa que
podemos caracterizar como “optimista” respecto del rol que
jugaría la incorporación de tecnologías de la información y
de la comunicación (TIC) en relación con la promoción de
cambios sociales que puedan vincularse con el logro de mayores
niveles de desarrollo. Esa expectativa se construye en torno de
la hipótesis de que esas tecnologías se han erigido en los
principales canales de distribución del conocimiento el cual se
constituye, a su vez, en el auténtico motor del desarrollo. En el marco de esa
conceptualización se sostiene que el ámbito de la educación
resulta el más pertinente y prometedor para impulsar la conexión
de los diferentes sectores sociales con las TIC, para que puedan
capitalizar sus potencialidades en la esfera social, la
cultural, la económica y la política.
En
este artículo realizamos una revisión crítica de algunas de
las implicancias que conlleva la caracterización mencionada,
tanto desde el punto de vista teórico como político. Además
señalamos algunas dificultades que podrían obstaculizar el
desempeño del rol que se espera que la escuela y los maestros
cumplan en relación con el proceso de expansión de las TIC.
Para ello, nos apoyamos en una investigación empírica
realizada entre 2001 y 2003.
Finalmente incorporamos una reflexión sobre el modo en que
debería encararse este problema cuando se espera que repercuta
en los procesos de desarrollo humano.
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Las expectativas sobre la
incorporación de tecnologías
La
relación entre educación y comunicación está siendo
analizada desde diferentes perspectivas, sobre todo a partir de
las últimas tres décadas del siglo pasado. Diferentes aspectos
de esa relación se constituyen en ejes de reflexión: la
dimensión comunicacional de los procesos de enseñanza y
aprendizaje; la incorporación de los medios en la enseñanza y
la educación para los medios; el desarrollo de una pedagogía
de la comunicación, etc. J. M. Pérez Tornero, por ejemplo, se
ha dedicado sistemáticamente a explorar esa relación y se ha
mostrado preocupado por la situación en que se encuentra la
escuela en el marco de lo que denomina sociedad de la
información. Un nuevo escenario caracterizado tanto por la
proliferación de tecnologías de la información de diverso
tipo como por el desarrollo de nuevas modalidades de relación
social y económica (globalización financiera, neoliberalismo,
deslocalización de la producción) condiciona a la institución
escolar que aparece como desfasada y, según su parecer, en
crisis. Convencido de la necesidad de reorientar la educación
en la sociedad, el autor hace suya la propuesta que UNESCO
presentaba en 1996[3]
e identifica desde esa posición algunos de los retos actuales
de la educación entre los cuales menciona “la aceptación de
la necesidad de potenciar el tipo de alfabetización propio de
la sociedad de la información”, refiriéndose a la introducción
de lenguajes audiovisuales, informáticos y multimediáticos;
“la creación de nuevas comunidades educativas a partir de las
escuelas actuales”, involucrando la capitalización de las
comunidades virtuales que propicia la expansión de las TIC;
“la renovación tecnológica de la escuela”, que observa
como un proceso lento obstaculizado por las resistencias al
cambio.
Diagnósticos y propuestas de intervención de este
tipo se formalizan a través de distintos canales y con
diferentes niveles de alcance. En
Argentina, por ejemplo, tanto la Ley Federal de Educación como la Ley de Educación de la Provincia de
Buenos Aires, entre otras leyes provinciales, presentan a las
TIC como un saber necesario
que la escuela debe asegurar a sus alumnos
y como un medio difusor de información
que puede complementar la actividad escolar.
Aunque
los señalamientos arriba sintetizados aparecen en la propuesta
de Pérez Tornero vinculados con otros aspectos de la realidad
escolar, hemos considerado su perspectiva–entonces de manera
fragmentaria- para introducir el problema que nos interesa
tematizar en este apartado. La nuestra es una preocupación que
también se vincula con los modos en que se reflexiona respecto
de la relación entre comunicación y educación pero su origen
se sitúa en nuestra pertenencia al mundo periférico, al ámbito
de las sociedades menos favorecidas por la distribución de
roles en ese nuevo escenario que describe el investigador español.
En nuestro caso el interés consiste en explorar de qué manera
la expectativa de reorientación de la educación que podría
producirse, entre otros aspectos, a partir de la capitalización
de las potencialidades de las TIC, puede repercutir en la
promoción de procesos de desarrollo.
Este interés no surge de manera aislada ya que en los últimos
años han proliferado diversos discursos y planes que enfatizan
la relevancia de incorporar las TIC en el ámbito educativo y en
general se vincula estas acciones con la intención de promover
la inclusión de diferentes sectores sociales en un tipo de
sociedad que define al conocimiento como el auténtico motor del
desarrollo. Un ejemplo de esta clase de expectativa puede
observarse en el discurso del PNUD[5],
que en su Informe sobre Desarrollo Humano 1999 analiza
el modo en que las nuevas tecnologías – Internet en el caso
de las teleinformáticas -
influyen sobre el proceso de “mundialización” y generan las bases sobre las que se puede construir un tipo
de desarrollo cualitativamente superior vinculado con la
construcción de una auténtica sociedad de la comunicación. En
relación con este objetivo se atribuyen potencialidades a las
TIC vinculadas con el logro de mayores niveles de Desarrollo
Humano. De allí que se inste a realizar esfuerzos que tiendan a
ampliar la inclusión y se subraye el papel que juegan las
escuelas y los maestros en el proceso de integración de todos
los sectores en el mundo de las comunicaciones.
En 1992 la
CEPAL y la UNESCO publicaron
un documento en el cual explicitan que la relación entre
educación y desarrollo está signada por la incorporación del
progreso científico-técnico. Aquí la concepción de
desarrollo se vincula con la idea de modernización de las
estructuras productivas (en este caso de los países
latinoamericanos) en un marco de equidad, de la mano de la
aceptación social e incorporación progresiva de las tecnologías.
Tanto en la
perspectiva que proclama la centralidad de “lo humano” como
en aquella que retoma los modos tradicionales de concepción del
desarrollo en torno a la centralidad de los indicadores económicos,
se puede observar una convicción de que existe una relación
necesaria entre un desarrollo sustentable, distribuido en todo
el mundo y el conjunto de la sociedad, y la generalización de
la educación y el conocimiento. Desde este punto de vista la
“revolución tecnológica” producida por las TIC se
convierte en la promotora y el
instrumento que posibilita la concreción de esta relación
básica para lograr el Desarrollo Humano.[6]
Si bien estamos haciendo
referencia a discursos generados en los años de 1990, es
posible identificar una clara línea de continuidad con el
enfoque de la difusión de innovaciones que Rogers y Shoemaker
dieron a conocer en 1962.[7]
Cuando estos autores problematizaban el cambio social entendían
que había al menos dos conceptos que se vinculaban con el
mismo: por un lado, la idea de modernización entendida
como el
proceso por el cual los individuos modifican un estilo
tradicional de vivir, aumentando su complejidad e incorporando
tecnología y cambios rápidos. Por otro lado, la noción de desarrollo,
concebida como un tipo de cambio social en el que se introducen
nuevas ideas en un sistema a fin de producir elevaciones en los
ingresos per cápita y mejores niveles de vida, por medio
de métodos de producción modernos y mejoras en la organización
social. Dentro de esta perspectiva afirmaban que la
comunicación es indispensable para cambiar la sociedad, al
punto de proponer que el cambio social es uno de los
efectos de la comunicación ya que, en primer lugar,
el cambio social consta de tres pasos: la invención de
innovaciones, su difusión y sus consecuencias. En segundo
lugar, entendían que el cambio sobreviene cuando el uso o el
rechazo de la innovación produce efectos.
Llamamos
difusión, explican los autores, al proceso por el cual las
innovaciones se extienden a los miembros de un sistema social.
La comunicación de las innovaciones requiere un lapso de tiempo
considerable, aunque la difusión es inevitable. Este planteo
involucra una concepción de la comunicación que si bien
destaca una dimensión de historicidad constitutiva, comporta
también la idea de que ese proceso produce efectos que se
manifiestan en cambios de actitudes en las personas y cambios de
conductas (en el sentido de la aceptación o el rechazo de la
innovación). Esta idea está asociada en este caso a otra:
aquella que entiende a la tecnología como un fenómeno neutral
(en términos ideológicos) y cuya expansión conlleva
consecuencias inevitables y homogéneas: cuando se conoce la
tecnología (cosa que se hará tarde o temprano) y se la adopta
(ya sea a partir del impulso de agentes endógenos o exógenos
respecto del sistema en cuestión), sobreviene el cambio.
Frente
a este tipo de concepción consideramos que cuando se vincula la
incorporación de TIC con la producción de procesos de
desarrollo conviene asumir una posición menos unidireccional y
atender al hecho de que la tecnología por sí misma no conlleva
necesariamente el cambio sino que las expectativas más
optimistas habrá que depositarlas sobre los usos que se hagan
de esas tecnologías, sobre las modalidades de apropiación que
puedan generarse respecto de esas tecnologías para que
potencien los procesos de producción de conocimiento y las
capacidades creativas, de manera que puedan repercutir en un
mejor aprovechamiento y organización de los recursos
disponibles, en el establecimiento de relaciones cada vez más
horizontales y en la reafirmación de las identidades y
definiciones propias respecto del cambio en las condiciones de
vida.
Esta
posición implica tomar en cuenta el hecho de que los procesos
de expansión de las TIC están atravesados por relaciones de
poder que imprimen un rasgo de desigualdad constitutiva. El
discurso del PNUD parece considerar este rasgo ya que hace un
llamamiento a producir un esfuerzo por aumentar la inclusión de
todos los sectores en este proceso. Para ello propone establecer
redes de telecomunicación y computación; crear centros
multimedios en la comunidad en lugares accesibles y que estos
centros se constituyan en ámbitos de
formación de aptitudes y capacidad, en el entendido de
que esta formación comienza en las escuelas, con personal de
apoyo y capacitación de maestros que oficiarían como agentes
multiplicadores. Es a partir de esta propuesta que nos interesa
aportar elementos que permitan construir una perspectiva que se
distancie de aquella que concibe a la tecnología como portadora
neutral del cambio.
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Conocer
para innovar
Cuando
se enfoca el problema de la incorporación de las TIC en el ámbito
educativo desde la perspectiva del Desarrollo Humano se impone
la necesidad de replantear la concepción que se sostiene sobre
el acceso a estas tecnologías. En ese sentido proponemos pensar
la idea de acceso a las TIC como
“la posibilidad
de utilizar las tecnologías de manera efectiva, reconociendo
sus limitaciones y posibilidades para cada contexto de uso,
apropiándolas para la consecución de objetivos individuales y
colectivos, adaptándolas crítica y participativamente al
conjunto de prácticas comunicativas que hacen a la
sociabilidad, y utilizándolas como recursos para la creación,
expresión, producción e intercambio cultural”.
Orientados por esta definición retomamos el énfasis en la
capacitación que postula el PNUD: en el caso del sistema
educativo (tanto formal como no formal) se requiere capacitar a
los docentes y capacitadores sociales para que puedan operar
como agentes facilitadotes de los procesos de incorporación de
las TIC en los aprendizajes y en la enseñanza. Pero nos
interesa destacar que esta capacitación debe preparar a los
actores para que puedan apropiarse de las TIC. Por ello creemos
que para disminuir efectivamente la brecha es preciso que esa
capacitación no esté centrada exclusivamente en estrategias
tendientes a facilitar el acceso en términos de conexión:
poner las tecnologías al alcance de las personas y hacer una
propuesta instrumental de su uso en el sentido de considerar que
se generan efectos universales en cualquier tipo de contexto.
Antes bien nos parece que una capacitación efectiva debe apoyarse sobre el conocimiento de las diferentes
posiciones que asumen los actores involucrados: qué
expectativas tienen; cómo caracterizan la relación entre las
TIC y su labor docente; cómo se visualizan frente a esta relación
,cuáles creen que son sus propias limitaciones y posibilidades.
Creemos en definitiva que es preciso conocer cuál es el punto
de partida, desde el punto de vista de los sujetos, sobre el que
ha de construirse la capacitación.
En
lo que respecta a los usos de los medios y las TIC consideramos
que está instalada una predisposición favorable para el uso
de las TIC y que, en principio, los docentes se sienten de
alguna manera involucrados en el proceso de su expansión. Esta
observación no es menor si se piensa en que constituye un punto
de partida auspicioso para cualquier planificación que tienda a
estimular la incorporación de las TIC en los procesos de enseñanza
y de aprendizaje tomando en cuenta a los propios docentes como
principales agentes de ese proceso.
En
términos generales muchos docentes de educación general básica
suelen considerar que saben hacer uso de la PC aunque esta
percepción tiende a modificarse a medida que aumenta el nivel
de discriminación en la indagación. Por otra parte muchos
docentes poseen PC en la casa (a veces con conexión a Internet)
y la usan para realizar algunas tareas vinculadas con su labor
docente. Además existe entre ellos una marcada coincidencia en
destacar la importancia de la incorporación de las tecnologías
informáticas tanto en diferentes aspectos de la vida cotidiana
como del proceso de enseñanza y aprendizaje.
Otro
factor que evaluamos auspiciosamente en relación con las
posibilidades de incorporación de las TIC en la educación es
que existe también una disposición favorable respecto del uso
de los medios de comunicación en la enseñanza (incluyendo
tanto aquellos que se denominan habitualmente “masivos” como
la comunicación oral y escrita). Reconocemos no obstante que el
uso de la mayoría de los medios masivos es acotado y en general
apreciamos en el discurso de las maestras posturas de carácter difusionista
y valorativa en cuanto a este tipo de incorporación, en
la medida en que tienden a destacar el valor educativo de
algunos contenidos en relación a otros, y a valorar
positivamente el poder de transmisión comunicativa de los
medios.
A
pesar de identificar esas disposiciones favorables tendemos a
pensar que la PC no está totalmente incorporada en la práctica
docente ni tampoco en la definición conceptual del rol y de la
práctica profesional.
Las
consideraciones que estamos realizando se relacionan
directamente con los usos de las TIC. La
idea de uso hace referencia a la utilización, en
términos de atribución de sentido, que los sujetos hacen de la
recepción de los productos de los medios en relación con sus
prácticas cotidianas. Se considera que estos sujetos reelaboran
y resignifican los contenidos conforme a su experiencia socio
cultural. (Cantú, A. y Cimadevilla,
G., 1998)
Cuando
se trata de tecnologías informáticas entendemos que la noción
de uso se torna más compleja ya que no solamente
se juegan aspectos vinculados con contenidos sino que se agregan
las múltiples posibilidades que se desprenden de la
interactividad. En un sentido amplio podemos decir que los usos
de estas tecnologías implican una praxis operativa
(Renaud, A., 1990) a partir de la cual los usuarios pueden efectivamente
reelaborar contenidos conforme a su experiencia cultural (esto
es, incluso, más allá de su actividad simbólica). Pero pueden
también realizar otro tipo de operaciones que viabilizan
el establecimiento de relaciones de intercambio entre diferentes
agentes y, con ellas, la actualización de diversos tipos de prácticas
comunicativas. Creemos entonces que desde el punto de vista de
la praxis operativa los usos de las tecnologías informáticas
incluyen también todas aquellas operaciones que refuerzan el
lugar de mediación de la tecnología respecto del
establecimiento de vínculos sociales y de la producción
colectiva de conocimiento. Esta perspectiva permite, en primer
lugar, enfocar los usos no solamente en recepción sino también
en producción. Y, en segundo lugar, entender a las TIC como
dispositivo tecnológico-social que media positivamente prácticas
de conectividad y de producción de conocimiento. Como puede
observarse esta perspectiva está en consonancia con la noción
de acceso a la tecnología que presentamos en el inicio
de este parágrafo.
En
lo que respecta a la práctica docente, los usos suelen estar
acotados a escasos programas (procesador de textos, planilla de
cálculo, diseños predeterminados) en función de la resolución
de trabajos y la producción de recursos para la planificación
y la realización de las clases. Pero no se trabaja con estas
tecnologías conjuntamente con los alumnos durante el desarrollo
de esas clases. Se utilizan en las clases productos generados
por computadora pero no se enseña CON la computadora, es decir,
no se propone aprender ni enseñar CON la computadora. En el
mejor de los casos se esboza la idea de informarse a través de
la computadora (y en especial de Internet).
Explica
Antonio Bartolomé que una clasificación muy instalada sobre el
uso de ordenadores en educación considera tres grandes
posibilidades relacionadas directamente con el aprendizaje:
aprender sobre ordenadores, aprender desde ordenadores y
aprender con ordenadores.
Desde esta concepción “aprender con ordenadores ha supuesto,
en muchos casos, la tercera etapa en la introducción de la
informática. El alumno utiliza ahora el ordenador como una
herramienta más: lo utiliza para escribir, para pintar, para
manejar la información, para realizar cálculos, para
comunicarse, etc..”(Bartolomé, A., 2000:78)
En
nuestro caso, hemos planteado en otro artículo
que la idea de aprender CON la computadora implica usar la
propia tecnología como recurso y no ya únicamente los
productos que pueden generarse por su intermedio. Esta postura
da cuenta de un avance hacia una posición un tanto menos
instrumental que aquella que se aprecia hasta el momento y, además,
implicaría un paso adelante en el sentido de concebir el modo
como este tipo de tecnología podría eventualmente devenir en
dimensión constitutiva del propio aprendizaje y del tipo de
conocimiento que se construye. Hoy en día podemos asumir la hipótesis
de que no es igual aprender con libros que aprender con
computadoras e Internet (para tomar los términos que se
refieren en general como antagónicos desde la cultura escolar)
porque ambos tipos de medios proponen modos de relación
con el conocimiento diferentes desde el punto de vista
perceptivo, pero también cognitivo, corporal, social. Estamos
entendiendo a las TIC no sólo como
nuevas herramientas sino también como nuevos modos de expresión
que suponen nuevas formas de acceso y nuevos modelos de
participación. Al mismo tiempo estas tecnologías proponen
formas novedosas de organizar, representar y codificar la
realidad y se constituyen también en instrumentos valiosos para
lograr un alto grado de aplicación de los conocimientos
adquiridos. Es por eso que pensamos que se requiere desarrollar
un determinado modo de relación entre las nuevas tecnologías y
la educación que se caracterice por un elevado nivel de
integración.
Para
alcanzar ese objetivo se requiere contar con docentes
competentes que puedan promover y orientar ese modo de relación.
Un factor que resulta imprescindible atender es el del
desarrollo de competencias tecnológicas que favorezcan
procesos y operaciones de apropiación de las TIC. En un estudio
realizado en México se ha definido a la competencia tecnológica
como “un sistema finito de disposiciones cognitivas que nos
permiten efectuar infinitas acciones para desempeñarnos con éxito
en un ambiente mediado
por artefactos y herramientas culturales.”(González, J.,
1999:157)
Asumimos
en este trabajo esa definición para pensar diferentes
dimensiones del problema que nos ocupa, en el entendido de que
es imprescindible conocer en qué situación se encuentran los
profesionales que serán sujetos destinatarios de planes de
capacitación para los usos de las TIC en el ámbito educativo.
Entonces interesa saber no solamente qué tan competentes son
sino también qué tan competentes creen ser (qué competencias
tecnológicas creen que han desarrollado), porque en la
identificación de la tensión que exista entre una constatación
y otra podrá apoyarse el desarrollo de una propuesta de
capacitación que redunde en la generación de condiciones para
facilitar tanto el acceso cuanto los usos de las TIC, tan como
han sido definidos en párrafos anteriores.
Una
de las hipótesis que sostenemos es que así como cada
aprendizaje nuevo se construye sobre la base de un aprendizaje
anterior [12],
las competencias tecnológicas se construyen recuperando
competencias previamente formadas. Entendemos aquí que en el
caso del medio informático, las ideas mcluhianas de
desplazamiento y recuperación de medios anteriores (McLuhan, M.
y McLuhan, E.,
1988; McLuhan, M., 1996)
se tornan evidentes por los lenguajes audiovisual y escrito que
este tipo de tecnología sintetiza e incorpora a su propio
modelo de expresión. En este sentido consideramos que el
contacto con los medios masivos de comunicación favorece la
producción de diferentes tipos de competencias, vinculadas con
aspectos tecnológicos y con aspectos de comunicación, que se
recuperan en la relación de uso que se establece con las TIC.
Uno de los modos de enfocar este tema es atender a la relación
que existe entre la
lectura textual y
los usos de las TIC, en torno a la cual pueden
identificarse diferentes posiciones. Por
un lado, existe aquella posición según la cual la navegación
ya no es lectura. Como representante de esta postura
podemos citar a P. Vidali (1995) que sostiene que la competencia
de lectura no es suficiente para realizar el proceso de
construcción de sentido, ya que este último estaría vinculado
con la relación entre diferentes textos, la cual requiere de
una multiplicidad de operaciones cuya realización involucra
competencias específicas. Diferente es la posición que
asumimos aquí según la cual el proceso de lectura tiene
características que no varían y la competencia de lectura que
se requiere para la lectura de textos electrónicos es básicamente
la misma que se requiere para la lectura de textos impresos.
Por
otra parte, quienes estamos en contacto con los medios masivos
de comunicación desarrollamos históricamente otro tipo de
competencias que nos hacen posible, por ejemplo, la lectura de
imágenes (o, al menos, realizar el proceso que permite hacer
que algo que se percibe se construya como imagen). Este tipo de
experiencia se adquiere en parte a partir de la relación con
diferentes tipos de pantallas, principalmente la del televisor.
(Ferrés, J., 1994)
Finalmente queremos aludir también a ciertas
competencias que se construyen en relación con los medios
masivos y que se vinculan específicamente con la operación de
los artefactos.
Nos
parece que el ejercicio de la reconstrucción histórica de la
formación de competencias para el uso de tecnologías de
comunicación e informáticas, puede contribuir con la generación
de disposiciones más favorables para la adquisición de nuevas
competencias y, consecuentemente, con usos más fructíferos de
esas tecnologías. Sin
embargo ese ejercicio no siempre resulta sencillo de realizar y
de orientar. En el caso del estudio que estamos tomando como
referencia la vinculación que aparece más espontáneamente es
la que se refiere a la
competencia de lectura comprensiva y podemos decir que ésta
impresiona claramente como una competencia necesaria para usar
las TIC. La posición que adquiría más fuerza era la que
tiende a considerar que la competencia que se requiere para leer
textos en papel es la misma que entra en juego cuando se leen
textos electrónicos.
La
de que quienes estamos en contacto con los medios masivos de
comunicación desarrollamos históricamente otro tipo de
competencias que nos hacen posible la lectura de imágenes no
parece ser una evidencia para las entrevistadas de aquel
estudio, ya que únicamente se ha hecho referencia de manera
espontánea en contadas ocasiones y solamente al hecho de que la
TV, al igual que la PC, muestra imágenes y textos. De todos
modos consideramos que se ha construido allí, de manera
moderada, una posición sobre la cual podría avanzarse de modo
tal de profundizar la toma de conciencia sobre aquellos
elementos con los que ya se cuenta y que colaboran con la
posibilidad de lograr mayores grados de familiaridad con las
TIC.
Además
el ejercicio ha permitido que las entrevistadas identifiquen, de
manera más o menos explícita, un atributo característico de
las TIC y que está en el centro de la definición de usos que
hemos propuesto en este trabajo: la interactividad. Han
merodeado esta idea al menos en relación con dos cuestiones:
una de ellas es la diferenciación que establecieron entre la TV
y las TIC en torno al hecho de que la primera sólo se ve y se
escucha mientras que con las segundas se hace. La otra es la
idea de programación, que ha permitido establecer
parentescos entre la computadora y otras tecnologías.
De
todos modos las asociaciones que aparecieron con más fuerza en
el discurso de las maestras fueron las que refieren a aquellas
competencias que se construyen en relación con los medios
masivos y otras tecnologías y que se vinculan específicamente
con la operación de los artefactos.
Lo
que interesa destacar aquí es que esta exploración puso en
evidencia que, al igual que en el caso de la mayoría de las
acciones que realizamos a diario, aquellas que comportan la
puesta en acto y la conformación de competencias tecnológicas
son en general ajenas a la conciencia. El sujeto que actúa no
siempre toma conciencia de los saberes, operaciones y
procedimientos que involucra su acción y esta situación
condiciona la posición que asume frente a la tecnología.
En
este sentido importa subrayar otro componente que condiciona la
relación que las maestras dicen establecer con las TIC y la
adquisición de competencias: la disposición desfavorable
signada por la sensación de temor que establece una
distancia importante entre estas potenciales usuarias y las TIC.
La falta de conocimiento es el componente que conspira más
fuertemente contra la eliminación de esa distancia. No han
tomado contacto con los procesos de producción mediados por
este tipo de tecnologías, no han objetivado las implicancias
del rol de quien controla la PC, no han desarrollado confianza
porque no han construido interfaz. Es aquí en donde
reaparece la falta de conciencia sobre aquellos elementos de los
cuales disponemos y que de hecho ponemos en acto ( o podríamos
hacerlo) a la hora de apropiarnos de la tecnología.
Creemos
que la distancia entre las maestras y las TIC se consolida bajo
la forma del temor, que asume a su vez al menos tres
modalidades diferentes. Una de estas modalidades es la del
“temor a la destrucción”: la persona “ignorante” tiene
el poder de romper la PC o alguno de sus componentes o funciones
con el sólo hecho de presionar la tecla equivocada. En este
caso se enfatiza la percepción sobre el poder del saber
entendido como saber hacer, capaz de prevenir consecuencias no
deseadas sobre una tecnología que impone su valor no solamente
por los atributos que las representaciones sociales le atribuyen
sino también por ser la expresión del esfuerzo materializado
(ya que se ha pagado por ella una suma que muy probablemente no
pueda reunirse otra vez).
Otra
de las modalidades que asume el temor es la que podemos
denominar eufemísticamente el “temor al autoborramiento”:
en este caso la persona “ignorante” tiene el poder de
borrar el fruto de su trabajo con el sólo hecho de presionar la
tecla equivocada. Una vez más se enfatiza la percepción sobre
el poder del saber entendido como saber hacer, capaz de
prevenir consecuencias no deseadas ahora incluso sobre la propia
subjetividad. Nos referimos tanto a la percepción sobre el
valor del tiempo propio invertido en los trabajos que se
realizan con la PC, como a la idea de que el ordenador
constituye un lugar de producción de la subjetividad.
(Baudrillard. J.,1990)[13]
Considerado desde esta perspectiva, un vínculo
precario con la tecnología, la falta de confianza en el propio
dominio sobre la misma, podría poner en riesgo de desaparición
el trabajo propio y con él la parte del sujeto que allí se ha
objetivado material y simbólicamente.
La tercera modalidad que asume el
temor es la
que podríamos denominar “temor al deterioro ético”. A este
respecto aparecen algunas asociaciones, muchas veces de carácter
autojustificatorio, con actitudes no deseadas por ser valoradas
negativamente. Se teme caer en la “adicción” a la
computadora o se teme contribuir con procesos de
“deshumanización” en caso no ya de carecer del saber
necesario para usarla correctamente sino de enfatizar el vínculo
con esta tecnología.
Cualquiera
de estas modalidades cobra forma como consecuencia del
desconocimiento y la falta de confianza respecto del propio
dominio sobre la tecnología. Entendemos que estamos ante un
aspecto que debe ser atendido de manera prioritaria a la hora de
encarar planes de capacitación.
4.
Consideraciones finales
A través de este artículo hemos intentado realizar una contribución
a la reflexión respecto del problema de la incorporación
de las TIC en la educación formal. Esta intención implica
asumir una posición respecto de dos cuestiones que están,
desde nuestro punto de vista, mutuamente implicadas. Por un
lado, la cuestión de la reorientación de la educación en
función de las nuevas condiciones que genera la expansión de
las TIC en todos los ámbitos de la vida cotidiana, que resaltan
el vínculo que la escuela continúa manteniendo con la cultura
letrada como un rasgo inadecuado para consolidar su eficacia en
la totalidad de las funciones que esta institución ha
construido para sí históricamente.
Por otro lado, y de manera prioritaria, asumimos una posición
respecto de la expectativa que suele depositarse en las
consecuencias pro-activas que la incorporación de estas
tecnologías en la educación tendría en relación con la
promoción de procesos de desarrollo. La hipótesis de que
incorporando las TIC en la escuela y capacitando a los docentes
para que operen como mediadores en el proceso de conexión de
los diferentes sectores sociales con esas tecnologías, se
favorecería la integración de los grupos y los pueblos en la
sociedad de la información (el nuevo “mundo
moderno-desarrollado”) nos ha generado algunas inquietudes y
nos ha llevado a realizar un llamado de atención sobre algunos
aspectos.
En primer lugar recordamos la convicción de que la incorporación de
tecnologías per-se no comporta ningún tipo de cambio
social sino que serán los sujetos y los grupos sociales quienes
se apropien de esas tecnologías y se valgan de ellas para
potenciar las acciones sociales que favorezcan dichos cambios.
Es desde esa perspectiva que
valdrá la pena pensar la reorientación de la educación en un
sentido integral. En principio coincidimos con T. Esperón Porto
cuando dice:
“Esta
sociedad que se caracteriza por el movimiento, el dinamismo, la
abertura, lo interactivo y lo complejo, requiere unos procesos
pedagógicos también dinámicos, abiertos, flexibles y
creativos, que coloquen al sujeto en una actitud de aprendizaje
permanente para expresarse, para participar y relacionarse con
los contextos que se le presenten.
La
escuela, considerando los cambios paradigmáticos, presupone la
existencia de alteraciones en la organización del trabajo y en
las relaciones allí establecidas, que muchas veces son
dificultadas por su estructura enyesada. Así, los profesores y
los alumnos viven en una pedagogía que amplía los espacios y
tiempos de aprendizaje y los procesos de relación y de
comunicación, creando y descubriendo ‘redes’ que lleven en
consideración los medios tecnológicos y humanos.”
No basta entonces con incorporar las TIC en la escuela
para confiar en el impacto que esa incorporación ha de tener en
la producción de condiciones de vida diferentes. Hace falta
hacer de la escuela un espacio en donde los sujetos se
constituyan con la capacidad de producir colectivamente los
cambios necesarios valiéndose de diferentes recursos entre los
que cuenten esas tecnologías. Y esto no solamente porque las
TIC viabilicen hoy en día
el acceso a la información mundializada sino porque
innegablemente forman parte y constituyen varias de las
dimensiones de esa realidad que requiere los cambios que
redunden en mayores niveles de equidad y desarrollo humano.
Es cierto que hablar de la
escuela implica referirse a un conjunto de relaciones sociales y
de actores institucionales que llevan adelante las tareas
relacionadas con la socialización, con la producción y
distribución de conocimiento, con el aprendizaje y la enseñanza.
Sobre estas relaciones y sobre estos actores –desde los
planificadores de la educación hasta los maestros pasando por
los alumnos y sus familias- recae la responsabilidad de
configurar la institución escolar de manera tal que resulte
funcional a un proyecto del tipo del que describíamos con Esperón
Porto. En el contexto de esos proyectos habrá de pensarse e
implementarse la incorporación de las TIC en la escuela si se
pretende que esa decisión repercuta sobre procesos que amplíen
la inclusión de los diferentes sectores no únicamente en eso
que se ha denominado sociedad de la información, sino en
una dinámica que les permita diseñar y mejorar sus condiciones
de vida.
Por consiguiente no nos
parece acertado depositar únicamente en los maestros la
responsabilidad de oficiar de pivote, de llave de ingreso al
mundo del conocimiento viabilizado por las TIC. Pero
especialmente no nos parece pertinente hacerlo desconociendo las
condiciones en que se encuentran esos docentes sobre los cuales
se depositan tales expectativas.
La aproximación que hemos
realizado por la vía de la investigación empírica nos ha
permitido identificar algunas características de la relación
que los maestros tienen con las TIC que pueden operar como
dificultades si se piensa que esos profesionales pueden ser los
principales favorecedores del proceso de apropiación de las
tecnologías, en los términos en que lo hemos definido en parágrafos
anteriores. Hemos comentado algunas de esas características
para poner en evidencia que esa relación se caracteriza por la
distancia. Una distancia que se materializa de
diferentes maneras: la sensación de pertenecer a un universo
diferente que el que configuran las TIC; la escasa familiaridad
con la complejidad de los dispositivos tecnológicos por
realizar usos acotados; la dificultad para concebir la enseñanza
CON las TIC; la actitud de temor frente a esas tecnologías por
desconocidas y ajenas; la dificultad para objetivar competencias
con las que se cuenta para apropiarse de ellas.
Esta constatación no carece
de lógica ya que los maestros forman parte de este estado de
cosas y relaciones que sostenemos que hace falta modificar para
que se constituya en una configuración mejor (más
desarrollada) y han sido formados como profesionales en un
sistema educativo que sostenemos que hace falta reorientar.
De allí que la
capacitación docente para los usos de las TIC en la escuela y
para la enseñanza de estos usos debe ser contemplada en su
complejidad. Se requiere entonces desactivar las propuestas de
capacitación que se centran en perspectivas instrumentales
sobre las TIC para pensar mejor en diseños integrales, del
mismo tipo que proponemos para la escuela en su conjunto. Para
que los maestros se formen como profesionales críticos respecto
de la vida social, cultural y política pero también respecto
de esas mismas tecnologías que los discursos reproductores del
pensamiento único pretenden llevarnos a evaluar con ilimitado
optimismo.
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nouveaux médias, France, Flammarion.
No nos
detendremos aquí en las serias dificultades que ocasiona la
homologación frecuente que se produce entre las nociones de
información y conocimiento.
Usos y
representaciones sobre las TIC en el ámbito educativo.
Aportes para el diseño de planes de capacitación docente.
UNGS. 2001-2003. Dirección: Roxana Cabello
[3]
UNESCO, (1996) La educación encierra un tesoro
[4]
Gustavo
Aprea se ha dedicado a analizar este tema en el marco de la
investigación ya mencionada.
[5]
Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo.
Cabello,
R. y Aprea G., Tecnologías de la comunicación, educación
y desarrollo, en Carniglia, E. Y Cimadevilla, G.,
“Comunicación, ruralidad y desarrollo. Mitos, paradigmas
y dispositivos de cambio”, Buenos Aires,
INTA, en imprenta.
[7]
Rogers, E. Y Shoemaker, F.(1974), La comunicación de
innovaciones. Un enfoque transcultural., México,
Herrero Hnos., 1ra. Ed. 1962.
[8]
Esta
definición ha sido desarrollada por
Géliga
Vargas, J. en el marco de la investigación que estamos
tomando como referencia.
[9]
Este tema
ha sido especialmente explorado por Abeledo, J
.
en el marco de la investigación que estamos tomando como
referencia.
Bartolomé, A., (2000 ) Nuevas
tecnologías en el aula. Guía de Supervivencia,
Barcelona, Grao. “Aprender sobre ordenadores ha sido, en
muchos casos, la etapa inicial de la introducción de la
informática en los centros educativos. Incluye el
aprendizaje sobre cómo funciona un ordenador, un sistema
operativo y cómo controlarlo, por ejemplo, utilizando los
lenguajes de programación. Los objetivos de este
aprendizaje no se referían únicamente a los propios
contenidos (el funcionamiento o la programación de un
ordenador), sino que se orientaban hacia el desarrollo de
destrezas intelectuales como la capacidad de resolver
problemas o de construir procedimientos de trabajo
intelectual.
Aprender
desde ordenadores incluía los procesos en que las máquinas
enseñaban a los alumnos y alumnas los contenidos del tipo
que fueran. Inicialmente muy ligados al pensamiento
asociacionista y a las máquinas de enseñar de Skinner,
posteriormente han evolucionado adoptando otras concepciones
del aprendizaje. De alguna manera se trata de que el
ordenador asume algunas de las tareas del profesor, liberándolo
de trabajo.(...) (pp.77)
[11]
Cabello,
R. y Aprea G., op.cit.
[12]
Cuando Ausubel (1963) se refiere al aprendizaje
significativo, sostiene que el nuevo conocimiento se vincula
de manera intencionada y no literal con la estructura
cognoscitiva del individuo que aprende. Es necesario
capitalizar el conocimiento que ya se posee como único
medio de internalizar la tarea de aprendizaje, de allí que
la estructura de conocimientos presentes en el momento del
aprendizaje pueda ser el factor de mayor incidencia.
“(...)
lo que la gente contempla o cree contemplar en la pantalla
de su word processor o de su ordenador es la acción
de su propio cerebro. (...) Todo lo que nos fascina, es el espectáculo
del cerebro y de su funcionamiento. (...) El intelectual ha
encontrado finalmente el equivalente de lo que el teen
ager había encontrado en la cadena musical y en el walk
man: ¡una resublimación espectacular del pensamiento,
la videografía de sus pensamientos! .
Baudrillard,
Jean: (1990) “Videosfera y sujeto fractal”, en AAVV, Videoculturas
de Fin de Siglo, Madrid, Cátedra, 1ra. Ed. 1989, pp.30
[14]
“(...) más allá de las tecnologías, a lo que estamos
asistiendo es a la emergencia de un ecosistema audiovisual y
sonoro, que adquiere rápidamente tanta vigencia como el
ecosistema natural. Lo que encontramos en la escuela es un
irresponsable escamoteo de la realidad comunicacional de
nuestra sociedad (...). Lo que esa reducción impide es que,
ya no la escuela sino el sistema educativo, se haga
preguntas como éstas :¿qué significa saber y qué
significa aprender a fines del siglo XX cuando las redes
informáticas insertan permanentemente lo local en lo
global?, ¿qué significa saber hoy cuando los lenguajes por
los que el saber circula escapan del libro?, (...) Y si la
escuela no está planeando estas preguntas:¿cómo puede
pretender hoy ser un verdadero espacio social y cultural de
apropiación de los conocimientos? (...)”Martín Barbero,
J., (1999) La educación en el ecosistema comunicativo, Comunicar 13, pp.15
[15]
Esperon Porto, Tania, (2003) La comunicación y la
educación, una alianza necesaria en la escuela, Libro
del Congreso Iberoamericano de Comunicación y Educación,
pp.92
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