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La
dimensión de la interacción en la comunicología.
Apuntes para una reflexión teórica y algunas propuestas
pedagógicas
Marta Rizo García
Academia de Comunicación y Cultura
Universidad de la Ciudad de México
Resumen
La
ponencia busca explorar la presencia de la dimensión de
la interacción en los estudios de comunicología. Tomando
como punto de partida que la comunicología se ha
construido como disciplina sobre todo con base a las
aportaciones de los estudios sobre medios de difusión
masiva, se reflexionará sobre la poca presencia de la
interacción en este ámbito disciplinar. Luego de una
presentación teórica del concepto de interacción, se
describirá y analizará la presencia cuantitativa de la
dimensión de la interacción en la comunicología, para
ofrecer un balance y posibles rutas tanto teóricas como
pedagógicas para seguir alimentando el debate y ampliando
el espacio conceptual comunicológico. El texto se
inscribe en el proyecto “Hacia una comunicología
posible” coordinado por el Dr. Jesús Galindo Cáceres
en el marco del Doctorado en Comunicación de la
Universidad Veracruzana.
Palabras clave:
Comunicología,
comunicación, interacción, comunicación
interpersonal.
I.
Introducción
La
génesis de la comunicación como disciplina está marcada
por la asociación de este campo del saber al estudio de
los medios de difusión masiva. En este sentido, puede
decirse que la mayor parte de la producción académica
realizada desde la comunicología se ubica en una dimensión
mediológica, y deja a un lado otros aspectos relevantes
de la comunicación. Esta primera afirmación se sitúa en
el debate teórico acerca del espacio conceptual que
conforma a la comunicología. Jesús Galindo (2003)
propone clasificar este espacio en cuatro dimensiones: la
difusión, la estructuración, la interacción y la
expresión.
La primera tiene en su centro a los medios de difusión
masiva. La dimensión de la interacción se refiere a la
comunicación interpersonal, a la construcción de vínculos
intersubjetivos; esta segunda dimensión se ha nutrido teóricamente
de las aportaciones de la psicología social, la sociología
fenomenológica y la cibernética. En la expresión cabrían
todas aquellas reflexiones y estudios que se enfocan al ámbito
de la forma, a las características expresivas de los
textos y discursos comunicativos. Por último, la
estructuración se presenta como el paraguas conceptual
que integra a las tres dimensiones anteriores, en el
sentido que en ella caben aquellos trabajos que de una u
otra forma se centran en la dimensión macro de la
comunicación, esto es, en temas como las políticas de
comunicación, el campo académico, la legislación y las
reflexiones sobre la información y la comunicación en un
sentido amplio.
Siendo
la interacción una de las dimensiones más importantes de
la comunicación, entendida ésta como base de la
existencia de lo social, pudiera parecer paradójica la
casi nula presencia de investigaciones y trabajos que,
desde el campo académico, ponen el acento en ella. Las
discusiones en torno al estatuto campal de la comunicología
deben pasar, necesariamente, por las reflexiones en torno
a estas cuatro dimensiones. Y una buena forma de comenzar
la reflexión es a partir de la sistematización de la
producción académica sobre los temas.
En
un primer momento proponemos una reflexión en torno a los
principios constructivos básicos de la interacción como
dimensión comunicológica. Situamos el debate a partir de
las aportaciones de escuelas, corrientes y autores que han
tenido como centro a la interacción en sus múltiples
caras. Sólo a partir de esta conceptualización teórica
se podrán plantear, posteriormente,
las causas de la poca presencia de esta dimensión
en el debate intelectual generado desde el campo académico
de la comunicación. Tanto la reflexión teórica como el
planteamiento de posibles causas o hipótesis se enmarca
en la exposición de un breve diagnóstico de la presencia
de la interacción en el proyecto “Hacia una comunicología
posible”. La última parte del texto apunta algunas líneas
de acción posibles, algunas propuestas concretas que
pueden ayudar a un mejor y mayor desarrollo de la dimensión
de la interacción en la producción científica sobre
comunicación y en la labor pedagógica dentro de este
campo.
II.
Una aproximación al concepto de interacción
Las
primeras definiciones de comunicación apuntan a su
vertiente interpersonal, relacional. Sin embargo, en la
actualidad parece que estas aproximaciones quedaron atrás
y no son casi tomadas en cuenta en la reflexión comunicológica.
El predominio de los medios de difusión como centro de la
reflexión oscurece las aportaciones relacionadas con todo
lo que concierne al diálogo, al vínculo entre los seres
humanos, a su capacidad de comunicarse consigo mismos, con
los otros y con el entorno físico y simbólico en el que
se desenvuelven.
La comunicación
puede concebirse como la interacción mediante la que gran
parte de los seres vivos acoplan sus conductas frente al
entorno, se adaptan a él. También ha sido conceptuada
como el propio sistema de transmisión de mensajes o
informaciones, entre personas físicas o sociales, o de
una de éstas a una población, a través de medios
personalizados o de masas, mediante un código de signos
también convenido o fijado de forma arbitraria. Desde
otro enfoque, el concepto de comunicación también
comprende al sector
económico que aglutina las industrias de la información,
de la publicidad, y de servicios de comunicación no
publicitaria para empresas e instituciones. Estas tres
acepciones ponen en evidencia que nos encontramos ante un
término polisémico. Si bien la polisemia es rica, porque
amplia el espacio conceptual del campo de conocimiento,
puede ser también un riesgo, en tanto genera confusión
en torno al concepto mismo de comunicación, y en torno a
la disciplina o disciplinas que deben hacerse cargo de su
estudio.
Situando
su centro en la dimensión de interacción, debiéramos
concebir a la comunicación como proceso básico para la construcción de la
vida en sociedad, como mecanismo activador del diálogo y
la convivencia entre sujetos sociales. Hablar
de comunicación, así entonces, supone acercarse al mundo
de las relaciones humanas, de los vínculos establecidos y
por establecer, de los diálogos hechos conflicto y de los
monólogos que algún día devendrán diálogo. La
comunicación es la base de toda interacción social, y
como tal, es el principio básico -la esencia-, de la
sociedad. Sin comunicación, diría Niklas Luhmann (1993),
no puede hablarse de sistema social:
“Todo
lo que es comunicación es sociedad (...) La comunicación
se instaura como un sistema emergente, en el proceso de
civilización. Los seres humanos se hacen dependientes de
este sistema emergente de orden superior, con cuyas
condiciones pueden elegir los contactos con otros seres
humanos. Este sistema de orden superior es el sistema de
comunicación llamado sociedad” (Luhmann, 1993: 15).
Tomando estas
ideas en consideración, podemos decir que partimos de una
perspectiva que está a caballo entre los modelos
psicosociales y sistémicos de la comunicación. Desde esta aproximación, de corte
interaccionista, se afirma que la sociedad y la cultura
deben su existencia a la comunicación. Es en la interacción
comunicativa entre las personas donde, preferentemente, se
manifiesta la cultura como principio organizador de la
experiencia humana. Así pues, la vida social puede ser
comprendida como una “organización de las relaciones
comunicativas establecidas en el seno de los colectivos
humanos y entre éstos y su entorno” (Moreno, 1988: 14).
II.1.
Interacción social e interacción comunicativa
En
términos muy generales, la interacción puede ser
entendida como la acción recíproca entre dos o más
agentes. Sin embargo, situándonos en un marco de reflexión
un tanto más complejo, interesa remarcar que, al margen
de quién o qué inicie el proceso de interacción, el
resultado de una interacción es siempre la modificación
de los estados de los participantes.
Desde
el nacimiento de las ciencias sociales y humanas, la
interacción social se erigió como uno de sus conceptos básicos.
Además, este término ha
permitido un avance muy destacado en campos del
conocimiento como la psicología social y la sociología
fenomenológica, entre otros. Desde este punto de vista,
por tanto, el concepto de interacción hace referencia a
la emergencia de una nueva perspectiva epistemológica, ya
que los procesos de comunicación entre seres humanos
pasan a ocupar un lugar central para la comprensión de
los fenómenos sociales.
Los conceptos
de acción e interacción se hallan inevitablemente
ligados al de comunicación. No se pueden comprender unos
sin otros. Desde la perspectiva positiva de Émile
Durkheim (1973), la acción social puede ser entendida
como el conjunto de maneras de obrar, pensar y sentir,
externas al individuo y dotadas de un poder coercitivo, en
cuya virtud se imponen a él. Desde la perspectiva subjetivista de
Max Weber (1977),
en cambio, el concepto de acción está más ligado a los
significados subjetivos que los sujetos imprimen en sus
acciones y en las de los otros. Desde una posición
intermedia se podría afirmar que la acción social
comprende, de forma conjunta, tanto a las prácticas de
los individuos como a la subjetividad vertida en ellas.
Los
seres humanos establecen relaciones con los demás por
medio de interacciones que pueden calificarse como
procesos sociales. Según
la tesis interaccionista,
la construcción cognoscitiva del sujeto se produce
por la interacción con el medio ambiente, a través de
una relación de interdependencia o de bidireccionalidad
entre el sujeto cognoscente y el objeto cognoscible. Si
toda interacción social se fundamenta en la comunicación,
es pertinente hablar de interacción comunicativa. Ésta
debe comprenderse, entonces, como la trama discursiva que
permite la socialización del sujeto por medio de sus
actos dinámicos, su adaptación al entorno y la comprensión
de las acciones propias y ajenas.
La
preocupación por la interacción no es nueva en la agenda
de las ciencias sociales. Ya desde los años sesenta, la
Escuela de Palo Alto dio cuenta de las situaciones
globales de interacción de las que participa el ser
humano. Los investigadores de Palo Alto, procedentes de
disciplinas como la antropología, la matemática y la
psiquiatría, entre otras, partieron de tres
consideraciones básicas. La primera se refiere a que la
esencia de la comunicación reside en procesos de relación
e interacción; la segunda apunta a que todo
comportamiento humano tiene un valor comunicativo, de ahí
que sea imposible no comunicar; y la tercera y última,
ubicada en el terreno de los estudios psicológicos,
afirma que los trastornos psíquicos reflejan
perturbaciones de la comunicación. La principal aportación
de esta escuela es que “el concepto de comunicación
incluye todos los procesos a través de los cuales la
gente se influye mutuamente” (Bateson y Ruesch, 1984).
La comunicación fue estudiada como un proceso
permanente y holístico, incomprensible sin su contexto.
Tiene ya años, por tanto, la ruptura de la visión
unidireccional de la comunicación, y no son pocas las
aportaciones que, desde disciplinas afines a la
comunicología, han abierto las posibilidades para
comprender el fenómeno de la comunicación desde una óptica
circular que va más allá de la atención concedida a los
medios de difusión masiva.
Para
abordar de forma teórica el concepto de interacción, y
su vinculación con la comunicación, es también
necesario hacer referencia a las aportaciones de las
Escuelas del Interaccionismo Simbólico.
Sus postulados fundamentales convergen
en el énfasis dado a la naturaleza simbólica de la vida
social. Los
trabajos y reflexiones realizados desde esta corriente
parten de tres consideraciones básicas: los humanos actúan
respecto de las cosas sobre la base de las significaciones
que éstas tienen para ellos; la significación de estas
cosas deriva, o surge, de la interacción social que un
individuo tiene con los demás actores; y estas
significaciones se utilizan como un proceso de
interpretación por parte de la persona en su relación
con las cosas que encuentra, y se modifican a través de
dicho proceso. Los
conceptos de mayor importancia, a nuestro entender, dentro
de la corriente del Interaccionismo Simbólico son el
self, propuesto por G. H. Mead, y la acción dramatúrgica,
procedente de la teoría microsociológica de E. Goffman.
En términos generales, el self
(“sí mismo”) se refiere a la capacidad de
considerarse a uno mismo como objeto, y presupone un
proceso social: la comunicación entre los seres humanos.
Por su parte, el enfoque dramático de la vida cotidiana permite
comprender tanto el nivel macro (institucional) como el
nivel micro (percepciones, impresiones y actuaciones de
los individuos) y, por lo tanto, el de las interacciones
generadoras de la vida social. Uno de los elementos más
decisivos de la obra de Goffman (1979) fue la
conceptualización del “ritual”. Su enfoque nos acerca
a una forma de comprender el ritual que lo aleja de lo
extraordinario y lo ubica como parte constitutiva de la
vida diaria del ser humano. Según el autor, las personas
actúan tras una “máscara expresiva”, una “cara
social” (Goffman, 1979) que le ha sido prestada y
atribuida por la sociedad, y que le será retirada si no
se comporta del modo esperado.
Así, los individuos actúan en la escena de la vida
cotidiana tratando de presentar en todo momento una imagen
convincente y positiva de sí mismos según la naturaleza
de la escena presentada y las expectativas de los
interlocutores.
Todo
lo dicho hasta el momento confirma que la interacción es
la base de la comunicación, y ésta, a la vez, es el
principio fundamental de existencia de lo social. De ahí que
se considere muy pertinente la tarea de revisar
exhaustivamente lo que se ha escrito acerca de la dimensión
comunicológica de la interacción. Y por ende, que se
considere importante incluir este tipo de debates en la
labor docente dentro del campo académico de la comunicación.
III.
La presencia de la interacción en el campo de la
comunicología. Apuntes para un diagnóstico
El
proyecto “Hacia una comunicología posible” pretende
dar coherencia al campo de conocimiento que conforman los
estudios sobre comunicación. Tiene el afán de organizar
un campo que, pese a ser de los de mayor presencia en México
y en otros países de América Latina, padece aún de una
débil definición conceptual, de una incierta delimitación
de fronteras con respecto a otras disciplinas de las
ciencias sociales y humanas. Si bien es irrefutable que,
desde su fundación, la ciencia de la comunicación se ha
nutrido de las aportaciones de otras disciplinas como la
sociología, la psicología social y la lingüística,
entre otras, este proyecto parte de la necesidad de dotar
de consistencia campal a la comunicología, de fijar o
delimitar lo que hace específica a la mirada comunicológica.
La constatación de las fuentes históricas y la
delimitación de los objetos de estudio propios de la
comunicología son dos caminos fundamentales para lograr
dicho objetivo.
La
tabla siguiente recoge las obras que dentro del proyecto
editorial 100 Libros
de comunicología del grupo de estudio “Hacia una
comunicología posible”
han sido ubicadas en la dimensión de la Interacción.
Además de los datos bibliográficos, se presentan otros
descriptores más enfocados al contenido: el primero
define el género al que pertenece la obra; el segundo
hace referencia a si la obra se produjo dentro o fuera del
campo de la comunicología; el último se refiere al
criterio histórico, es decir, a la fuente teórica
principal de la obra.
El
sistema de información no contiene todos los libros
existentes, de ahí que tomemos la precaución de señalar
que el diagnóstico que se ofrecerá en las páginas
siguientes es parcial y limitado, pero no por ello menos
representativo de lo que sucede en el conjunto de producción
académica sobre comunicación.
|
AUTOR
|
AÑO
|
TÍTULO
|
EDITORIAL
|
CIUDAD
DE EDICIÓN
|
PAÍS
DE CREACIÓN
|
GÉNERO
|
CLASIFICACIÓN
CAMPAL
|
FUENTE
HISTÓRICA
|
|
Austin,
J. L.
|
1981
|
Cómo
hacer cosas con palabras
|
Paidós
|
Barcelona
|
Estados
Unidos
|
Teoría
|
Fuera
Dentro
|
Semio-lingüística
|
|
Badura,
Bernhard
|
1979
|
Sociología
de la comunicación
|
Ariel
|
Barcelona
|
Alemania
|
Teoría
|
Fuera
Dentro
|
Cibernética
|
|
Castilla
del Pino, Carlos
|
1973
|
La
incomunicación
|
Ediciones
de Bolsillo
|
Barcelona
|
España
|
Ensayo
|
Fuera
Dentro
|
Psicología
social
|
|
Dabas,
Elina y Najmanovich, Denise (comp.)
|
1995
|
Redes.
El lenguaje de los vínculos
|
Paidós
|
Buenos
Aires
|
Argentina
|
Colectivo
|
Fuera
Dentro
|
Cibernética
|
|
Eco,
Humberto
|
1978
|
Tratado
de Semiótica general
|
Nueva
Imagen-Lumen
|
México
|
Italia
|
Teoría
|
Dentro
Fuera
|
Semio-lingüística
|
|
Ellis,
Richard y McClintock, Ann
|
1993
|
Teoría
y práctica de la comunicación humana
|
Paidós
|
Barcelona
|
Estados
Unidos
|
Teoría
|
Dentro
Fuera
|
Psicología
social
|
|
Freire,
Paulo
|
1976
|
¿Extensión
o comunicación?
|
Siglo
XXI
|
México
|
Brasil
|
Ensayo
|
Fuera
Dentro
|
Sociología
Fenomenológica
|
|
Goffman,
Erving
|
1971
|
La
presentación de la persona en la vida cotidiana
|
Amorrortu
|
Buenos
Aires
|
Estados
Unidos
|
Teoría
|
Fuera
Dentro
|
Psicología
social
|
|
Marc,
Edmond y Picard, Dominique
|
1992
|
La
interacción social. Cultura, instituciones y
comunicación
|
Paidós
|
Barcelona
|
Francia
|
Teoría
|
Fuera
Dentro
|
Psicología
social
|
|
Mead,
George Herbert
|
1968
|
Espíritu,
persona y sociedad
|
Paidós
|
Buenos
Aires
|
Estados
Unidos
|
Teoría
|
Fuera
Dentro
|
Psicología
social
|
|
Mucchielli,
Alex
|
1998
|
Psicología
de la comunicación
|
Paidós
|
Barcelona
|
Italia
|
Teoría
|
Dentro
Fuera
|
Psicología
social
|
|
Nethol,
Ana María y Piccini, Mabel
|
1984
|
Introducción
a la pedagogía de la comunicación
|
Terra
Nova- UAM
|
México
|
Argentina
|
Ensayo
|
Dentro
Fuera
|
Psicología
social
|
|
Prieto,
Francisco
|
2001
|
Comunicación
interpersonal
|
Coyoacán
|
México
|
México
|
Pedagogía
|
Dentro
Dentro
|
Psicología
social
|
|
Searle,
John
|
1980
|
Actos
de habla
|
Cátedra
|
Barcelona
|
Estados
Unidos
|
Teoría
|
Fuera
Dentro
|
Semio-lingüística
|
|
Sebeok,
Thomas A.
|
1996
|
Signos:
una introducción a la semiótica
|
Paidós
|
Barcelona
|
Estados
Unidos
|
Teoría
|
Fuera
Dentro
|
Semio-lingüística
|
|
Watzlawick,
Paul (et. al.)
|
1971
|
Teoría
de la comunicación humana
|
Tiempo
Contemporáneo
|
Buenos
Aires
|
Estados
Unidos
|
Teoría
|
Dentro
Dentro
|
Psicología
social
|
Fuente:
Sistema de Información “100 libros de comunicología”,
elaborado por el grupo de estudio “Hacia una comunicología
posible”, integrado por el Dr. Jesús Galindo Cáceres,
el Dr. Tanius Karam y la autora del artículo.
La
revisión y el análisis del cuadro anterior nos permiten
apuntar algunos de los elementos que caracterizan a la
dimensión de la Interacción dentro del espacio conceptual
de la comunicología. Comenzaremos por los criterios de
corte más teórico para concluir con una breve referencia a
la distribución geográfica de las obras.
En
cuanto al género de los libros, destaca una mayor presencia
de los libros teóricos, con 11 obras, y de ensayos, con
tres. Se advierte la inexistencia de estudios de caso, por
lo que se puede decir que la interacción sigue siendo
objeto de reflexión teórica, más que objeto de
investigaciones empíricas resultantes de trabajo de campo.
Dicho de otra forma, la interacción se erige como objeto de
estudio teórico y no como objeto de observación en la práctica.
Por otra parte, y tomando como referencia el criterio o
descriptor campal, es relevante destacar que la mayoría de
obras fueron escritas desde campos de conocimientos
distintos a la comunicología –10 de las 16-, por lo que
se advierte que la interacción es un objeto de estudio
privilegiado para disciplinas como la Psicología Social, y
en menor medida, para la comunicación. Siguiendo en el
mismo criterio de clasificación campal, nuestra discusión
concluyó con que sólo tres de los 16 libros ubicados
dentro de la dimensión de la interacción pueden ser
considerados obras clásicas para el campo de la comunicología:
La presentación de la
persona en la vida cotidiana, de Erving Goffman (1971),
Espíritu, persona y sociedad, de George Herbert Mead
(1968), y Teoría de la comunicación humana, de Paul Watzlawick (et.al.)
(1971). Esta última afirmación confirma lo dicho en las líneas
anteriores, ya que las tres obras clásicas tienen como
fuente histórica a la disciplina de la Psicología Social,
y concretamente se inscriben en las corrientes del
Interaccionismo Simbólico, las dos primeras, y la Escuela
de Palo Alto, la última. Todo ello nos lleva al terreno
histórico de la construcción teórica sobre la dimensión
comunicológica de la interacción. Con respecto a este
descriptor, la tabla anterior despeja datos interesantes: más
de la mitad de las obras señaladas, concretamente nueve,
proceden de la Psicología Social; a éstas, le siguen la
semio-lingüística –con cuatro obras-, la cibernética
–con dos obras-, y la sociología fenomenológica –con
una obra. La mediología, única fuente histórica
directamente vinculada con la comunicación en sentido
estricto, no tiene presencia como base teórica de las obras
sobre interacción.
De
la revisión del sistema de información surgen otros datos
que, pese a ser de corte más contextual, también apuntan
aspectos relevantes para la comprensión de la cuestión.
Destacamos la relativa igualdad en cuanto a las cifras de
obras producidas en América del Norte –siete-, Europa
–cinco- y América Latina –cuatro-. Dentro de la
producción latinoamericana, sólo uno de los libros
seleccionados es de un autor mexicano: Comunicación
interpersonal, de Francisco Prieto (2001). Por último, con
respecto a la época de producción, también se destaca una
semejante presencia de obras de los noventa –cinco-, y de
los ochenta –tres-; en este caso, lo destacable es el
predominio de obras de los años setenta, con siete de los
libros seleccionados.
A
modo de síntesis, la dimensión de la interacción tiene
poca presencia en el campo de la comunicología; las
aportaciones principales a esta dimensión constituyen obras
de contenido teórico y destaca la nula presencia de
estudios de caso empíricos. La Psicología Social se erige
como la fuente histórica básica de la comunicología que
mayor espacio conceptual ha aportado a la construcción de
la Interacción como dimensión comunicológica. Y por este
motivo, la gran mayoría de obras referenciadas se
caracterizan por haber estado escritas desde fuera del campo
de la comunicología.
III.
Algunas propuestas
Las
cuatro dimensiones de la comunicología se encuentran en
condiciones muy desiguales en cuanto a presencia campal. Ya
se ha afirmado que es la difusión la dimensión que mayor
debate y producción académica ha generado a lo largo de
los aproximadamente 60 años de existencia del campo académico
de la comunicación. Los medios son, por tanto, el núcleo
temático básico del debate comunicológico, el objeto de
estudio primordial y privilegiado de la disciplina. Pero no
debieran ser los únicos.
La
psicología social y la sociología fenomenológica son las
disciplinas que más han aportado a la comunicología, específicamente
en su dimensión de interacción. La semio-lingüística sería
la fuente histórica fundamental de la dimensión de la
expresión, mientras que la estructuración tiene como
pilares básicos a los enfoques de la sociología cultural y
la economía política. Este marco de análisis que toma
como punto de partida a las fuentes históricas de la
comunicología como disciplina, deja entrever nuevamente la
necesidad de recuperar dichas fuentes y de, yendo más allá,
utilizarlas o aprovecharlas para dotar de estatuto
disciplinario a las denominadas ciencias de la comunicación.
En
este punto, la Educación Superior juega un papel
fundamental. Las licenciaturas en comunicación son cada vez
más numerosas; miles de estudiantes egresan anualmente de
centros de estudios sobre comunicación. Y en este panorama,
todavía no está claro el perfil de egreso, algo que sin
duda tiene que ver con la dificultad de delimitar
disciplinariamente a la comunicología. La dicotomía básica
tiene como ejes al comunicador y al comunicólogo: el
primero como hacedor, como profesional de la comunicación
en sentido práctico, como actor de los medios masivos y las
instituciones que producen y difunden productos
comunicativos; el segundo, como docente-investigador, como
actor del campo académico dedicado a la producción y
reproducción de saberes sobre comunicación. El debate está
abierto, y la claridad es todavía muy escasa en los planes
de estudio de comunicación del país.
¿Qué
podemos hacer ante este panorama? ¿Cómo podemos pensar y
repensar a la ciencia de la comunicación? ¿Cómo debemos
formar a los profesionales de este campo del conocimiento?
No nos parece aventurado afirmar que la construcción de la
comunicología como ciencia es la única vía para dar
respuesta a estas interrogantes. En la actualidad parece
ser, al menos, el vehículo más consistente, puesto que
genera debates a nivel teórico pero con efectos en la práctica.
Dicho de otra forma, la construcción de una comunicología
posible permite, por un lado, discutir y dar a conocer la génesis
y los fundamentos conceptuales de la disciplina, y por el
otro, puede –o así debiera ser- afectar a la construcción
académica y profesional de un campo que parece todavía
inmiscuido en un mar de dudas y lagunas conceptuales y
metodológicas.
En
las próximas líneas se establecen algunas rutas de acción
posibles para contribuir al debate acerca de estos temas.
Siendo la interacción la dimensión que nos ocupa, en este
documento se hará hincapié, únicamente, en algunas
estrategias que pueden ayudar a la recuperación de esta
dimensión comunicológica como básica dentro de la
producción de saberes y las prácticas que conforman el
campo de la comunicación.
Todas
las rutas que se indican, a modo de orientación o
propuesta, parten de la necesidad de repensar los planes de
estudio sobre comunicación, específicamente a nivel de
licenciatura pero también en lo que concierne a estudios de
postgrado.
III.1. Propuestas a nivel de licenciatura
Algo
que llama la atención cuando se revisan los planes de
estudio de comunicación es la falta de claridad con
respecto al objeto mismo de la comunicación como
disciplina. Esta falta de claridad se percibe, sobre todo,
en la delimitación de los perfiles de egresados de las
carreras de comunicación. No está claro si lo que se busca
es formar a comunicadores, a profesionales de los medios de
difusión masiva, o si por el contrario es la figura del
comunicólogo la que se busca crear en las escuelas de
comunicación. El debate parece no conducir a ninguna parte,
por lo que consideramos urgente retomar, desde el espacio
académico, la reflexión acerca de la delimitación campal
de los estudios de comunicación.
Siendo
la difusión la dimensión comunicológica que goza de mayor
presencia en el campo académico de la comunicación, la
interacción debe ser recuperada, hecha visible, en las
materias que tienen cabida en los planes de estudio de
comunicación. Así entonces, como primera ruta posible se
destaca la necesidad de tomar en cuenta las aportaciones de
la psicología social y la fenomenología en las materias de
introducción a la comunicación. De esta forma se conseguiría
abordar el concepto de interacción, como fundamento de la
comunicación humana, para hacer hincapié en que los
estudios de comunicación no sólo abordan a la comunicación
mediada.
Algunas
líneas de trabajo más específicas podrían ser las
siguientes:
-
Orientar al estudiante en lecturas sobre psicología
social y sociología fenomenológica.
-
Incluir las perspectivas del enfoque sistémico y de
la cibernética en los ejes o áreas de teorías de la
comunicación.
-
Generar discusiones sobre comunicación que vayan más
allá de los medios de difusión masiva.
-
Ilustrar la dimensión de la interacción con base a
ejemplos de investigaciones empíricas que hayan abordado el
tema.
Todo
ello puede contribuir a fomentar la investigación de
cuestiones relativas a la comunicación interpersonal y no
privilegiar únicamente los estudios sobre medios. En este
sentido, teoría e investigación deben ir estrechamente
relacionadas, de manera que los conceptos abordados desde
una perspectiva más conceptual tengan efecto en las
materias de metodología de investigación.
III.2. Propuestas a nivel de postgrado
Los
postgrados en comunicación necesitan de la consolidación
campal de la comunicología para desarrollarse con
consistencia tanto teórica como metodológica. En este
tenor, y tomando en cuenta las propuestas señaladas en el
apartado anterior, algunas de las premisas básicas a
considerar pueden ser las siguientes:
-
Huir de los enfoques puramente mediológicos o de
difusión.
-
Ampliar el espacio conceptual comunicológico
haciendo énfasis en aspectos diferentes a los medios, esto
es, a la interacción, la expresión y la estructuración.
-
Promover la reflexión teórica y la producción de
saber sobre todo lo que concierne a la comunicación
interpersonal, a las relaciones intersubjetivas de los seres
humanos en sus diferentes campos de acción.
-
Estudiar de forma conjunta la interacción y las
estrategias metodólgicas que más claramente pueden
acercarse a ella: etnografías, entrevistas a profundidad,
historias de vida, etc.
Lo
apuntado hasta el momento deja entrever claramente dos
niveles de discusión fundamentales para la recuperación de
la interacción como dimensión básica en los estudios de
comunicología. El primero es el nivel teórico-conceptual,
que se relaciona con las materias teóricas que se proponen
en los planes de estudio. El segundo nivel se corresponde a
las materias de corte más práctico, metodológico o técnico,
donde se tendría que recuperar a la
interacción como objeto de estudio más que como
concepto sobre el cual reflexionar.
IV.
Para cerrar…
Sin
ánimos de considerar vacío e innecesario el debate en
torno a la dimensión de la difusión, en este artículo se
ha pretendido explorar la presencia de la interacción en la
comunicología. Habiéndose detectado una débil presencia,
se han ofrecido algunas rutas posibles para recuperar esta
dimensión en los planes de estudio de comunicación.
El
debate inicial, de corte más teórico, ha tenido la
pretensión de ubicar conceptualmente a la interacción,
comprendiéndola como fundamento de las relaciones sociales
y, por tanto, como materia prima de los procesos de
comunicación. El marco general de la reflexión se ha
situado en los debates generados en el grupo de estudio
“Hacia una Comunicología posible”, que han dado lugar a
la sistematización bibliográfica de la que se ha extraído
la tabla de obras sobre interacción consideradas como
fundamentales para el campo de la comunicología. El último
apunte del artículo ha tenido como fin exponer algunas
propuestas que pueden contribuir a que se tome más en
cuenta a la dimensión de la comunicación, en este caso en
los espacios privilegiados de construcción campal: las
instituciones de educación superior que se dedican a la
formación de profesionales de la comunicación.
Por
todo ello, este artículo se considera un primer apunte de
lo que debería generar la discusión en torno a la
comunicología como ciencia con estatuto disciplinar
delimitado. Tomando como punto de partida la división de la
comunicología en cuatro dimensiones, sería conveniente
trabajar a profundidad las tres dimensiones restantes, así
como continuar el debate teórico en torno a las fuentes
históricas que han contribuido a la emergencia de un campo
de estudios como la comunicología, caracterizado por una génesis
interdisciplinaria, por su presencia cada vez más fuerte en
el campo de la educación superior en México y por, quizás
paradójicamente, ser aún un ámbito de conocimiento sin
consolidación conceptual y metodológica propia.
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Doctora en Ciencias de la Comunicación por la
Universidad Autónoma de Barcelona (España).
Actualmente, profesora-investigadora de la Academia de
Comunicación y Cultura de la Universidad de la Ciudad
de México; asesora metodológica y profesora de las
Maestrías en Comunicación de la Universidad
Veracruzana y de la Universidad Juárez Autónoma de
Tabasco. Miembro de la Red de Estudios sobre
Cibercultura y Nuevas Tecnologías de Información y
Comunicación (RECIBER, México),
miembro del Grupo de Acción en Cultura de
Investigación (GACI, México) y miembro del proyecto y
grupo de estudio “Hacia una comunicología posible”
del Doctorado en Comunicación de la Universidad
Veracruzana.
Alex Mucchielli
(1998) habla de cuatro paradigmas fundamentales para el
estudio de la dimensión más psicológica de la
comunicación. Uno de ellos es el paradigma de relación-sistémico,
que estudia las relaciones entre individuos partiendo
fundamentalmente de la primacía otorgada a la interacción.
La importancia dada a la interacción constituye una de
las principales aportaciones de los trabajos de la
Escuela de Palo Alto.
Para Durkheim (1973), por encima de las representaciones
privadas de los sujetos existe un mundo de
“nociones-tipo” que regula las ideas y que supera al
propio individuo. Así entonces, el individuo interactúa
con estos códigos para transformarlos y estructurarlos
según su interpretación personal.
Fue Herbert Blumer quien, en 1938, otorgó el nombre de
Interaccionismo Simbólico a esta corriente. Las
escuelas que la integran se marcaron como finalidad el
estudio de los procesos de interacción social en el
entendido que
éstos tienen por sustancia el intercambio
comunicacional. En lo fundamental, el Interaccionismo
Simbólico postula que las definiciones de las
relaciones sociales son establecidas de forma
interactiva por sus participantes.
La acción dramatúrgica es la interacción entre un
agente social que hace presentación de sí mismo, y un
grupo social que se constituye como público. El actor
suscita en su público una determinada imagen o impresión
de sí, revelando su subjetividad de forma más o menos
calculada con miras a esa imagen que quiere dar.
Pese al título, la selección abarca un total de 140
libros: 75 extranjeros, 25 mexicanos, 20 obras
colectivas (o readers),
15 de metodología y 5 diccionarios. Las 16 obras
que integran la tabla forman parte de un sistema de
información más completo aún, que contiene un total
de 334 libros de comunicología, 43 de los cuales se sitúan
en la dimensión de la interacción. En este sentido, lo
primero que destaca es la poca presencia cuantitativa de
obras referidas a la dimensión comunicológica de la
Interacción.
A corte de ejemplo, y partiendo de la propia práctica
docente de la autora, exponemos un caso concreto, el de
la Licenciatura en Comunicación y Cultura de la
Universidad de la Ciudad de México. El plan de estudios
de esta licenciatura está conformado por varios ejes.
El eje teórico sobre Comunicación consta de una
materia específicamente dedicada a los Enfoques Sistémicos.
Por su parte, el eje de Metodología, un semestre más
tarde, contempla una asignatura dedicada a los Métodos
para el análisis de procesos de comunicación
interpersonal. En este sentido, teoría y práctica se
hallan complementadas, y ofrecen al estudiante la
posibilidad de conocer los fundamentos teóricos de la
comunicación, en su vertiente interpersonal, así como
las metodologías y técnicas de investigación más
propicias para su estudio.
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