| Volver al Indice |

| Atras |

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La dimensión de la interacción en la comunicología. Apuntes para una reflexión teórica y algunas propuestas pedagógicas

 

Marta Rizo García[1]

Academia de Comunicación y Cultura

Universidad de la Ciudad de México

Resumen

La ponencia busca explorar la presencia de la dimensión de la interacción en los estudios de comunicología. Tomando como punto de partida que la comunicología se ha construido como disciplina sobre todo con base a las aportaciones de los estudios sobre medios de difusión masiva, se reflexionará sobre la poca presencia de la interacción en este ámbito disciplinar. Luego de una presentación teórica del concepto de interacción, se describirá y analizará la presencia cuantitativa de la dimensión de la interacción en la comunicología, para ofrecer un balance y posibles rutas tanto teóricas como pedagógicas para seguir alimentando el debate y ampliando el espacio conceptual comunicológico. El texto se inscribe en el proyecto “Hacia una comunicología posible” coordinado por el Dr. Jesús Galindo Cáceres en el marco del Doctorado en Comunicación de la Universidad Veracruzana.

 

Palabras clave:

Comunicología, comunicación, interacción, comunicación interpersonal.

 

I. Introducción

 

La génesis de la comunicación como disciplina está marcada por la asociación de este campo del saber al estudio de los medios de difusión masiva. En este sentido, puede decirse que la mayor parte de la producción académica realizada desde la comunicología se ubica en una dimensión mediológica, y deja a un lado otros aspectos relevantes de la comunicación. Esta primera afirmación se sitúa en el debate teórico acerca del espacio conceptual que conforma a la comunicología. Jesús Galindo (2003) propone clasificar este espacio en cuatro dimensiones: la difusión, la estructuración, la interacción y la expresión[2]. La primera tiene en su centro a los medios de difusión masiva. La dimensión de la interacción se refiere a la comunicación interpersonal, a la construcción de vínculos intersubjetivos; esta segunda dimensión se ha nutrido teóricamente de las aportaciones de la psicología social, la sociología fenomenológica y la cibernética. En la expresión cabrían todas aquellas reflexiones y estudios que se enfocan al ámbito de la forma, a las características expresivas de los textos y discursos comunicativos. Por último, la estructuración se presenta como el paraguas conceptual que integra a las tres dimensiones anteriores, en el sentido que en ella caben aquellos trabajos que de una u otra forma se centran en la dimensión macro de la comunicación, esto es, en temas como las políticas de comunicación, el campo académico, la legislación y las reflexiones sobre la información y la comunicación en un sentido amplio.

Siendo la interacción una de las dimensiones más importantes de la comunicación, entendida ésta como base de la existencia de lo social, pudiera parecer paradójica la casi nula presencia de investigaciones y trabajos que, desde el campo académico, ponen el acento en ella. Las discusiones en torno al estatuto campal de la comunicología deben pasar, necesariamente, por las reflexiones en torno a estas cuatro dimensiones. Y una buena forma de comenzar la reflexión es a partir de la sistematización de la producción académica sobre los temas.

En un primer momento proponemos una reflexión en torno a los principios constructivos básicos de la interacción como dimensión comunicológica. Situamos el debate a partir de las aportaciones de escuelas, corrientes y autores que han tenido como centro a la interacción en sus múltiples caras. Sólo a partir de esta conceptualización teórica se podrán plantear, posteriormente,  las causas de la poca presencia de esta dimensión en el debate intelectual generado desde el campo académico de la comunicación. Tanto la reflexión teórica como el planteamiento de posibles causas o hipótesis se enmarca en la exposición de un breve diagnóstico de la presencia de la interacción en el proyecto “Hacia una comunicología posible”. La última parte del texto apunta algunas líneas de acción posibles, algunas propuestas concretas que pueden ayudar a un mejor y mayor desarrollo de la dimensión de la interacción en la producción científica sobre comunicación y en la labor pedagógica dentro de este campo.

 

II. Una aproximación al concepto de interacción

 

Las primeras definiciones de comunicación apuntan a su vertiente interpersonal, relacional. Sin embargo, en la actualidad parece que estas aproximaciones quedaron atrás y no son casi tomadas en cuenta en la reflexión comunicológica. El predominio de los medios de difusión como centro de la reflexión oscurece las aportaciones relacionadas con todo lo que concierne al diálogo, al vínculo entre los seres humanos, a su capacidad de comunicarse consigo mismos, con los otros y con el entorno físico y simbólico en el que se desenvuelven.

La comunicación puede concebirse como la interacción mediante la que gran parte de los seres vivos acoplan sus conductas frente al entorno, se adaptan a él. También ha sido conceptuada como el propio sistema de transmisión de mensajes o informaciones, entre personas físicas o sociales, o de una de éstas a una población, a través de medios personalizados o de masas, mediante un código de signos también convenido o fijado de forma arbitraria. Desde otro enfoque, el concepto de comunicación también comprende al sector económico que aglutina las industrias de la información, de la publicidad, y de servicios de comunicación no publicitaria para empresas e instituciones. Estas tres acepciones ponen en evidencia que nos encontramos ante un término polisémico. Si bien la polisemia es rica, porque amplia el espacio conceptual del campo de conocimiento, puede ser también un riesgo, en tanto genera confusión en torno al concepto mismo de comunicación, y en torno a la disciplina o disciplinas que deben hacerse cargo de su estudio.

Situando su centro en la dimensión de interacción, debiéramos concebir a la  comunicación como proceso básico para la construcción de la vida en sociedad, como mecanismo activador del diálogo y la convivencia entre sujetos sociales. Hablar de comunicación, así entonces, supone acercarse al mundo de las relaciones humanas, de los vínculos establecidos y por establecer, de los diálogos hechos conflicto y de los monólogos que algún día devendrán diálogo. La comunicación es la base de toda interacción social, y como tal, es el principio básico -la esencia-, de la sociedad. Sin comunicación, diría Niklas Luhmann (1993), no puede hablarse de sistema social:

 

“Todo lo que es comunicación es sociedad (...) La comunicación se instaura como un sistema emergente, en el proceso de civilización. Los seres humanos se hacen dependientes de este sistema emergente de orden superior, con cuyas condiciones pueden elegir los contactos con otros seres humanos. Este sistema de orden superior es el sistema de comunicación llamado sociedad” (Luhmann, 1993: 15).

 

Tomando estas ideas en consideración, podemos decir que partimos de una perspectiva que está a caballo entre los modelos psicosociales y sistémicos de la comunicación[3]. Desde esta aproximación, de corte interaccionista, se afirma que la sociedad y la cultura deben su existencia a la comunicación. Es en la interacción comunicativa entre las personas donde, preferentemente, se manifiesta la cultura como principio organizador de la experiencia humana. Así pues, la vida social puede ser comprendida como una “organización de las relaciones comunicativas establecidas en el seno de los colectivos humanos y entre éstos y su entorno” (Moreno, 1988: 14).

 

II.1. Interacción social e interacción comunicativa

En términos muy generales, la interacción puede ser entendida como la acción recíproca entre dos o más agentes. Sin embargo, situándonos en un marco de reflexión un tanto más complejo, interesa remarcar que, al margen de quién o qué inicie el proceso de interacción, el resultado de una interacción es siempre la modificación de los estados de los participantes.

Desde el nacimiento de las ciencias sociales y humanas, la interacción social se erigió como uno de sus conceptos básicos. Además, este término ha  permitido un avance muy destacado en campos del conocimiento como la psicología social y la sociología fenomenológica, entre otros. Desde este punto de vista, por tanto, el concepto de interacción hace referencia a la emergencia de una nueva perspectiva epistemológica, ya que los procesos de comunicación entre seres humanos pasan a ocupar un lugar central para la comprensión de los fenómenos sociales.

Los conceptos de acción e interacción se hallan inevitablemente ligados al de comunicación. No se pueden comprender unos sin otros. Desde la perspectiva positiva de Émile Durkheim (1973), la acción social puede ser entendida como el conjunto de maneras de obrar, pensar y sentir, externas al individuo y dotadas de un poder coercitivo, en cuya virtud se imponen a él[4]. Desde la perspectiva subjetivista de Max Weber  (1977), en cambio, el concepto de acción está más ligado a los significados subjetivos que los sujetos imprimen en sus acciones y en las de los otros. Desde una posición intermedia se podría afirmar que la acción social comprende, de forma conjunta, tanto a las prácticas de los individuos como a la subjetividad vertida en ellas.

Los seres humanos establecen relaciones con los demás por medio de interacciones que pueden calificarse como procesos sociales. Según la tesis interaccionista,  la construcción cognoscitiva del sujeto se produce por la interacción con el medio ambiente, a través de una relación de interdependencia o de bidireccionalidad entre el sujeto cognoscente y el objeto cognoscible.  Si toda interacción social se fundamenta en la comunicación, es pertinente hablar de interacción comunicativa. Ésta debe comprenderse, entonces, como la trama discursiva que permite la socialización del sujeto por medio de sus actos dinámicos, su adaptación al entorno y la comprensión de las acciones propias y ajenas.

La preocupación por la interacción no es nueva en la agenda de las ciencias sociales. Ya desde los años sesenta, la Escuela de Palo Alto dio cuenta de las situaciones globales de interacción de las que participa el ser humano. Los investigadores de Palo Alto, procedentes de disciplinas como la antropología, la matemática y la psiquiatría, entre otras, partieron de tres consideraciones básicas. La primera se refiere a que la esencia de la comunicación reside en procesos de relación e interacción; la segunda apunta a que todo comportamiento humano tiene un valor comunicativo, de ahí que sea imposible no comunicar; y la tercera y última, ubicada en el terreno de los estudios psicológicos, afirma que los trastornos psíquicos reflejan perturbaciones de la comunicación. La principal aportación de esta escuela es que “el concepto de comunicación incluye todos los procesos a través de los cuales la gente se influye mutuamente” (Bateson y Ruesch, 1984).  La comunicación fue estudiada como un proceso permanente y holístico, incomprensible sin su contexto. Tiene ya años, por tanto, la ruptura de la visión unidireccional de la comunicación, y no son pocas las aportaciones que, desde disciplinas afines a la comunicología, han abierto las posibilidades para comprender el fenómeno de la comunicación desde una óptica circular que va más allá de la atención concedida a los medios de difusión masiva.

Para abordar de forma teórica el concepto de interacción, y su vinculación con la comunicación, es también necesario hacer referencia a las aportaciones de las Escuelas del Interaccionismo Simbólico[5]. Sus postulados fundamentales convergen en el énfasis dado a la naturaleza simbólica de la vida social. Los trabajos y reflexiones realizados desde esta corriente parten de tres consideraciones básicas: los humanos actúan respecto de las cosas sobre la base de las significaciones que éstas tienen para ellos; la significación de estas cosas deriva, o surge, de la interacción social que un individuo tiene con los demás actores; y estas significaciones se utilizan como un proceso de interpretación por parte de la persona en su relación con las cosas que encuentra, y se modifican a través de dicho proceso. Los conceptos de mayor importancia, a nuestro entender, dentro de la corriente del Interaccionismo Simbólico son el self, propuesto por G. H. Mead, y la acción dramatúrgica, procedente de la teoría microsociológica de E. Goffman. En términos generales, el self (“sí mismo”) se refiere a la capacidad de considerarse a uno mismo como objeto, y presupone un proceso social: la comunicación entre los seres humanos. Por su parte, el enfoque dramático de la vida cotidiana permite comprender tanto el nivel macro (institucional) como el nivel micro (percepciones, impresiones y actuaciones de los individuos) y, por lo tanto, el de las interacciones generadoras de la vida social. Uno de los elementos más decisivos de la obra de Goffman (1979) fue la conceptualización del “ritual”. Su enfoque nos acerca a una forma de comprender el ritual que lo aleja de lo extraordinario y lo ubica como parte constitutiva de la vida diaria del ser humano. Según el autor, las personas actúan tras una “máscara expresiva”, una “cara social” (Goffman, 1979) que le ha sido prestada y atribuida por la sociedad, y que le será retirada si no se comporta del modo esperado[6]. Así, los individuos actúan en la escena de la vida cotidiana tratando de presentar en todo momento una imagen convincente y positiva de sí mismos según la naturaleza de la escena presentada y las expectativas de los interlocutores.

Todo lo dicho hasta el momento confirma que la interacción es la base de la comunicación, y ésta, a la vez, es el principio fundamental de existencia de lo social. De ahí que se considere muy pertinente la tarea de revisar exhaustivamente lo que se ha escrito acerca de la dimensión comunicológica de la interacción. Y por ende, que se considere importante incluir este tipo de debates en la labor docente dentro del campo académico de la comunicación.

 

III. La presencia de la interacción en el campo de la comunicología. Apuntes para un diagnóstico

 

El proyecto “Hacia una comunicología posible” pretende dar coherencia al campo de conocimiento que conforman los estudios sobre comunicación. Tiene el afán de organizar un campo que, pese a ser de los de mayor presencia en México y en otros países de América Latina, padece aún de una débil definición conceptual, de una incierta delimitación de fronteras con respecto a otras disciplinas de las ciencias sociales y humanas. Si bien es irrefutable que, desde su fundación, la ciencia de la comunicación se ha nutrido de las aportaciones de otras disciplinas como la sociología, la psicología social y la lingüística, entre otras, este proyecto parte de la necesidad de dotar de consistencia campal a la comunicología, de fijar o delimitar lo que hace específica a la mirada comunicológica. La constatación de las fuentes históricas y la delimitación de los objetos de estudio propios de la comunicología son dos caminos fundamentales para lograr dicho objetivo.

La tabla siguiente recoge las obras que dentro del proyecto editorial 100 Libros de comunicología del grupo de estudio “Hacia una comunicología posible” han sido ubicadas en la dimensión de la Interacción[7]. Además de los datos bibliográficos, se presentan otros descriptores más enfocados al contenido: el primero define el género al que pertenece la obra; el segundo hace referencia a si la obra se produjo dentro o fuera del campo de la comunicología; el último se refiere al criterio histórico, es decir, a la fuente teórica principal de la obra.

El sistema de información no contiene todos los libros existentes, de ahí que tomemos la precaución de señalar que el diagnóstico que se ofrecerá en las páginas siguientes es parcial y limitado, pero no por ello menos representativo de lo que sucede en el conjunto de producción académica sobre comunicación. 

 

 

AUTOR

AÑO

TÍTULO

EDITORIAL

CIUDAD DE EDICIÓN

PAÍS DE CREACIÓN

GÉNERO

CLASIFICACIÓN CAMPAL

FUENTE HISTÓRICA

Austin, J. L.

1981

Cómo hacer cosas con palabras

Paidós

Barcelona

Estados Unidos

Teoría

Fuera Dentro

Semio-lingüística

Badura, Bernhard

1979

Sociología de la comunicación

Ariel

Barcelona

Alemania

Teoría

Fuera Dentro

Cibernética

Castilla del Pino, Carlos

1973

La incomunicación

Ediciones de Bolsillo

Barcelona

España

Ensayo

Fuera Dentro

Psicología social

Dabas, Elina y Najmanovich, Denise (comp.)

1995

Redes. El lenguaje de los vínculos

Paidós

Buenos Aires

Argentina

Colectivo

Fuera Dentro

Cibernética

Eco, Humberto

1978

Tratado de Semiótica general

Nueva Imagen-Lumen

México

Italia

Teoría

Dentro Fuera

Semio-lingüística

Ellis, Richard y McClintock, Ann

1993

Teoría y práctica de la comunicación humana

Paidós

Barcelona

Estados Unidos

Teoría

Dentro Fuera

Psicología social

Freire, Paulo

1976

¿Extensión o comunicación?

Siglo XXI

México

Brasil

Ensayo

Fuera Dentro

Sociología Fenomenológica

Goffman, Erving

1971

La presentación de la persona en la vida cotidiana

Amorrortu

Buenos Aires

Estados Unidos

Teoría

Fuera Dentro

Psicología social

Marc, Edmond y Picard, Dominique

1992

La interacción social. Cultura, instituciones y comunicación

Paidós

Barcelona

Francia

Teoría

Fuera Dentro

Psicología social

Mead, George Herbert

1968

Espíritu, persona y sociedad

Paidós

Buenos Aires

Estados Unidos

Teoría

Fuera Dentro

Psicología social

Mucchielli, Alex

1998

Psicología de la comunicación

Paidós

Barcelona

Italia

Teoría

Dentro Fuera

Psicología social

Nethol, Ana María y Piccini, Mabel

1984

Introducción a la pedagogía de la comunicación

Terra Nova- UAM

México

Argentina

Ensayo

Dentro Fuera

Psicología social

Prieto, Francisco

2001

Comunicación interpersonal

Coyoacán

México

México

Pedagogía

Dentro Dentro

Psicología social

Searle, John

1980

Actos de habla

Cátedra

Barcelona

Estados Unidos

Teoría

Fuera Dentro

Semio-lingüística

Sebeok, Thomas A.

1996

Signos: una introducción a la semiótica

Paidós

Barcelona

Estados Unidos

Teoría

Fuera Dentro

Semio-lingüística

Watzlawick, Paul (et. al.)

1971

Teoría de la comunicación humana

Tiempo Contemporáneo

Buenos Aires

Estados Unidos

Teoría

Dentro Dentro

Psicología social

 

Fuente: Sistema de Información “100 libros de comunicología”, elaborado por el grupo de estudio “Hacia una comunicología posible”, integrado por el Dr. Jesús Galindo Cáceres, el Dr. Tanius Karam y la autora del artículo.

 

La revisión y el análisis del cuadro anterior nos permiten apuntar algunos de los elementos que caracterizan a la dimensión de la Interacción dentro del espacio conceptual de la comunicología. Comenzaremos por los criterios de corte más teórico para concluir con una breve referencia a la distribución geográfica de las obras.

En cuanto al género de los libros, destaca una mayor presencia de los libros teóricos, con 11 obras, y de ensayos, con tres. Se advierte la inexistencia de estudios de caso, por lo que se puede decir que la interacción sigue siendo objeto de reflexión teórica, más que objeto de investigaciones empíricas resultantes de trabajo de campo. Dicho de otra forma, la interacción se erige como objeto de estudio teórico y no como objeto de observación en la práctica. Por otra parte, y tomando como referencia el criterio o descriptor campal, es relevante destacar que la mayoría de obras fueron escritas desde campos de conocimientos distintos a la comunicología –10 de las 16-, por lo que se advierte que la interacción es un objeto de estudio privilegiado para disciplinas como la Psicología Social, y en menor medida, para la comunicación. Siguiendo en el mismo criterio de clasificación campal, nuestra discusión concluyó con que sólo tres de los 16 libros ubicados dentro de la dimensión de la interacción pueden ser considerados obras clásicas para el campo de la comunicología: La presentación de la persona en la vida cotidiana, de Erving Goffman (1971), Espíritu, persona y sociedad, de George Herbert Mead (1968), y Teoría de la comunicación humana, de Paul Watzlawick (et.al.) (1971). Esta última afirmación confirma lo dicho en las líneas anteriores, ya que las tres obras clásicas tienen como fuente histórica a la disciplina de la Psicología Social, y concretamente se inscriben en las corrientes del Interaccionismo Simbólico, las dos primeras, y la Escuela de Palo Alto, la última. Todo ello nos lleva al terreno histórico de la construcción teórica sobre la dimensión comunicológica de la interacción. Con respecto a este descriptor, la tabla anterior despeja datos interesantes: más de la mitad de las obras señaladas, concretamente nueve, proceden de la Psicología Social; a éstas, le siguen la semio-lingüística –con cuatro obras-, la cibernética –con dos obras-, y la sociología fenomenológica –con una obra. La mediología, única fuente histórica directamente vinculada con la comunicación en sentido estricto, no tiene presencia como base teórica de las obras sobre interacción.

De la revisión del sistema de información surgen otros datos que, pese a ser de corte más contextual, también apuntan aspectos relevantes para la comprensión de la cuestión. Destacamos la relativa igualdad en cuanto a las cifras de obras producidas en América del Norte –siete-, Europa –cinco- y América Latina –cuatro-. Dentro de la producción latinoamericana, sólo uno de los libros seleccionados es de un autor mexicano: Comunicación interpersonal, de Francisco Prieto (2001). Por último, con respecto a la época de producción, también se destaca una semejante presencia de obras de los noventa –cinco-, y de los ochenta –tres-; en este caso, lo destacable es el predominio de obras de los años setenta, con siete de los libros seleccionados.

A modo de síntesis, la dimensión de la interacción tiene poca presencia en el campo de la comunicología; las aportaciones principales a esta dimensión constituyen obras de contenido teórico y destaca la nula presencia de estudios de caso empíricos. La Psicología Social se erige como la fuente histórica básica de la comunicología que mayor espacio conceptual ha aportado a la construcción de la Interacción como dimensión comunicológica. Y por este motivo, la gran mayoría de obras referenciadas se caracterizan por haber estado escritas desde fuera del campo de la comunicología.

 

III. Algunas propuestas

 

Las cuatro dimensiones de la comunicología se encuentran en condiciones muy desiguales en cuanto a presencia campal. Ya se ha afirmado que es la difusión la dimensión que mayor debate y producción académica ha generado a lo largo de los aproximadamente 60 años de existencia del campo académico de la comunicación. Los medios son, por tanto, el núcleo temático básico del debate comunicológico, el objeto de estudio primordial y privilegiado de la disciplina. Pero no debieran ser los únicos.

La psicología social y la sociología fenomenológica son las disciplinas que más han aportado a la comunicología, específicamente en su dimensión de interacción. La semio-lingüística sería la fuente histórica fundamental de la dimensión de la expresión, mientras que la estructuración tiene como pilares básicos a los enfoques de la sociología cultural y la economía política. Este marco de análisis que toma como punto de partida a las fuentes históricas de la comunicología como disciplina, deja entrever nuevamente la necesidad de recuperar dichas fuentes y de, yendo más allá, utilizarlas o aprovecharlas para dotar de estatuto disciplinario a las denominadas ciencias de la comunicación.

En este punto, la Educación Superior juega un papel fundamental. Las licenciaturas en comunicación son cada vez más numerosas; miles de estudiantes egresan anualmente de centros de estudios sobre comunicación. Y en este panorama, todavía no está claro el perfil de egreso, algo que sin duda tiene que ver con la dificultad de delimitar disciplinariamente a la comunicología. La dicotomía básica tiene como ejes al comunicador y al comunicólogo: el primero como hacedor, como profesional de la comunicación en sentido práctico, como actor de los medios masivos y las instituciones que producen y difunden productos comunicativos; el segundo, como docente-investigador, como actor del campo académico dedicado a la producción y reproducción de saberes sobre comunicación. El debate está abierto, y la claridad es todavía muy escasa en los planes de estudio de comunicación del país.

¿Qué podemos hacer ante este panorama? ¿Cómo podemos pensar y repensar a la ciencia de la comunicación? ¿Cómo debemos formar a los profesionales de este campo del conocimiento? No nos parece aventurado afirmar que la construcción de la comunicología como ciencia es la única vía para dar respuesta a estas interrogantes. En la actualidad parece ser, al menos, el vehículo más consistente, puesto que genera debates a nivel teórico pero con efectos en la práctica. Dicho de otra forma, la construcción de una comunicología posible permite, por un lado, discutir y dar a conocer la génesis y los fundamentos conceptuales de la disciplina, y por el otro, puede –o así debiera ser- afectar a la construcción académica y profesional de un campo que parece todavía inmiscuido en un mar de dudas y lagunas conceptuales y metodológicas.

En las próximas líneas se establecen algunas rutas de acción posibles para contribuir al debate acerca de estos temas. Siendo la interacción la dimensión que nos ocupa, en este documento se hará hincapié, únicamente, en algunas estrategias que pueden ayudar a la recuperación de esta dimensión comunicológica como básica dentro de la producción de saberes y las prácticas que conforman el campo de la comunicación.

Todas las rutas que se indican, a modo de orientación o propuesta, parten de la necesidad de repensar los planes de estudio sobre comunicación, específicamente a nivel de licenciatura pero también en lo que concierne a estudios de postgrado.

 

III.1. Propuestas a nivel de licenciatura

Algo que llama la atención cuando se revisan los planes de estudio de comunicación es la falta de claridad con respecto al objeto mismo de la comunicación como disciplina. Esta falta de claridad se percibe, sobre todo, en la delimitación de los perfiles de egresados de las carreras de comunicación. No está claro si lo que se busca es formar a comunicadores, a profesionales de los medios de difusión masiva, o si por el contrario es la figura del comunicólogo la que se busca crear en las escuelas de comunicación. El debate parece no conducir a ninguna parte, por lo que consideramos urgente retomar, desde el espacio académico, la reflexión acerca de la delimitación campal de los estudios de comunicación.

Siendo la difusión la dimensión comunicológica que goza de mayor presencia en el campo académico de la comunicación, la interacción debe ser recuperada, hecha visible, en las materias que tienen cabida en los planes de estudio de comunicación. Así entonces, como primera ruta posible se destaca la necesidad de tomar en cuenta las aportaciones de la psicología social y la fenomenología en las materias de introducción a la comunicación. De esta forma se conseguiría abordar el concepto de interacción, como fundamento de la comunicación humana, para hacer hincapié en que los estudios de comunicación no sólo abordan a la comunicación mediada. 

Algunas líneas de trabajo más específicas podrían ser las siguientes:

-        Orientar al estudiante en lecturas sobre psicología social y sociología fenomenológica.

-        Incluir las perspectivas del enfoque sistémico y de la cibernética en los ejes o áreas de teorías de la comunicación.

-        Generar discusiones sobre comunicación que vayan más allá de los medios de difusión masiva.

-        Ilustrar la dimensión de la interacción con base a ejemplos de investigaciones empíricas que hayan abordado el tema.

Todo ello puede contribuir a fomentar la investigación de cuestiones relativas a la comunicación interpersonal y no privilegiar únicamente los estudios sobre medios. En este sentido, teoría e investigación deben ir estrechamente relacionadas, de manera que los conceptos abordados desde una perspectiva más conceptual tengan efecto en las materias de metodología de investigación[8].

 

III.2. Propuestas a nivel de postgrado

Los postgrados en comunicación necesitan de la consolidación campal de la comunicología para desarrollarse con consistencia tanto teórica como metodológica. En este tenor, y tomando en cuenta las propuestas señaladas en el apartado anterior, algunas de las premisas básicas a considerar pueden ser las siguientes:

-        Huir de los enfoques puramente mediológicos o de difusión.

-        Ampliar el espacio conceptual comunicológico haciendo énfasis en aspectos diferentes a los medios, esto es, a la interacción, la expresión y la estructuración.

-        Promover la reflexión teórica y la producción de saber sobre todo lo que concierne a la comunicación interpersonal, a las relaciones intersubjetivas de los seres humanos en sus diferentes campos de acción. 

-        Estudiar de forma conjunta la interacción y las estrategias metodólgicas que más claramente pueden acercarse a ella: etnografías, entrevistas a profundidad, historias de vida, etc.        

Lo apuntado hasta el momento deja entrever claramente dos niveles de discusión fundamentales para la recuperación de la interacción como dimensión básica en los estudios de comunicología. El primero es el nivel teórico-conceptual, que se relaciona con las materias teóricas que se proponen en los planes de estudio. El segundo nivel se corresponde a las materias de corte más práctico, metodológico o técnico, donde se tendría que recuperar a la  interacción como objeto de estudio más que como concepto sobre el cual reflexionar.

 

IV. Para cerrar…

 

Sin ánimos de considerar vacío e innecesario el debate en torno a la dimensión de la difusión, en este artículo se ha pretendido explorar la presencia de la interacción en la comunicología. Habiéndose detectado una débil presencia, se han ofrecido algunas rutas posibles para recuperar esta dimensión en los planes de estudio de comunicación.

El debate inicial, de corte más teórico, ha tenido la pretensión de ubicar conceptualmente a la interacción, comprendiéndola como fundamento de las relaciones sociales y, por tanto, como materia prima de los procesos de comunicación. El marco general de la reflexión se ha situado en los debates generados en el grupo de estudio “Hacia una Comunicología posible”, que han dado lugar a la sistematización bibliográfica de la que se ha extraído la tabla de obras sobre interacción consideradas como fundamentales para el campo de la comunicología. El último apunte del artículo ha tenido como fin exponer algunas propuestas que pueden contribuir a que se tome más en cuenta a la dimensión de la comunicación, en este caso en los espacios privilegiados de construcción campal: las instituciones de educación superior que se dedican a la formación de profesionales de la comunicación.            

Por todo ello, este artículo se considera un primer apunte de lo que debería generar la discusión en torno a la comunicología como ciencia con estatuto disciplinar delimitado. Tomando como punto de partida la división de la comunicología en cuatro dimensiones, sería conveniente trabajar a profundidad las tres dimensiones restantes, así como continuar el debate teórico en torno a las fuentes históricas que han contribuido a la emergencia de un campo de estudios como la comunicología, caracterizado por una génesis interdisciplinaria, por su presencia cada vez más fuerte en el campo de la educación superior en México y por, quizás paradójicamente, ser aún un ámbito de conocimiento sin consolidación conceptual y metodológica propia.

 

BIBLIOGRAFÍA UTILIZADA

 

Austin, J. L. (1981) Cómo hacer cosas con palabras, Paidós, Barcelona.

Badura, Bernhard (1979) Sociología de la comunicación, Ariel, Barcelona.

Bateson, G. y Ruesch, J. (1984) Comunicación. La matriz social de la Psiquiatría, Paidós, Barcelona.

Blumer, Herbert (1938) Naturaleza e ideas del interaccionismo simbólico,  University of Chicago Press, Chicago.

Castilla del Pino, Carlos (1973) La incomunicación, Ediciones de Bolsillo, Barcelona.

Cicourel, A. (1979) La Sociologie Cognitive, Presses Universitaires de France, París.

Dabas, Elina y Denise Najmanovich (compiladoras) (1995) Redes. El lenguaje de los vínculos, Paidós, Buenos Aires.

Durkheim, Émile (1973) De la división del trabajo social, Schapire, Buenos Aires.

Eco, Humberto (1978) Tratado de Semiótica general, Nueva imagen-Lumen, México.

Ellis, Richard y Ann McClintock (1993) Teoría y práctica de la comunicación humana, Paidós,            Barcelona.

Freire, Paulo (1976) ¿Extensión o comunicación?, Siglo XXI, México.

Galindo, Jesús (2001) “De la sociedad de información a la comunidad de comunicación. La cibercultura en evolución a través de la vida social de las tecnologías de información y comunicación”, artículo en línea, disponible en http://www.geocities.com/arewara/arewara.htm (Fecha de consulta: Febrero de 2004).

Goffman, Erving (1969) The Presentation of Self in Everyday Life, Harmondsworth, Penguin (Traducción al español: La presentación de la persona en la vida cotidiana, Amorrortu, Buenos Aires, 1972 y 2001).

Goffman, Erving (1979) Relaciones en público, Alianza Editorial, Madrid.

Goffman, Erving (1980) Estigma, la identidad deteriorada, Amorrortu, Buenos Aires.

Goffman, Erving (2002) Internados. Ensayos sobre la situación social de los enfermos mentales, Amorrortu Editores, Buenos Aires.

Luhmann, Niklas y De Georgi, Raffaele (1993) Teoría de la sociedad, Universidad Iberoamericana, México.

Marc, Edmond y Picard, Dominique (1992) La interacción social. Cultura, instituciones y comunicación, Paidós, Barcelona.

Mead, George H. (1934) Mind, Self and Society, University of Chicago Press, Chicago. (Traducción al español: Espíritu, persona y sociedad, Paidós, Buenos Aires, 1968).

Mead, George H. (1959) The Philosophy of the Present, Arthur E. Murphy, La Salle.

Moreno, Amparo (1988) La otra ‘Política’ de Aristóteles, Icaria, Barcelona.

Mucchielli, Alex (1998) Psicología de la comunicación, Paidós, Barcelona.

Nethol, Ana María y Mabel Piccini (1984) Introducción a la pedagogía de la comunicación, Terra Nova y UAM-X, México.

Parsons, Talcott (1966) Estructura y proceso en las sociedades modernas, Instituto de Estudios Políticos, Madrid.

Prieto Echazo, Francisco (2001) Comunicación interpersonal, Coyacán, México.

Schutz, Alfred (1974) Estudios sobre teoría social, Amorrortu, Buenos Aires.

Schutz, Alfred (1974) “Elaboración de los objetos mentales en el pensamiento de sentido común”, en Horowitz, I. L. (1974) Historia y elementos de la sociología del conocimiento, Vol. I, Editorial Universitaria de Buenos Aires, Buenos Aires, pp.98-115.

Searle, John (1980) Actos de habla, Cátedra, Barcelona.

Sebeok, Thomas A.(1996) Signos: una introducción a la semiótica, Paidós, Barcelona.

Watzlawick, Paul (et al.) (1971) Teoría de la comunicación humana, Tiempo contemporáneo, Buenos Aires.

Weber, Max (1977) Economía y Sociedad, Fondo de Cultura Económica, México.

 


[1] Doctora en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Autónoma de Barcelona (España). Actualmente, profesora-investigadora de la Academia de Comunicación y Cultura de la Universidad de la Ciudad de México; asesora metodológica y profesora de las Maestrías en Comunicación de la Universidad Veracruzana y de la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco. Miembro de la Red de Estudios sobre Cibercultura y Nuevas Tecnologías de Información y Comunicación (RECIBER, México),  miembro del Grupo de Acción en Cultura de Investigación (GACI, México) y miembro del proyecto y grupo de estudio “Hacia una comunicología posible” del Doctorado en Comunicación de la Universidad Veracruzana.

[2] Esta clasificación tiene su origen en las propuestas del Dr. Jesús Galindo Cáceres. Para mayor información, sus textos pueden ser consultados en la página http://www.geocities.com/arewara/arewara

[3] Alex Mucchielli (1998) habla de cuatro paradigmas fundamentales para el estudio de la dimensión más psicológica de la comunicación. Uno de ellos es el paradigma de relación-sistémico, que estudia las relaciones entre individuos partiendo fundamentalmente de la primacía otorgada a la interacción. La importancia dada a la interacción constituye una de las principales aportaciones de los trabajos de la Escuela de Palo Alto.

[4] Para Durkheim (1973), por encima de las representaciones privadas de los sujetos existe un mundo de “nociones-tipo” que regula las ideas y que supera al propio individuo. Así entonces, el individuo interactúa con estos códigos para transformarlos y estructurarlos según su interpretación personal.

[5] Fue Herbert Blumer quien, en 1938, otorgó el nombre de Interaccionismo Simbólico a esta corriente. Las escuelas que la integran se marcaron como finalidad el estudio de los procesos de interacción social en el entendido  que éstos tienen por sustancia el intercambio comunicacional. En lo fundamental, el Interaccionismo Simbólico postula que las definiciones de las relaciones sociales son establecidas de forma interactiva por sus participantes.

[6] La acción dramatúrgica es la interacción entre un agente social que hace presentación de sí mismo, y un grupo social que se constituye como público. El actor suscita en su público una determinada imagen o impresión de sí, revelando su subjetividad de forma más o menos calculada con miras a esa imagen que quiere dar.

[7] Pese al título, la selección abarca un total de 140 libros: 75 extranjeros, 25 mexicanos, 20 obras colectivas (o readers),  15 de metodología y 5 diccionarios. Las 16 obras que integran la tabla forman parte de un sistema de información más completo aún, que contiene un total de 334 libros de comunicología, 43 de los cuales se sitúan en la dimensión de la interacción. En este sentido, lo primero que destaca es la poca presencia cuantitativa de obras referidas a la dimensión comunicológica de la Interacción.

[8] A corte de ejemplo, y partiendo de la propia práctica docente de la autora, exponemos un caso concreto, el de la Licenciatura en Comunicación y Cultura de la Universidad de la Ciudad de México. El plan de estudios de esta licenciatura está conformado por varios ejes. El eje teórico sobre Comunicación consta de una materia específicamente dedicada a los Enfoques Sistémicos. Por su parte, el eje de Metodología, un semestre más tarde, contempla una asignatura dedicada a los Métodos para el análisis de procesos de comunicación interpersonal. En este sentido, teoría y práctica se hallan complementadas, y ofrecen al estudiante la posibilidad de conocer los fundamentos teóricos de la comunicación, en su vertiente interpersonal, así como las metodologías y técnicas de investigación más propicias para su estudio.

 


Todos los derechos reservados Facultad de Periodismo y Comunicación Social de La Plata.
Programación y diseño: 
PaulaRomero |Hernan Rodriguez Azpiazu
La Plata | Buenos Aires
| Argentina.
- 2004 -