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La
documentación académica y la producción de
conocimiento
en Ciencias de la Comunicación
Raúl
Fuentes Navarro
ITESO,
Departamento de
Estudios
Socioculturales
Guadalajara,
Jal. México
raul@iteso.mx
Resumen:
Se
presenta una reflexión sobre el desarrollo de recursos de
documentación que sirven como infraestructura de los
procesos y sistemas de producción académica, especialmente
los orientados específicamente a la práctica de la
investigación y a la formación de investigadores. Está
basada en las premisas de un proyecto de desarrollo de bases
de información del que surgió el sitio ccdoc,
una biblioteca virtual sobre la investigación académica de
la comunicación en México, que se constituye como interfaz
de un sistema de información y como mediación de un
sistema de comunicación académicas.
Palabras
clave:
documentación,
investigación, campo académico
La
documentación académica y la producción de
conocimiento
en Ciencias de la Comunicación
Raúl
Fuentes Navarro
ITESO,
Departamento de
Estudios
Socioculturales
Guadalajara,
Jal. México
raul@iteso.mx
junio de 2004
Este
trabajo está referido al campo académico de la comunicación
y sus determinaciones en México desde un ángulo poco
usual: el de los recursos de documentación que sirven o
deberían servir como infraestructura
de los procesos y sistemas de producción académica,
especialmente los orientados específicamente a la práctica
de la investigación. Es resultado directo de un proyecto de
desarrollo de bases de información recientemente concluido[1],
cuyo objetivo general fue “consolidar una base de datos
bibliográficos lo más completa, actualizada y orientada a
los usuarios que sea posible, sobre la producción científica
mexicana en el campo académico de la comunicación y
ponerla a disposición de la consulta pública mediante la
tecnología informática más avanzada” (Fuentes, 2000a).
Desde
octubre de 2003, tal base de datos puede consultarse
libremente vía Internet, en el sitio Documentación
en Ciencias de la Comunicación o “ccdoc” [http://ccdoc.iteso.mx] y contiene cerca de cuatro mil referencias
a libros, capítulos, artículos y tesis de posgrado sobre
la comunicación en México, incluyendo el texto completo
digitalizado de aproximadamente el 25% de los documentos por
ahora, porcentaje que se irá incrementando en la medida en
que sus editores lo autoricen y se realicen los procesos técnicos
correspondientes. En ese sentido, el sitio se constituye en
una biblioteca virtual,
única por sus características en el campo.
Las
líneas generales de este proyecto, desarrollado desde el
Departamento de Estudios Socioculturales del ITESO[2],
y las experiencias de más de dos décadas que confluyeron
en él como “justificación, antecedentes y contexto”,
han sido expuestas en otro texto reciente (Fuentes, 2004),
con las mismas intenciones de difusión y “recuperación
crítica” que éste, aunque planteadas desde otro ángulo.
Dado que el propósito más general de los trabajos de
documentación puede sintetizarse en “recuperar,
sistematizar y poner a disposición de los investigadores en
ejercicio y en formación, los documentos que permitan
construir los estados de la cuestión pertinentes a sus
proyectos, al mismo tiempo que disponer de una base de
información que facilite la evaluación continua de la
producción del campo” (Fuentes, 2000a), hay diversas
articulaciones e implicaciones que conviene plantear y
proponer para la discusión a los agentes involucrados,
independientemente del medio utilizado[3].
Una
precisión indispensable, de entrada, para esta discusión,
es que la producción de conocimiento no es ni puede ser
entendida como una tarea individual, independiente de una
“comunidad”, como se asume generalmente desde que Thomas
S. Kuhn publicó La
estructura de las revoluciones científicas: “el
conocimiento científico, como el lenguaje, es intrínsecamente
la propiedad común de un grupo o no es nada. Para
comprenderlo debemos conocer las características especiales
de los grupos que lo crean y lo usan” (Kuhn, 1970: 210).
Se sostengan o no las polémicas tesis centrales de la obra
de Kuhn para explicar el desarrollo histórico de las
especialidades científicas, es un aporte indeleble a la
sociología del conocimiento la relación de mutua determinación
entre el “paradigma” y la comunidad
científica que lo comparte, como una comunidad lingüística
comparte un habla
(que a su vez remite al sistema de la lengua),
mediante las interacciones sociales comunicativamente
mediadas.
En
conjunción con esta premisa teórica, se parte también del
hecho de que en el campo académico de la comunicación en México
se han constatado repetidamente graves carencias de circulación y referencia de los aportes
publicados en los trabajos que deberían acumular críticamente
el conocimiento sobre los objetos de estudio. Demasiados
productos de la investigación postulan, incluso explícitamente,
que sobre su tema no se ha escrito nada, que sobre el asunto
específico se desconoce todo, por lo que el trabajo es
“absolutamente original” o, en términos más humildes,
que a lo más a lo que se puede aspirar es a realizar un
estudio “exploratorio”. No hay así posibilidad de
confrontación ni debate de fuentes empíricas, de diseños
metodológicos, de referencias teóricas, y por lo tanto, de
avance en el conocimiento. El problema que suscita la
reflexión de estas páginas puede formularse en los
siguientes términos: el campo académico de la comunicación
en México acusa, entre sus principales problemas
estructurales, un amplio
desconocimiento de sus propios productos, lo cual es un
obstáculo mayor para su desarrollo.
Desde
este ángulo, el proyecto ccdoc
ha intentado responder al propósito de impulsar el
desarrollo de la infraestructura y la cultura de la
documentación académicas, mediante la articulación de sistemas de información (generadores de representaciones) y sistemas
de comunicación (productores de interacciones),
buscando el aprovechamiento de nuevos recursos tecnológicos
y el establecimiento de nuevos patrones de interacción
entre los usuarios y el conocimiento del campo. Los
principios básicos sobre los que se elaboró el proyecto
pueden resumirse en cinco:
·
Seleccionar e incluir los documentos publicados que
contengan aportes académicos al conocimiento de la
comunicación en México en cualquiera de sus dimensiones;
·
Abrir al acceso público gratuito la información
sistematizada, sin perjucio de su carácter especializado;
·
Gestionar la autorización de los editores (titulares
del copyright) para ofrecer la reproducción facsimilar (formato .pdf)
de los textos completos en línea;
·
Procurar la compatibilidad y complementariedad con
otros recursos de información académica nacionales e
internacionales;
·
Fomentar el desarrollo de una cultura académica y
una investigación de la comunicación de mayor rigor y
pertinencia, especialmente entre los investigadores en
formación en los programas de posgrado.
Los
sistemas y procesos de documentación académica como interfaces
Desde
un punto de vista metodológico, más heurístico que
normativo, el proceso de la documentación académica puede
considerarse constituido por las siguientes diez fases:
1.
selección y acopio de documentos
2.
clasificación y catalogación
3.
incorporación de documentos al acervo
4.
mantenimiento y conservación
5.
recuperación y consulta mediante catálogo
6.
acceso y reproducción de documentos
7.
análisis temático documental
8.
intercambio académico y técnico
9.
asesoría a y entre usuarios
10.
desarrollo de aplicaciones académicas[4].
Cada
una de estas “fases” tiene sus propias condiciones y técnicas
especializadas. Para algunas de ellas las innovaciones
tecnológicas de la información son cruciales -como para
hacer más ampliamente accesible un catálogo-, pero es
claro que para todas el factor decisivo es sobre todo
cultural. Por ello se asume que el desarrollo de los
recursos de documentación depende centralmente de una
relación estrecha entre la producción de los servicios y
su aprovechamiento en las tareas académicas por sus
“usuarios”, en este caso, los investigadores de la
comunicación “en ejercicio y en formación”. Esta
manera de concebir la documentación académica como
proceso, implica al sistema de representaciones del
conocimiento en el campo objetivado en los documentos, los
mecanismos de su procesamiento y recuperación informativa
y, primordialmente, el sistema de interacciones
comunicativas mediadas
por esos mecanismos que permiten a los sujetos (“usuarios
del sistema”) emplear, compartir, interpretar y
transformar esas representaciones del conocimiento, en términos
colectivos o comunitarios.
Si
se adopta el concepto de tecnología que Manuel Castells
propone, siguiendo a Brooks y Bell, en La
Era de la Información como “punto de entrada para
analizar la complejidad de la nueva economía, sociedad y
cultura en formación” (Castells, 1999: 31): “el uso del
conocimiento científico para especificar modos de hacer
cosas de una manera reproducible” (1999: 56), es necesario considerar con él que:
Lo
que caracteriza a la revolución tecnológica actual no es
el carácter central del conocimiento y la información,
sino la aplicación de ese conocimiento e información a
aparatos de generación de conocimiento y procesamiento de
la información/comunicación, en un círculo de
retroalimentación acumulativo entre la innovación y sus
usos. (...) Las nuevas tecnologías de la información no
son sólo herramientas que aplicar, sino procesos que
desarrollar. Los usuarios y los creadores pueden convertirse
en los mismos. De este modo, los usuarios pueden tomar el
control de la tecnología, como en el caso de Internet
(...). De esto se deduce una estrecha relación entre los
procesos sociales de creación y manipulación de símbolos
(la cultura de la sociedad) y la capacidad de producir y
distribuir bienes y servicios (las fuerzas productivas). Por
primera vez en la historia, la mente humana es una fuerza
productiva directa, no sólo un elemento decisivo del
sistema de producción. (Castells, 1999: 58).
Esta
hipótesis, debatible en muy diversos planos de análisis
como clave conceptual de la “sociedad red” que emerge en
la “globalización”, impone una serie de desafíos
intelectuales, políticos y culturales, entre los cuales no
son menores los que atañen a la reestructuración de los
campos del conocimiento científico, entre ellos los de las
ciencias sociales (Giménez, 2003) y, muy especialmente, de
las ciencias de la comunicación (Fuentes, 2000c). Si bien
esa discusión tiene que desplegarse en otros espacios, en
este trabajo resulta indispensable aludir a ella, puesto que
ese “nuevo paradigma tecnológico” basado en las redes
de información/comunicación es al mismo tiempo una condición
externa y un recurso aprovechable para la producción de
conocimiento, y el referente específico de esa actividad
productiva en el campo académico de la comunicación. En
otras palabras, hay un cambio (“revolucionario” según
Castells y muchos otros) en la estructura de la comunicación
que corresponde integrar en el sistema académico
especializado en producir conocimiento sobre ella, no sólo
como “contenido” sino también como “forma”[5].
En
ese marco, las cuatro primeras fases del proceso de la
documentación académica (selección y acopio de
documentos, clasificación y catalogación, incorporación
al acervo y mantenimiento y conservación), pueden
entenderse en conjunto como operaciones de sistematización
de información, cuyo producto terminal es una base de
datos o un catálogo dispuesto para la consulta y recuperación de la información
pertinente por los usuarios. La tecnología empleada para
ello, como
sistema de producción de usos reproducibles,
desemboca entonces en la generación de las interfaces
adecuadas para que los usuarios puedan apropiarse y
reproducir la información no sólo como producto sino también
como proceso.
Se
entiende por interfaz un dispositivo tecnológico que funciona como conexión física
o lógica entre dos objetos, espacios, organismos o
sistemas. Es el punto de intersección entre el diseño de
los sistemas de información y los procesos de su apropiación
por los usuarios[6].
En este sentido, ccdoc
aprovecha varias herramientas tecnológicas de vanguardia
para facilitar no sólo la recuperación y consulta de la
información documental sistematizada sino también la
disposición de reproducciones de los textos referidos en línea, es decir, a través de los recursos de Internet. Tres de
estas herramientas tecnológicas de vanguardia incorporadas
en ccdoc como interfaz
son los archivos (.pdf) que reproducen digitalmente los
textos de manera que se puedan transferir e imprimir sin
alterar su presentación gráfica original, pero no
modificar; el protocolo PMH para la recolección de
“metadatos” en los registros de la base de datos, que
aporta una gran flexibilidad y velocidad a las búsquedas; y
la plataforma OAI, o Iniciativa de Archivos Abiertos, que
colabora en el intercambio libre de información académica
a través de Internet.
En
tanto terminal de un sistema de información, la interfaz de
ccdoc, con una
presentación gráfica deliberadamente simple pero un
conjunto de dispositivos de respaldo de alta complejidad,
ofrece a sus usuarios el acceso a una biblioteca
virtual especializada en el estudio académico de la
comunicación en México. Este concepto de “biblioteca
virtual” implica nuevos esquemas de servicios de búsqueda,
recuperación, intercambio y uso de la información en línea,
para poner a disposición de los usuarios una mayor
capacidad de recursos académicos. El propósito central de
su construcción, como se ha asumido en el ITESO, es
colaborar y alentar el desarrollo de una cultura de acceso,
uso y valoración del conocimiento a través de la información,
y por ello requiere un financiamiento ajeno a toda finalidad
de lucro.
De
las interfaces
documentales a las mediaciones
académicas
Si
bien por razones de espacio en este trabajo no es posible
profundizar demasiado en las conceptualizaciones tecnológicas
y socioculturales que subyacen en el planteamiento de ccdoc
como un recurso de documentación para el campo académico
de la comunicación en México, puede indicarse al menos que
en su construcción se ha buscado establecer una articulación práctica, de índole metodológica, entre los
conceptos de interfaz (informativa
o informática) y de mediación
(comunicativa o sociocultural). En su formulación más
simple, puede describirse ccdoc
como un sistema de información (documental académica) cuya
interfaz ofrece la
posibilidad de convertirse en mediación,
o sistema de comunicación,
entre el conocimiento publicado y sus destinatarios
primordiales, los propios agentes académicos que lo
producen, apropian y reproducen. El concepto de “mediación”
aquí empleado remite en primera instancia a la propuesta
“paradigmática” de Manuel Martín Serrano (1977, 1986,
1988), para quien “mediación” es un modelo de orden que
trabaja con los intercambios entre entidades materiales,
inmateriales y accionales, es decir, integra sistemas heterónomos
y puede emplearse por ello en diversos niveles articulados lógicamente.
Al
poner a disposición de sus usuarios las referencias y los
textos producidos y puestos en circulación como
representaciones del conocimiento sobre la comunicación, ccdoc se integra a una “ecología cognitiva” potencialmente
enriquecida como recurso cultural (Lévy, 1993), que puede
ser entendido y asumido desde un modelo de “cogniciones
distribuidas”, y por lo tanto desde las condiciones de
aprendizaje y acción colectivas que ciertos usos tecnológicos
pueden mediar (Salomon, 2001, Jensen, 2002). En ese sentido,
las cuatro últimas “fases” del proceso de la
documentación indicado (análisis temático documental,
intercambio académico y técnico, asesoría a y entre
usuarios y desarrollo de aplicaciones académicas), como
sistema de comunicación tecnológicamente mediado, indican las posibilidades de ciertos usos
y modos de interacción de los sujetos con el conocimiento
representado, con la interfaz
que informa el proceso, y por supuesto, con los fines
perseguidos individual y colectivamente, que califican los
rangos de utilidad
del sistema. En otras palabras, en el plano propiamente
sociocultural, es indispensable el desarrollo y ejercicio de
ciertas competencias
por parte de los usuarios.
Como
señala Salomon, “ninguna teoría de las cogniciones
distribuidas puede dar cuenta cabalmente de la comprensión
de la actividad humana y de la planificación fundamentada
de la educación si no considera las cogniciones de los
individuos. Lo mismo se aplica a la otra cara de esta
argumentación: ninguna teoría de las cogniciones de los
individuos resultaría satisfactoria si no considera su
interacción con situaciones de cogniciones distribuidas”
(2001: 181-182). Por ello es necesario atender al desarrollo
en los sujetos de muy específicas competencias o capacidades de uso de la información y sus recursos
de soporte tecnológico. Entre éstas pueden mencionarse las
siguientes:
·
Determinar una situación, tema o problema
·
Formular preguntas de indagación
·
Establecer el campo semántico, mediante palabras
clave
·
Seleccionar fuentes y obtener acceso a la información
·
Integrar, analizar/sintetizar la información
·
Generar elaboraciones y conclusiones propias
·
Dar a conocer la información generada… (Toledano,
2004).
El
aprendizaje de estas y otras competencias más complejas,
asociadas entre sí en la práctica cotidiana, están o
deben estar en la base de la formación de los
investigadores, especial pero no exclusivamente, “de la
comunicación”, propósito específico de los posgrados,
si bien debería emprenderse sistemáticamente desde antes[7].
Pero la creciente disponibilidad de recursos de información
académica en línea
de “cobertura internacional” (Pro-quest,
EBSCOhost, etc.) subraya la insuficiencia de recursos
referidos a las escalas más cercanas (y por ende, más
pertinentes) de la producción académica. No hay, en ese
sentido, más información sistematizada sobre la comunicación
en México en otro ningún sitio que en ccdoc. Obviamente, la producción mexicana no es la única
pertinente para el estudio de la comunicación en México,
pero su uso complementario con la proveniente de otros orígenes
es indispensable para el campo.
El
diseño de ccdoc prevé dos tipos de usos
principales de la información que recupera, sistematiza y
pone a disposición: uno relativamente más individual, como
soporte documental para la elaboración de estados
de la cuestión de proyectos de investigación; el otro,
más bien colectivo, consiste por una parte en disponer de
una base de información que facilite la evaluación
continua de la producción del campo, y por otra, en
“suscitar un proceso de reflexividad entre los
investigadores mexicanos de la comunicación sobre el
desarrollo de su propia especialidad” (Fuentes, 2000a).
Podría decirse, en ambos planos, que la pretensión es
incidir en el habitus,
en la cultura académica
específica del campo y sus agentes. Una serie de productos
del uso de este recurso son fácilmente reconocibles e
imaginables; por ejemplo:
·
Sistematizaciones y análisis documentales
·
Estados de la cuestión para proyectos y líneas
colectivas de investigación
·
Análisis de trayectorias y tendencias de la
investigación
·
Revisión crítica de perspectivas
·
Refinamiento de preguntas de investigación
·
Ubicación de interlocutores en el campo y fuera de
él
·
Discusión de premisas y resultados dentro y fuera
del campo
·
Desarrollo de nuevas “aplicaciones” o
articulaciones del conocimiento
·
(Auto)evaluación de la producción en el campo…
Ciertamente,
muchos de estos “productos” se han realizado y puesto en
circulación como insumos del desarrollo propio del campo.
La documentación no es un recurso nuevo para el trabajo
académico; la innovación tecnológica de su disposición vía
Internet puede compararse al impacto que tuvo hace décadas
la introducción de computadoras, sobre todo las
“personales”, en el procesamiento de datos y el
refinamiento de las técnicas de análisis estadístico en
la investigación por encuestas o mediante diseños
experimentales. La mediación comunicativa prevista en el proyecto de ccdoc,
tiene para el campo académico una implicación más amplia
que la apropiación instrumental
de un recurso tecnológico por sus agentes.
El
problema de las categorías y la constitución dinámica del
campo
Manuel
Martín Serrano define la mediación
como “la actividad de control social que impone límites a
lo que podría ser dicho, y a las maneras de decirlo, por
medio de un sistema de orden” (1988: 1360). La argumentación
de esta acepción teórico-social del concepto es elocuente
y sintética en su debate con el estructuralismo, pero
pertinente también en el contexto de las operaciones de
mediación de la documentación académica:
Cuando
la mediación introduce un modelo de orden en la información
para ofrecer una visión estable del mundo con fines de
control social, la información cesa de tener por objeto la
realidad original, 'lo que ocurre'. Por el contrario, es por
medio de 'lo que ocurre' que se trata de explicar el orden.
El mediador toma a sus propios códigos como sujeto de la
comunicación utilizando al contenido como un objeto
ilustrativo. Impone el primado de la infraestructura del
orden, sobre el acontecer. (Martín Serrano, 1988: 1360).
El
riesgo central de todo trabajo de selección y procesamiento
de información es precisamente imponer las categorías de
tal selección al conjunto de objetos sobre los que se
interviene y restringir, orientar el sentido, de la
interpretación de ese conjunto desde
un solo punto de vista, que así se reproduce e impone.
Es lo que tienden a hacer los “medios” en sus labores
noticiosas (“informativas”) cotidianas: construir
representaciones de la “realidad” de los aconteceres y
hacerlos pasar socialmente por la “realidad” al
difundirlos (Martín Serrano, 1986). Y es lo que tienden a
hacer los sistemas institucionales de control de la producción
de conocimiento científico.
Para
los estructuralistas que consideran que todos los mediadores
comparten en el fondo un único tipo de puesta en orden, no
existe más que una representación de la realidad a
cualquier nivel; y además, será por definición la
verdadera. En cambio, los estructuralistas que admiten como
posibles representaciones diferentes consideran cada una de
ellas como una 'teoría de un sistema' de orden (Boudon).
Teoría que reflejará las constricciones del mediador. Otro
sistema de orden incluiría y excluiría relaciones
diferentes; la realidad aparecería entonces bajo otro
aspecto distinto (Martín Serrano, 1988: 1360).
Más
allá del debate con las tesis estructuralistas, es
importante cuestionar en el campo académico (que es, por
definición bourdieana, un espacio de tensiones, de luchas
por la legitimidad de los modelos de práctica) los sistemas
de categorías (de clasificación) que los agentes emplean
para definir qué es un producto de investigación (y que no
lo es) y cuáles lo son “de la comunicación” o de otras
materias.
La
experiencia en la realización de proyectos de documentación
académica en el campo de la comunicación, y su utilización
para la elaboración de interpretaciones sobre lo que lo
constituye precisamente como campo, hace ver con claridad el
problema de las categorías de clasificación en una
perspectiva mayor que la meramente técnica. Ante la
proliferación imperante en el campo de tendencias y de
proyectos de producción de conocimiento, que apunta simultáneamente
en dirección a muchos ámbitos y dimensiones sociales y a
muy diversos campos disciplinarios para su sustento académico,
es estratégico reconocer y alentar la apertura temática y
teórico-metodológica en el estudio de la comunicación.
Un
sistema de documentación como ccdoc
puede contribuir al desarrollo de la producción de
conocimiento académico sobre la comunicación en México y
al fortalecimiento del campo correspondiente, pero al
constituirse en mediador
de los procesos de formación de investigadores, puede
contribuir también a restringir las opciones y a excluir
puntos de vista alternos. De ahí la insistencia en que se
adopte críticamente como un recurso y se someta a una
revisión constante desde el nivel de las propias categorías de selección y clasificación
de documentos que emplea[8].
Dar cabida a diversas perspectivas en la definición misma
de las bases de reconocimiento de los productos como
representaciones del conocimiento es una manera
indispensable de reforzar la capacidad colectiva para
superar el estado de desconocimiento imperante sobre sus
propios productos, condiciones y tendencias.
En
un entorno institucional que tiende a establecer categorías
normativas para los procesos de reconocimiento, acreditación
y legitimación de programas y actividades académicas, es
urgente el fortalecimiento de los vínculos comunitarios de
interlocución, cooperación y debate racional que permitan
a los propios agentes participar en la definición de los
parámetros apropiados de evaluación de sus proyectos y
resultados. Esta tensión, especialmente aguda en el campo
de estudio de la comunicación, está presente en muchos países
y representa una de las condiciones esenciales para su
desarrollo en el futuro inmediato.
Referencias
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[1]
Raúl Fuentes Navarro (responsable), La
investigación académica sobre comunicación en México,1950-2000,
proyecto de desarrollo de bases de información apoyado
por el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología
(CONACyT) en su convocatoria 2000, referencia R34247-S.
[2]
Cabe reconocer aquí el invaluable apoyo del personal
responsable de Sistemas de Información de la Biblioteca
Dr. Jorge Villalobos Padilla SJ del ITESO, para la
instalación y operación de la base de datos en
plataforma web.
[3]
Una versión previa del contenido de este texto fue
presentada oral y gráficamente en la sesión del 20 de
mayo de 2004 del Seminario Permanente del Programa
Formal de Investigación en Estudios Socioculturales,
una instancia abierta que busca impulsar la interlocución
entre los investigadores, profesores y estudiantes de
los programas de posgrado del ITESO y de otras
instituciones, mediante la exposición y discusión de
los proyectos en proceso. Al redactar por escrito lo
propuesto en esa presentación, incorporo algunos de los
comentarios de los participantes, especialmente en la
tercera parte los preparados y expuestos por María
Martha Collignon, que agradezco profundamente.
[4]
Se retoma y reformula aquí el modelo planteado por
primera vez en Fuentes (1991), así como las propuestas
presentadas en encuentros de documentalistas
latinoamericanos realizadas en las ciudades brasileñas
de Santos y Manaus (Fuentes, 1997 y 2000b), que en buena
medida continúan siendo viables y vigentes.
[5]
Esta sería la perspectiva tecnológica
correspondiente y complementaria
a la sociocultural que hemos sostenido (Fuentes, 2003a)
para la comprensión del trabajo académico en
comunicación como “producción social de sentido
sobre la producción social de sentido”. Tendría que
explorarse con mayor detenimiento, en el plano epistemológico,
la relación conceptual entre los “círculos de
retroalimentación acumulativos” de que habla
Castells, y los procesos de la “reflexividad”
comunicativa.
[6]
Desde el punto de vista de la investigación de la
comunicación, esta conceptualización ha sido un poco más
desarrollada en otros trabajos. Pueden consultarse
Fuentes (2001 y 2003b), Herrera y Fuentes (2002).
[7]
En la reforma curricular del pregrado (licenciaturas)
del ITESO, así se ha considerado, al incluir un curso
común a todos los programas, obligatorio para todos los
estudiantes, de “Manejo de la información y datos numéricos”,
y un eje fundamental del curriculum de Ciencias de la
Comunicación centrado en el “Control de la Información”.
[8]
En este sentido, los recursos técnicos como el Thesaurus
de la UNESCO, previstos como sistemas de clasificación
temática de aplicación “universal”, requieren no sólo
de un proceso de adaptación de los indicadores a las
características de los documentos, sino de una discusión
explícita de las representaciones de los objetos y los
métodos que subyacen en ellos. Y como el propio Thesaurus,
esta adaptación no puede elaborarse sino
colectivamente.
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