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La documentación académica y la producción de

conocimiento en Ciencias de la Comunicación

 

Raúl Fuentes Navarro

ITESO, Departamento de

Estudios Socioculturales

Guadalajara, Jal. México

raul@iteso.mx

 

Resumen:

 

Se presenta una reflexión sobre el desarrollo de recursos de documentación que sirven como infraestructura de los procesos y sistemas de producción académica, especialmente los orientados específicamente a la práctica de la investigación y a la formación de investigadores. Está basada en las premisas de un proyecto de desarrollo de bases de información del que surgió el sitio ccdoc, una biblioteca virtual sobre la investigación académica de la comunicación en México, que se constituye como interfaz de un sistema de información y como mediación de un sistema de comunicación académicas.  

 

Palabras clave:

 

documentación, investigación, campo académico

La documentación académica y la producción de

conocimiento en Ciencias de la Comunicación

 

Raúl Fuentes Navarro

ITESO, Departamento de

Estudios Socioculturales

Guadalajara, Jal. México

raul@iteso.mx

junio de 2004

 

 

Este trabajo está referido al campo académico de la comunicación y sus determinaciones en México desde un ángulo poco usual: el de los recursos de documentación que sirven o deberían servir como infraestructura de los procesos y sistemas de producción académica, especialmente los orientados específicamente a la práctica de la investigación. Es resultado directo de un proyecto de desarrollo de bases de información recientemente concluido[1], cuyo objetivo general fue “consolidar una base de datos bibliográficos lo más completa, actualizada y orientada a los usuarios que sea posible, sobre la producción científica mexicana en el campo académico de la comunicación y ponerla a disposición de la consulta pública mediante la tecnología informática más avanzada” (Fuentes, 2000a).

 

Desde octubre de 2003, tal base de datos puede consultarse libremente vía Internet, en el sitio Documentación en Ciencias de la Comunicación o “ccdoc [http://ccdoc.iteso.mx] y contiene cerca de cuatro mil referencias a libros, capítulos, artículos y tesis de posgrado sobre la comunicación en México, incluyendo el texto completo digitalizado de aproximadamente el 25% de los documentos por ahora, porcentaje que se irá incrementando en la medida en que sus editores lo autoricen y se realicen los procesos técnicos correspondientes. En ese sentido, el sitio se constituye en una biblioteca virtual, única por sus características en el campo.

 

Las líneas generales de este proyecto, desarrollado desde el Departamento de Estudios Socioculturales del ITESO[2], y las experiencias de más de dos décadas que confluyeron en él como “justificación, antecedentes y contexto”, han sido expuestas en otro texto reciente (Fuentes, 2004), con las mismas intenciones de difusión y “recuperación crítica” que éste, aunque planteadas desde otro ángulo. Dado que el propósito más general de los trabajos de documentación puede sintetizarse en “recuperar, sistematizar y poner a disposición de los investigadores en ejercicio y en formación, los documentos que permitan construir los estados de la cuestión pertinentes a sus proyectos, al mismo tiempo que disponer de una base de información que facilite la evaluación continua de la producción del campo” (Fuentes, 2000a), hay diversas articulaciones e implicaciones que conviene plantear y proponer para la discusión a los agentes involucrados, independientemente del medio utilizado[3].

 

Una precisión indispensable, de entrada, para esta discusión, es que la producción de conocimiento no es ni puede ser entendida como una tarea individual, independiente de una “comunidad”, como se asume generalmente desde que Thomas S. Kuhn publicó La estructura de las revoluciones científicas: “el conocimiento científico, como el lenguaje, es intrínsecamente la propiedad común de un grupo o no es nada. Para comprenderlo debemos conocer las características especiales de los grupos que lo crean y lo usan” (Kuhn, 1970: 210). Se sostengan o no las polémicas tesis centrales de la obra de Kuhn para explicar el desarrollo histórico de las especialidades científicas, es un aporte indeleble a la sociología del conocimiento la relación de mutua determi­nación entre el “paradigma” y la comunidad científica que lo comparte, como una comunidad lingüística comparte un habla (que a su vez remite al sistema de la len­gua), mediante las interacciones sociales comunicativamente mediadas.

 

En conjunción con esta premisa teórica, se parte también del hecho de que en el campo académico de la comunicación en México se han constatado repetidamente graves carencias de circulación y referencia de los aportes publicados en los trabajos que deberían acumular críticamente el conocimiento sobre los objetos de estudio. Demasiados productos de la investigación postulan, incluso explícitamente, que sobre su tema no se ha escrito nada, que sobre el asunto específico se desconoce todo, por lo que el trabajo es “absolutamente original” o, en términos más humildes, que a lo más a lo que se puede aspirar es a realizar un estudio “exploratorio”. No hay así posibilidad de confrontación ni debate de fuentes empíricas, de diseños metodológicos, de referencias teóricas, y por lo tanto, de avance en el conocimiento. El problema que suscita la reflexión de estas páginas puede formularse en los siguientes términos: el campo académico de la comunicación en México acusa, entre sus principales problemas estructurales, un amplio desconocimiento de sus propios productos, lo cual es un obstáculo mayor para su desarrollo.

 

Desde este ángulo, el proyecto ccdoc ha intentado responder al propósito de impulsar el desarrollo de la infraestructura y la cultura de la documentación académicas, mediante la articulación de sistemas de información (generadores de representaciones) y sistemas de comunicación (productores de interacciones), buscando el aprovechamiento de nuevos recursos tecnológicos y el establecimiento de nuevos patrones de interacción entre los usuarios y el conocimiento del campo. Los principios básicos sobre los que se elaboró el proyecto pueden resumirse en cinco:

 

·       Seleccionar e incluir los documentos publicados que contengan aportes académicos al conocimiento de la comunicación en México en cualquiera de sus dimensiones;

·       Abrir al acceso público gratuito la información sistematizada, sin perjucio de su carácter especializado;

·       Gestionar la autorización de los editores (titulares del copyright) para ofrecer la reproducción facsimilar (formato .pdf) de los textos completos en línea;

·       Procurar la compatibilidad y complementariedad con otros recursos de información académica nacionales e internacionales;

·       Fomentar el desarrollo de una cultura académica y una investigación de la comunicación de mayor rigor y pertinencia, especialmente entre los investigadores en formación en los programas de posgrado.

 

 

Los sistemas y procesos de documentación académica como interfaces

 

Desde un punto de vista metodológico, más heurístico que normativo, el proceso de la documentación académica puede considerarse constituido por las siguientes diez fases:

 

1.     selección y acopio de documentos

2.     clasificación y catalogación

3.     incorporación de documentos al acervo

4.     mantenimiento y conservación

5.     recuperación y consulta mediante catálogo

6.     acceso y reproducción de documentos

7.     análisis temático documental

8.     intercambio académico y técnico

9.     asesoría a y entre usuarios

10.  desarrollo de aplicaciones académicas[4].

 

Cada una de estas “fases” tiene sus propias condiciones y técnicas especializadas. Para algunas de ellas las innovaciones tecnológicas de la información son cruciales -como para hacer más ampliamente accesible un catálogo-, pero es claro que para todas el factor decisivo es sobre todo cultural. Por ello se asume que el desarrollo de los recursos de documentación depende centralmente de una relación estrecha entre la producción de los servicios y su aprovechamiento en las tareas académicas por sus “usuarios”, en este caso, los investigadores de la comunicación “en ejercicio y en formación”. Esta manera de concebir la documentación académica como proceso, implica al sistema de representaciones del conocimiento en el campo objetivado en los documentos, los mecanismos de su procesamiento y recuperación informativa y, primordialmente, el sistema de interacciones comunicativas mediadas por esos mecanismos que permiten a los sujetos (“usuarios del sistema”) emplear, compartir, interpretar y transformar esas representaciones del conocimiento, en términos colectivos o comunitarios.

 

Si se adopta el concepto de tecnología que Manuel Castells propone, siguiendo a Brooks y Bell, en La Era de la Información como “punto de entrada para analizar la complejidad de la nueva economía, sociedad y cultura en formación” (Castells, 1999: 31): “el uso del conocimiento científico para especificar modos de hacer cosas de una manera reproducible” (1999: 56), es necesario considerar con él que:

 

Lo que caracteriza a la revolución tecnológica actual no es el carácter central del conocimiento y la información, sino la aplicación de ese conocimiento e información a aparatos de generación de conocimiento y procesamiento de la información/comunicación, en un círculo de retroalimentación acumulativo entre la innovación y sus usos. (...) Las nuevas tecnologías de la información no son sólo herramientas que aplicar, sino procesos que desarrollar. Los usuarios y los creadores pueden convertirse en los mismos. De este modo, los usuarios pueden tomar el control de la tecnología, como en el caso de Internet (...). De esto se deduce una estrecha relación entre los procesos sociales de creación y manipulación de símbolos (la cultura de la sociedad) y la capacidad de producir y distribuir bienes y servicios (las fuerzas productivas). Por primera vez en la historia, la mente humana es una fuerza productiva directa, no sólo un elemento decisivo del sistema de producción. (Castells, 1999: 58). 

 

Esta hipótesis, debatible en muy diversos planos de análisis como clave conceptual de la “sociedad red” que emerge en la “globalización”, impone una serie de desafíos intelectuales, políticos y culturales, entre los cuales no son menores los que atañen a la reestructuración de los campos del conocimiento científico, entre ellos los de las ciencias sociales (Giménez, 2003) y, muy especialmente, de las ciencias de la comunicación (Fuentes, 2000c). Si bien esa discusión tiene que desplegarse en otros espacios, en este trabajo resulta indispensable aludir a ella, puesto que ese “nuevo paradigma tecnológico” basado en las redes de información/comunicación es al mismo tiempo una condición externa y un recurso aprovechable para la producción de conocimiento, y el referente específico de esa actividad productiva en el campo académico de la comunicación. En otras palabras, hay un cambio (“revolucionario” según Castells y muchos otros) en la estructura de la comunicación que corresponde integrar en el sistema académico especializado en producir conocimiento sobre ella, no sólo como “contenido” sino también como “forma”[5].

 

En ese marco, las cuatro primeras fases del proceso de la documentación académica (selección y acopio de documentos, clasificación y catalogación, incorporación al acervo y mantenimiento y conservación), pueden entenderse en conjunto como operaciones de sistematización de información, cuyo producto terminal es una base de datos o un catálogo dispuesto para la consulta y recuperación de la información pertinente por los usuarios. La tecnología empleada para ello,  como sistema de producción de usos reproducibles, desemboca entonces en la generación de las interfaces adecuadas para que los usuarios puedan apropiarse y reproducir la información no sólo como producto sino también como proceso.

 

Se entiende por interfaz un dispositivo tecnológico que funciona como conexión física o lógica entre dos objetos, espacios, organismos o sistemas. Es el punto de intersección entre el diseño de los sistemas de información y los procesos de su apropiación por los usuarios[6]. En este sentido, ccdoc aprovecha varias herramientas tecnológicas de vanguardia para facilitar no sólo la recuperación y consulta de la información documental sistematizada sino también la disposición de reproducciones de los textos referidos en línea, es decir, a través de los recursos de Internet. Tres de estas herramientas tecnológicas de vanguardia incorporadas en ccdoc como interfaz son los archivos (.pdf) que reproducen digitalmente los textos de manera que se puedan transferir e imprimir sin alterar su presentación gráfica original, pero no modificar; el protocolo PMH para la recolección de “metadatos” en los registros de la base de datos, que aporta una gran flexibilidad y velocidad a las búsquedas; y la plataforma OAI, o Iniciativa de Archivos Abiertos, que colabora en el intercambio libre de información académica a través de Internet.

 

En tanto terminal de un sistema de información, la interfaz de ccdoc, con una presentación gráfica deliberadamente simple pero un conjunto de dispositivos de respaldo de alta complejidad, ofrece a sus usuarios el acceso a una biblioteca virtual especializada en el estudio académico de la comunicación en México. Este concepto de “biblioteca virtual” implica nuevos esquemas de servicios de búsqueda, recuperación, intercambio y uso de la información en línea, para poner a disposición de los usuarios una mayor capacidad de recursos académicos. El propósito central de su construcción, como se ha asumido en el ITESO, es colaborar y alentar el desarrollo de una cultura de acceso, uso y valoración del conocimiento a través de la información, y por ello requiere un financiamiento ajeno a toda finalidad de lucro.

 

De las interfaces documentales a las mediaciones académicas

 

Si bien por razones de espacio en este trabajo no es posible profundizar demasiado en las conceptualizaciones tecnológicas y socioculturales que subyacen en el planteamiento de ccdoc como un recurso de documentación para el campo académico de la comunicación en México, puede indicarse al menos que en su construcción se ha buscado establecer una articulación práctica, de índole metodológica, entre los conceptos de interfaz (informativa o informática) y de mediación (comunicativa o sociocultural). En su formulación más simple, puede describirse ccdoc como un sistema de información (documental académica) cuya interfaz ofrece la posibilidad de convertirse en mediación, o sistema de comunicación, entre el conocimiento publicado y sus destinatarios primordiales, los propios agentes académicos que lo producen, apropian y reproducen. El concepto de “mediación” aquí empleado remite en primera instancia a la propuesta “paradigmática” de Manuel Martín Serrano (1977, 1986, 1988), para quien “mediación” es un modelo de orden que trabaja con los intercambios entre entidades materiales, inmateriales y accionales, es decir, integra sistemas heterónomos y puede emplearse por ello en diversos niveles articulados lógicamente.

 

Al poner a disposición de sus usuarios las referencias y los textos producidos y puestos en circulación como representaciones del conocimiento sobre la comunicación, ccdoc se integra a una “ecología cognitiva” potencialmente enriquecida como recurso cultural (Lévy, 1993), que puede ser entendido y asumido desde un modelo de “cogniciones distribuidas”, y por lo tanto desde las condiciones de aprendizaje y acción colectivas que ciertos usos tecnológicos pueden mediar (Salomon, 2001, Jensen, 2002). En ese sentido, las cuatro últimas “fases” del proceso de la documentación indicado (análisis temático documental, intercambio académico y técnico, asesoría a y entre usuarios y desarrollo de aplicaciones académicas), como sistema de comunicación tecnológicamente mediado, indican las posibilidades de ciertos usos y modos de interacción de los sujetos con el conocimiento representado, con la interfaz que informa el proceso, y por supuesto, con los fines perseguidos individual y colectivamente, que califican los rangos de utilidad del sistema. En otras palabras, en el plano propiamente sociocultural, es indispensable el desarrollo y ejercicio de ciertas competencias por parte de los usuarios.

 

Como señala Salomon, “ninguna teoría de las cogniciones distribuidas puede dar cuenta cabalmente de la comprensión de la actividad humana y de la planificación fundamentada de la educación si no considera las cogniciones de los individuos. Lo mismo se aplica a la otra cara de esta argumentación: ninguna teoría de las cogniciones de los individuos resultaría satisfactoria si no considera su interacción con situaciones de cogniciones distribuidas” (2001: 181-182). Por ello es necesario atender al desarrollo en los sujetos de muy específicas competencias o capacidades de uso de la información y sus recursos de soporte tecnológico. Entre éstas pueden mencionarse las siguientes:

 

·       Determinar una situación, tema o problema

·       Formular preguntas de indagación

·       Establecer el campo semántico, mediante palabras clave

·       Seleccionar fuentes y obtener acceso a la información

·       Integrar, analizar/sintetizar la información

·       Generar elaboraciones y conclusiones propias

·       Dar a conocer la información generada… (Toledano, 2004).

 

El aprendizaje de estas y otras competencias más complejas, asociadas entre sí en la práctica cotidiana, están o deben estar en la base de la formación de los investigadores, especial pero no exclusivamente, “de la comunicación”, propósito específico de los posgrados, si bien debería emprenderse sistemáticamente desde antes[7]. Pero la creciente disponibilidad de recursos de información académica en línea de “cobertura internacional” (Pro-quest, EBSCOhost, etc.) subraya la insuficiencia de recursos referidos a las escalas más cercanas (y por ende, más pertinentes) de la producción académica. No hay, en ese sentido, más información sistematizada sobre la comunicación en México en otro ningún sitio que en ccdoc. Obviamente, la producción mexicana no es la única pertinente para el estudio de la comunicación en México, pero su uso complementario con la proveniente de otros orígenes es indispensable para el campo.

 

El diseño de ccdoc prevé dos tipos de usos principales de la información que recupera, sistematiza y pone a disposición: uno relativamente más individual, como soporte documental para la elaboración de estados de la cuestión de proyectos de investigación; el otro, más bien colectivo, consiste por una parte en disponer de una base de información que facilite la evaluación continua de la producción del campo, y por otra, en “suscitar un proceso de reflexividad entre los investigadores mexicanos de la comunicación sobre el desarrollo de su propia especialidad” (Fuentes, 2000a). Podría decirse, en ambos planos, que la pretensión es incidir en el habitus, en la cultura académica específica del campo y sus agentes. Una serie de productos del uso de este recurso son fácilmente reconocibles e imaginables; por ejemplo:

 

·       Sistematizaciones y análisis documentales

·       Estados de la cuestión para proyectos y líneas colectivas de investigación

·       Análisis de trayectorias y tendencias de la investigación

·       Revisión crítica de perspectivas

·       Refinamiento de preguntas de investigación

·       Ubicación de interlocutores en el campo y fuera de él

·       Discusión de premisas y resultados dentro y fuera del campo

·       Desarrollo de nuevas “aplicaciones” o articulaciones del conocimiento

·       (Auto)evaluación de la producción en el campo…

 

Ciertamente, muchos de estos “productos” se han realizado y puesto en circulación como insumos del desarrollo propio del campo. La documentación no es un recurso nuevo para el trabajo académico; la innovación tecnológica de su disposición vía Internet puede compararse al impacto que tuvo hace décadas la introducción de computadoras, sobre todo las “personales”, en el procesamiento de datos y el refinamiento de las técnicas de análisis estadístico en la investigación por encuestas o mediante diseños experimentales. La mediación comunicativa prevista en el proyecto de ccdoc, tiene para el campo académico una implicación más amplia que la apropiación instrumental de un recurso tecnológico por sus agentes.

 

El problema de las categorías y la constitución dinámica del campo

 

Manuel Martín Serrano define la mediación como “la actividad de control social que impone límites a lo que podría ser dicho, y a las maneras de decirlo, por medio de un sistema de orden” (1988: 1360). La argumentación de esta acepción teórico-social del concepto es elocuente y sintética en su debate con el estructuralismo, pero pertinente también en el contexto de las operaciones de mediación de la documentación académica:

 

Cuando la mediación introduce un modelo de orden en la información para ofrecer una visión estable del mundo con fines de control social, la información cesa de tener por objeto la realidad original, 'lo que ocurre'. Por el contrario, es por medio de 'lo que ocurre' que se trata de explicar el orden. El mediador toma a sus propios códigos como sujeto de la comunicación utilizando al contenido como un objeto ilustrativo. Impone el primado de la infraestructura del orden, sobre el acontecer. (Martín Serrano, 1988: 1360).

 

El riesgo central de todo trabajo de selección y procesamiento de información es precisamente imponer las categorías de tal selección al conjunto de objetos sobre los que se interviene y restringir, orientar el sentido, de la interpretación de ese conjunto desde un solo punto de vista, que así se reproduce e impone. Es lo que tienden a hacer los “medios” en sus labores noticiosas (“informativas”) cotidianas: construir representaciones de la “realidad” de los aconteceres y hacerlos pasar socialmente por la “realidad” al difundirlos (Martín Serrano, 1986). Y es lo que tienden a hacer los sistemas institucionales de control de la producción de conocimiento científico.

 

Para los estructuralistas que consideran que todos los mediadores comparten en el fondo un único tipo de puesta en orden, no existe más que una representación de la realidad a cualquier nivel; y además, será por definición la verdadera. En cambio, los estructuralistas que admiten como posibles representaciones diferentes consideran cada una de ellas como una 'teoría de un sistema' de orden (Boudon). Teoría que reflejará las constricciones del mediador. Otro sistema de orden incluiría y excluiría relaciones diferentes; la realidad aparecería entonces bajo otro aspecto distinto (Martín Serrano, 1988: 1360).

 

Más allá del debate con las tesis estructuralistas, es importante cuestionar en el campo académico (que es, por definición bourdieana, un espacio de tensiones, de luchas por la legitimidad de los modelos de práctica) los sistemas de categorías (de clasificación) que los agentes emplean para definir qué es un producto de investigación (y que no lo es) y cuáles lo son “de la comunicación” o de otras materias.

 

La experiencia en la realización de proyectos de documentación académica en el campo de la comunicación, y su utilización para la elaboración de interpretaciones sobre lo que lo constituye precisamente como campo, hace ver con claridad el problema de las categorías de clasificación en una perspectiva mayor que la meramente técnica. Ante la proliferación imperante en el campo de tendencias y de proyectos de producción de conocimiento, que apunta simultáneamente en dirección a muchos ámbitos y dimensiones sociales y a muy diversos campos disciplinarios para su sustento académico, es estratégico reconocer y alentar la apertura temática y teórico-metodológica en el estudio de la comunicación.

 

Un sistema de documentación como ccdoc puede contribuir al desarrollo de la producción de conocimiento académico sobre la comunicación en México y al fortalecimiento del campo correspondiente, pero al constituirse en mediador de los procesos de formación de investigadores, puede contribuir también a restringir las opciones y a excluir puntos de vista alternos. De ahí la insistencia en que se adopte críticamente como un recurso y se someta a una revisión constante desde el nivel de las propias categorías de selección y clasificación de documentos que emplea[8]. Dar cabida a diversas perspectivas en la definición misma de las bases de reconocimiento de los productos como representaciones del conocimiento es una manera indispensable de reforzar la capacidad colectiva para superar el estado de desconocimiento imperante sobre sus propios productos, condiciones y tendencias.

 

En un entorno institucional que tiende a establecer categorías normativas para los procesos de reconocimiento, acreditación y legitimación de programas y actividades académicas, es urgente el fortalecimiento de los vínculos comunitarios de interlocución, cooperación y debate racional que permitan a los propios agentes participar en la definición de los parámetros apropiados de evaluación de sus proyectos y resultados. Esta tensión, especialmente aguda en el campo de estudio de la comunicación, está presente en muchos países y representa una de las condiciones esenciales para su desarrollo en el futuro inmediato.

 

 

Referencias bibliográficas:

 

CASTELLS Manuel (1999): La Era de la Información. Economía, Sociedad y Cultura. Vol. 1: La sociedad red. México: Siglo XXI.

 

FUENTES NAVARRO Raúl (1991): “Proyecto de documentación: el Centro CONEICC sobre comunicación en México”, en Boletín ALAIC No. 5. São Paulo: Asociación Latinoamericana de Investigadores de la Comunicación, pp.35-44.

 

FUENTES NAVARRO Raúl (1997): “La experiencia del Centro CONEICC de Documentación sobre Comunicación en México y el proyecto de FELAFACS para una red informatizada de centros de documentación sobre comunicaciones en América Latina”. Ponencia en el IV COMNET-AL: Encontro da Rede Latinoamericana de centros de documentação, Intercom '97, Santos, SP, Brasil.

 

FUENTES NAVARRO Raúl (2000a): Protocolo del proyecto La investigación académica sobre comunicación en México 1950-2000. Guadalajara: ITESO, presentado al Comité de Ciencias Sociales del CONACyT.

 

FUENTES NAVARRO Raúl (2000b): “Documentación académica en comunicación: perspectivas latinoamericanas”. Ponencia en el X ENDOCOM, Encontro de Centros de Informação e Bibliotecas da Área de Comunicação, Intercom 2000. Manaus, AM, Brasil.

 

FUENTES NAVARRO Raúl (2000c): Educación y Telemática. Buenos Aires: Norma (Enciclopedia Latinoamericana de Sociocultura y Comunicación No. 6).

 

FUENTES NAVARRO Raúl (2001): “Exploraciones teórico-metodológicas para la investigación sociocultural de los usos de la Internet”, en VASSALLO DE LOPES y FUENTES NAVARRO (Comps.), Comunicación, campo y objeto de estudio. Perspectivas reflexivas latinoamericanas. Guadalajara: ITESO/ U.A. de Aguascalientes/ U. de Colima, U. de Guadalajara, pp. 229-245.

 

FUENTES NAVARRO Raúl (2003a): “La producción social de sentido sobre la producción social de sentido: hacia la construcción de un marco epistemológico para los estudios de la comunicación”, en VASSALLO DE LOPES (Org.) Epistemologia da Comunicação. São Paulo: Loyola (Comunicação Contemporânea No. 1), pp.15-40.

 

FUENTES NAVARRO Raúl (2003b): “Comunicación y educación en la Era Telemática: una perspectiva sociocultural”, en APARICI (Coord.), Comunicación Educativa en la Sociedad de la Información. Madrid: Universidad Nacional de Educación a Distancia, pp.547-558.

 

FUENTES NAVARRO Raúl (2004): “La producción de conocimiento sobre la comunicación en México. La recuperación de sus referentes documentales", en AMIC, Hacia la construcción de una Ciencia de la Comunicación en México. Ejercicio reflexivo 1979-2004. México: Asociación Mexicana de Investigadores de la Comunicación.

 

GIMÉNEZ Gilberto (2003): “El debate sobre la prospectiva de las Ciencias Sociales en los umbrales del nuevo milenio”, Revista Mexicana de Sociología Año 65 No. 2, México: Instituto de Investigaciones Sociales UNAM, pp.363-400.

 

HERRERA LIMA Susana y Raúl FUENTES NAVARRO (2002): “Tecnología, cognición y aprendizaje: la construcción educativa de realidades mediante la simulación computacional”, en Versión, estudios de comunicación y política No. 12, México: Universidad Autónoma Metropolitana-Xochimilco.

 

JENSEN Klaus Bruhn (2002): “Modelos comunicantes: la importancia de los modelos para la investigación sobre los mundos de la Internet”, en Comunicación y Sociedad No. 40. Guadalajara: DECS Universidad de Guadalajara.

 

KUHN Thomas S. (1970): The structure of scientific revolutions. 2nd. edition. Chicago: The University of Chicago Press.

 

LÉVY Pierre (1993): As tecnologias da inteligência. O futuro do pensamento na era da informática. (Traduçao de Carlos Irineu da Costa). São Paulo: Editora 34.

 

MARTÍN SERRANO Manuel (1977): La mediación social. Madrid: Akal.

 

MARTÍN SERRANO Manuel (1986): La producción social de comunicación. Madrid: Alianza Universidad.

 

MARTÍN SERRANO Manuel (1988): “Mediación”, en Diccionario UNESCO de Ciencias Sociales. Vol. III. Barcelona: UNESCO/Planeta-Agostini. pp.1359-1364.

 

SALOMON Gavriel (Comp.) (2001): Cogniciones distribuidas. Consideraciones psicológicas y educativas. (Traducción de Eduardo Sinnott). Buenos Aires: Amorrortu.

 

TOLEDANO O'FARRILL Rubén (2004): Manual para el acceso y uso de la biblioteca para profesores. Guadalajara: Biblioteca Dr. Jorge Villalobos Padilla SJ, ITESO.

 

 


[1] Raúl Fuentes Navarro (responsable), La investigación académica sobre comunicación en México,1950-2000, proyecto de desarrollo de bases de información apoyado por el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACyT) en su convocatoria 2000, referencia R34247-S.

 

[2] Cabe reconocer aquí el invaluable apoyo del personal responsable de Sistemas de Información de la Biblioteca Dr. Jorge Villalobos Padilla SJ del ITESO, para la instalación y operación de la base de datos en plataforma web.

 

[3] Una versión previa del contenido de este texto fue presentada oral y gráficamente en la sesión del 20 de mayo de 2004 del Seminario Permanente del Programa Formal de Investigación en Estudios Socioculturales, una instancia abierta que busca impulsar la interlocución entre los investigadores, profesores y estudiantes de los programas de posgrado del ITESO y de otras instituciones, mediante la exposición y discusión de los proyectos en proceso. Al redactar por escrito lo propuesto en esa presentación, incorporo algunos de los comentarios de los participantes, especialmente en la tercera parte los preparados y expuestos por María Martha Collignon, que agradezco profundamente.  

[4] Se retoma y reformula aquí el modelo planteado por primera vez en Fuentes (1991), así como las propuestas presentadas en encuentros de documentalistas latinoamericanos realizadas en las ciudades brasileñas de Santos y Manaus (Fuentes, 1997 y 2000b), que en buena medida continúan siendo viables y vigentes.

[5] Esta sería la perspectiva tecnológica correspondiente y complementaria a la sociocultural que hemos sostenido (Fuentes, 2003a) para la comprensión del trabajo académico en comunicación como “producción social de sentido sobre la producción social de sentido”. Tendría que explorarse con mayor detenimiento, en el plano epistemológico, la relación conceptual entre los “círculos de retroalimentación acumulativos” de que habla Castells, y los procesos de la “reflexividad” comunicativa.

[6] Desde el punto de vista de la investigación de la comunicación, esta conceptualización ha sido un poco más desarrollada en otros trabajos. Pueden consultarse Fuentes (2001 y 2003b), Herrera y Fuentes (2002).

[7] En la reforma curricular del pregrado (licenciaturas) del ITESO, así se ha considerado, al incluir un curso común a todos los programas, obligatorio para todos los estudiantes, de “Manejo de la información y datos numéricos”, y un eje fundamental del curriculum de Ciencias de la Comunicación centrado en el “Control de la Información”. 

[8] En este sentido, los recursos técnicos como el Thesaurus de la UNESCO, previstos como sistemas de clasificación temática de aplicación “universal”, requieren no sólo de un proceso de adaptación de los indicadores a las características de los documentos, sino de una discusión explícita de las representaciones de los objetos y los métodos que subyacen en ellos. Y como el propio Thesaurus, esta adaptación no puede elaborarse sino colectivamente.

 


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