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La enseñanza de la metodología y la formación de comunicadores.  Sistematización de una experiencia de enseñanza-aprendizaje de la metodología cualitativa en una facultad de comunicación social

 

Lic. Pablo de Jesús Espinoza Espinoza

Docente de la Facultad de Ciencias y Artes de la Comunicación, de la Pontificia Universidad Católica del Perú

Resumen

            El autor presenta la sistematización de una experiencia docente en el área de la enseñanza-aprendizaje de la metodología cualitativa en el curso de pregrado de una facultad de comunicación social. Considera el proceso de la investigación como un proceso de comunicación a partir de la relación sujeto que investiga a otro sujeto. Relaciona la enseñanza de la metodología con enfoque cualitativo con la formación de comunicadores aportando pautas pedagógicas y planteando esquemas interpretativos aplicables al estudio de procesos comunicativos.

Palabrs claves: metodología cualitativa – formación comunicadores.

Introducción.

El contexto de la comunidad académica.

El marco institucional de la presente ponencia  es nuestra  experiencia docente en el campo de la enseñanza-aprendizaje de la metodología cualitativa, tarea que venimos desarrollando en la novel Facultad de Ciencias y Artes de la Comunicación de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Partimos de la convicción  que los docentes universitarios somos parte de comunidades académicas y estamos llamados a desarrollar nuestra actividad en diálogo con otros colegas, nuestros propios alumnos y las comunidades e instituciones afines. Este VII Congreso ALAIC 2004 nos permite continuar con este intercambio, por eso consideramos pertinente en primer lugar ubicar históricamente la creación de nuestra Facultad, que como señalamos es el marco inmediato de nuestras reflexiones.

La Pontificia Universidad Católica del Perú fue fundada en el año de 1917 y su preocupación por la formación de periodistas y comunicadores empezó muy pronto con la fundación de la Escuela de Periodismo en 1945, instancia académica que fue clausurada  en 1972 al ser modificada la Ley Universitaria durante el gobierno militar (1968-1979). Luego hubo una orientación hacia la producción y capacitación  audiovisual, pero sin pretensión de otorgar un grado académico, con la creación del Centro de Teleducación de la Universidad Católica (CETUC), prestando importantes servicios a través de cursos dirigidos a personal ligado a medios audiovisuales en diversas regiones del Perú. En 1996 se creó la Maestría en Comunicaciones, a la que siguió la Facultad de Ciencias y Artes de la Comunicación en 1998.

La división de la enseñanza de la metodología con enfoques cuantitativo y cualitativo es común en los programas de estudio propios del pregrado académico en escuelas o facultades de ciencias sociales en el Perú. Esta división hoy es muy cuestionada y podemos adelantar que entre nosotros así lo es, sin embargo asumimos críticamente esta separación de enfoques que se plasma en dos cursos consecutivos en el pregrado denominados Métodos y Técnicas de Investigación I (cuantitativa) y Métodos y Técnicas de Investigación II (cualitativa). El punto de partida de las siguientes reflexiones fue preguntarnos en 1998 al recibir el encargo de asumir la cátedra de metodología cualitativa, ¿qué acento y perspectiva debemos marcar cuando la enseñanza de esta materia se hace en una facultad de comunicación social? y ¿qué implica aportar desde este campo a la  formación de comunicadores sociales?. Muy temprano surgió entre nosotros la necesidad de tender puentes entre el quehacer de la investigación, la enseñanza-aprendizaje de la metodología – inseparable de aquella primera – y la relevancia de lo comunicacional como ámbito, estrategia y objeto de estudio.

Las demandas del mercado laboral, las comprensiones planetarias respecto del rol de lo comununicativo, y la propia motivación de los candidatos a los estudios de la comunicación se inclinan por una comprensión y valoración de lo comunicativo en tanto ligado a la producción de mensajes, a la capacitación para el manejo de las tecnologías y, como consecuencia orientado a una visión instrumental y pragmática de la comunicación. Plantear la comunicación como objeto de estudio implica no sólo un cambio de perspectiva, sino sobre todo el desarrollo de una actitud comprensiva, fundamental respecto de la propia  identidad y quehacer profesional del futuro comunicador. Por eso una palabra pertinente a la metodologìa en contexto de una facultad de comunicación social remite a consideraciones de orden pedagógico que luego ampliaremos.

El desafío de implementar una pedagogía que contribuya a pensar la comunicación desde un enfoque integral y transversal en las relaciones sociales, es el reto que asumimos desde el inicio de la Facultad, así lo expresaba nuestro Decano Dr.Luis Peirano cuando afirmaba:

" Es un nuevo lugar común referirse a las comunicaciones partiendo los problemas que generan  la globalización, el vertiginoso avance tecnológico y la progresiva fusión de la cibernética con el pensamiento, la información, la creatividad y la sensibilidad del hombre de nuestro tiempo. No podría ser de otra manera, dado que son características que no solamente marcan las comunicaciones de hoy sino que en buena medida califican a la época misma. Reconocemos esto no para lanzarnos a la competencia desenfrenada en el uso de las nuevas tecnologías, cuanto para garantizar el estudio sistemático del sentido y uso de las mismas. Pensar bien la comunicación es la clave para hacer bien la comunicación, puesto que, por más dependencia que ésta tenga de la técnica que la sustente, es imposible que se deba solamente a ella".

( Fragmento del discurso pronunciado en Lima, 5.11.19998, en la inauguración de la Facultad de Ciencias y Artes de la Comunicación).

1. La intuición fundamental: vincular comunicaciòn, investigación y enseñanza de la metodología.

Esta intuición primera es la que formulamos en términos de relacionar la investigación, la metodología cualitativa y la comunicación, a manera de una trenza o entramado que tiene múltiples y ricas perspectivas que trataremos de plantear en esta ponencia. Pretende ser un punto de partida para un diálogo con otros docentes e investigadores con los cuales esperamos compartir en estos dìas del Congreso de ALAIC. La identidad profesional de los investigadores, en el caso de nuestras facultades de comunicación social, plantéa interrogantes y abre espacios de reflexión epistemológica y teórica con consecuencias en la práctica docente.

Por otro lado un discurso académico referido a la comunicación denuncia siempre un lugar social desde el cual se produce, se revela una perspectiva o comprensión de la comunicación en sí misma, y se prefigura un sentido del papel que ella cumple en las dinámicas y estructuras sociales. En términos pedagógicos supone formar a los futuros comunicadores en una actitud que va a contra corriente de las tendencias relativas a lo mediático o informático en la realidad contemporánea, nos referimos a la mera formación para producción de mensajes, nuestra apuesta pedagógica se propone acentuar la formación para la escucha, la sensibilidad, la capacidad para observar, situarse empáticamente de cara a los públicos, e inserto en ellos, en las mediaciones y los procesos comunicativos, antes que frente al sólo manejo de la tecnología o los propios medios. Esta opción epistemològica y teórica tiene consecuencias metodolológicas y pedagógicas. Indudablemente es un proceso que vamos descubriendo conforme la reflexión sobre nuestra experiencia pedagógica nos lo permite.

A los docentes se nos demanda una primera disposición a la escucha y la recepción crítica frente a las agendas temáticas nacionales e internacionales, así como a los intereses para la indagación desde nuestros alumnos, como en el caso de las aproximaciones comprensivas entre la comunicación con la cultura, lo político y lo ético. Explicable todo ello dado el comportamiento de los medios, los dueños y los trabajadores de la comunicación en las recientes etapas políticas atravesadas en nuestro país.

Varias convicciones se han ido consolidando a lo largo de estos primeros años de docencia, en primer lugar que es indesligable la reflexión y práctica de la metodología de la práctica de la investigación; en segundo lugar que la metodología no puede circunscribirse a una materia específica cuya denominación la identifica como tal, sino que está llamada a atravesar el conjunto del plan de estudios; y en tercer lugar que la investigación no puede restringirse a una investigacion orientada a la producción o a la problemática directa de los medios sino que se enmarca en el vasto campo de lo comunicacional como dimensión de la realidad social. En otras palabras, la metodología remite a una previa reflexión sobre la comunicación en sí misma y sobre la investigación que de esta reflexión se deriva, la metodología es funcional a estas consideraciones.

De allí que nos planteamos la comprensión de la comunicación ligada a los procesos, las prácticas, los espacios y los medios. "No es posible pensar hoy los procesos, los medios y las prácticas de comunicación sin asumir la abierta y extrema tensión  entre los sucedido el martes 11 de septiembre pasado en Nueva York y lo representado por el Foro Social Mundial de Porto Alegre a comienzos de este año", se expresaba así el profesor Jesús Martín Barbero al iniciar un artículo dedicado a los 15 años de la Revista Diálogos de la Comunicación FELAFACS. Diálogos 64). La enseñanza de la metodología tendrá siempre un marco histórico en el que se inscribe y la docencia buscará siempre sostener un diálogo con este contexto.

En relación con lo señalado queremos destacar el lugar social desde el que se habla de metodologìa y se forma comunicadores en el Perú, nos referimos al contexto mayor del proceso de transición democrática por el que atraviesa el Perú  y la interpelación que el contexto social inmediato plantea a la Universidad y en particular a una Facultad de Comunicación Social, como la nuestra. Nos referimos a la necesaria relación entre comunicación y desarrollo, comunicación y ética, comunicación y procesos de construcción de ciudadanìa, comunicación y lucha contra la pobreza, etc.

 

2 La importancia de un modelo metodológico de referencia.

            En 1999, a un año de haberse fundado la Facultad, se realizó entre el 20 y 22 de julio en el campus de la Pontificia Universidad Católica del Perú el Seminario Internacional sobre Tendencias de la Investigación en Comunicación de América Latina. La conferencia inaugural estuvo a cargo de la Dra. Vasallo de Lopes, con el título La Investigación de la comunicación: cuestiones epistemológicas, teóricas y metodológicas. (Cfr. Revista Diálogos de la Comunicación Nro.56, Octubre 1999. Páginas 12-27). Esta conferencia significó un importante aporte para la construcción de los cursos de metodología en nuestra Universidad que nacía al reto de la formación de comunicadores, y generó también una reflexión importante que intentamos recoger en esta ponencia.  La relación entre metodología-pedagogía e investigación fue central en aquella reflexión, por otro lado, nos aportó un modelo para ordenar los discursos que se generan cuando abordamos temas relativos a la metodología. Recogemos aquella intuición fundamental que se resumió en la frase: "Hablar de metodología implica siempre un hablar pedagógico…". El acento estaba puesto indudablemente en la tarea de formar comunicadores que asumieran la investigación como parte de su quehacer. Distinguir niveles y fases en la investigación y acompañar la construcción de un discurso teórico-metodológico que se enraiza en la experiencia de la investigación aleja de la tentación de reducir lo metodológico a lo técnico y ajustar la densidad y conmplejidad de lo comunicativo a los límites que nos propone siempre lo académico.

            El modelo metodològico al que nos referimos y las consideraciones teóricas que lo sustentan han demandado siempre la necesidad de un discurso académico referido a la metodología en diálogo con las agendas temáticas propuestas por nuestros estudiantes y,  a la vez una exigencia para nuestra Facultad en plantearse la necesidad de trazar líneas de investigación más definidas para encauzar la  diversidad de tópicos de interés. Por otro lado lo metodológico nos remite a la formación de criterios, de hábitos y pautas para una investigación que sea sistémica, pensada y relevante. Porque en definitiva el investigador asume un proceso de toma de decisiones sobre la base de un sistema de referencias epistemológicas y teóricas que lo orientan. En el pregrado este es un proceso asistido.

 

3. De la relación sujeto-objeto a la interrelación entre sujeto y sujeto.

            El comunicador que se propone hacer investigación y el investigador que asume su identidad de comunicador, remiten de forma simétrica a una sola identidad. El proceso de la docencia acompaña una reflexión y una práctica que orientará la significación de esta relación identitaria. Plantearse la enseñanza de la metodología supone siempre revisar y tomar postura frente a la fuerte tradición empírico-positivista, frente a la forma de concebir la ciencia, las asociaciones entre razón y ciencia relegando las dimensiones subjetivas para la expresión artística, implica distanciarse del legado de validez y confiabilidad de lo científico ligado a lo numérico, lo estadístico, lo comprobable y generalizable. Bien sabemos cómo la legitimación mediática de las encuestas de opinión pública le atribuyen una confiabilidad al dato numérico y al empleo de lenguajes formalizados para dar cuenta de realidades socialmente complejas que se desea comprender, todo ello en detrimento de las narrativas y la pertinencia de otros lenguajes. Desde un enfoque cualitativo de la investigación en definitiva implica recuperar los lineamientos de una epistemología integradora y de carácter más comprensivo, superando discutidas dicotomías que desplazan energías que deberían estar dedicadas a formar para tener criterios respecto de la aplicación metodológica más pertinente respecto del objeto de estudios y del propósito de la investigación. Implica también cuestionar el papel del investigador en tanto sujeto activo del quehacer indagador, y cuestionar el clásico binomio sujeto-objeto para pasar a considerar las implicancias de trabajar sobre la relación sujeto-sujeto. Estas consideraciones se radicalizan cuando tratamos de metodologías llamadas así cualitativas, participativas o interpretativas.

            Consideramos que en la reflexión sobre lo que significa la relación entre el sujeto investigador y él o los sujetos investigados, están llamadas a surgir las más ricas intuiciones para la renovada comprensión de la relación entre investigación, comunicación y metodología.

            La comprensión de lo comunicativo funcional a esta relación que deseamos plantear nos lleva a recuperar el concepto de producción social del sentido, la interacción simbólica entre sujetos, la comprensión de la realidad social como un entramado de significantes que se entretejen colectivamente. La investigación con enfoque cualitativo plantea indudablemente el problema del lenguaje y de los lenguajes como objeto de estudio y a la vez como instrumento para dar cuenta de lo estudiado. Una reflexión epistemológica y teórica relativa a la metodología deriva siempre en una reflexión sobre el lenguaje. El lenguaje es mediador, a la vez objeto de estudios y como veremos más adelante, será instrumento del que se valga el investigador para dar cuenta de lo investigado. Esta triple dimensión es muy significativa para investigadores que asumen este quehacer académico desde su identidad de comunicadores. El investigador cualitativo es un lector de lenguajes, es un interprete de significantes. Tarea que asume desde la empatía comprensiva de las perceptiones, sensibilidades y cosmovisiones de esos “otros” con los que se relaciona.  La investigación-acción participativa llevará al investigador a insertarse en entramados sociales y desde ellos buscará leer ese universo simbólico que se presenta como objeto de estudio. Su sola presencia supone ya una interrelación que a través del uso instrumental le planteará la interacción como medio para la producción del conocimiento.

            La investigación con enfoque cualitativo es participativa porque lleva al investigador a la interrelación directa con los sujetos investigados insertos en sus espacios y prácticas. Esa experiencia de inserción indagadora puede comprenderse y estudiarse como proceso de comunicación. Los manuales dedicados a los asuntos metodológicos y el común decir en el medio académico hacen referncia a la investigación como al acopio o al recojo de datos o informaciones. Una comprensión comunicativa del proceso de la investigación cuestiona esta perspectiva y señala que la información es resultado de procesos de interacción entre el investigador y los sujetos investigados, sujetos insertos en coyunturas, espacios y contextos cargados de sentido. Esa interrelación es comunicación.

            En otras palabras la investigación es en sí misma un proceso dialógico-comunicativo. El investigador está llamado a dialogar con sus propios intereses y paradigmas de comprensión, dialogar con la realidad de los sujetos que investiga, dialogar con quienes en la comunidad académica en su entorno constituyen referentes esclarecedores para su actuar, dialogar con los antecedentes y marcos teóricos, y finalmente se verá enfrentado a la importante comunicación de los resultados de sus análisis e interpretaciones. Para la enseñanza-aprendizaje de la metodología con enfoque cualitativo esta comprensión dialógica no sólo es sugerente sino traza una ruta para el novel investigador.

           

4. Los textos, contextos y pretextos.

            Una de las tareas fundamentales de la labor docente en el ámbito de la enseñanza de la metodología en una facultad de comunicación social es concebir también la relación docente-alumno como una relación de comunicación. Esto implica crear espacios de interrelación, dialógicos, interactivos, creativos y motivadores para el proceso indagador. En ese proceso es importante también aportar paradigmas de comprensión de los fenómenos que se estudian y marcos interpretativos de los procesos de comunicación.

            La trilogía de textos, contextos y pre-textos, parte de considerar  la primera relación fundante de la investigación y de las primeras interrogantes indagadoras, nos referimos al encuentro entre el comunicador-investigador y el entramado de sínificantes, lensuajes, códigos del tejido social en el que se inserta. Aquello que denominados los discursos sociales y que aparecen ante los ojos del investigador a través de las posibilidades perceptivas. La tradición cientìfica en general y la que denominamos tradición con enfoque cualitativo privilegia en este sentido la observación como el punto de partida de la ciencia. 

            “La ciencia comienza con la observación” (Métodos y técnicas cualitativas de investigación en ciencias sociales. Gutierrez y Delgado. 1994.) A lo que podríamos añadir  lo que refiere Galindo, Jesús cuando afirma:”El oficio principia en la mirada hacia el otro, en silencio, dejando que la percepción haga su trabajo, todo tiene su lugar, todo lo que aparece forma parte de un texto que se puede descifrar.” (“Etnografía. El oficio de la mirada y el sentido”, en Técnicas de Investigación  en sociedad, cultura y comunicación” Galindo, Jesús, 1998, pág. 346 ). Esta trama de textualidades con la que se confronta el comunicador que investiga es  fuente  primera que requiere sensibilidad, disciplina y sentido para ordenarla. Un criterio fundamental es saber ubicar el foco de su atención como quien abre y cierra el campo de visión de una cámara, buscando poner en contexto aquello que ha llamado la atención del investigador y pretende ser estudiado. Todo discurso o texto social, práctica o proceso, mediación o medio, no podrá ser comprendido sino inserto en el contexto socio-cultural en el que se inscribe.  Por otro lado esta relación texto-contexto remite a la dimensión temporal o histórica. Los objetos de estudio propios de las ciencias sociales son cambiantes, la transformación histórica es una condición constitutiva de los sujetos que se proponen al investigador, de sus universos discursivos y sus prácticas. Esta tercera dimensión es a la que denominamos pre-textual, para significar con ello la necesaria consideración de los factores históricos que explican la aparición y permanencia en el tiempo de un fenómeno. Dimensión diacrócia y sincrónica que libera al investigador de consideraciones estáticas que suelen filtrarse cuando se trata de fijar la mirada sobre un objeto de estudio.

 

5. La relación entre comunicación, cultura y sociedad.

            Una comprensión integradora de la comunicación, la investigación y la metodología remite a diseñar estrategias indagadoras con perspectiva cualitativa que contribuyan a orientar el trayecto de nuestros alumnos y alumnas que desde el pregrado se inician en tareas de investigación. Es aquí que surgen las relaciones entre escenarios o espacios de comunicación como ámbitos físicos y simbólicos en los que el investigador se inserta, la interrelación comunicativa con sujetos o actores sociales y la identificación de universos simbólicos o tramas de significantes.

            Las primeras descripciones de carácter etnográfico se enriquecen con las posibilidades que los lenguajes audiovisuales tienen hoy para dar cuenta de la realidad, reconociendo indudablemente desde la perspectiva cualitativa que la investigaciòn tiene en la persona del investigador al principal instrumento o herramienta cualitativa. Estas primeras identificaciones y diferenciaciones entre espacio-actores y lenguajes remitirán a su vez a marcos interpretativos más integradores cuando se plantea la relación entre comunicación, cultura y sociedad.

            Así a los ojos del comunicador que investiga un ordenamiento social, surge un segundo principio de análisis más fino y profundo que implicará luego ordenar la trilogía espacio-actores y lenguajes, pasar a preguntarse por aquello a lo que remiten esos significantes, esos lenguajes, esos entramados simbólicos y tratar de encontrar en la pregunta por los sentido profundos, aquellas cosmovisiones, jerarquías, percepciones sociales, que constituyen el fondo de las culturas que se revelan en los procesos comunicativos. Lo comunicativo aparece entramado con lo cultural, ambas dimensiones se implican y aparecen como caras complementarias de los fenómenos que se investigan. Ahora bien, desde una perspectiva cualitativa el comunicador toma conciencia de las mediaciones humanas de estos procesos y se pregunta por la dimensión social de los mismos. Es aquì cuando aparcen antes sus ojos indagadores los sujetos o actores sociales. Aquellos sujetos están a su vez insertos en estructuras socio políticas y económicas. Así mediante esta metodología se va pasando de las descripciones etnográficas a los análisis más profundos, pasamos de los significantes a los significados.

Esta intuición teórica es la que recoge para su reciente obra Montaner cuando escribe sobre Las formas del siglo XX: "El libro parte de una premisa polémica: la forma es considerada el modo central, el concepto clave, del arte y la arquitectura. Las formas siempre transmiten valores éticos, siempre remiten a los marcos culturales, siempre comparten criterios sociales y siempre se refieren a significados. Precisamente este libro quiere demostrar que detrás de cada uno de los conceptos formales básicos existe una visión del mundo, una concepción del tiempo y una idea definida del sujeto. Por esta razón, cada concepto formal no sólo remite a las obras sino también a las teorías filosóficas y científicas del siglo XX" (Las formas del siglo XX. Montaner, Josep María)

            Esas cosmovisiones, maneras de entender y situarse en el mundo y desplegar acción social en él es encarnado por personas, por actores sociales los que se encuentran situados social, económica  y políticamente. Estos planos de la comunicación, la cultura y la sociedad, se implican el uno al otro y aparecen a los ojos del investigador como una trama, un complejo tejido que debe desentrañar con un sentido. Es ayudar a entrelazar los procesos comunicacionales y culturales, con los procesos sociales y políticos,  y los sujetos que los encarnan.

 

6. El papel del investigador como principal instrumento de investigación.

El enfoque cualitativo redescubre o relieva al papal del investigador en el proceso de la investigación y de los actores sociales involucrados en los procesos de comunicación objeto de estudio, generando dinámicas participativas que en sí misma constituyen procesos comunicativos que generan información y conocimiento.

La tradición positivista, funcionalista y heredera de la epistemología porpia de las ciencias naturales sigue siendo normativa frente al estudio de procesos sociales. Esto tiene consecuencias para la pedagogía puesto que lleva al investigador a inhibir su desempeño de la indagación, desconfiar de sus propios criterios, trasladar la fundamentación de sus indagaciones al instrumento.La metodología cualitativa demanda una mayor implicación de la persona del comunicador en los objetos de estudio. De la invisibilidad de sujeto que investiga a su necesaria conciencia y desempeño activo en los procesos de indagación. De concentrar la eficacia de la investigación centrada en el riguroso diseño y aplicación de instrumentos a trabajar la persona del investigador y su capacidad de observación, escucha, empatía, sensibilidad, intuición, capacidad de relación, inferencia y teorización.

 

7. De los límites y posibilidades de la subjetividad en el proceso de investigación.

            Uno de los aspectos más delicados en términos epistemológicos es indudablemente esta importancia atribuida al rol del investigador en el proceso indagatorio. Esto implica una reflexión primera sobre aquellas dimensiones de la persona que son puestas al servicio de la investigación, nos referimos a aspectos tradicionalmente relegados del quehacer científico o de los que se desconfía: la subjetividad, la intuición, la capacidad empática, las emociones y sentimientos, las propias percepciones sensoriales.

            Formar comunicadores para la investigación implica no escamotear estas delicadas dimensiones que de una u otra manera se ven afectadas por el encuentro entre los indagadores y las realidades sociales a las que se aproximan. Es aquí donde surge la necesaria educación de la sensibilidad, del olfato, de la percepción y capacidad de observación. Nuestra experiencia docente nos ha enseñado que en muchas ocasiones de lo que se trata es de recuperar una confianza en estas dimensiones subjetivas para integrarlas a la comprensión de las dimensiones subjetivas de los procesos comunicacionales que se investigan.

            Es común encontrarse con experiencias de represión o minusvaloración de la propia sensibilidad del investigador que privilegia lo racional y cognitivo en especial a la hora de dar cuenta de los resultados de su investigación. Muchas relevantes notas de campo no son recuperadas y la voz propia del indagador se debilita en función del cuidado de la objetividad y neutralidad en sus apreciaciones. Terrenos difícil este al que nos referimos pero que todo acompañante de procesos de aprendizaje de la investigación no puede escamotear. En definitiva se trata de educar también para un diálogo interior entre las diversas dimensiones, habilidades y destrezas con las que cuenta la persona del investigador para dar cuenta de las realidades socio-comunicacionales que investiga.

 

8. Entre la rigidez de los formatos de informes y la necesidad de diversificar los lenguajes para dar cuenta de lo investigado.

Finalmente en esta experiencia de sistematización de una experiencia docente en el campo de la enseñanza de la metodología debemos abordar la etapa que confronta al joven investigador con la necesaria comunicación de sus investigaciones. Nuevamente aquí la redacción de informes, la preparación de exposiciones ajustadas a las exigencias de los marcos académicos universitarios le ponen límites y cauces para el dificil trabajo de la comunicación vicaria, es decir, el investigador siente la necesidad de ser fiel a lo que vió y escuchó, a sus percepciones, a las comprensiones y percepciones de aquellos sujetos con los que compartió. Este proceso implica la búsqueda de los lenguajes más apropiados para dar cuenta de lo investigado. En nuestra experiencia recurrimos desde un inicio a los formatos más clásicos y las estructuras sistémicas reconocidas, sin embargo conforme leíamos y escuchábamos en clase los informes encontramos que esos formatos no permitían dar cuenta de un conjunto denso de experiencias que la investigación había suscitado en nuestros alumnos. Fue entonces cuando surgió la necesidad de alentar junto a los marcos clásicos de presentación de informes de investigación la creación de nuevos formatos apelando a una diversidad mayor de lenguajes, muchos de ellos que permitían lo narrativo y la expresión de dimensiones emotivas, estéticas y éticas vinculadas a la investigación. Es así como algunos trabajos son presentados por los propios alumnos en Coloquios de Comunicación que se organizan cada año en la Facultad, otros aparecen en periódicos on line, se presentan videos o relatos fotográficos que dan cuenta de las investigacioness y hasta instalaciones que reproducen en el ámbito del campus universitario la realidad de la vida cotidiana de espacios comunicacionales que fueron objeto de investigación.

Esta experiencia de abir una reflexión sobre el uso del lenguaje en el proceso de investigación y a la vez diversificar las posibilidades expresaivas de nuestros estudiantes nos viene permitiendo que una serie de dimensiones de carácter más subjetivo y creativo puedan asociarse de manera más natural y fluida en el marco del quehacer del investigador, que en tanto comunicador, aprende también a ligar proceso indagador y productos narrativos y audiovisuales para comunicar lo estudiado.

 

Conclusiones:

a)     La enseñanza-aprendizaje de la metodología en una facultad de comunicación social permite abrir un espacio de reflexión y práctica que vincula el proceso de la investigación con el proceso comunicativo, con perspectivas teóricas muy enriquecedoras.

b)     La investigación de los procesos comunicacionales con enfoque cualitativo permite situar al comunicador en una relación comprensiva de los públicos y demanda de él o ella cultivar una actitud y sensibilidad para la observación, la escucha, la empatía y la interpretación.

c)     La práctica de la investigación cuando hace de los procesos, prácticas y medios de comunicación su objeto de estudio constituye un ámbito formativo muy enriquecedor de la identidad y proyección profesional desde el nivel del pregrado.

 

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