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Pero,
¿de qué hablamos cuando hablamos de Interactividad?
Alejandro
Rost
alerost@hotmail.com
Docente
e Investigador en la Universidad Nacional del Comahue (Argentina).
Máster
y doctorando en Periodismo y Ciencias de la Comunicación en la
Universidad Autónoma de Barcelona (España)
Resumen
La
interactividad es un concepto que, a pesar de su juventud, es de
uso extendido. Hoy todos los medios en la Web dicen ser
interactivos, asignando a esta palabra un variadísimo repertorio
de significados. Entonces, ¿de qué hablamos cuando hablamos de
interactividad? Este trabajo es un intento por definir el
concepto, rastrear su origen y evolución, y demarcar sus
modalidades, poniendo énfasis en su aplicación en el periodismo
digital. Concebimos una doble modalidad: la interactividad con los
contenidos (Interactividad Selectiva) y la interactividad entre
individuos (Interactividad Comunicativa).
Palabras
clave:
Interactividad.
Periodismo Digital. Interactividad Selectiva e Interactividad
Comunicativa.
El
concepto de interactividad es de fundamental importancia en el
estudio de Internet y, particularmente, en el periodismo digital.
Hoy todos los medios en la red se ufanan de ser interactivos.
Tanto es así que cadenas de referencia mundial como la CNN y la
BBC incorporaron el concepto como identificación de marca para
sus medios digitales: el periódico digital de la CNN se denomina
CNN Interactive y la BBC Online pasó a llamarse la BBCI (BBC
Interactive)[1].
No
sólo los medios se autocalifican como interactivos sino también
las tecnologías que han ido surgiendo: el cable interactivo, la
televisión interactiva y el CD interactivo,
son algunos ejemplos de ello.
Varios
estudiosos también le adjudican a la interactividad un rol
fundamental en los nuevos medios (Rice, 1984; Rogers, 1986) y
específicamente en los sitios de noticias en la Red (Kenney,
Gorelik y Mwangi, 2000; Dibean y Garrison, 2000; Edo, 2000; Zeta
de Pozo, 2000; Outing, 2002; Pryor, 2002; Díaz Noci y Salaverría,
2003).
Un
último dato que da cuenta de este amplio uso (y abuso) de la
palabra: hoy nueve de cada diez editores de diarios en Estados
Unidos considera que el futuro de la industria depende de
incrementar la interactividad con los lectores, según un estudio
realizado por el Pew Center for Civic Journalism, institución
pionera en el llamado periodismo cívico o periodismo público. El
Pew Center evalúa que se está produciendo un cambio importante
en la forma en la que los diarios definen la cobertura de las
noticias e incluso en cómo ven su misión periodística [2].
Sin
embargo, la interactividad es un término al que se le asigna un
variado repertorio de significados. A pesar de la juventud del
concepto, ya en la década del 80 la francesa Françoise
Holtz-Bonneau advertía que era una “palabra mítica y
maltratada” (Holtz-Bonneau, 1986: 85). Han sido muchos los
autores que han puesto de relieve la disparidad de acepciones que
presenta y las dificultades que genera para definirla (Durlak,
1987; Rafaeli, 1988; Jensen, 1998; Sádaba Chalezquer, 2000;
Schultz, 2000; Dholakia y otros, 2000).
Origen
del término
Ahora
bien, ¿cuándo y cómo surge el concepto de interactividad? Si
bien el uso actual del término abarca a una variedad de
disciplinas, su origen está vinculado con la creación de la
informática y de la telemática (Holtz-Bonneau, 1986; Multigner,
1994). Desde este campo, la interactividad es vista como la
capacidad de las computadoras por responder a los requerimientos
de los usuarios.
Pero
el concepto ha sido abordado también desde otros puntos de vista
que no sólo aluden a esta relación individuo-computadora sino
también al vínculo mediado entre los individuos. Otros autores
de hecho se recuestan más en el ámbito de la comunicación que
de la informática al hablar del origen del concepto, aunque
siempre relacionando ambas disciplinas. “El estudio de la
interactividad es parte de la evolución en la ontología y
epistemología de las nuevas tecnologías de comunicación en
general, y las computadoras como medio en particular”, indica
Sheizaf Rafaeli (1988: 112), uno de los teóricos más influyentes
de la interactividad[3].
Si
bien, como señala Rogers (1986), los medios tradicionales
permiten cierto grado de interactividad, son los nuevos medios de
comunicación desde el teletexto y el videotexto hasta Internet y
la WWW los que han originado el uso del concepto debido a las
opciones selectivas y comunicativas que presentan.
Particularmente, la interactividad está asociada en primer lugar,
a la convergencia de tres sectores: telecomunicaciones, informática
y medios de comunicación (Sádaba Chalezquer, 2000).
En
segundo lugar, está vinculada con la digitalización de los
contenidos en los nuevos medios, lo que abre las puertas a una
manipulación de las distintas morfologías de la información sin
restricciones físicas y casi a la velocidad del pensamiento
(Codina, 2000).
En
tercer lugar, la interactividad se relaciona con un flujo de los
mensajes que se diferencia del predominantemente unidireccional y
monológico que plantean los medios de comunicación
tradicionales. Como destacan muchos autores, los nuevos medios
establecen un nuevo modelo de comunicación (Marchand, 1987;
Silva, 2000). Si pensamos en la nueva interacción
individuos-medio o individuos-contenidos, el flujo es ahora
bidireccional, en el sentido que los individuos preguntan y el
sistema les responde ofreciéndole al lector ciertas posibilidades
de actuación sobre el contenido[4]. Pero si pensamos en las múltiples interacciones entre
individuos que permiten los nuevos medios y, puntualmente, el periódico
digital (lector-periodistas, lector-lectores, lector-lector,
lector-personajes de la actualidad), podemos hablar entonces de un
flujo multidireccional de mensajes[5].
En
las ciencias de la comunicación, el término interactividad
comenzó a utilizarse en forma incipiente en los años ‘70,
cuando surgieron los primeros medios de información,
entretenimiento y servicios que planteaban un cambio notable con
respecto a los tradicionales medios masivos. La creación a fines
de los ‘70 de los servicios de televisión interactiva,
teletexto y, sobre todo, de videotexto fueron construyendo el
escenario para un nuevo modelo de comunicación que venía a
cuestionar el flujo predominantemente unidireccional que producían
los medios tradicionales.
La
primera experiencia de televisión interactiva fue lanzada en el
Estado de Ohio (Estados Unidos) en 1977. El sistema se llamó Qube
y su publicidad sentenciaba: “La era del telespectador pasivo
está acabada”[6].
Los primeros sistemas de teletexto fueron el Ceefax (de la BBC) y
su competidor Oracle (de la ITV), ambos surgidos en Londres en
1976. El primer sistema de videotexto también se creó en
Inglaterra, se denominó Prestel y estuvo a cargo de la British
Postal Service. Los tres medios introdujeron distintas opciones
interactivas de selección y de comunicación en diferentes
grados.
Pero
la interactividad fue relacionada no sólo con medios de
comunicación pública sino también de comunicación
interpersonal, como los sistemas de audio y videoconferencia (Véase
Bretz, 1983). Dentro de los llamados “nuevos medios” (the new
media) que permitían la comunicación interactiva, algunos
autores incluyeron además a canales y soportes tecnológicos como
los satélites, los cables de fibra óptica y las entonces
consideradas “microcomputadoras” (Rice, 1984; Rogers, 1986;
Williams, Rice y Rogers, 1988).
Durante
los ’80, el término interactividad cobró mayor relieve en los
estudios de comunicación. Surgieron entonces las primeras
definiciones del concepto e incluso las primeras investigaciones
que intentaron abordarlo y medirlo en sus distintos grados. Entre
los trabajos de la época que sentaron las bases para una
aproximación al estudio de la interactividad se destacan los de
Rudy Bretz (1983), Ronald Rice (1984), Everett Rogers (1986), Françoise
Holtz-Bonneau (1986), Marie Marchand (1987), Jerome Durlak (1987),
Sheizaf Rafaeli (1988), Frederick Williams, Ronald Rice y Everett
Rogers (1988), Carrie Heeter (1989) y John Carey (1989).
El
afianzamiento en el uso del concepto fue en paralelo a la
consolidación de los nuevos medios que, si bien nunca llegaron a
tener un público masivo, despertaron cierto interés en los
estudiosos de la comunicación[7].
Y la principal característica que diferenciaba a los nuevos
medios de los tradicionales era su (mayor) potencial interactivo,
tanto en lo que hace a las opciones de selección como a las
posibilidades de expresión y comunicación que revelaban un flujo
bidireccional y multidireccional en los mensajes.
A
partir de los años ‘90, el uso del término interactividad tomó
un nuevo impulso con el rápido crecimiento de los servicios que
ofrece Internet y, particularmente, con la creación de la world
wide web. Se realizaron entonces investigaciones más
particularizadas sobre las distintas opciones interactivas que
iban ofreciendo los nuevos medios en Internet (Sheizaf Rafaeli,
1997; Patricia Riley y otros, 1998; Ann Light e Yvonne Rogers,
1999; Tanjev Schultz, 1999 y 2000; Keith Kenney y otros, 2000;
Wendy Dibean y Bruce Garrison, 2000; Adrienne Russel, 2001;
Rosa Zeta de Pozo, 2002) y se avanzó, aunque con distintas
perspectivas, en la definición del concepto de interactividad
(Nicoletta Vittadini, 1995; Lucien Hanssen, Nicholas Jankowski y
Reinier Etienne, 1996; Jens Jensen, 1998; María Rosario Sádaba
Chalezquer, 2000).
A
pesar de estos estudios e investigaciones que hemos mencionado, el
término interactividad sigue siendo hoy un concepto que genera más
dudas que certezas. Y, como ya señalamos al comenzar este
apartado, resulta inexplorado en muchos de sus aspectos.
Hacia
un concepto de la interactividad
Llegados
a este punto, tenemos que preguntarnos ¿de qué hablamos cuando
hablamos de Interactividad? Nuestra propuesta de definición será
la siguiente:
La interactividad es la capacidad
gradual y variable que tiene un medio de comunicación para darle
a los usuarios/lectores un mayor poder tanto en la selección de
contenidos (interactividad selectiva) como en las posibilidades de
expresión y comunicación (interactividad comunicativa).
Hablamos
de capacidad gradual y variable porque, al igual que otros autores
(especialmente Rogers, 1986), concebimos diferentes grados o
niveles de
interactividad. Pero apuntamos además que hay tanto distintos
grados de interactividad selectiva como de interactividad
comunicativa, y que ambos deben tomarse y “medirse” en forma
separada en cada medio.
Nos
centramos en la interactividad que permiten los medios de
comunicación. Otros autores han aplicado el concepto también a máquinas
expendedoras de boletos, cajeros automáticos, e incluso medios de
transporte[8].
Aquí nos referiremos a los medios de comunicación y,
particularmente, a la interactividad que permiten los medios de
comunicación digitales.
Las
posibilidades de selección de contenidos refieren a la capacidad
del medio para responder a los requerimientos del usuario y
ofrecerle un menú de contenidos para que el lector pueda elegir.
O, para decirlo desde el lado del receptor, son las posibilidades
de control que tiene el usuario sobre el proceso de difusión de
los contenidos: es decir, en qué medida, puede éste elegir el
ritmo y la secuencia de la comunicación. De esta forma, el lector
construye su propio camino de lectura, arma su propia linealidad
en la exposición al medio. A este tipo de interactividad con los
contenidos, la llamamos Interactividad Selectiva.
Las
posibilidades de comunicación y expresión aluden a los espacios
que abre el medio para que el lector emita opiniones y pueda
realizar intercambios dialógicos con otros individuos
(periodistas, personajes de la actualidad, otros lectores). Por un
lado, son las posibilidades que tiene el usuario de dialogar,
discutir, confrontar, apoyar y, de una y otra manera, entablar una
relación con otros a través de los contenidos públicos del
medio (comunicación); y por otro, son también las posibilidades
de expresar una opinión individual o dar una información pero
sin buscar deliberadamente un contacto bidireccional o
multidireccional con otros individuos (expresión). Algunas
modalidades interactivas apuntan entonces más que nada a la
comunicación y otras se dirigen sólo a la expresión individual.
A este tipo de interactividad la denominamos Interactividad
Comunicativa.
En
la interactividad selectiva, hay un individuo que pregunta o elige
una opción y el sistema le responde automáticamente; en la
interactividad comunicativa, hay un individuo emisor y otro
receptor que pueden intercambiar roles. En el primer caso, el número
de posibilidades que tiene el sistema de responder es –por lo
menos en la mayoría de los casos- limitado o a veces de una única
manera; mientras que en la segunda opción, la interacción es
imprevisible, es decir las posibilidades de respuesta son
infinitas por las características humanas de los interactuantes.
El diálogo con la máquina conecta a un productor de contenidos
simbólicos por un lado, con otros contenidos simbólicos ya
semantizados, por otro lado; la interacción entre individuos pone
en contacto a productores -o potenciales productores- de
contenidos simbólicos entre sí.
La
interactividad selectiva
La
interactividad selectiva se expresa básicamente a través de tres
propiedades de los sitios en la web: hipertextualidad, documentación
y personalización.
El
hipertexto es sin duda la principal herramienta que tienen los
nuevos medios para crear opciones interactivas de selección. A
través de esta organización multilineal del discurso en la que
el lector va definiendo los caminos de su lectura en diálogo con
la máquina, la red ofrece enormes posibilidades de acceso, gestión
y distribución de la información. Las posibilidades interactivas
de selección en el medio dependerán en gran parte del tipo de
estructura hipertextual y del menú de hiperenlaces que se le
propongan al lector.
Muy
asociado con el hipertexto, los distintos sistemas de búsqueda e
indización que presentan los medios digitales son también una
forma novedosa de recuperar información en bases de datos y de
acceder incluso a capas más profundas en los contenidos. Se
convierten así en una nueva opción de interactividad selectiva.
La
interactividad selectiva se expresa por último también en la
posibilidad de personalizar los contenidos, al poder el lector
seleccionar qué tipo de noticias prefiere que el periódico le
envíe diariamente por correo electrónico.
En
todos estos casos –hipertextualidad, documentación y
personalización- la interacción consiste en que el individuo
“pregunta” y el sistema informático le responde automáticamente.
Se produce
así una transferencia de poder desde el medio al lector, quien
ahora tiene más posibilidades de elegir a qué contenidos
exponerse. Pero su decisión no parte nunca de cero. No es que
pueda decidir sin más los contenidos del medio. La transferencia
no es completa. Por el contrario, su capacidad de decisión
comienza siempre sobre un menú de contenidos ya (más o menos)
predeterminados que ofrece el medio.
Hay dos
factores que influyen en el grado de interactividad selectiva:
1)
La extensión del menú de contenidos. Cuanto mayor sea la
oferta de opciones, mayor será el grado de interactividad que
ofrecerá el medio.
2)
La pertinencia de esas opciones. Cuanto más significativas
sean cada una de esas opciones, es decir cuanto más respondan a
las necesidades del usuario, mayor será también el grado de
interactividad selectiva.
La
interactividad selectiva mueve al usuario/lector a la acción,
quien, moviendo su ratón aquí y allá, navega por las páginas,
provoca modificaciones en textos y gráficos dinámicos, desplaza
objetos, ejecuta audios o vídeos y ordena operaciones de búsqueda.
Esto hace que los medios deban pensar en qué cosas pueden hacer
sus visitantes y no sólo qué cosas pueden leer (Outing, 2002).
La
interactividad comunicativa
La
interactividad comunicativa implica relaciones más complejas
debido a que los actores son los individuos o grupos de individuos
que entran en contacto en contextos diversos. Se contribuye así a
la constitución de las llamadas comunidades virtuales, es decir
esos nuevos espacios de producción simbólica colectiva de mundos
representados y compartidos. “Estamos ante un nuevo escenario de
las relaciones sociales, pero también ante nuevos tipos de
relaciones sociales”, explica Jesús Galindo Cáceres (1997:
12).
Esta
modalidad de la interactividad genera nuevos espacios de
comunicación más ágiles y dinámicos entre los lectores y los
periodistas, las fuentes y los periodistas, los lectores con otros
lectores, los lectores con los anunciantes, y los lectores con los
personajes de la actualidad.
Estas
interrelaciones se establecen a través de distintas opciones
interactivas como los foros, los chats, las cartas de lectores,
los correos electrónicos con la redacción o con periodistas
específicos, las entrevistas en línea y las encuestas[9].
En
cualquier caso, el lector es aquí ya no sólo receptor (activo)
–como en la interactividad selectiva- sino también productor de
contenidos y participa en la construcción de la actualidad. Su
labor puede ir desde la mera elección de una opción en una
encuesta hasta la redacción fundamentada de una opinión en un
foro de actualidad o la publicación de un ensayo en un espacio
habilitado para los lectores. El producto de su comunicación
adquiere relevancia pública o, cuanto menos, semipública (en los
chats), es decir, puede ser leído por otros lectores.
La
interactividad comunicativa puede darse en forma sincrónica (por
ejemplo, en chats o entrevistas online) o en forma asincrónica
(foros, cartas de lectores, correos-e a la redacción). Esta
diferenciación es importante porque determina en buena parte las
características de la comunicación: en un intercambio en tiempo
real, se busca sobre todo el contacto con otros individuos, y la
rapidez en que transcurre todo hace que predominen la fugacidad,
los textos cortos y espontáneos, y a menudo los participantes
presentan identidades cambiadas. Los intercambios diacrónicos son
espacios utilizados también para la comunicación pero más que
nada para la expresión individual; aquí los textos se hacen más
largos y meditados, y las intervenciones suelen ser más
responsables.
También
la interactividad comunicativa se da en distintos grados o
niveles. Pero el grado de interactividad comunicativa es más difícil
de medir que el de interactividad selectiva. ¿Qué intercambio
comunicativo o qué posibilidad de expresión es más interactiva
que otra? ¿De qué factores depende? O, más precisamente, ¿qué
opciones son las que favorecen la construcción de un discurso público
más activo y participativo?
Una
definición bastante aceptada es la de Rafaeli, quien considera
que cuanto más interrelacionados están los mensajes, mayor es el
grado de interactividad. Sin embargo, cuantificar sólo el grado
de encadenamiento de mensajes nos dice poco sobre la calidad de
esa comunicación y puede llevarnos a concluir -por ejemplo- que
el chat es más interactivo que el foro, una opción ésta por
naturaleza más “reactiva”.
El
alemán Tanjev Schultz (1999 y 2000) adhiere en general a los
principios de Rafaeli pero a la hora de comparar distintas
opciones considera más interactivo el ámbito del foro que el del
chat o que el correo-e. Al mismo tiempo pondera positivamente la
participación de periodistas o moderadores en los foros y chats,
el agregado de preguntas abiertas o información de background en
las encuestas, o la publicación extendida (y no limitada) de
correos-e de editores o periodistas. La profesora peruana Rosa
Zeta de Pozo (2002) si bien varía algunas puntuaciones, utiliza
parámetros similares a Schultz para evaluar los periódicos
digitales de su país.
El
grado de interactividad comunicativa depende entonces de diversos
factores que están en concordancia con la definición de
interactividad que adoptemos. En nuestro caso, consideramos que
una opción es más interactiva que otra cuando presenta mejores
condiciones para la expresión y el debate público de ideas. O,
para decirlo de otra manera, cuando más favorezca la participación
activa y crítica de los lectores en la construcción de la
actualidad.
Los
tres factores más importantes que tomamos en cuenta son:
-
El grado de elaboración de contenidos que permite al
lector. En ocasiones el lector participa sin ser consciente de
ello (ránking de noticias más leídas), otras veces elige una
opción entre varias (encuestas) y en otras oportunidades puede
redactar contenidos sobre diversos temas (foros, cartas de
lectores).
-
El grado de trascendencia pública que puedan tener los
contenidos aportados por el lector. Esto depende del lugar que
tienen asignado en el sitio, del espacio que ocupan en la página
y el tiempo que están online para que otros puedan leerlos.
-
El nivel de la discusión y el grado de aportación al
debate público de ideas. En ocasiones, las opciones interactivas
se remiten a la conversación desordenada sobre temas personales o
privados (por ejemplo, chats), y en otras oportunidades favorecen
el abordaje de temas que tienen que ver con lo público y que
permiten una discusión razonada y fundamentada (foros,
entrevistas en línea).
De
esta forma, mayor será el grado de interactividad cuando la opción
permita una mayor elaboración, tenga mayores posibilidades de
trascendencia social y ofrezca un ámbito de discusión de mayor
calidad sobre los temas de actualidad.
Hilando
más fino, hay otros factores que inciden en la calidad del
intercambio: entre otros, el nivel de contextualización que
ofrece una opción interactiva; la participación o no de
moderadores; el nivel de respuesta y compromiso del medio y los
periodistas con los lectores, etc.
Una
dimensión individual y una dimensión pública
Hay
otra distinción que creemos que es fundamental para entender las
posibilidades interactivas del periódico digital. La participación
del lector puede reducirse a una recepción individual, como es en
el caso de la interactividad selectiva, o puede adquirir
relevancia pública, como sucede en la interactividad
comunicativa.
Es
decir, la participación del lector puede limitarse a una
particular recepción interactiva de los contenidos que ya ofrece
el medio (por ejemplo, a través de un recorrido único de lectura
hipertextual, o una recuperación interactiva de contenidos a través
de los motores de búsqueda), o el lector puede añadir contenidos
al discurso público del medio (por ejemplo, a través de un foro
de discusión, una carta de lectores o hasta una encuesta). En
ambos casos, existe un lector interactivo pero el tipo de
interactividad tiene una relevancia muy diferente: en una,
participa sólo en una actitud de recepción y en otra, es también
emisor.
A
la distinción de interactividad selectiva e interactividad
comunicativa corresponde otras dos dimensiones de la
interactividad:
Interactividad de dimensión individual. El lector recibe
interactivamente los contenidos del medio pero esta interacción
no adquiere relevancia pública.
Interactividad
de dimensión pública. El lector participa interactivamente en la
construcción del discurso público de la actualidad que se
moviliza en el medio. El lector es productor de contenidos que
adquieren relevancia pública (Rost, 2001).
Las
dos dimensiones de la interactividad son características del periódico
digital y lo definen como medio pero creemos que la dimensión pública
es particularmente destacable debido a las posibilidades
democratizadoras que genera para el discurso público. Si bien en
el diario impreso el lector puede participar activamente con las
cartas de lectores o comunicándose con la redacción, el periódico
digital tiene la posibilidad de abrir nuevas vías de
interactividad que permiten profundizar esta participación. De
esta manera, el lector ya no sólo busca informarse, formarse o
entretenerse. No es ese lector que sólo puede influir en los
contenidos de los medios por su agregación con otros, es decir
como audiencias que presionan para encontrar en el medio los
contenidos que les resulten más interesantes. En el contexto de
interacción que permite el soporte digital, el lector se puede
transformar en cambio en un ciudadano activo que participa
activamente en la construcción de la actualidad del periódico
digital, ofreciendo una información, dando una opinión,
interactuando con un personaje, requiriendo más información a
los periodistas, dialogando con otros lectores. En todos estos
casos, su participación no se resume en el proceso de recepción
individual sino que se hace pública en el periódico: es decir,
los demás lectores pueden acceder a sus contenidos.
Por último, es necesario hacer dos aclaraciones.
En
primer lugar, la interactividad no surge de un día para el otro
con la llegada del nuevo medio y la digitalización de los
soportes. Por el contrario, tanto la interactividad selectiva como
la interactividad comunicativa se han ido prefigurando en todos
los medios de una u otra manera: desde el clásico correo de
lectores en los diarios impresos hasta los micrófonos abiertos
que suele ofrecer la radio, desde el zapping televisivo a través
del control remoto hasta tecnologías más nuevas como el
videotexto, el teletexto o el audiotex. Todo esto siempre abonado
con la obsesión de los medios por conocer más acerca de sus
lectores, saber sus gustos y preferencias, para poder tener una
relación más directa que le permita cumplir con sus dos
objetivos permanentes de lucro e influencia (Borrat, 1989).
En
segundo lugar, la frontera entre ambas dimensiones se hace difícil
de reconocer en algunos casos debido a que la tecnología siempre
está mediando en la interactividad. Sin embargo, mientras la
interacción del individuo con el sistema remite al lector que está
buscando básicamente contenidos simbólicos, la interacción
entre los individuos alude más bien a los lectores que pretenden
expresarse y/o conectarse con otros individuos.
Conclusiones
En
síntesis, el concepto de interactividad tiene una corta historia
vinculada con la convergencia de telecomunicaciones, informática
y medios de comunicación. Hoy es un término muy utilizado por
los propios medios y también por muchos estudiosos pero existe
una disparidad de definiciones y abordajes.
Por
nuestra parte, concebimos a la interactividad como una capacidad
gradual y variable que tiene un medio de comunicación de darle un
mayor poder a sus usuarios/lectores en la construcción de la
actualidad ofreciéndole tanto posibilidades de selección de
contenidos como de expresión y comunicación.
Concebimos
dos modalidades interactivas: una interactividad selectiva
(individuo-contenidos) y una interactividad comunicativa (entre
individuos). Hemos resumido las características de cada una en el
siguiente esquema:
Modalidades de
interactividad en el periódico digital
|
|
Interactividad selectiva
|
Interactividad comunicativa
|
|
Interactuantes
|
Interacción de los individuos
con los contenidos
|
Interacción entre personas
|
|
En qué consiste
la interacción
|
Un individuo pregunta y
el sistema le responde
|
Hay emisores y receptores que pueden
intercambiar roles
|
|
Previsibilidad de las respuestas
|
Número de posibilidades de respuesta
limitadas
|
Infinitas posibilidades de respuesta
|
|
Dimensión de la interactividad
|
La interacción es de
Dimensión individual:
no adquiere relevancia pública
|
La interacción es de
Dimensión pública:
adquiere relevancia pública
|
|
Papel del lector
|
El lector es un receptor
(interactivo) de contenidos
|
El lector es receptor y
productor de contenidos
|
|
Opciones interactivas
|
Las conexiones hipertextuales, las
modalidades de personalización, los motores de búsqueda,
Gráficos interactivos
|
Foros, correos de lectores, chats,
entrevistas en línea, encuestas, correo electrónico con
periodistas
o
con la redacción
|
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[7]A
mediados de la década, Ronald Rice (1984) reportó 80
servicios de videotexto en el mundo, 35 de los cuales
funcionaban en Estados Unidos. Sin embargo, sólo en Francia
el servicio de videotexto obtuvo un éxito masivo con el
sistema Minitel. Allí se llegaron a instalar 6,5 millones de
terminales que fueron utilizadas por uno de cada cuatro
hogares franceses y por un tercio de la población adulta
(Castells, 1999: 375).
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