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Conflictos
y medios de comunicación: La Guerra en Iraq
Mag.
Isabel Stanganelli.[1]
Universidad Nacional de La Plata - Argentina
Resumen:
Las guerras de nuestro tiempo dependen del poderío militar y la
capacidad de influenciar a la opinión pública. En Iraq
2003-2004, los
medios
de comunicación árabes y occidentales estuvieron y están
enfrascados en una guerra informativa similar a las acusaciones
que intercambian las fuerzas estadounidenses e iraquíes en
guerra. A escala global, los medios de comunicación también
transmiten opiniones que reflejan el estado del debate sobre este
conflicto y sus posibles consecuencias. En esta guerra, una vez más,
los principales contrincantes son los medios de comunicación.
Palabras
clave: Iraq - información - debates
Introducción
La
proliferación de informes, filtraciones y desinformación sobre
la inminente guerra de EEUU contra el dictador Saddam Hussein de
Iraq sigue sin disimulo. Resulta imposible saber, sin embargo, cuánto
hay en ella de campaña de guerra sicológica brillantemente
manejada contra Iraq, y cuánto de abierta confusión por parte de
un gobierno que no está seguro de cuál será su próximo paso.
Edward
Said[2]
“Hoy los medios de comunicación
nos alejan la verdad en vez de acercárnosla, vivimos un estado de
inseguridad comunicacional”
Ignacio
Ramonet[3]
La
teoría de que las guerras de nuestro tiempo dependen tanto de la
envergadura tecnológica de los contrincantes como de la capacidad
de influenciar a la opinión pública, encuentra en los hechos
recientes en Iraq -una vez más- numerosos argumentos a favor.
Esta guerra también puede considerarse como un conflicto entre
una avanzada tecnología militar puesta al servicio de una
doctrina de seguridad y la oposición popular mundial a esa
estrategia política. Esta oposición se evidencia en fenómenos
muy distintos e incluso contradictorios, destacándose:
·
Las redes terroristas globales, para las que Al Qaeda es más
un símbolo de identificación que una estructura operativa.
·
La revuelta latente entre los sectores populares del mundo
islámico, reaccionando a la humillación permanente que perciben
desde “Occidente”.
·
La opinión pública mundial, en particular en Europa y
Estados Unidos, que puede movilizarse contra una guerra
unilateral, realizada sin consenso de las Naciones Unidas.
Estos
son los verdaderos contrincantes en esta guerra. El principal
campo de batalla son los medios de comunicación y entre sus
objetivos figuran: la justificación de las opiniones y decisiones
de los Estados-Parte en la contienda, la conquista de la opinión
pública y la transmisión de la sensación de éxito para elevar
la moral de los combatientes.
Por
ejemplo, la gran noticia para los medios de comunicación
occidentales “la guerra en Iraq ha terminado” -del presidente
de EE.UU. en mayo 2003-, contrastó con la percepción de la mayoría
de los medios de comunicación árabes de que la guerra
continuaba.
Otro ejemplo fueron
las noticias sobre las explosiones que cobraron la vida de
decenas de civiles en mercados de Bagdad en marzo 2003[4].
Los medios árabes atribuyeron las muertes a misiles
estadounidenses, los de Estados Unidos a la artillería iraquí.
De manera similar el ataque efectuado por los aliados en mayo 2004
en las proximidades de la frontera siria para los medios
regionales tuvo como blanco la celebración de un casamiento. Para
los estadounidenses se trataba de un campamento de terroristas
extranjeros ingresando en el país.[5]
Por
otra parte los medios de comunicación, además de información,
difunden opiniones y puntos de vista. En este caso las diferencias
también son de percepción. Gracias a Internet es posible acceder
a textos y opiniones de numerosos analistas del mundo. La gran
riqueza del material que aportan permite alentar el debate y
conocer en profundidad los lineamientos políticos de los Estados
que representan.
1.-
Conflictos y medios de comunicación
Históricamente
se puede considerar a la Primera Guerra Mundial como el hito a
partir del cual se considera que la primera víctima del conflicto
armado es la verdad. Desde ese momento las partes enfrentadas
consideran que el estado de guerra las autoriza a controlar el
contenido de la prensa.[6]
A partir de ese punto se incrementó la percepción de que las
guerras no solo se ganan en el campo de batalla sino en el corazón
de la población -que constituye la retaguardia de los
combatientes- y fueron tomando forma las guerras mediáticas que
observamos actualmente. Es indudable el poder de las imágenes.
Basta tener presente el efecto en la opinión pública mundial de
las imágenes de la niña quemada por NAPALM (Vietnam, 1972), del
marine asesinado y arrastrado por las calles de Mogadiscio
(Somalia, octubre 1993) o de las fotos de detenidos en las cárceles
Abu Ghraib (Iraq) o Guantánamo (en Cuba). Del mismo modo las imágenes
de decapitaciones de extranjeros en Iraq están destinadas a
generar impacto en las sociedades involucradas con las víctimas.
En todos los casos estas imágenes produjeron un vuelco en la
evolución de los respectivos conflictos, de mayor impacto que los
más decisivos avatares de la contienda en el campo de batalla.
Cuestiones
legales
Para
muchos periodistas, especialmente para los árabes, se ha agregado
nueva amenaza: cuando consiguen una información corren el riesgo
de ser sospechados. Uno de los casos más relevantes fue la orden
de detención librada el 5 de septiembre 2003 por el juez español
Baltasar Garzón contra el periodista de Al Jazeera Taysir
Allouni, acusado de estar ligado con la red terrorista al-Qaeda. [7] La extensa cobertura que Allouni dio sobre la guerra
dirigida por EEUU contra Afganistán en 2002 (que incluyó una
entrevista en exclusiva con bin Laden) impulsó la imagen
profesional de Al Jazeera en el mundo. Las acusaciones contra
Allouni incluyen haber portado ciertas cantidades de dinero -que
oscilan entre 1.000 y 4.000 dólares- desde España a sirios que
vivían en Chechenia, Turquía y Afganistán entre 1995 y 1999.
Allouni mantiene que llevó ciertas cantidades de dinero a
familias en Afganistán como una ayuda económica. La orden de
detención también acusaba a Allouni de utilizar su posición
como periodista para conseguir la mencionada entrevista con bin
Laden, si bien esta acusación fue finalmente retirada. La detención
de Allouni es vista por los medios árabes como una agresión
contra todos ellos. Para el editor de Al Jazeera, Ibrahim Helal,
las autoridades españolas querían información que les sirviera
a sus investigaciones. Pero si Allouni -como cualquier otro
periodista- proporciona información sobre sus fuentes deteriorará
por completo la credibilidad de los periodistas de Al Jazeera -o
del medio al que pertenezca- como un colectivo profesional de
confianza.
Las
normativas que regulan la protección de la profesión de ataques
motivados por cuestiones políticas o de seguridad deben ser
perfeccionadas.
Inestabilidad
de contratos
Si
es urgente promover mecanismos que velen por la veracidad de la
información, también es necesaria una mayor protección a los
profesionales de la comunicación, comenzando por exigir una mayor
estabilidad en el empleo. La inestabilidad laboral es el primer
obstáculo y un fuerte mecanismo de presión que favorece la
censura y la manipulación. La observación de la precariedad
laboral que se viene instalando en los medios, por ejemplo
mediante el uso y abuso de los contratos temporales y mercantiles
o la externalización de las actividades, da la clave de cómo se
potencian la debilidad en el empleo y las condiciones laborales en
los profesionales que elaboran los contenidos y la información.
Agilizar
la creación de un observatorio en el ámbito del Estado, en línea
con lo acordado en Porto Alegre, parece una medida tan necesaria
como alentar modificaciones legislativas que permitan el
ordenamiento de las leyes que afectan a los medios de comunicación
y la promulgación de un Estatuto del Periodista Profesional. No
es casual que la desprotección laboral enmarque también trágicos
acontecimientos como los fallecimientos de los periodistas José
Couso[8]
y Julio Anguita Parrado[9],
con precarias situaciones laborales.
Merece
especial mención la necesidad de regular la figura del
"colaborador", reforzando el carácter laboral de su
relación profesional. Esta desprotección de quienes deben ser
garantes de la información, nos advierte también de la
fragilidad de nuestros propios derechos.
Intereses,
censura y autocensura.
Cada
día la información que recibimos está más sesgada y
contaminada, transformada en propaganda y entendida como una
herramienta para desinformar e instrumentalizar a los ciudadanos.
Los filtros y la dificultad para acceder a las fuentes son cada
vez mayores. Los medios difunden noticias falsas o difamantes
creando un mundo virtual, que esconde los problemas reales y
dificulte la reivindicación. Una estrategia muy difundida es la
conocida como “efecto biombo”, estrategia que destaca ciertos
hechos para dejar en planos más postergados los desarrollos que
se desean “olvidar” o “postergar”. Al respecto, ¿es fácil
saber qué está ocurriendo hoy en Afganistán?... por no
mencionar los cientos de conflictos que se están desarrollando
actualmente, algunos muy antiguos y olvidados.
La
tecnología al servicio del espectáculo ha sustituido, en cierto
modo, al periodismo. “Lo que les interesa proteger es que, en el
momento en que se desarrolla el conflicto, haya una unidad
sagrada, la que existió en la guerra de Corea y en las dos
guerras mundiales: dar una única versión y designar como traidor
a todo aquel que aparezca como disidente”.[10]
El
francés Bernard Cassen, -del periódico "Le Monde
Diplomatique"- puntualizó que la gran prensa mundial está
al servicio de las potencias hegemónicas. Cassen defiende la
propuesta del Foro Social Mundial de 2003 que persigue la
objetividad en este tipo de medios. El IV Foro Social Mundial
celebrado en enero 2004 en Bombay sirvió de escenario para
denunciar el papel de los grandes medios de comunicación,
criticados por convertirse en instrumento del neoliberalismo.[11]
Justamente
la diversidad de intereses nacionales mundiales es la que permite
diversificar los puntos de vista a través de diferentes medios de
diferentes latitudes.
2.-
Los medios de comunicación en Iraq
En
el caso de Iraq y hasta el derrocamiento de Saddam Hussein, los
medios de comunicación iraquíes se encontraban bajo un severo
control. Las restricciones impuestas por el régimen de Bagdad a
los medios de comunicación nacionales y extranjeros incluyeron el
cierre de periódicos que no apoyaban al partido Baath. Resultaba
tan difícil el trabajo de los periodistas extranjeros como el
acceso a la información. Eran frecuentes las negativas de visados
a profesionales extranjeros así como las permanentes amenazas de
expulsión y prohibiciones de trabajar.[12]
A
partir de marzo 2003
Los
profesionales de los medios de comunicación que viajan con las
tropas aliadas, “los incorporados” cuentan con una relativa
protección y tienen a su disposición la más avanzada tecnología
que les permite transmitir ‘en vivo'. Pero es difícil que estos
corresponsales informen de manera objetiva. No pueden consultar
otras fuentes y, por muchos esfuerzos que realicen para ser
imparciales, forman parte de la coalición. Por otra parte, su
información no siempre se puede obtener a través de otros
canales.
Numerosos
equipos -como parte o no de los contingentes de combatientes-
trabajan para importantes medios de comunicación y cadenas de
noticias. Suelen estar ligados a la ideología del medio al que
pertenecen y en consecuencia su acceso directo al lugar de los
hechos y sus reales puntos de vista pueden ser obstruidos.
Otros
periodistas y profesionales de los medios trabajan en forma autónoma,
son los “unilaterales”, motivados por la necesidad de informar
en forma independiente y objetiva sobre la guerra y sus
consecuencias.[13]
Estos
profesionales son blancos potenciales. Los bombardeos contra las
oficinas de Al Jazeera[14]
y de la televisión de Abu Dhabi en Bagdad en abril 2003 -a pocas
horas del ataque contra el hotel Palestine, en el que resultaron
muertos José Couso y Taras Protsyuk y el mismo día de la muerte
del reportero Tarek Ayub-, son muestras del peligro que acecha a
los representantes de los medios. Al 30 de junio 2004, 30
periodistas -sin contar cameraman y otros asistentes- han
resultado muertos como consecuencia de la operación en Iraq. De
ellos 21 fallecieron luego de que Bush declarara el fin de los
combates y 8 trabajaban para compañías estadounidenses.[15]
Estos ataques a los periodistas no son únicamente tragedias
personales; perjudican a la democracia y al flujo de información
a través del mundo.[16]
Existen organizaciones como el International News Safety Institute
(INSI) -integrado por más de 100 compañías del sector de los
medios de comunicación, grupos a favor de la libertad de prensa,
organizaciones internacionales y periodistas-, que están ocupándose
activamente para que sean respetadas la seguridad y la integridad
de los periodistas en el campo de batalla.
3.-
Los medios de comunicación en pie de guerra
Una
de las batallas que de forma gradual fue perdiendo la autoridad
ocupante de Iraq es la de los medios de comunicación. La nueva
autoridad ha fracasado a la hora de captar la audiencia iraquí y
los intentos de la coalición para emitir noticias e información
no han sido exitosos. Desde la caída de Saddam Hussein hubo una
explosión de fuentes informativas en el país y las emisoras árabes
por satélite resultaron mucho más hábiles en la producción,
tienen más credibilidad para los iraquíes y son contrarias a la
misión de EE.UU. El Departamento de Estado de Estados Unidos
acusa a los medios de comunicación árabes de ”distorsionar los
hechos” y presentar reportajes ”incendiarios”.
Las
diferencias entre ellos también son de percepción. Los medios árabes
se refieren a los bandos en conflicto en Iraq como las ”fuerzas
lideradas por Estados Unidos”, ”fieles al gobierno” o
quienes se resisten a ”la invasión” estadounidense-británica.
En contraste, Washington proyecta una imagen de sus soldados como
”libertadores”. Por su parte, los ministros de información árabes
decidieron lanzar una campaña de 23 millones de dólares para
denunciar acusaciones de terrorismo en Occidente contra el área.
Los
canales satelitales árabes han evolucionado desde la guerra del
Golfo en 1991, cuando la cobertura estaba dominada por CNN, de
Estados Unidos. Ahora, junto al canal de televisión satelital
qatarí Al Jazeera, se destacan dos canales de Emiratos Árabes
Unidos, Abu Dhabi y Al Arabiya.
Al
Jazeera ha conseguido desbancar a CNN como medio de comunicación
de referencia con los criterios de imparcialidad occidentales y
ahora busca repetir el éxito en Internet. El objetivo no es sólo
complementar el canal televisivo, sino convertirse en la primera
fuente de noticias del mundo musulmán. La cadena aprovecha los
recursos interactivos para intercambiar opiniones con los
telespectadores.
El
secretario de Estado Colin Powell llegó a decir que Al Jazeera
carecía de objetividad. Esta fuente replicó que no representa a
un bando ni a una ideología específica, que hace su trabajo lo más
profesionalmente posible y que no censurará los horrores de la
guerra pues el público tiene derecho a ver todos los aspectos de
ella.
En
esta guerra, los árabes que viven en Occidente también siguen
los hechos a través de los medios árabes. Pero la popularidad de
Al Jazeera no se limita al mundo árabe. Su sitio en Internet en
inglés fue saboteado dos veces en la primera semana de la guerra.
Al ingresar a la página aparecía una bandera de Estados Unidos
con las palabras ”Apoyen a nuestros soldados”. En otros casos
se redirigía a un sitio de pornografía. La audiencia de Al
Jazeera creció 10 por ciento desde el comienzo de la guerra el 20
de marzo, de la cual más de la mitad reside en Europa.
Al
Arabiya, al igual que su competidor Al Jazeera, cubre la información
de Iraq y Medio Oriente con una modalidad que también preocupa a
los occidentales. El secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, acusó
a Al Arabiya de trabajar en connivencia con la resistencia iraquí,
aunque sin ofrecer pruebas que apoyaran estos cargos. El
mencionado canal respondió que sólo refleja la opinión común
de los árabes y los iraquíes sobre EE.UU. y la ocupación: es
decir, la desconfianza, la mala información y el antagonismo.
En
un intento de cambiar la percepción que árabes y musulmanes
tienen de su alianza, el gobierno británico inició una campaña
para contrarrestar la cobertura ”negativa” de los medios árabes
y para ello se decidió que un ministro del gobierno británico
dedicara una hora diaria a entrevistas con representantes de los
medios árabes y de ese modo ofrecer alternativas a lo que
informan otros medios de comunicación. Estados Unidos se prepara
para lanzar un canal de televisión en árabe en Medio Oriente
destinado a defender su imagen. Al Jazeera también se propone
lanzar un canal en inglés que compita con las cadenas
estadounidenses y brinde ”otra perspectiva”.[17]
La
mayoría de los canales estadounidenses utilizan imágenes de los
canales árabes, pero sólo pasan los bombardeos nocturnos. Por el
contrario, el mundo árabe ve imágenes de bajas de ambos
contendientes, que el público occidental rara vez ve.
Algunos
diarios estadounidenses, como The Boston Globe,[18]
se percataron de esta brecha en la información, que ”ayuda a
agravar las diferencias sobre el conflicto”. A pesar que la
cobertura tiende a reflejar la ideología y que la opinión pública
árabe en general se opone mayoritariamente al ataque -y no duda
en expresarlo-, destacados diarios de todo el mundo árabe
incluyen las perspectivas estadounidense e iraquí, e incluso
muestran a las fuerzas aliadas como agresoras y humanitarias al
mismo tiempo.
En
abril 2004 y con la aprobación de la Administración Bush, el
Consejo de Gobierno iraquí cerró las instalaciones en Bagdad de
una de las dos estaciones líderes: Al Arabiya. Además de
establecer un precedente terrible para la libertad de prensa en
Iraq, esto no hará más que empeorar un problema ya de por sí
grave. La censura no hará más que reforzar estas tendencias.[19] La única forma efectiva de hacer frente al problema
es ofrecer una alternativa (o muchas) que dé a los iraquíes y a
los árabes en general acceso a programas informativos creíbles y
de calidad hechos por periodistas independientes.
Como
están las cosas, la guerra de los medios de comunicación
continuará hasta la posguerra.
Caso
puntual: Fallujah vista a través de la información en Internet
El
4/5 de abril 2004 comenzaron los ataques de EE.UU. contra esta
ciudad sunita (50 km al oeste de Bagdad) en represalia por el
asesinato de “contratistas” quemados y mutilados el 31 de
marzo, al parecer a manos de efectivos de la insurgencia armada o
por una multitud encolerizada. Dos días después EE.UU. inició
un bombardeo aéreo contra la ciudad, especialmente contra una
mezquita en Fallujah, donde supuestamente se habían atrincherado
unos cuarenta combatientes de la guerrilla que resultaron muertos,
luego de dar muerte a cinco marines.
Según
datos aportados por los hospitales, más de 600 iraquíes murieron
en los enfrentamientos y la cifra de heridos superaría los 1000.[20]
El teniente coronel de marines Brennan Byrne aseguró que la mayoría
de las víctimas (95%) eran insurgentes. Rafie al Issawi, director
del hospital de Fallujah y principal fuente en el conteo de víctimas,
indicó que la mayoría de muertos fueron mujeres, niños y
ancianos.[21]
La doctora Shara Zaidi, directora del Centro de Derechos Económicos
y Sociales señaló que el personal de los hospitales no puede
desplazarse por miedo a la violencia y que estos centros no podían
funcionar: las operaciones en Fallujah han dejado tantos heridos
que tienen abrumado al servicio médico. Los iraquíes optaron por
enterrar a sus familiares en sus patios y en un par de canchas de
fútbol. Nadie quiere salir a la calle y es demasiado peligroso
desplazarse hasta el cementerio.
Las
conversaciones para alcanzar una tregua en esa localidad -poblada
mayormente por sunitas- transcurrieron en un clima de tensión,
ante la posibilidad de que en cualquier momento se reiniciaran los
combates. Las fuerzas ocupantes dieron algún síntoma de
nerviosismo al afirmar que "el tiempo corre". El general
norteamericano Ricardo Sánchez, jefe de las fuerzas de ocupación,
participó en las entrevistas con los líderes de la comunidad, en
tanto miembros del Consejo de Gobierno provisional actuaron como
mediadores.
EE.UU.
exigía la entrega de los responsables del asesinato y mutilación
de los cuatro estadounidenses y el desarme de los 2.000
insurrectos que calcula que se encuentran en Fallujah. Por su
parte, el ejército afirmó que en la ciudad hay combatientes islámicos
de otros países luchando contra ellos y que con este colectivo no
tiene nada que negociar más que su rendición.[22]
El
viernes 16 de abril, miembros del Partido Islámico Iraquí y
militares y civiles norteamericanos en una base militar cerca de
Bagdad acordaron el repliegue de los soldados de ocupación del
puente que impedía el acceso al hospital de la conflictiva ciudad
de Fallujah y permitieran el trasiego de las ambulancias. Según
fuentes cercanas a las conversaciones, las fuerzas estadounidenses
pretenden con esa retirada proyectar una imagen de interés por
resolver la situación en Fallujah, al ejecutar "una acción
de confianza". El mencionado retiro del puente que da acceso
al hospital de la ciudad y que los francotiradores de las fuerzas
ocupantes desaparecieran de los tejados de las casas ayudó en
gran medida a que mejoraran las perspectivas de una tregua en
Fallujah.
Inmediatamente
después de establecida la tregua, comenzaron los trabajos para
rehabilitar el Hospital General de Fallujah y el traslado de los
heridos y muertos que quedaron atrapados por el asedio. Aunque el
comando central estadounidense ordenó una tregua, el cerco a la
ciudad continuó y el fuego esporádico siguió atemorizando a los
habitantes. En la noche, los francotiradores de las tropas de
ocupación tienen orden de disparar a cualquier iraquí en edad
militar que salga a la calle. Las ambulancias reciben disparos.
Del
mantenimiento del alto el fuego dependía que la policía iraquí
regresara a la ciudad para hacerse cargo de la seguridad. Hajem
al-Al-Hassani, del Partido Islámico Iraquí, declaró que se había
discutido un compromiso por el cual las fuerzas de seguridad iraquíes
controlarían Fallujah, sin la presencia militar de Estados
Unidos. No hubo ningún comentario del lado estadounidense, pero
las partes acordaron en pedir a los ciudadanos que entregaran
armas ilegales, incluidos morteros, lanzagranadas, ametralladoras,
material explosivo, fusiles de precisión, granadas y misiles
tierra-aire”.
La
esperanza puesta en el reorganizado Ejército iraquí para
controlar la situación se desmoronó cuando un batallón entero
se negó a disparar a otros iraquíes. Unos 180 miembros de
unidades de elites iraquíes entrenadas por EE.UU. y desplegadas
en Fallujah criticaron los métodos de las fuerzas ocupantes en la
ciudad y expresaron su voluntad de dejar de combatir: "no
atacamos las mezquitas ni casas". Al enviar al nuevo ejército
iraquí a abrir fuego contra la gente que se supone tendría que
estar protegiendo, Bremer destruyó la escasa esperanza que podía
tener de ganar credibilidad entre una población altamente
desconfiada.[23]
Fallujah
representaba un dilema: si Estados Unidos tomaba la ciudad, además
de aumentar la ya altísima cantidad de bajas civiles, alienaría
a 3,5 millones de sunitas iraquíes de los cuales solamente una
minoría dio su apoyo total a la resistencia armada contra la
ocupación. El castigo colectivo de Fallujah significó que
sunitas educados de clase media de Bagdad, que vitorearon la caída
de Saddam, se convirtieran en firmes opositores a la ocupación.
Fallujah se ha transformado en un símbolo nacionalista. Por otra
parte, a pesar del compromiso asumido por Paul Bremer de consultar
al consejo gobernante iraquí por cuestiones importantes de
seguridad, no comunicó al consejo iraquí la intención de los
marines de sitiar Fallujah.
El
proyecto norteamericano de crear en Iraq el modelo de democracia
árabe se fue complicando día a día. Ya no se trata solamente de
los antiguos militantes del partido Baath de Saddam Hussein, que
fueron los primeros en atacar a las tropas de ocupación. Su
actitud era explicable, pues eran los más afectados con la caída
de su líder. Ahora los enemigos también son los chiítas, la
mayoría oprimida que tendría que haber sido la más agradecida
con la invasión.
La
crisis de Fallujah fue simultánea a la de Najaf. En ambos casos
las tropas norteamericanas se enfrentaron a grupos de combatientes
de la resistencia, en el primer caso sunitas y en el segundo chiítas.
Lo más inquietante para la coalición es que ambos frentes
lograron acercar a las alas radicales sunitas y chiítas[24]
y permitieron a los iraquíes vivir un momento único de unión
nacional y reforzar el sentimiento nacional iraquí contra la
ocupación. Exactamente lo contrario a los objetivos perseguidos
por los norteamericanos. Chiítas y sunitas iraquíes han
encontrado en Estados Unidos y sus aliados "enemigos
comunes".
De
acuerdo a numerosos medios de comunicación -y se destaca Le
Monde- hoy Fallujah se ha transformado en un bastión que
constituye un gravísimo desafío al actual gobierno
“soberano” iraquí.
Algunas
reacciones regionales[25]
La
organización Árabe de Derechos Humanos (OADH) denunció este
viernes lo que calificó de "masacres perpetradas por las
fuerzas de ocupación norteamericana contra los civiles iraquíes",
estimando que se trata de "crímenes de guerra".
"Guerra
abierta norteamericana contra los civiles en Iraq", titulaba
el diario libanés Al-Liwaa, mientras que el periódico árabe de
gran tirada Al-Hayat escribía en su portada: "Día de
masacres en Fallujah" y "determinación norteamericana
de destruir al 'ejército' de (Moqtada) Sadr".
En
El Cairo, el secretario general de la Liga Árabe, Amr Mussa,
declaró que su organización estaba preparada para ser sede de
reuniones entre "las fuerzas y dirigentes iraquíes (...), y
la ONU, los europeos y todos aquellos que quieran escuchar los que
desean los iraquíes".
Conclusiones
En
estos tiempos en que la tecnología hace colapsar miles de kilómetros
de distancia en un momento de comunicación, el creciente papel de
unos medios capaces de transmitir noticias de sucesos en tiempo
real, compite con la influencia de los aparatos de seguridad de
los gobiernos.
Cuando
se habla de guerra, siempre hay un velo de decepción, de mala
información y de manipulación de los medios de comunicación.
Eso explica por qué es crucial tener informaciones independientes
de lo que ocurre en Iraq -antes, durante y después de la guerra-.
Si partimos de la premisa que estar informado es una actividad, en
consecuencia requiere una actitud diligente y activa por parte de
quienes deseen estarlo. No falta información ni el acceso a la
misma. Además de las imágenes, y de la información inmediata de
hechos concretos, se requiere capacidad de análisis y/o acceso a
las opiniones de analistas, para colocar los datos en su
correspondiente contexto.
Los
medios de comunicación constituyen hoy una necesidad social
incuestionable. Como depositarios de un servicio público esencial
deben garantizar el derecho fundamental a la información y deben
ser examinados para exigir que cumplan este compromiso. En plena
era de la comunicación, con un desarrollo tecnológico
extraordinariamente versátil que debe permitir abaratar costos y
ofrecer más inmediatez y mayor flujo de datos, no se puede
consentir que la información este cada vez más controlada y
manipulada. Estos medios, tanto públicos como privados, deben
cumplir con su compromiso social: garantizar la pluralidad, la
veracidad, la independencia informativa y la formación que deben
a los ciudadanos en valores humanos que potencien su libertad.
Así
como es imprescindible que los periodistas y trabajadores de los
medios trabajen de manera profesional y prudente, también lo es
que todas las partes implicadas respeten a los medios y se
comprometan públicamente a garantizar la seguridad de los
periodistas.
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