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La
consolidación de una multicomunidad: ciberetnicidad
Mtra.
Elizabeth Rodríguez Montiel
erodrig@itesm.mx
Dra.
Mónica García Jiménez
pmgj@itesm.mx
Instituto
Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey
Resumen:
El
texto hace una reflexión sobre
qué está pasando en
el ciberespacio una vez que el receptor no es ya solamente
eso, sino que como usuario, como habitante cotidiano de esa
megalopolis, este individuo se está moviendo, transitando y
alterarndo el flujo natural de las informaciones, de los
contenidos que él mismo encontró y que de cierta manera está
recreando.
En
esta época posmoderna existe la pretensión de abolir las
fronteras entre arte y vida, es decir, suprimir la re de la
representación, suprimir la oposición dentro/fuera, eliminar el
telón para poner al espectador en el escenario. Reemplazar la
puesta en escena por la puesta en espacio, abolir el marco del
cuadro e incluso el cuadro mismo como superficie diferenciada. Se
están creando escenarios en donde se llevan a cabo presentaciones
virtuales de lo real.
Las
viejas formas de relación humana, se han evaporado. Los
intercambios culturales antes inimaginables son ahora el pan de
cada día. Esta percepción multicultural que se ha insertado en
la vida cotidiana nos lleva a transformar los parámetros
establecidos del yo y el otro.
Palabras
clave: CIBERESPACIO, IDENTIDAD, COMUNIDAD
“La
tecnología no es ni buena ni mala, tampoco neutral. Es un efecto,
una fuerza, probablemente más que nunca bajo el paradigma tecnológico
actual, que penetra en el núcleo de la vida y la mente. Pero su
despliegue real en el ámbito de la acción social consciente y la
compleja matriz de interacción de fuerzas tecnológicas desatadas
por nuestra especie, y la misma especie, son una cuestión que ha
de investigarse, más que una fatalidad por cumplirse” Kranzberg
“The information age”
En
las dos últimas décadas desde el arribo de las llamadas Nuevas
Tecnologías de Información y Comunicación
se han descubierto cambios históricos económicos, políticos y
sociales sin precedentes. Actualmente la información y la
comunicación forman el eje central establecido dentro del
entramado confeccionado por las estructuras globalizadoras del
mundo. Esta sociedad global y sus procesos son parte esencial de
todos aquellos sucesos
que están impactando en todo el entorno cultural, también
globalizado.
La
globalización, también ha evolucionado hacia una nueva fase
mucho más desarrollada: la mundialización, que rebasa fronteras
geográficas y regímenes políticos y culturales, lo que trae
como consecuencia una transformación en todas sus dimensiones
sociales. Ante este panorama cabe resaltar el punto de vista de
Octavio Ianni (IANNI, 1997:3), quien dice que ese “descubrimiento
de que el mundo se volvió mundo, de que el globo ya no es solo
una figura astronómica, de que la tierra es el territorio en el
que todos nos encontramos relacionados y remolcados, diferenciados
y antagónicos, ese descubrimiento sorprende, encanta y aterroriza”,
lo cual es muy cierto porque aún después de algunos años de que
surgieron algunas NTCI, en particular Internet, el escenario que
se tiene de frente aun cuando no es desconocido, si resulta un
tanto incierto. Las potencialidades de esta herramienta
son conocidas, familiares e incluso cotidianas, pero los
efectos, alcances y consecuencias en los que pueden converger,
resultan aun un poco inciertas.
En
buena parte, el panorama diseñado hacia el nuevo orden económico
universal ha sido soportado por la creación de informaciones y
procesamiento y organización en hiperbases de datos, su transmisión
directa mediante satélites, las herramientas telemática y la
distribución por cable, o por fibra óptica. Se puede decir que
es la parte clara del proceso, sin embargo la información o
mejor, el uso que se le da a ésta una vez que llega al receptor,
es lo que se mantiene un poco alejada de la nitidez de las
primeras fases de esta estructura. Continúa resultando bastante
desconocido qué pasa una vez que el receptor no es ya
solamente eso, sino que como usuario, como habitante cotidiano de
esta megalopolis, este individuo se mueve, transita y altera el
flujo natural de las informaciones, de los contenidos que él
mismo encontró y que de cierta manera está recreando. En este
panorama, no se está tratando de hablar de un orden imaginario o
casi ficcional, como algunos investigadores lo muestran
puesto que estas técnicas que se utilizan desde hace más de una
década y han hecho posible, a través de su lenguaje digital
transmitir todo tipo de contenidos: desde el entretenimiento hasta
la educación y los servicios, son las mismas herramientas que han
transformado la vida cotidiana de una gran cantidad de individuos
así como sus espacios sociales.
Ante
este horizonte, la industria de la comunicación actualmente forma
parte activa en esa construcción de la globalidad. Existe un
punto de vista que dice, incluso que las NTCI y la cibernética
son la base sobre la cual se está edificando este mundo sin
fronteras. Un mundo en donde la información juega un papel
imprescindible como fuente de riqueza para unos, y de conocimiento
y principio de organización para otros. “Sabemos más cosas
con más rapidez. En las sociedades conectadas a los nuevos flujos
comunicacionales, contamos con más opciones de información y
recreación” (TREJO, 1996: 22).
La
importancia que está teniendo la información en esta etapa de la
historia es tan determinante que incluso se le ha denominado como
la “Era de la información”. Una época en donde el
mundo interconectado, ha provocado el nacimiento de formas
innovadoras de ver, de saber, de comunicarse, de divertirse, lo
que conlleva automáticamente a experimentar también con maneras
originales de actuación y de socialización.
“
Estamos entrando –afirma Derrick De Kerckhove (1995:13) - a una
nueva era cultural: la era del acceso instantáneo a cualquier
parte del mundo, la era en la que tenemos la posibilidad de
conquistar, por primera vez en la historia, la libertad de la
comunicación y el libre flujo de la información; la era en la
que todas las culturas podrán enlazarse por medio de la
computadora para configurar una inteligencia colectiva que nos
llevará a cambios fundamentales en nuestras respuestas
culturales, políticas y sociales (...) Es el tránsito de la Edad
de la Razón a la Edad de la Inteligencia...”
De
tal forma se puede decir que las NTCI se están consolidando y
desarrollando como un sistema
mundial de producción y circulación de contenidos simbólicos.
“La automatización, la información y la comunicación
tienden a convertirse en un proceso modular, integrado y
convergente, capaz de elevar la riqueza material y cultural del
pueblo, pero también de convertirse en una amenaza para la
estabilidad social y económica, ya que su equilibrio es sometido
a una inevitable alteración a partir de la introducción de las
nuevas tecnologías” (GONZÁLEZ-MANET, 1999). Estas redes
globales están rompiendo las líneas divisorias de los
territorios físicos de las naciones, con herramientas como
Internet se está verificando y corroborando la idea de este mundo
globalizado. Internet es un territorio virtual en donde todo se
toca y la correlación con todos los eventos es un fenómeno
constante.
Encontrar
información y ocio en el marco de un monitor representa uno de
los fenómenos culturales, intelectuales y culturales más
evidentes de la sociedad actual, se ha hecho ya un hábito el
moverse en un espacio líquido y entre las imágenes, aun cuando
se trata de texto.
Las fuentes de datos representan algo más que una tecnología:
constituyen un principio de organización y un nuevo sistema de
pensamiento asociado al desarrollo de la lógica, la síntesis de
ideas y la capacidad de abstracción. Son una nueva forma de
cultura.
Estos
nuevos territorios, creados por las NTCI, responden a las
necesidades actuales de la sociedad y
su existencia garantiza una particular función social. En
el centro de lo que algunos llaman cultura visual el mundo se nos
presenta en imágenes a través del icono posmoderno por
excelencia: la computadora. Una máquina que ofrece nuevas formas
de construcción de las imágenes, incluso, nos presenta un nuevo
significado del ser humano y de cómo vivir en un mundo
ciberespacial, siendo la pantalla la metáfora más evidente de
este encuentro del todo paradójico. Las NTCI han permitido
originar nuevos procesos de interacción comunicativa, han logrado
amplificar y acumular el saber cultural a la vez que ha modificado
los modelos tradicionales del saber y del conocimiento.
El
mundo se ha convertido en un espacio sin confines, puesto que las
fronteras parecen evaporarse y el conocimiento se desliza hacia
nuevos caminos por los cuales transitar, es entendible pensar que
los ciudadanos han tendido hacia una actitud más abierta de
socialización y han tomado la decisión de moverse, de
trasladarse en un ir y venir continuo desde y hacia espacios del
todo discrepantes.
Si
se habla de cultura mundial, uno de sus elementos característicos
consiste en la resignificación de lo local, en su
descontextualización o desterritorialización a través de su
incorporación al mundo mediático para hacerlo formar parte del
flujo trasnacional de información. Según Renato Ortíz (1994),
en su definición sobre cultura mundial, ésta “… no implica
el aniquilamiento de las partes. Ella debe cohabitar con una
variedad de manifestaciones culturales”.
Actualmente,
gracias a herramientas como Internet se puede transitar por lo
virtual buscar y entrar a espacios que son totalmente simulados.
“Los mundos virtuales son novedosos laberintos,
capaces de engendrar experiencias actuales con el espacio y el
cuerpo. Exigen un esfuerzo de inteligibilidad y un mejor análisis
de las uniones o ligas (según sea el caso) que integran aspectos
y naturalidades, apetencias e indicios, figuraciones y pautas. El
ciberespacio, como nuevo modo informativo, es un satélite de
corredores. De pasillos electrónicos, alimentados desde cualquier
parte del mundo; cada día el número de casas y territorios se
ensancha y por más potentes que sean los binoculares que se usen
para ver sus horizontes, nunca se llega a visualizar ni siquiera
el 10 por ciento de sus cordilleras. A estas alturas nadie se da
el lujo de decir que conoce de forma total Internet. Aunque la
existencia integra del ser humano esté disponible para conocer a
la madre de todas las redes, no se llega ni siquiera a tocar el 15
por ciento de sus costas.” (SÁNCHEZ, 1997:51-52).
A
pesar de ello los moradores de este espacio creen vivir una
experiencia cotidiana y concreta, pensando que conocen
perfectamente los caminos que toman para llegar a sus comunidades,
cruzan mares, rompen fronteras geográficas e idiomáticas, rompen
con el tiempo gracias a los enlaces electrónicos. Sí, la
tecnología ayuda a transportar los cuerpos, en forma de energía,
superando las distancias y el tiempo a través de la dimensión
virtual denominado ciberespacio.
Como
señala Philippe Quéau “los mundos virtuales equivalen a una
verdadera revolución copérnica. Antes girábamos alrededor de
las imágenes, ahora vamos a girar dentro de ellas.
Ya no nos contentamos con acariciarlas con la mirada ni
recorrerlas con los ojos, Las penetramos, nos mezclamos con ellas
y ellas nos arrastran hacia sus vértigos y sus potencias”.
(QUEAU, 1995:11-12). Al producir en nosotros la ilusión de que
podemos entrar, los mundos virtuales invaden nuestra corteza
cerebral, donde imponen sus leyes y sus juegos.
Por
otra parte, la importancia de la imagen en la asimilación del
conocimiento, en la percepción del territorio virtual en el que
nos movemos actualmente es de vital trascendencia. La imagen es la
encargada de representar ese mundo virtual, quizás ficticio que
se reconstruye a través de la misma actividad que ejercen los
moradores de dicho continente. Las figuras con las que se
construye este hábitat expresan la parte palpable, geográfica,
que a través de lo visual permite a los pobladores pasear entre
sus recovecos, buscar y encontrar a otros a través de las ideas y
pensamientos comunes que les son significativos. Se crean vínculos,
se entablan contactos, se trazan lazos comunicativos.
Las
imágenes en el ciberespacio nunca son sólo imágenes y tan sólo
imágenes, meras apariencias. Sus componentes están debajo, detrás,
acá, allá, configurando mundos. No se les puede agotar así tan
fácilmente por lo que requieren de una permanente exploración,
no tanto como simples formas, como por las ideas que representan.
Son capaces de hacernos superar de manera tangible y material,
hasta la misma esencia de su creación.
Estas,
“nos hacen pensar que el mundo real bien pudiera ser una
especie de imagen, cuya idea ignoráramos. En efecto, se van
haciendo cada vez más capaces de borrar las fronteras entre lo
que habíamos convenido en llamar <<realidad>> y lo
que no formaba parte de ella. Lo virtual trae al mundo nuevas imágenes
y nos coloca en ellas. Éstas configuran el mundo a su manera e
incluso lo configuran de nuevo, pero también podrían
desfigurarlo” (QUEAU, op. cit).
La
palabra ciberespacio fue acuñada
por el escritor ciberpunk de ciencia ficción William
Gibson
en su novela Neuromante, para él, el ciberespacio es
"un mundo artificial infinito donde los humanos navegan en
un espacio de información básica. A partir de su acuñación
y en unión con la sensibilidad generada por los mundos sintéticos,
el término ha pasado a ser la expresión común para designar el
espacio inmaterial por donde deambula la información: imágenes,
texto, audio. El ciberespacio es el terreno ficticio que se
despliega atrás del monitor, en las redes, en la coordenada de
los satélites, en las conexiones inalámbricas de los sistemas de
comunicación”. (SÁNCHEZ, op.cit.:39)
El
ciberespacio es un territorio en donde se están formando
comunidades.
Los sujetos que frecuentan estas regiones adquieren presencia real
en estas superficies y trasladan las actividades que realizaban en
el espacio real, tradicional a entornos virtuales. Las
redes están cambiando los modos de comunicación, de trabajo, de
diversión y promueven es paso del mundo virtual al real e incluso
en ocasiones y sin darse cuenta, a veces los paseantes ya
no saben en cuál marco se están moviendo, lo cual es
precisamente lo que se desea analizar en este texto.
El
ciberespacio es una plaza que permite establecer un
encuentro constante con informaciones, lo que constituye el acceso
a un campo distinto del habitual, quizá más conceptual, más
complejo y mucho más amplio. Esta celeridad tecnológica ha
descubierto además un fenómeno de necesidad real de participación,
una urgencia por interactuar en un mundo cada vez más
resbaladizo, impalpable y a la vez pone en práctica experiencias
que tienen poca referencia con aquellas ya conocidas, un sitio autónomo,
plural, diverso, e incluso algunos estudiosos le otorgan algunos
matices de democracia.
El
ciberespacio se presenta como una nueva y continua puesta en
escena constantemente renovada,
no tiene referentes previos: es una perspectiva táctil, se puede
ver en la distancia, oír en la distancia, ese acercarse y
sentirse en la distancia equivale a un cambio en la perspectiva
tradicional de relacionarse, de actuar y de ser. La interactividad es una de las características
fundamentales que sirve de frontera entre los mass media y los
media digitales, lo cual ha provocado la transformación de la
figura del receptor pasivo en el tradicional proceso de comunicación,
en un elemento indispensable del funcionamiento y construcción
del ciberespacio y de sus símbolos,
la cual puede considerarse como una estructura de significados
tejidos por el hombre y en el cual éste está inmerso: una
cibercultura.
Si
bien, el ciberespacio como representación del mundo globalizado,
contiene múltiples zonas particulares, de ahí que se piense que
tenemos un sitio específico para una comunidad interesada, este
fenómeno se está convirtiendo en una nueva forma de existencia,
de estatus que nos otorga distinción, diferencia, exclusividad.
Contar con un sitio en la web equivale a tener un espacio físico
en la realidad, en la localidad, en el mundo global. Este
territorio local conseguido en el ciberespacio, se vuelve vital y
en cierto modo es el que genera expectativas de pertenencia y
referencia. No obstante lo que se está construyendo son fachadas
virtuales
que no son más que representaciones colectivas es una realidad
empírica por derecho propio. Cuando un individuo adopta un rol o
identidad social establecida descubre, generalmente, que de
antemano tiene una fachada particular y cuando quiere adoptar una
tarea que no solo es nueva sino que aún no está
completamente establecida en la sociedad -en este caso en el
territorio virtual en el cual está entrando- descubre que ya
existen varias fachadas establecidas, entre las cuales, el
individuo, debe elegir.
El
problema de la definición de identidad en el panorama actual de
la globalización, es que abarca demasiadas áreas que
indiscutiblemente se entrelazan y que se tocan en un sistema que
el investigador Eric Hobsbawn expone de manera bastante concreta.
Tanto Hobsbawn como otros autores coinciden en que la identidad
puede conceptualizarse de manera amplia, como la pertenencia a algún
grupo humano, en donde actualmente ya se prescinde de relaciones
biológicas tales como los lazos biológicos que unen a las madres
con sus hijos, ya que se trata siempre de una cuestión de
contexto y definición social. Hobsbawn acota que esta definición
es negativa puesto que se declara la situación de miembro del
grupo por exclusión.
Cada
individuo puede identificarse a través de una cantidad bastante
extensa de formas y ser componente de otras diversas
colectividades, se puede afirmar que se goza de una
multidimensionalidad identificatoria, sin que ello represente
renunciar a las demás. En el siglo XX el concepto de identidad al
que más se recurrió es al del estado, en un sentido territorial.
Si se formaba parte de un mapa, automáticamente se adquiría el
estatus de ciudadano de, por lo que el mismo estado exigía
lealtad, compromiso y amor por él.
La
idea de este estado territorial y la identidad que este concepto
otorgaba se vio empapada actualmente por otro tipo de realidades.
Una de ellas es que, de alguna manera los habitantes de un
determinado mapa pertenecen de igual manera a una comunidad o nación,
que de alguna manera no se considera territorial. La otra es que a
veces la unión de estos ciudadanos, habitantes, miembros de
alguna comunidad, la establece una lengua, una cultura, raza o
religión y que a veces son estos los elementos que promueven que
estas etnias
reivindique el derecho a poseer para sí un estado territorial.
En
esta época posmoderna existe la pretensión de abolir las
fronteras entre arte y vida, es decir, suprimir la re de la
representación, suprimir la oposición dentro/fuera, eliminar el
telón para poner al espectador en el escenario. Reemplazar la
puesta en escena por la puesta en espacio, abolir el marco del
cuadro e incluso el cuadro mismo como superficie diferenciada. Se
están creando escenarios en donde se llevan a cabo presentaciones
virtuales de lo real.
Se
están empezando a constituir mundos eminentemente simbólicos que
hacen sentir a las personas parte del equipo constructor del
ciberespacio. Esos escenarios virtuales que se crean constituyen
territorios colectivos en donde los individuos buscan
interactuar y compartir sus experiencias, sus ideas y afinidades
con base en ciertas reglas y normas, en donde buscan existir.
De
ahí que las fachadas pueden ser seleccionadas y, en el
ciberespacio en donde el receptor pasivo cambia las fachadas
pueden ser creadas. Las personas buscarán ser significantes para
otros, de tal manera que cuando interactúen deben saber
transmitir lo que desean expresar. Así este viajero adquiere un
rol en el escenario virtual, a través de su fachada, pretende
moldear y modificar su identidad para adecuarla a la comprensión
y expectativas de la comunidad en la cual se presenta y cuando lo
hace tiende a incorporar las actitudes, las formas de pensar, de
actuar y manifestar los valores acreditados por ésta. Para ser
aceptado el individuo, en ocasiones, encubre o da menor
importancia a las tareas, hechos y motivos incompatibles, creando
de esta forma una versión idealizada de sí mismo y de sus
actividades, dando la impresión, en la comunidad virtual, de que
su presencia en el escenario y la relación que establece tiene
algo especial y único. Tiene que dejar la sensación de que está
relacionado con todos ellos, como diría Goffman (1989) el
individuo –en este territorio virtual—está enseñando las
diferentes fases del sí mismo a la comunidad
y él es el único que sabe el significado de los signos
que emite, creando impresiones para que los otros tengan la
interpretación que él quiere. Es decir el paseante usa máscaras
para interactuar frente a otros, lo que puede ser considerado como
una forma de socializar: un disfraz.
Trejo
Delarbre (1996:41) afirma que existe la posibilidad de que los
usuarios del ciberespacio tomen el rol de actores y no tan sólo
de espectadores de los mensajes que se les presentan, como
tradicionalmente se verificaba. La alteridad de roles remite a la
metáfora del teatro, en donde el público forma parte de la
puesta en escena a la par con el actor dentro del mismo escenario,
o al menos idealmente es lo que se pretende, con la finalidad de
que la distinción entre realizador y observador quede fuera
(BENNET, 1990:10)
Incluso
dentro de los estudios sobre teatro contemporáneo, se dice que la
intención del teatro de participación, aquél en el cual existe
una fusión entre público y actores, se plasma un vínculo tan
estrecho en donde uno pasa a formar parte del otro, lo que lleva a
los mismos orígenes del teatro. “El teatro es un modo
particular de expresión a través del cual una comunidad se
realiza. Y esto no es una metáfora, sino un hecho histórico”.
(CLURMAN, 1991:157).
El
ciberespacio análogamente con el teatro se presenta como un lugar
de reunión de múltiples sistemas de significación y de
comunicación. Es un lugar de debate y de contradicción. El
teatro se manifiesta como un sistema
de comunicación compleja que asume la forma de una mimética
representación de acciones, que se da a través de los
personajes, de la escenografía, vestuario, luces, música,
gesticulaciones exageradas y discursos orales que no por fuerza
debe estar subordinado a los cánones del comportamiento natural
humano. ¿No resulta familiar a lo que sucede en el fenómeno de
territorio ciberespacial?
En
ambos espacios lo que en realidad prevalece es precisamente la
necesidad de expresión, la indiscutible supremacía de
convivencia, de comunicación. Esta actividad, actuación,
intercambio constante de roles, por otro lado, está directamente
ligada a la velocidad con que se conectan los actores a las redes.
Se dice que la velocidad es un atributo ligado a la eficiencia, ya
Paul Virilio hablaba de la importancia de la velocidad del proceso
resultaba uno de los componentes más relevantes del área
ciberespacial puesto que alteraba los mismos roles tradicionales
del proceso de comunicación (VIRILIO, 1997).
En
el campo técnico, el dispositivo internet es también el
encargado de regular la distancia entre un sujeto espectador y la
imagen organizada por el juego de los valores visuales, teniendo
en cuenta el hecho fundamental de que uno y otra no están
situados en el mismo espacio. El cara a cara con los demás
individuos virtuales a través de la pantalla es el nivel previo
de la construcción de la identidad en un territorio
ciberespacial, que si bien parece una línea divisoria, es también
el punto de contacto inicial, se trata de un intervalo adelgazado,
cristalizado, pero precisamente virtual.
El
ciberespacio está en permanente construcción, es un lugar en
donde confluyen de manera irregular infinidad de opiniones y
discursos capaces de construir realidades y atravesar las barreras
del tiempo y del espacio. En el ciberespacio se pueden encontrar
territorios para todas las edades, los gustos, las inclinaciones
en donde podemos estar en tiempo real o diferido, ahí están las
personas interactuando, no de manera física, real,
ya que está de por medio una red, sino en forma de
representación virtual.
Todo
cambio social provoca la necesidad de nuevas identidades, se habla
que el colapso de la estructura familiar ancestral, el cambio de
las formas de trabajo, el desarraigo de vínculos cotidianos entre
lo tradicional, las migraciones, etc., son las razones sociales
que empujan a los habitantes hacia la búsqueda de la identidad
colectiva. Las viejas formas de relación humana, se han
evaporado. Los intercambios culturales antes inimaginables son
ahora el pan de cada día. Esta percepción multicultural que se
ha insertado en la vida cotidiana nos lleva a transformar los parámetros
establecidos del yo y el otro.
El
ciberespacio como representación del mundo globalizado, contiene
múltiples zonas particulares, de ahí que se piense que tenemos
un sitio específico para una comunidad interesada. Este fenómeno
se está convirtiendo en una nueva forma de existencia, de estatus
que nos otorga distinción, diferencia, exclusividad. Este
territorio local conseguido en el ciberespacio, se vuelve vital y
en cierto modo es el que genera expectativas de pertenencia y
referencia.
Esta
intensificación y rutinización e incluso necesidad y dependencia
con lo tecnológico conlleva la necesaria adecuación cultural de
la construcción de la realidad; es decir, el necesario ajuste en
los parámetros de percepción del entorno para que los fenómenos
distantes y distintos que se incorporan a nuestra realidad
cotidiana sean aceptados con naturalidad. En paralelo, este
ejercicio implica identificar los procesos de exclusión que
caracterizan a la sociedad contemporánea.
La
comunicación en un territorio virtual solo podrá integrarse por
la conectividad. Conectividad según De Kerckhove es un estado
humano casi igual que lo es la colectividad o la individualidad.
Es una condición de fugacidad comprendida por un mínimo de dos
personas en contacto entre sí. La red es el medio conectado por
excelencia, relaciones de uno a uno. La conectividad es la
tendencia a juntar entidades separadas y sin conexiones previas
mediante un vínculo o una relación, por lo que constituye un
concepto interesante para seguir analizando.
Jean
Baudrillard, (2001) dice que el mundo virtual es un mundo sin
alteridad, que para formar parte de él, hay que aceptar el código,
que no hay lugar para la singularidad. “En ese mundo, no hay
más remedio que ser abierto. Ya no hay alienación. Se podría
decir que es un progreso absoluto, pero yo no lo creo. Sin duda,
algún día las generaciones culturizadas o inculturizadas por
Internet y por el mundo virtual ni siquiera sospecharán que
existe otro mundo. No les quedará ningún punto de comparación
y, por tanto, no habrá ningún conflicto. Habrá un consenso
total”
Lo
que se está construyendo en el ciberespacio son comunidades
virtuales, y no colectividades como algunos teóricos afirman. ¿Son
las comunidades virtuales metáforas a futuro de lo que serán las
relaciones sociales en un espacio concreto y real?
Por
otra parte, las neocomunidades virtuales son una respuesta social
y simbólica frente a la excesiva racionalidad burocrática de la
vida actual, al aislamiento individualista a que someten las
grandes ciudades y a la frialdad de una sociedad extremadamente
competitiva. A través de ese proceso de tribalización los jóvenes
–y no tan jóvenes-, ven la posibilidad de encontrar una nueva vía
de expresión, un modo de alejarse de la normalidad que no les
satisface y ante todo, la ocasión de intensificar sus vivencias
personales y encontrar un núcleo gratificante de afectividad.
Resulta
sorprendente y paradójico que el plan neoliberal, globalizador u
homogeneizador, como quiera llamársele pretende unificar,
estandarizar, eliminar lo variado, pero a la vez es lo que ha
provocado que lo multicultural, lo multicomunitario se expanda,
ahora hay lo diverso se dibuja en ámbitos anteriormente no
contemplados, lo multiétnico es también un síntoma de este fenómeno.
El
enfrentamiento entre lo global y lo local ha generado nuevos parámetros
para construir la realidad, ha transformado el discurso de lo
cotidiano y está alterando los tradicionales patrones de
identidad comunitaria. La vida cotidiana trasciende en una
sociedad tecnológicamente más vinculada y por eso mismo la
necesidad de fortalecer la identidad exige una revalorización
constante de lo local.
La
comunicación virtual se presenta como rescate del territorio, la
descripción-mostración del laberinto-mapa-proceso de encuentro,
de llegada en una representación de la comunicación humana en un
escenario virtual resulta uno de los espacios proclives para el
desarrollo de investigaciones en el presente. En el ciberespacio
se construyen espacios de encuentro, llámese:
casa-edificio-urbanización, plaza-aldea-pueblo-planeta-galaxia,
se trata de la estructuración de un territorio, una (T) tierra
diferente, neobarroca, en donde la convivencia a partir de
la comunicación de ideas, es el trazado más seguro.
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Cultura, según John Thompson es “el estudio de
las formas simbólicas –es decir, las
acciones, los objetos y las expresiones significativas
de diversos tipos—en relación con los contextos y
procesos históricamente específicos y socialmente
estructurados, dentro de los cuales, y por medio de los
cuales, se producen, transmiten y reciben tales formas simbólicas.”(Thompson,
1993: 149). Como formas simbólicas, los fenómenos culturales
son significativos y, como dice Thompson
estos fenómenos son interpretados de manera rutinaria
por los actores en el curso de su vida,
de ahí que la cultura no puede ser aislada como una
entidad discreta de los demás fenómenos sociales, ya que ésta
no es más que el aspecto simbólico expresivo de todas las prácticas
sociales.
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