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EXPOSICIÓN
A LA TELEVISIÓN DE LA INFANCIA ESPAÑOLA
Amelia
Álvarez y Miguel del Río
Resumen
En
este estudio se han pretendido explorar nuevos sistemas metodológicos
para establecer indicadores para el Análisis de Contextos
televisivos. Se ofrecen, a partir de los indicadores y métodos
convencionales de medición de audiencias y mediante otros nuevos
dispositivos desarrollados al efecto, datos de interés sobre la
exposición de la infancia española a la televisión, los
cronogramas y franjas temporales de consumo, la composición
psico-social del contexto de recepción (visión individual o en
compañía: coviewing), dieta tipo y programas y géneros
consumidos por sexo y edad. Especialmente importante es la
caracterización del tipo de contenidos que caracteriza a las
audiencias infantiles según la intensidad de consumo, lo que
permite caracterizar la dieta de los televidentes ligeros, medios
y masivos de televisión.
El
estudio, al proporcionar los datos y variables puente, abre así
el camino a un estudio de Contenidos en que se incorporen
variables específicas con impacto en el desarrollo agrupadas en
una eventual “developmental rating scale” que integre las
dimensiones y factores revisados y propuestos en el Informe
Pigmalión (CNICE, 2002).
Planteamiento
y objetivos
Actualmente
es muy grande la distancia entre los estudios realizados desde la
perspectiva del mercado audiovisual (estudios de audiencia y de
eficacia publicitaria o de campañas de imagen y opinión) y las
planteadas desde los requerimientos educativos y de atención a la
infancia. No sólo se manejan aproximaciones metodológicas en
buena parte distintas, sino que los datos y las relaciones
perseguidas son diferente carácter. Esto obliga a un esfuerzo,
previo a la puesta en marcha de cualquier observatorio de la
televisión infantil, que desbroce estos problemas: la definición
de las categorías y unidades de análisis relevantes; la definición
de las técnicas adecuadas de recogida de datos; la propuesta de
las relaciones analíticas significativas de cara al desarrollo
infantil. Además, es precisa que, una vez realizada esa tarea, se
proceda a ajustar las aproximaciones, técnicas y datos
proporcionados por ambas perspectivas investigadores; no sólo
para asegurar la validez interna y externa, sino para propiciar la
comunicabilidad entre ambas culturas investigadoras.
Ese
constituye uno de los grandes objetivos de esta investigación. Es
cierto que, al perseguirlo, se logra de paso un segundo objetivo
que es el de proporcionar datos fiables sobre la dieta televisiva
infantil en España. Un campo en el que la información es muy
escasa, dado que la mayoría de los estudios persiguen en general
-legítimamente- objetivos específicos. Pero la acumulación de
informaciones tópicas y específicas no proporciona por acumulación
un marco integrador. Esa es la tarea pues de este primer
acercamiento a una lógica evolutiva de la dieta televisiva:
conocer qué, cuánto y cómo consumen televisión los niños españoles
y establecer en lo posible unas primeras tipologías tanto de los
niños (por ejemplo entre consumidores ligeros, medios y fuertes)
como de los contenidos. Esto permitirá que el Observatorio que
eventualmente se ponga en marcha pueda adentrarse en el análisis
más profundo de los niños y de sus dietas.
Diseño
y resultados
Diseño.
Se han tomado para una población de 439 niños de Madrid y
Salamanca, y de 4, 8 y 12 años de edad, medidas de su consumo
televisivo: para los niños de 8 y 12 años a través de un
cuestionario-parrilla aplicado a los niños de martes a viernes y
lunes siguiente; para los de 8 años a través de un
cuestionario-parrilla a padres el martes y el lunes. Estas
parrillas han proporcionado datos sobre la cantidad y cualidad de
su dieta televisiva semanal y constituyen una innovación en el
procedimiento de recogida de información de datos de audiencia
mediante la técnica de cuestionario (Ver Anexos). Además se han
recogido con un cuestionario contextual a padres datos sobre el
medio cultural del niño y sobre el contexto cotidiano de recepción
televisiva. (Adicionalmente, en un estudio complementario se ha
pasado una escala comparativa a padres y tutores de elaboración
propia sobre comportamiento atencional (CHAD) y una prueba psicotécnica
de atención focalizada y sostenida (TASS). Este estudio
complementario (a cargo del CTDC de la Universidad de Salamanca)
ha permitido la comparación entre los niños con mayor o menor
desarrollo atencional y con mayor o menor consumo televisivo, lo
que también contribuye a perfilar las tipologías de consumo,
pero que no se trata lógicamente en este informe.
Se
ha realizado también un meta-análisis de los estudios de
audiencias existentes, comparando los datos con la muestra
recogida en nuestro estudio, para las edades de nuestra muestra (4
a 12 años). Se han cruzado también los datos recogidos por
nosotros mediante la batería de cuestionarios-parrilla con los
datos provenientes de los estudios audimétricos para la misma
semana controlada, para depurar los desajustes entre la parrilla
programada anunciada por las cadenas y la realmente emitida (los
cuestionarios-parrilla partían de la primera; los de audimetría
de la segunda).
El
cuestionario contextual, realizado especialmente para este
estudio, ha tratado de implementar lo conocido por investigaciones
previas definiendo el ecosistema y actividades intra-hogar y
extra-hogar y su incidencia en el consumo de televisión. El
cuestionario se pasaba a los padres de los niños en los tres
tramos de edad. Se les enviaba a través de sus hijos con una
carta e instrucciones para su cumplimentación. La recogida se
produjo con una respuesta prácticamente plena. Es de resaltar
que, en general, la participación de todas las personas
involucradas en el estudio (niños, padres, profesores y tutores)
ha sido positiva y eficiente, y se ha captado un estado de
conciencia de que estaban ante un problema significativo y
relevante. También es cierto que el proceso de información
previa fue cuidadoso y se les brindaron ampliamente explicaciones
y ofertas de información (sin por ello dar información que
pudiera condicionar las respuestas a los instrumentos de recogida
de datos).
Resultados.
Cuánta televisión ven los niños. Revisión y meta-análisis de
los datos sobre audiencias infantiles. A través de una revisión
de los estudios previos, se ha tratado de alcanzar un conocimiento
evolutivo de los últimos once años y actualizado de la
organización de la industria televisiva y sus repercusiones en la
oferta sobre la programación consumida por el niño. Se han
manejado los datos disponibles y –con el apoyo del Departamento
de Investigación de Antena 3- los aportados por los estudios
audiométricos de SOFRES.
Este
meta-análisis ha permitido definir el nivel medio de consumo
televisivo por edades y los cronogramas de consumo infantil a las
distintas horas del día. En general estos datos responden de
manera bastante fiable a las preguntas básicas que se hace la
opinión pública: cuánta televisión ve el niño español y cuándo.
Cuantitativamente
el consumo medio de los españoles está definido como uno de los
más altos de Europa, como se señalaba en el Informe Pigmalión.
La media de los españoles, establecida por audimetría para 2003,
señala las 3 horas y media: 214 minutos. El verano supone la
etapa de menor consumo para subir en otoño e invierno. Debe
destacarse sin embargo que el consumo infantil es notablemente
menor: desciende una hora hasta situarse en dos horas y media (146
minutos). Mientras los niños de 4 años se situarían en 131
minutos, los de 12 años subirían a 148 minutos, quedando entre
medias los niños de las edades intermedias. Debe señalarse que
las audiencias infantiles son mucho más sensibles al ciclo
estacional con oscilaciones más marcadas según la estación,
pero el verano en lugar de suponer una disminución del consumo,
marca en su caso la estación de incremento (vacaciones). En
general se aprecia el impacto positivo del colegio y de las
actividades de formación como secante del consumo televisivo. A
primera vista, y suponiendo una dieta adecuada, estos consumos no
parecen excesivos según los parámetros internacionales de
estudios sobre desarrollo infantil y televisión. Pero es claro
que una parte de la población infantil se situará con consumos
muy por encima de la media.
En
general los cronogramas muestran la existencia de tres hitos o
crestas temporales diarios (prime time): matinal (punto álgido:
8.30 hs.), mediodía (punto álgido: 14. 35 hs.) y noche (punto álgido:
22.25 hs.); la tarde muestra una bajada gradual desde la cresta
del mediodía hasta las 18.30 para volver a subir desde ahí a la
cresta nocturna. En general, la cresta nocturna desciende muy rápido
pero muestra una parte significativa de niños que ven la televisión
después de la media noche (24.00 hs.). La curva de festivos
incrementa todos sus niveles y tiende a rellenar los espacios
entre las tres crestas, constituyendo una meseta de audiencia
televisiva a lo largo de todo el día sobre la que siguen siendo
visibles las tres crestas.
Otro
dato estructural fundamental para el estudio de la dieta
televisiva es conocer la dieta ofertada. A)
Dieta ofertada. La dieta audiovisual ofertada global está formada
por el conjunto que configura la concurrencia de iniciativas públicas
y privadas de programación emitida. Se corresponde materialmente
con los estudios de seguimiento de las programaciones AVs (tipo
Euromonitor), pero no formalmente, pues los objetivos, las
unidades de análisis, los principios explicativos y criterios de
análisis divergen. Mientras los estudios de programación
audiovisual se centran en los géneros de producto, en los
estudios evolutivos y de cultivo se centran en las características
psico-evolutivas de los contenidos que efectivamente reciben los
niños o sujetos objeto del estudio. Se han establecido así los
minutos anuales de programación infantil emitidos por las cadenas
públicas, autonómicas y privadas desde 1992 a 2003. Se observan
en el estudio movimientos muy definidos en este decenio: mientras
que la media se mantiene aproximadamente estable oscilando sobre
los 70.000 minutos anuales, hay cadenas que muestran un marcadísimo
descenso gradual (Telecinco y TVE1) o estable hasta el año 2000 y
luego un brusco descenso (Antena 3). Mientras que las autonómicas
y La 2 muestran un decidido crecimiento. Canal + crece entre 95-98
para volver a descender desde entonces. La oferta de canales
infantiles existente completa el estudio de dieta ofertada.
La
dieta ofertada tiene sin duda su reflejo en la consumida: el último
decenio se ha dado un incremento de las cadenas autonómicas y
locales y temáticas (de cable y satélite) en las audiencias de
entre 4 y 12 años, manteniéndose las públicas y perdiendo
terreno las privadas. Este cambio deja un escenario en que un
tercio de las audiencias infantiles va a autonómicas y locales y
un cuarto a las públicas. Conjuntamente conforman la mayoría de
la audiencia infantil y están en condiciones de ejercer un papel
determinante en las contenidos de programación (dieta ofertada).
Las privadas y satélite quedan con un significativo 40%. Y
existen razones para llamar la atención sobre estos
posicionamientos estratégicos, puesto que este reparto
cuantitativo será muy sensible a los contenidos: un determinado
programa puede conseguir a nivel cualitativo que una cadena
alcance altos niveles de audiencia infantil en un determinado
horario (caso de Los Simpson).
Resultados.
El ecosistema familiar y la Situación Social de Desarrollo.
El
estudio de la AIMC (2002) realizado entre niños de 8 a 13 años,
sigue mostrando el papel estelar de la televisión en el
ecosistema cultural infantil. Sigue siendo el medio más
consumido; muy por debajo, las revistas, internet (que escala
posiciones año a año) y la radio. Sólo un 7,4 % de niños lee
la prensa diaria. Y pocos más van al cine: el 10,6 %. Esto
confirma la tendencia internacional que muestra que, por lo
general, radio (dentro del hogar) y cine (fuera del hogar) son las
actividades mediáticas más “desplazadas” por la televisión.
Pero
los datos también apuntan, como un hecho significativo en la
dieta global del ecosistema cultural infantil, al papel de la
televisión para homologar y absorber en la infancia la dieta
cinematográfica: el niño ve el cine que cine la televisión.
Todo ello configura una dieta que es sin duda alfabetizada pero de
un modo marcadamente audiovisual. Los datos de nuestro
cuestionario contextual resaltan aquí tres hechos que nos parecen
de la mayor importancia: los niños que ven menos televisión
utilizan más el ordenador, tienen más libros y juegan más con
hermanos e iguales. Los niños que ven más televisión, por el
contrario muestran debilidad en esas mismas tres variables. Téngase
en cuenta que estas variables definen la Situación Social de
Desarrollo del niño en el nivel intra-hogar. Efectivamente, otros
estudios han mostrado (St. Peters, 1993) que cuando el televisor
está encendido desciende la interacción con padres y hermanos.
Existen pues un conjunto de factores sociales (número de hermanos
y de iguales accesibles, red familiar próxima de abuelos, tíos,
etcétera), culturales (libro, ordenador) y ecológicos
(disponibilidad de parques, cercanía de los compañeros y amigos
del colegio) que enriquecen o empobrecen el contexto cotidiano (la
SSD) del niño y que, conjuntamente, hacen más o menos decisivo
el televisor como medio para llenar la vida del niño. Aunque se
ha dicho que la televisión desplaza juegos y deportes, también
es cierto lo contrario: los juegos y deportes (y la accesibilidad
ecológica para ellos) desplazan a la televisión.
En
general, podemos decir que una cultura y un contexto (urbano,
social, familiar, cultural) rico puede incidir en un menor consumo
de televisión. En nuestro estudio ese hecho se muestra con
diferencias altas en consumo televisivo (estadísticamente
significativas) entre los niños de dos colegios de Salamanca; los
niños de uno de los centros, de contexto rico, ven como media la
mitad de programas que los del otro centro.
Pero
incluso cuando se ve la televisión, una de las principales
variables moduladoras para optimizar su impacto con procesos de
mediación en la ZDP, es la de visionado conjunto o coviewing. Los
datos audimétricos (2003, niños de 4 a 12 años) muestran que en
España se siguen manteniendo cotas entre moderadas y altas de
coviewing: entre las situaciones sociales de visionado, sólo un
tercio de los niños españoles ve la televisión sólo; como la
cuarta parte la ve con una persona; y alrededor del 45 % la ve en
grupo más amplio. El coviewing desciende según el niño va haciéndose
mayor: casi el 40% de los niños de 12 años ven la televisión
solos, frente a un 25% entre 4 y 6 años.
Loa
datos respaldan la necesidad de diseñar programas de apoyo al
ecosistema cultural infantil para promover SSD óptimas. La solución
parece que debe ser sistémica y orquestada, tanto en variables
intra-hogar como extra-hogar, sin olvidar las acciones dirigidas a
la familia para el adecuado tratamiento del contexto de recepción
y de las dietas recibidas.
Resultados.
Tipologías de consumo televisivo infantil.
El
estudio define con mucho detalle los programas más vistos,
distinguiendo entre los programas vistos de manera focalizada y
aquellos vistos parcialmente, en atención o visionado dividido.
En general los niños muestran una alta convergencia o consenso en
cuanto a sus programas preferidos. Son apreciables sin embargo
diferencias significativas por la edad, el sexo, y el centro
escolar.
Gerbner
y sus colaboradores (1980) han sostenido que el análisis del
cultivo muestra que la “selección es un mito” y que el
mercado audiovisual tiende a una alta homogeneidad en la dieta
ofertada. Potencialmente, en una dieta ofertada muy diversificada,
la dieta consumida mostraría también una mayor diversidad que la
que se produciría con una dieta ofertada muy restringida y homogénea.
Dada la gran concentración y homogeneidad de la dieta ofertada,
no era por tanto de esperar que se diera una gran diferencia entre
los programas preferidos y los programas más vistos: el efecto
cultivo haría que tendieran a ser los mismos. El estudio recoge
una alta convergencia entre programas preferidos y programas más
vistos.
Una
de las aportaciones más densas del estudio es el conocimiento de
los programas más vistos y de los programas preferidos. Los
programas más vistos establecen un matiz por modalidad (entre
aquellos vistos por completo y los vistos parcialmente, zapeando
entre varios o interfiriendo la visión con otras actividades);
por ello conviene realizar una triangulación -tarea en curso- con
los datos audimétricos que no establecen esa distinción.
Pese
a que como hemos comentado sea muy estrecha la franja de decisión
o selección posibles, en general los programas preferidos
permiten conocer las tendencias del gusto infantil y marcar
ciertas distancias respecto de las creencias de los programadores.
Hemos establecido estas preferencias, además de por programas,
con todo detalle, agrupando los programas por géneros (taxonomía
atendiendo al contenido) y por formatos ((taxonomía atendiendo a
los atributos técnicos y formales). En general, por ambos
criterios, aparecen diferencias muy claras en las preferencias
infantiles. Ello permite contar con pautas claras para el diseño
de programaciones. En la medida en que las diferentes cadenas
orientan sus programaciones también en función de géneros y
formatos, es de esperar, como así ocurre, que ciertas cadenas
sena más preferidas en ciertas edades (la 2 para los niños de 8
años; la 1, Telecinco y Antena 3 para los de 12 años); o según
el sexo (las chicas prefieren infoshows y concursos, mientras que
los chicos prefieren contenedores y deportes; los chicos prefieren
más la 2, las chicas se inclinan más por Antena 3 y Telecinco).
La
producción de los géneros y formatos, al igual que es más
frecuente en unas cadenas que en otras, tiene diferentes
procedencias por su producción (nacional o extranjera). Hemos
analizado también los datos de los géneros y formatos vistos por
los niños para disponer de un conocimiento que puede ser útil a
la hora de desarrollar estrategias culturales y políticas de diseño.
Las
preferencias pues cambian claramente con la edad y están
influidas por el género y por la cultura familiar y el desarrollo
cultural del niño.
Resultados.
Tipologías de consumo televisivo infantil y Trayectorias de
Desarrollo.
Si
se produce un efecto de cultivo, o mejor dicho en la perspectiva
genética y educativa, un efecto evolutivo de las dietas
televisivas sobre las poblaciones infantiles, los niños irán
prefiriendo los programas que vean, aquellos en que son
cultivados. Pero no sólo los programas de televisión, sino
aquellos elementos culturales que compartan las características
psíquicas que los caracterizan (estructura atencional,
perceptiva, emotiva, cognitiva, simbólica, etcétera). Esto
define un círculo funcional de desarrollo: el niño tenderá a
construir sus capacidades de acuerdo a su dieta y elegirá su
dieta de acuerdo a sus capacidades. El resultado sería que para
niños que vean demasiada televisión de determinada cualidad, se
podrá definir una cierta Trayectoria de Desarrollo mientras que
para otros niños que vean menos televisión de otra cualidad se
definirá otra Trayectoria distinta. Es evidente que se puede ver
mucha buena televisión y poca mala televisión, pero en general
la tendencia es la contraria: una dieta audiovisual fácil lleva a
ver mucha televisión y contenidos de acceso fácil; una dieta
simbólica letrada y multialfabética lleva a emplear una mayor
variedad de medios culturales con unos contenidos de acceso más
denso y complejo.
Los
datos de este estudio confirman esta tendencia, ya verificada en
estudios internacionales. Los niños que ven mucha televisión
tienen menos libros, emplean menos el ordenador, juegan menos con
hermanos, tienen más problemas de atención; y en suma, ven
programas de otra orientación (dentro de los márgenes que
permite la escasa heterogeneidad que hemos visto de la dieta
ofertada) en cuanto a sus contenidos y variables psicológicas. El
estudio recoge en detalle el espectro de los programas más vistos
por los niños consumidores ligeros y fuertes de televisión, y
por los niños con alto y bajo desarrollo atencional.
Conclusión
Los
datos de este primer estudio sobre la dieta nos han permitido
avanzar en aspectos técnicos y metodológicos para poder poner en
marcha un Observatorio de la televisión en la infancia en que
pueda entrarse con fruto y definiendo las relaciones
significativas o impactos apreciables en el desarrollo infantil.
La mayoría de las dimensiones, para las que se ha recogido una
gran cantidad de datos (ver Anexos) no están más que exploradas
en sus primeros aspectos. Pero creemos que se abre la posibilidad
de ir proporcionando anual o bianualmente referentes acumulativos
que permitan conocer el paisaje cambiante del ecosistema cultural
en que se desarrollan nuestros hijos.
Este
marco general permitirá a la vez conocer en detalle problemas
específicos y cruciales en el desarrollo infantil, como ha sido
en este caso la exploración especial que se ha hecho del problema
del desarrollo atencional en su relación evolutiva con la
televisión. Cada uno de los grandes factores o funciones psicológicas
con impacto en el desarrollo y la educación (factores cognitivos,
morales, directivos, de actividad) podrá beneficiarse de una
investigación más focalizada a partir del conocimiento básico
que aquí se avanza sobre dieta ofertada y consumida, Situaciones
de Desarrollo y Trayectorias de Desarrollo.
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