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“TOMÁTELAS”: UN PROYECTO RADIAL DE MENORES INSTITUCIONALIZADOS

 

Christian Toldo

Jessica Visotsky

Alicia Torre

 

Resumen

La presencia que tienen los sectores subalternos en los medios de comunicación es prácticamente nula. Su única vinculación es, a lo sumo, como “objeto” informativo (generalmente en las secciones policiales) o de curiosidad, pero casi nunca en el rol de productor de interpretaciones de la realidad o constructora de sentidos.

Consciente de tal problemática desde FM de la Calle[1], radio comunitaria de Bahía Blanca, se emprendió un taller de periodismo radial con chicos tradicionalmente denominados “de la calle”. Producto del mismo surgió el micro programa “Tomátelas”, elaborado en su casi totalidad por los adolescentes (que oscilan entre los 13 y 16 años).

Este proyecto está planteado a partir del encuentro entre la educación popular y la comunicación social.

A través de “Tomátelas” se ha tratado de brindar a ese sector de excluidos –de la sociedad, de los medios de comunicación-, las herramientas necesarias para que puedan, ellos mismos, dar cuenta de su “mundo”. Este proceso implica un corrimiento por parte de los docentes de parámetros periodísticos tradicionales, como por que ejemplo determinar ¿qué es lo informativo?, y también de parámetros morales, como ser: ¿Quién determina que se puede decir en una radio y que no?

Pensar en la democratización de los medios de comunicación es en principio brindarles “aire” a estos sectores: pobres, adictos, mujeres golpeadas, prostitutas, población carcelaria, etc. FM de la Calle ha empezado por los “chicos de la calle”, y creemos que es una experiencia interesante de compartir.

 

 

"Nosotros creemos que la palabra deja huellas,

las huellas marcan rumbos,

los rumbos implican definiciones y compromisos"

Subcomandante Marcos, Chiapas,2003.

 

EL TALLER

Introducción

El presente taller radiofónico está organizado por FM de la Calle (88.30 Mhz) de la ciudad de Bahía Blanca con chicos internados, por disposición del Tribunal de Menores, en el Hogar del Adolescente, institución tutelada por la Municipalidad de la ciudad. Se trata de 5 chicos (Cristian, Maximiliano, Luciano, Matías y Nelson) cuyas edades oscilan entre los 13 y 16 años,

 

Perfil comunicacional

La democratización de los medios de comunicación, la construcción de voces alternativas, el dar la palabra a los sectores subalternos es uno de los objetivos que lleva adelante FM De la Calle, desde su nacimiento hace 15 años. Y es dentro de estos lineamientos que hemos emprendido desde el Colectivo Radiofónico de la radio el taller de periodismo radial con chicos “de la calle”.

Al hablar de sectores subalternos, -sean estos chicos de la calle, prostitutas, pobres, población carcelaria, mujeres golpeadas, u otros sectores desvalidos-, somos conscientes que estamos hablando de grupos sociales que no tienen voz en los medios tradicionales de cualquier tipo. A no ser, como entidad noticiosa (generalmente en la sección policiales) o como mero objeto de curiosidad. En este último caso suelen aparecer en algunos programas de radio, TV, o páginas de periódicos desde la interpretación “oficial” de los comunicadores. Dicha interpretación termina siendo un “descenso a los infiernos” de alguien que, desde la alta cultura (generalmente de clase media alta y que ha tenido posibilidades de cursar estudios terciarios o universitarios), se acerca a situaciones de extrema pobreza y desamparo. Se trata de experiencias en las cuales los periodistas terminan apropiándose de un conjunto de significados generados en esos sectores, en esos “infiernos”, resignificándolos y dándole un sentido diferente al original. Casi nunca es el mismo “infierno” el que nos habla.

También es común que una vez expuestos los mensajes producidos en dichos sectores sean menospreciados desde la estructura moral del conductor de turno, dándole el contexto de interpretación que “noticiosamente” más le conviene. A veces basta con una mirada despectiva o un comentario descalificador segundos después de que el interlocutor se ha despedido telefónicamente o cuando ha concluido el informe.

Consientes de esta problemática es que desde la radio FM De la Calle hemos implementado un taller de radio con chicos que han vivido en la calle. De este taller surgió la experiencia de “Tomátelas”, un microprograma elaborado por los mismos adolescentes que trata de respetar sus voces, sus valores, su moral, y que plantea el debate con relación a quién puede hablar, qué sector lo hace y, en última instancia, bajo que parámetros o controles de autoridad.

En el enfoque comunicacional elegido priorizamos “darle voz a los que no la tienen”. En este sentido se trata de poder apreciar cuáles eran los discursos de chicos que habían sido expulsados del sistema familiar, del de consumo, del afectivo y, por supuesto, del comunicativo.

Así, nuestra tarea involucraba distintos objetivos. En primer lugar brindar la posibilidad de que este determinado grupo pueda manifestar su contracultura, o sea, sus valores, sus necesidades, sus quejas, sus sentimientos, etc. En segundo lugar, brindar a los oyentes de la radio la posibilidad de acceder a esas otras formas de interpretar la realidad, y por lo tanto de enriquecernos con esas otras configuraciones de los fenómenos sociales.

Existe un tercer objetivo que surgió en el transcurso del taller y que fue la contención que el mismo brindaba a los chicos. Desde un primer momento los preceptores y asistentes sociales se sorprendieron de que los adolescentes pudieran estar hora y media en contacto con docentes sin dispersarse en otras actividades o simplemente levantarse e irse; luego nos manifestaron que el proyecto les brindaba un lugar de contención que en otros ámbitos no tenían. Por supuesto que esta tarea no fue programada pero es bueno rescatarla y dar cuenta de las posibilidades que, como institución relacionada a la comunicación, podemos brindar.

Para finalizar debemos acotar que desde un primer momento quisimos priorizar “sus discursos” por lo que tratamos de que nuestro taller fuera, ante todo, un proceso por el cual se les proveían de las herramientas imprescindibles para que ellos produjeran en la forma lo más independiente posible. Por supuesto que estamos hablando de parámetros de intervención de los docentes. Por ejemplo, la orientación en el tratamiento de temas que ellos eligen, los actores sociales más convenientes para entrevistar, la concatenación de las preguntas a realizar, y un largo etc. Además, debemos tener en cuenta que estos parámetros cambian a medida que el taller progresa, ya que, por ejemplo, las entrevistas que antes realizaban en compañía de un preceptor con el tiempo pasaron a realizarlas ellos solos.

Ceder la palabra, enriquecernos con otras interpretaciones, relativizar nuestra visión moral del mundo son los parámetros que han guiado nuestra tarea.

 

Experiencia

El taller se planteó desde un primer momento trabajar con el ritmo propio de un grupo de chicos adolescentes, entre 13 y 16 años. Trabajar a su ritmo quiere decir tener en cuenta la problemática de personas que provienen de hogares desestructurados, que han vivido en la calle –con todo lo que ello implica: violencia, drogas, hambre, condiciones climáticas adversas, etc.-, que se hallan en un nivel educativo por debajo de las expectativas de pares de la misma edad. Por si fuera poco, la institución que los contiene atraviesa un período de reacomodamiento político cuyas consecuencias repercuten directamente en la conducta de los adolescentes.

Por tales motivos fuimos proponiéndonos objetivos a corto plazo. Primero pretendimos hacer un contacto y mostrarles el mundo radiofónico para evaluar si el mismo despertaba interés en ellos. Superada esta etapa se programó el taller en sí, estableciendo primero encuentros semanales[2]. En esta primera etapa se trató de introducirlos al mundo radiofónico, de generar confianza con los docentes, de evaluar aptitudes individuales. Inmediatamente comenzamos trabajos prácticos con el fin de que se desinhibieran a la hora de hablar y de que pudieran establecer diálogos coherentes con el fin que se había propuesto. Paso siguiente empezaron a asistir a un estudio de radio y a grabar pequeñas sesiones radiofónicas: al principio ingresaban al estudio con un docente, el cual dirigía la charla y les hacía preguntas; al tiempo se les dio ejes sobre los cuales hablar y uno de ellos (en forma rotativa) se encargaba de dirigir el diálogo. Finalmente, la experiencia derivó en que partiendo de ejes predeterminados terminaban dirigiendo la conversación a temas que a ellos les interesaba. Este fue un hito muy importante porque a partir de aquí los chicos empiezan a apropiarse de parte del discurso, empiezan a decidir sobre qué temas quieren hablar, qué quieren decir, y hasta utilizan distintos recursos como ser el humor, el canto, los insultos, etc.

La segunda parte fue ya más de producción. Empezaron a salir luego de las reuniones a realizar entrevistas acompañados por docentes, con preguntas surgidas en el mismo taller. La segunda vez que salieron empezaron a repreguntar, o por lo menos eso se desprende de las grabaciones. En la tercera salida se decidieron a salir solos y, si bien las preguntas eran consensuadas con el personal docente, se percibía un alto grado de madurez periodística que les permitía tener cierta iniciativa. A este respecto vale destacar que se encuentran mucho más capacitados para hablar con mayores que con chicos de su edad, con éstos últimos se muestran más avergonzados y es sobre el punto que estamos trabajando en la actualidad.

Finalmente, luego de casi tres meses de taller salió el primer microprograma de “Tomátelas”. El mismo duró unos 10 minutos, se emitió en el programa “Acá Estamos”, el viernes a las 11:30 hs., y fue precedido por “prensas” alusivos y afiches que confeccionamos a partir de dibujos de los chicos.

Este primer programa versó sobre los artesanos de la Plaza Rivadavia: qué pensaban de los chicos de la calle, sin les habían robado alguna vez, si creían que estaba bien que se los llevara la policía, etc. La música seleccionada fue la denominada Cumbia Villera. Para la edición, la cual ellos no pudieron presenciar[3], se trató de respetar los temas musicales que ellos eligieron.

 

Programación

Tentativamente hemos planificado unos 10 temas que corresponden cada uno a un programa unitario. Dicha planificación está supeditada a que pueda seguir llevándose a cabo el taller ya que la problemática institucional, y la de cada uno de los chicos en particular, hacen que las actividades muy a nuestro pesar, no siempre puedan llevarse a cabo.

1. Los artesanos de la plaza Rivadavia. (ya emitido)

2. Los chicos hablan sobre ellos (vivir en las calles, alimentarse, hurto). (ya emitido)

3. Que pienso ser cuando sea grande (sueños). (ya emitido)

4. Los chicos reciben las críticas (familiares, amigos).

5. El trabajo de los chicos en la calle.

6. Los chicos y el sexo.

7. Las drogas (que consumen, donde lo consiguen, valoración sobre las drogas).

8. Los chicos y la cultura (análisis crítico de las letras de la Cumbia Villera).

9. La Autoridad (qué piensan de los preceptores, de los docentes del taller, de la policía, etc.).

10. Opiniones sobre la guerra.

11. Los chicos entrevistan a amiguitos.

 

CONTEXTUALIZANDO LA EXPERIENCIA

La infancia y las políticas estatales

"En esta ocasión, como en tantas otras, salta a los ojos la agudeza de una observación de Marx: cuanto más quebrantado se halle el orden de cosas existente, la ideología de la clase gobernante se penetra más de hipocresía. El estado burgués no sólo dejó correr algunas lágrimas sobre la desgraciada causa de la infancia, sino que echó sobre "el abandono culpable de los padres" la responsabilidad de lo ocurrido. ¡Cómo si antes de decidirse a "proteger" con leyes nunca cumplidas el desamparo de los niños obreros, no hubiera sido esa misma burguesía la que destruyó primero las antiguas condiciones familiares". (Ponce; 1950:240).

 

Las que anteceden, eran palabras de Aníbal Ponce -citando a Marx- en la década de 1930 en la Argentina. Poco agua ha corrido bajo el puente desde entonces...

Respecto de la Protección de Menores, la organización jurídica de la República Argentina se funda en el año 1919, con la Ley de Patronato de Menores (Ley Agote), esta ley implanta la "función tutelar" que será ejercida por los Tribunales de Menores. Esta función se organiza alrededor del concepto de abandono y de otros aspectos vinculados al potencial "riesgo social"; evitando la agudización de situaciones que pongan en peligro el desarrollo y supervivencia de los niños, en su aplicación, la legislación institucionaliza -tiende reclutar según Bisig a menores que pertenecen a núcleos familiares que sobreviven en condiciones altamente precarias (Bisig; 1996; 1997, Bisig-Laje; 1996). Esto es, familias con estabilidad precaria en cuanto a su composición, viven en viviendas precarias, en condiciones de hacinamiento, con carencias en infraestructura básica, la inserción laboral de las familias es inestable, son desocupados o provienen de ocupaciones no calificadas.

Ante la niñez "carenciada", "desamparada" o "desviada", se prioriza la reclusión y separación de la familia, grupo de crianza y grupo de origen con la sustitución de las funciones familiares, "protegiendo" a los menores de aquellos padres y ámbitos que no pueden hacerse cargo o contenerlos en su crianza... (Bisig; 1995: 1). Una ley "sancionada para lograr un control social sobre los inmigrantes anarquistas a través de sus hijos, y a la que hoy apelan algunos jueces para separar a los chicos desnutridos de sus padres" (Amorín; 2004: 2).

Si bien Argentina ha sancionado la Ley 23.849 aprobatoria de la Convención sobre los Derechos del Niño en 1990, aún no se han realizado modificaciones de la legislación del país. Sobre estos ámbitos de Protección del Estado -los Tribunales y Consejo- se está desarrollando una importante línea de investigación. El planteo desde los especialistas es que,

"la institución judicial y asistencial se orienta a resolver individualmente la situación de los menores, mediante la internación de los mismos, prescindiendo de considerar que los problemas que motivaron su intervención afectan al grupo familiar en su conjunto, por lo cual no intentan acciones dirigidas a restaurar la situación familiar ni a reconstruir los lazos afectivos intrafamiliares, sino que más bien apelan al desgaste de la relación materno-filial, mediante la separación, la limitación de visitas, etc. lo cual, finalmente, provocará la ruptura entre padres e hijos" (Bisig; 1995: 1).

Afirman asimismo que los derechos son infragmentables; esto es, que no puede haber chicos que estén viviendo cierto bienestar material si sus papás están muy mal (Rosenfeld, M, citado por p. 9)[4]. Según Bisig, se ignora el contexto del núcleo familiar y la globalidad del problema (Bisig; 1996; 1997; Bisig-Laje; 1996), esto es las condiciones materiales de existencia, las causas del problema, que subsisten. El juez sanciona a los padres por situaciones que las familias por sí solas no pueden resolver, situaciones ligadas con la condición de pobreza (Bisig; 1996; 1997; Bisg-Laje; 1996). Las medidas de protección adoptadas niegan, según esta autora el derecho de los padres a recibir asistencia del Estado para criar a sus hijos y lesionan su derecho a conservarlos dentro del seno familiar, convirtiendo al menor en un bien social sobre el que se puede "disponer", "desplazar" y "delegar", ante el "incumplimiento" (por lo que quedan fuera de las garantías jurídicas) (Bisig; 1996; 1997; Bisig-Laje; 1997). Señala Bisig, como necesidad insoslayable, la implementación de una política jurídica que considere a los menores y a sus familias como sujetos de derecho y titulares de plenas garantías jurídicas (Bisig; 1996;1997), tal protección no puede concebirse según los estudiosos del derecho hoy, a partir de la fracturación del núcleo familiar, sino a partir de su fortalecimiento y de las redes de solidaridad social. Es imprescindible pensar en las familias como "capacitadas" para elegir sus destinos y sus estilos de vida, a lo que el estado debe apoyar y solidarizarse.

Muchos especialistas del derecho sostienen que la intervención del Estado, tal como hoy está planteada, es un daño irreparable, un testimonio de ello es el caso de niños institucionalizados por la Justicia a los 9 o 10 años y juzgados a los 17 por delitos graves.

Los niños y adolescentes (los menores) con quiénes hemos compartido la experiencia son las víctimas más "agudas y evidentes de un sistema económico-social injusto" (Carli; 1994:135). Los niños pobres trabajan. Trabajar es pedir, también es abrir puertas, también es robar. Es muy angosto el límite por el cuál los niños se transforman primero en "violentos", luego en "delincuentes" y en "peligrosos" -concepción hegemónica de la infancia pobre en el presente-.

El concepto de infancia es una categoría histórica que se fue configurando en el interior de las luchas de sectores sociales, políticos y educativos. Sandra Carli, realiza una historización de esta categoría, (Carli; 1994) señalando que la significación dada a la niñez por las  posturas liberales del siglo XIX, tuvo que ver con "la educabilidad" de los niños sin discriminación de origen social, dando especial importancia a las instancias tutelares y mediadoras del niño (familia-escuela-parroquia-Estado); la escolarización es considerada el factor de homogeneización, con la categoría alumno se neutralizó a los niños y niñas de distintos orígenes (era especial la preocupación por los hijos de los inmigrantes). En la misma época coexistieron posturas que reconocieron de modo diferente al niño, sus derechos y necesidades, son vistos como sujeto colectivo desde el punto de vista educativo, y valorado el libre desenvolvimiento y la espontaneidad del conjunto de los niños, planteando el "gobierno propio" como propuesta pedagógica (Carlos Vergara, de la Escuela Normal de Paraná, Inspector del Consejo de Educación) (Carli; 1994: 142). Las sociedades populares (tanto religiosas como vinculadas a partidos políticos o fomentadas por el Consejo Nacional de Educación) tuvieron una gran preocupación por la niñez, concibiéndola tanto como objeto de protección, como agente educable, o como experimentadores y productores de servicios a la comunidad; las mujeres de la oligarquía y sectores católicos concibieron a la infancia desde la beneficencia, vista como objeto de asistencia y protección, como producto marginal de la sociedad (niños huérfanos, enfermos, abandonados); finalmente las mujeres feministas concibieron a los niños obreros como sujetos de derechos, y denunciaron en principio el trabajo infantil, logrando la ley de reglamentación del trabajo de mujeres y menores (proyecto presentado en 1903 por la Gabriela Lapierre). En 1916, refirió acerca de los niños en el texto "El menor obrero" Carolina Muzzilli, militante socialista argentina, nombrándolos como niños sin derechos(Carli; 1994: 137). A lo largo de todo el siglo XX se dieron rupturas en la concepción de la infancia. Sujeto de atención por las políticas del estado de bienestar a mitad del siglo, y sujeto de derechos, plasmados en las legislaciones internacionales del última mitad del siglo. En el presente asistimos a un momento en que si bien a la infancia la asisten derechos consagrados en pactos internacionales, la niñez pobre es vista como peligrosa, y esto se refleja, por ejemplo en las grandes presiones por bajar la edad de imputabilidad de los jóvenes. Los chicos de "Tomatela" debatieron en un programa acerca de estos proyectos. En su preparación, y en los comentarios del programa nos sorprendieron afirmaciones que significaban con cierta inexorabilidad este "destino", sólo que recién a los 18, no antes.

 

La palabra y las experiencias

En la calle los chicos tienen que sobrevivir y eso implica una relación muy tensa con el mundo de los adultos. ¿Quiénes son los adultos? la policía, el dueño de los locales de video juegos, la gente que baja de los taxis, que va caminando por ahí, la gente a la que les piden comida o monedas... Los chicos decidieron entrevistar a los adultos, en la calle, qué piensan los adultos de los chicos que están en la calle. Recordamos un día, preparando el taller, uno de los chicos refirió conmovido que una mujer en la calle, le dijo "Por qué no vas a trabajar en vez de pedir, nene"... Consideramos que ante la ausencia de espacios para la "palabra", para expresar los sentimientos, los niños lo manifiestan con hechos, con actos, a través de "conductas desadaptadas", llega un punto en que a los no les importa nada, sienten que no tienen nada que perder; y esta situación es un claro producto de la violación prolongada y sistemática de los derechos de la infancia (Arias, en Amorín; 2004: p. 9).

Nuestra intención fue que se genere en la radio un espacio donde los chicos que han vivido y viven día a día la experiencia de la pobreza, se expresen y construyan un lenguaje propio, y simultáneamente, generar en la sociedad la necesaria escucha de los menores en situación de extrema pobreza, considerarándolos de este modo sujetos "de la palabra" y no meros objetos de la palabra nuestra. Han dado a procesos semejantes la denominación de "empoderarse", o el neologismo "empablabrarse" (De la Peña Martínez; 2004).

Pretendimos con esta experiencia promover “espacios de producción de significados”, en los que reflexionar colectivamente acerca de sus condiciones de vida, de sus experiencias y de las vivencias subjetivas de tales condiciones materiales de existencia, asimismo promover la reflexión acerca de las causas. En alguna medida la intención fue promover la reflexión sobre la experiencia para que a partir de este "poner en palabras" los chicos puedan dar significado y en el intercambio con los coordinadores y sus compañeros puedan llegar a comprender la dimensión social de la problemática social del vivir la exclusión social, en un sistema económico generador de cada vez más enormes desigualdades, que se materializa para los niños, en el "estar en la calle". En otra experiencia comentaban que también la intención era que puedan "comprender la dimensión social del abandono, la situación por la que atravesaron sus padres... Cierran esa herida de dolor enorme cuando comprenden que no fue algo patológico contra ellos”. (Sobre la experiencia Pelota de Trapo, en Amorín; 2004: 9 ). Fue nuestra intención que puedan entender la problemática "individual", en su dimensión social y a partir de aquí hacer de esta "adversidad", una oportunidad, un motivo para superar lo que les está pasando (Amorín; 2004: p. 9).

Retomamos los planteos de Vygotsky, para quién la función primaria del habla es la comunicación, las relaciones sociales, en interrelación con la función intelectual del lenguaje (Vygotsky; 1995). El "significado" de las palabras une ambas funciones del habla. Para Vygotsky, el significado de la palabra es no sólo una unión de pensamiento y habla sino una unión de pensamiento generalizador e intercambio social: de pensamiento y comunicación. Para Vygotsky, el verdadero entendimiento y comunicación deviene "con la generalización y dominación conceptual de mi experiencia" (Vygotsky; 1995:54). Es mediante la producción de significados, por el habla, que se desarrolla el pensamiento. "La palabra es causa, medio y fin: a partir de ella, a través de ella y orientados hacia ella es que nos comunicamos... es el puente que nos conecta, que nos hace transitar de una a otra persona, aún cuando monologamos" (De la Peña Martínez; 2004: 2004). Maxi, en un monólogo en el que reflexionaba acerca de los derechos del niño, acerca del derecho a tener un hogar, dialogaba con sus experiencias, con la falta de abrigo, de alimento, con las personas que lo han cuidado; entraba y salía de sí mismo, entrando transitando hacia otras personas y hacia nosotros. En ese monólogo él estaba dialogando.

En lo que duró el taller los chicos crearon un lenguaje propio y diferente, que conjugó multiplicidad de voces, los chicos pudieron representar a "los otros" por medio de un discurso "polifónico" (De la Peña Martínez; 2004), ya que las voces de ellos, se entrecruzaban con las de sus entrevistados, con las de "los adultos" con quiénes se encontraban estando en la calle, con las de sus madres, con las de otros chicos como ellos, con las de los funcionarios que disponen las leyes que los asisten. Las voces de ellos eran otra voz en un coro de  muchas voces, pluralidad discursiva que los mismos chicos fueron imaginando y construyendo en cada uno de los talleres, en el diálogo, en el intercambio de la palabra (De la Peña Martínez; 2004), una lógica fragmentaria que intentó a través de la metodología de taller empleada traspasar la lógica autoritaria bajo la cual funcionan y son controlados los discursos en las instituciones (Foucault citado por De la Peña Martínez; 2004).

En las entrevistas hicieron preguntas, preguntas se hicieron a sí mismos el primer día...

Preguntaron mucho en las entrevistas ¿les da lástima que la policía se lleve a los chicos?, ¿los chicos les han robado?... ¿qué piensa de que haya chicos en la calle?... A través del diálogo, de las preguntas, de las respuestas, los chicos se miraron con los ojos de los otros, del mundo. En el hablar -o "apalabrar"- se da el compromiso, la entrega, el intercambio y la reciprocidad: los chicos dieron su palabra, los entrevistados entregaron, intercambiaron la suya. Esta práctica tradicional y popular fue puesta en práctica en un medio de comunicación de masas por los chicos.

La realidad tiene que ser dicha, explicada, hablada y pensada desde nosotros. Hacernos visibles mediante la palabra, hacer oír las voces subalternas. Asimismo pensamos en la necesidad de expresar necesidades, sentires y pensares, y pensar juntos a partir del deseo, y proyectar y concretar este proyecto de modo colectivo, asumiendo que lleva tiempo, compromiso y trabajo grupal. Nos conmovió un taller en que nos hacíamos entrevistas entre todos para practicar, y al preguntarles a los chicos que "sueño" tienen, con qué sueñan no decían nada, no pudieron expresar un deseo.

Nuestra intención es que un medio de comunicación de masas, tal como lo es la radio, no promueva, tal es la experiencia generada por los medios masivos en general, la desintegración de la experiencia individual y de la capacidad de producir relatos[5].

Disentimos con las posiciones que diferencian entre alta y baja cultura, provocando el rechazo a la "cultura de masas". Dichos productos culturales deben ser analizados en su complejidad. En este punto, la categoría hegemonía nos ayuda a reflexionar acerca de la cultura en tanto modo concreto de acción social y material (Williams; citado por Zubieta; 2000:147. A través de la misma, el dominio es asegurado por la dirección cultural y no por la fuerza o por imposición ideológica. Gramsci planteó con esta idea cómo el bloque dominante asegura su domino sobre los procesos económicos, transformando y renovando la forma de vida, costumbres y conceptualizaciones, los distintos productos culturales (que deben ser analizados en su interconexión: diarios, revistas, música, ficción, etc.) y aspectos de la cultura popular. Logra el dominio, con el consentimiento de las clases subalternas a través de la construcción del consenso.

A partir de este marco teórico, entendemos que la oralidad al servicio de la producción de relatos propios puede contribuir a la búsqueda del sentido de la historia. En este sentido hemos instado a los chicos se pregunten acerca de sus historias familiares. Propusimos la entrevista a la abuela de tres hermanos que tenían a la misma como un referente importante, los chicos comentaron que la abuela hablaba la lengua mapuche, que había venido del sur, de Río Negro tal vez. Esta entrevista no se concretó por la interrupción de la experiencia.

En Tomátela, los chicos han elegido la música del programa, siendo la "cumbia villera", la música elegida mayoritariamente (en menor medida escuchaban Los Redonditos de Ricota, o Bersuit). Consideramos que es preciso leer este fenómeno de la "cumbia", tal como Eco la analiza entre otros "objetos concretos" en "La música y la máquina" (Zubieta; 2000:125); él sostiene que "el moralista cultural" identifica la aparición de nuevos fenómenos políticos, sociológicos y estéticos y que luego intenta peligrosamente descubrir causas, efectos a largo plazo, particularidades de funcionamiento estigmatizándolos entre los aspectos negativos de una sociedad masificadora (citado por Zubieta, 2000: 126). Eco le imprime al problema una lectura política de "oscilación" entre las posturas apocalípticas (surgen de las lecturas "sobre" la cultura de masas) y las integradas, (que surgen de lecturas "de" la cultura de masas), de Adorno y Benjamín respectivamente (Zubieta;2000:127).

Eco entiende que la difusión del disco contribuye a la universalización del gusto, está pensada para consumirse y envejecer pronto, puede contribuir a embotar la sensibilidad y a reducir la música a un objeto de complemento de actividades domésticas y no de "audición consciente", alienta cierta pereza cultural y desconfianza hacia la música insólita. Por otra parte, dada su enorme difusión, extiende el aprecio musical (Zubieta; 2000:126). A partir del análisis colectivo de las letras musicales que escuchan los chicos de "Tomátela", por el que pretendimos hacer visible "el proceso de significación" [6](Hall, citado por Zubieta; 2000:161) frente al modo como son significados los objetos (por el que el proceso de  significación deviene en afirmaciones descriptivas, por ejemplo sobre el consumo de drogas, o sobre el robo), pudimos apreciar también que esta música da lugar en alguna medida a la integración de la experiencia subjetiva y colectiva, y -también en alguna medida-, permite a los jóvenes apreciar y reproducir relatos que tienen que ver con sus experiencias de clase.

Dice la letra de "Entre rejas", según uno de los chicos "que la mamá murió de soledad porque él estaba en la cárcel". En el caso de chicos que produzcan letras, que tengan grupos de cumbia (no es el caso este), la cumbia resulta tal vez, el medio para "producir" relatos propios. Los dos territorios del procesos ideológico se articulan: el de la recepción cultural y el de la producción cultural (Hall, citado por Zubieta; 2000: 160).

No sólo la música, también desde textos literarios intentamos favorecer que los chicos puedan apreciar relatos que tengan que ver con sus experiencias de clase, promoviendo tanto la imaginación como estimulando a producir sus propios relatos: los chicos leyeron y compartimos "Hay un niño en la calle", de Armando Tejada Gómez y "Las nanas de la cebolla", de Miguel Hernández, entre otras producciones literarias. Nos sorprendió ver la recepción de tales poemas por parte de los chicos, que pudieron significar estas producciones desde sus experiencias.

Los chicos participaron del proceso de difusión del programa, diseñando el afiche, bocetos también significados a partir de sus experiencias y sus vínculos.

Cuando discutieron acerca de ¿por qué querían hacer el programa? refirieron a que quieren aprender y enseñar lo que saben, que quieren hablar, hacer entrevistas, manejar equipos, escuchar música o simplemente porque es interesante y es entretenido. Señalaron que quieren que las madres, abuelas, hermanas, primas, y amigos los escuchen. En principio los referentes son mujeres, y abuelas y madres en especial. Quieren que "vean que yo aprendí".

Ante todo las preguntas del para qué, cómo y con quién formuladas por toda práctica de educación popular es planteada en este espacio comunicacional: ¿cómo, con quién y para qué dialogar?

En esta experiencia la pluralidad en las miradas también tuvieron que ver con el diálogo entre la educación y los medios de comunicación, en este sentido nuestra perspectiva fue promover una experiencia educaativa liberadora, y esta práctica social se sustentó en la idea de que nadie educa a nadie, ni nadie se educa solo, que los hombres y mujeres nos educamos entre sí, mediados por el mundo (Freire; 1985:76). Desde esta perspectiva sostuvimos una práctica en la que los chicos fueron "sujetos" del proceso, se pensaron a sí mismos, definieron los temas de discusión e indagación, definieron los sujetos a entrevistar; nosotros como coordinadores del grupo de discusión promovimos algunos interrogantes, facilitamos estrategias de intervención para las entrevistas y uso del medio radial, facilitamos algunos textos y promovimos el diálogo. El taller pretendió que los niños puedan sentirse recreadores del mundo y no meros espectadores, que se puedan concebir como sujetos de deseo y sujetos de la historia. Desde una perspectiva problematizadora, pretendimos promover la comunicación -y no la emisión de comunicados (Freire; 1985:76), dar lugar al deseo y a la intencionalidad, a la pregunta de qué comunicación, para qué, a favor de qué y de quiénes y "contra qué", son preguntas que deben acompañar a la palabra (nuevamente Paulo Freire y las prácticas zapatistas se encuentran). Otro encuentro lo consitituye la noción de "diálogo", de la necesidad de "dar una oportunidad a la palabra", creando tanto las condiciones objetivas como subjetivas para el mismo. Aprender a escuchar y hablar fue parte de esta práctica colectiva de educación popular en un medio de comunicación.

 

BIBLIOGRAFIA

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CARLI, Sandra, 1994, "Transformaciones en el concepto de infancia en las alternativas pedagógicas (1990-1955)", en Puiggrós, A. y Gómez, M., (comp.), Alternativas pedagógicas, Bs. As., Miño y Dávila.

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FREIRE, Paulo, 1985 (1970 1º ed.), Pedagogía del Oprimido, Buenos Aires, Siglo XXI.

PONCE, Aníbal, 1950 (1934), Educación y Lucha de clases, Editores Iglesias y Matera, S.R.L., Bs. As.

VYGOTSKY, Lev, 1995, Pensamiento y lenguaje, Bs. As., Paidós.

ZUBIETA, Ana María, 2000, Cultura popular y cultura de masas, Bs. As., Paidós. Estudios de Comunicación.



[1] FM DE LA CALLE - Universidad Nacional del Sur- En el marco del PGI "Historia Oral y Sectores Populares Urbanos" , Universidad Nacional de La Pampa, dirigido por la Dra. Graciela Hernández.

[2] Estos fueron en ocasiones quincenales producto de la problemática institucional mencionada.

[3] No pudieron presenciarla por varios motivos. Primero porque son demasiadas horas para chicos que no están acostumbrados a los rigores de la tarea, lo cual hace muy difícil la contención; segundo porque las tareas de edición se realizan cuando se cuenta con un espacio temporal libre en la radio. Y en tercer lugar los chicos tienen otras actividades que dificultan las reuniones.

 [4] Según cifras de la Comisión Nacional para la Erradicación del Trabajo Infantil (CONAETI) un millón y medio de chicos de entre 5 y 14 años trabaja, casi el 21 por ciento de la población infantil urbana. Los 15 años es la edad mínima legal para entrar al mundo del trabajo. El trabajo infantil forma parte de las estrategias de sobrevivencia familiar. En La Luciérnaga tienen pruebas de que de eso se trata: en Córdoba, de 1999 a 2002 el gobierno provincial ejecutó el proyecto “Madres Guapas” para erradicar el trabajo infantil a través de propuestas laborales a las mamás de los chicos que pedían. El 90 por ciento de los chicos dejaron de mendigar cuando la mamá consiguió trabajo. A pesar de su efectividad, el programa fue dado de baja en febrero del año pasado. (Amorín; 2004. p.6).

Según informes preliminares de UNICEF, el 50 por ciento de los adolescentes de entre 13 y 17 años que ingresa a la secundario (o polimodal) nunca se recibe. En el caso de la primaria, o su equivalente, los dos primeros ciclos del EGB, aparentemente los chicos siguen asistiendo, pero cada vez más débiles y con menos posibilidades de concentrarse en el aprendizaje (Amorín; 2004. p.5).

[5] Esta es una crítica que Benjamín realizaba al periódico (Zubieta; 124).

[6] Por el que el discurso dominante se impone como "el discurso", e instituciones se hacen responsables de describir y explicar lo real (Hall, en Zubieta; 161).

 



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