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“SAPOS DE ESTE POZO”: REFLEXIONES EN TORNO A UNA EXPERIENCIA DE TRABAJO CON ADOLESCENTES

 

Ana Silva

Natalia Fiel

Karina Murúa

 

Resumen

En esta presentación se propone una reflexión acerca de los desafíos, alcances y posibilidades de una intervención concreta en el campo de la comunicación, a partir de la puesta en circulación de una revista para y con participación de adolescentes. Se intentará poner en diálogo la formación teórica con las situaciones particulares que se presentan al momento de llevar adelante un proyecto comunicativo con protagonismo de sus productores/ destinatarios. Es el caso de la revista “Sapos de este pozo”, publicación destinada a adolescentes de la ciudad de Tandil, en la provincia de Buenos Aires.

 

 

En el marco del tema central de la convocatoria del Congreso (“70 años de comunicación y periodismo en las Universidades de América Latina: balance, corrientes y perspectivas”), nos proponemos esbozar algunos puntos de reflexión acerca de los problemas concretos que se plantean a la hora de realizar productos comunicacionales específicos. En particular, intentaremos referenciar nuestras observaciones en la experiencia de creación, edición y publicación de la revista “Sapos de este pozo”, que se inscribe en el marco de las actividades que desarrolla el Programa Adolescencia de la Asociación Civil Ayuda Solidaria, con sede en la ciudad de Tandil, provincia de Buenos Aires.

La Asociación Civil Ayuda Solidaria funciona en dicha localidad desde el año 1991, promocionando y facilitando el desarrollo de diferentes proyectos que atienden de modo particular y específico las necesidades de los grupos más vulnerables de la comunidad de Tandil. Dentro del marco de la Asociación se encuentra el Programa Adolescencia, que reúne a profesionales de diversas especialidades (educación, salud, ciencias humanas, sociales, económicas y exactas) con la preocupación de desarrollar y llevar adelante proyectos que apunten a una atención integral de las problemáticas asociadas a la adolescencia.

Entre los principales objetivos del Programa Adolescencia se cuenta el de promover la creación de instrumentos o procedimientos adecuados que permitan a los adolescentes en situación de vulnerabilidad apropiarse gradualmente de los medios necesarios para desarrollar su proyecto de vida como sujetos autónomos. Para ello, el Programa propicia y alienta la formación de espacios de interacción con instituciones del medio, actuando como nexo entre la demanda de los adolescentes y la oferta institucional existente.

 

Adolescencia y medios de comunicación: condiciones actuales y nuevos desafíos

Antes de avanzar en la exposición de las características de la revista, introduciremos algunas consideraciones que estimamos especialmente pertinentes como marco desde el cual pensar la propuesta de una publicación destinada a adolescentes.

En su artículo “Jóvenes: comunicación e identidad”, el antropólogo Jesús Martín-Barbero plantea algunas claves para pensar las relaciones actuales entre los jóvenes, los medios y otras instituciones sociales como la escuela o la familia. Básicamente, lo que Martín-Barbero advierte en su artículo es que

 

“[...] además de ‘la esperanza del futuro’, los jóvenes constituyen hoy el punto de emergencia de una cultura otra, que rompe tanto con la cultura basada en el saber y la memoria de los ancianos, como en aquella cuyos referentes aunque movedizos ligaban los patrones de comportamiento de los jóvenes a los de padres que, con algunas variaciones, recogían y adaptaban los de los abuelos. Al marcar el cambio que culturalmente atraviesan los jóvenes como ruptura se nos están señalando algunas claves sobre los obstáculos y la urgencia de comprenderlos, esto es sobre la envergadura antropológica, y no sólo sociológica, de las transformaciones en marcha.” (2002: 2)[1]

 

Conviene recordar en este sentido que tanto la categoría de juventud como las connotaciones que implica, como sucede con toda categoría social, son necesariamente históricas y localizadas geográficamente. Martín-Barbero lo señala al retomar algunos planteos de Joshua Meyrowitz e indicar que es sólo a partir del siglo XVII que la infancia como tal ha empezado a tener existencia social. Ello, según afirma Meyrowitz,

 

“[...] merced en gran medida al declive de la mortalidad infantil y a la aparición de la escuela primaria, en la que el aprendizaje pasa de las prácticas a los libros, asociados a una segmentación al interior de la sociedad que separa lo privado de lo público, y que al interior de la casa misma instituye la separación entre el mundo de los niños y el de los adultos” (op.cit, pág. 2)

 

Desde el siglo XVII hasta mediados del siglo XX el mundo de los adultos había creado unos espacios propios de saber y de comunicación de los cuales mantenía apartados a los niños. Desde mediados del siglo XX esa separación de mundos se ha disuelto, en gran medida, “[...] por la acción de la televisión que, al transformar los modos de circulación de la información en el hogar rompe el cortocircuito de los filtros de autoridad parental” (op.cit, pág. 2)

Por supuesto que, como sostiene Martín-Barbero, en ese proceso la televisión no opera por su propio poder sino que cataliza y radicaliza movimientos que estaban en la sociedad previamente, y que en términos generales se caracterizaron por un debilitamiento social de los controles familiares introducido por la crisis de la familia patriarcal. Es allí donde se inserta “[...] el des-ordenamiento cultural que refuerza la televisión. [...] al deslocalizar los saberes, la televisión desplaza las fronteras entre razón e imaginación, saber e información, trabajo y juego.” (op.cit, pág. 3)

En consecuencia, lo que habría de nuevo hoy en la juventud, y que se hace ya presente en la sensibilidad del adolescente, es la percepción “oscura y desconcertada” de una “reorganización profunda en los modelos de socialización: ni los padres constituyen el patrón-eje de las conductas, ni la escuela es el único lugar legitimado del saber, ni el libro es el centro que articula la cultura.” (op.cit, pág. 3) Tal como afirma el autor, “Estamos ante ‘nuevos modos de estar juntos’.” (op.cit, pág. 4)

En relación a los nuevos códigos impuestos por la denominada “cultura audiovisual”, el investigador argentino Gustavo Ciuffo afirma que “[...] una pluralidad de discursos, regidos por un evidente principio de desigualdad, disputan sus espacios en una cultura cada vez más acostumbrada a los lenguajes audiovisuales. Y es en ese sentido que hoy en día la publicidad adquiere un rol protagónico materializando nuevas formas y estrategias discursivas y construyendo imágenes y estereotipos capaces de proyectar modelos y valores con determinadas características” (2000: 147)

En este contexto, entender y asumir el cambio en el rol de la institución escolar resulta entonces una de las claves para abordar las nuevas lógicas del saber:

 

“Sólo asumiendo la tecnicidad mediática como dimensión estratégica de la cultura es que la escuela puede hoy interesar a la juventud e interactuar con los campos de experiencia que se procesan esos cambios: desterritorialización/ relocalización de las identidades, hibridaciones de la ciencia y el arte, de las literaturas escritas y las audiovisuales: reorganización de los saberes y del mapa de los oficios desde los flujos y redes por los que hoy se moviliza no sólo la información sino el trabajo, el intercambio y la puesta en común de proyectos, de investigaciones científicas y experimentaciones estéticas. Sólo haciéndose cargo de estas transformaciones la escuela podrá interactuar con las nuevas formas de participación ciudadana que el nuevo entorno comunicacional le abre hoy a la educación” (MARTÍN-BARBERO, 2002: 7)

 

Esto impone la necesidad de modificar los modelos y las prácticas de comunicación (centrado en la secuencia lineal, que encadena unidireccionalmente grados, edades y paquetes de conocimiento) y transitar hacia una modalidad descentrada y plural, cuya clave sea el encuentro entre palimpsesto[2] e hipertexto[3]. El desafío que se plantea es el de lograr un uso creativo y crítico de los medios audiovisuales y de las tecnologías informáticas.

 

Adolescencia y Proyecto de vida en Argentina: inocencia interrumpida

Planteado este panorama inicial, proponemos a continuación algunas precisiones acerca de la situación actual en Argentina. Como señalamos, la adolescencia constituye un momento clave en la existencia humana, durante el cual se va consolidando la identidad y el proyecto de vida. Además de sus características biológicas -que definen una etapa de profundas transformaciones en el cuerpo de quien la vive-, desde la perspectiva de los procesos psicológicos y emocionales puestos en juego, la adolescencia es un tiempo abierto a la resignificación y a la consolidación de los modelos de identificación constitutivos de la identidad (sexoafectivos, laborales, sociales, etc.). Asumimos que de la calidad de esa resignificación dependerá, en gran medida, que el adolescente pueda constituir progresivamente un proyecto de vida propio -asumiendo las limitaciones que imponen las distintas edades y el encuentro con distintas formas de malestar en la cultura- o transformarse esta posibilidad en un "proyecto de muerte".

Actualmente, los especialistas en el tema distan mucho de mostrar acuerdo en los límites de esta etapa, que como dijimos resulta de una sumatoria de aspectos biológicos, psicoafectivos y sociales. Se habla de una iniciación cada vez más temprana y de una culminación cada vez más tardía de la adolescencia. Basándose en las tesis e investigaciones psicológicas más recientes, que hablan de un retraso en la maduración, la ONU llevó el límite de la adolescencia tardía hasta los 30 años[4]. Esto parece contradecirse con las cifras oficiales que evidencian el traslado de responsabilidades y exigencias características del mundo adulto a edades cada vez más tempranas. Según un estudio publicado recientemente por el diario Clarín, en Argentina uno de cada nueve hogares depende económicamente de adolescentes y jóvenes que tienen entre 15 y 29 años de edad.

Es decir que hoy en Argentina, a la conflictividad característica de esta etapa se suman los nuevos factores que aporta la realidad cultural, económica y social de nuestros tiempos y que, podemos afirmar, generan una situación de mayor vulnerabilidad para los adolescentes.

Las condiciones contextuales en que han de desenvolverse los procesos subjetivos arriba mencionados constituyen una compleja trama que, además, asume rasgos específicos en la vivencia particular de cada sujeto. Por lo tanto, una enumeración de factores es siempre incompleta y simplificante. Sin embargo, diversos estudios coinciden en caracterizar el contexto social actual de la adolescencia en Argentina como atravesando un momento crítico en el que:

Los roles, exigencias y modelos de la sociedad hacia los adolescentes están cargados de ambigüedades y contradicciones. En este sentido, madurez física y madurez social no se corresponden; y se evidencia un borramiento de las fronteras generacionales que propugna, por un lado, una “eternización” de la adolescencia (la juventud como valor) y por otro, un traslado de exigencias y responsabilidades propias del mundo adulto a edades cada vez más tempranas (sexualidad, competitividad laboral) (BLEICHMAR, S: 2002; ESCANDEL, A. y MENÉNDEZ, M: 2002; MARGULIS, M: 2002; URRESTI, M: 2002).

En este sentido, según afirma Ciuffo, la denominada postmodernidad

 

“[...] propone a la adolescencia como modelo social y reivindica a los jóvenes como paradigma del triunfo, la felicidad y como la edad a la que algunos ansían llegar y, lo que es peor, a la que muchos pretenden regresar. De este modo, ser viejo pasa a ser una especie de vergüenza, una muestra de fracaso y así la sociedad misma se va adecuando a un modo de vida puramente adolescente” (2000: 149)

 

De este modo, el mercado también propone soluciones al “problema” de la vejez o de verse viejo: “[...] hoy en día se nos ofrecen objetos que pueden alterar nuestro cuerpo: soportes artificiales, prótesis, sustancias sintéticas, siliconas” (CIUFFO, 2000: 149). Esto se ve claramente reflejado en los numerosos casos de cirugías estéticas en personalidades del deporte, el espectáculo y la política “[...] quienes ante el peso de ser personajes públicos, recurren a estos tratamientos para adecuar su estética a los valores vigentes” (op.cit, pág.149)

Por otra parte, como anticipábamos más arriba, las últimas estadísticas revelan que aproximadamente 1.200.000 jóvenes de entre 15 y 29 años son el sostén económico de sus hogares[5]. Esto incluye no sólo a quienes se han ido a vivir solos, en pareja o han tenido hijos, sino que en muchos casos involucra a jóvenes que ante la pérdida del empleo de alguno de sus padres deben ponerse al hombro la economía familiar. Otros datos alarmantes son que la proporción de pobres entre los jóvenes de 15 a 19 años subió del 31% en 1999 al 59% en 2003. A su vez, entre los jóvenes el desempleo duplica la tasa general del país: es el 26% frente a 14,5% en el total de la población económicamente activa. Hoy por hoy, en nuestro país llegan a cinco millones los jóvenes no tienen cobertura de obra social o medicina prepaga. Desde 2001, se duplicó la cantidad de jóvenes que no estudian ni trabajan (del 6,2% pasó al 15%). Y el 40% de los planes Jefes y Jefas de Hogar va a parar a manos de jóvenes de entre 17 y 30 años[6].

En consecuencia, esto define otro de los puntos de consenso entre investigadores y especialistas: que los modelos de identificación social que ofrece el mundo adulto se encuentran en crisis. El contexto de inestabilidad económica, flexibilización laboral, alta competitividad, malas condiciones salariales y desempleo definen un mundo del trabajo en el que abundan las frustraciones y que no ofrece garantías. En los sectores populares, los adolescentes han de afrontar la construcción de su identidad en hogares azotados por el desempleo, el desclasamiento y sus consecuencias (BLEICHMAR, S: 2002; MARGULIS, M: 2002; MERLOS, M: 2000).

 

Educación, trabajo y exclusión

El desarrollo de propuestas tendientes a generar mejores condiciones para los procesos de constitución de la subjetividad en la adolescencia ha de realizarse necesariamente en nuestro país en el marco de lo formulado en la Convención Internacional por los Derechos del niño y el adolescente (adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en noviembre de 1989 e incluida en el artículo 75 de la Constitución Nacional de 1994). La convención incorpora los contenidos de la Declaración de los Derechos del Niño de 1959 y los amplía, haciendo jurídicamente responsables a los Estados que la ratifican. En este sentido se trata de un dispositivo normativo que define, a la vez que los aspectos jurídico-legales, las condiciones para pensar la subjetividad de los niños y los adolescentes. Desde este marco de referencia, la educación es un aspecto clave para el desarrollo humano, la reducción de la pobreza y la promoción de la paz.

Desde esta perspectiva, las variables de base para pensar la educación y desarrollar programas de mejoramiento son el acceso a una educación progresiva y en condiciones de equidad; la calidad de la educación recibida y la adquisición de “aptitudes” para la vida que permitan al niño, la niña y el adolescente desarrollar su personalidad y sus capacidades para asumir una vida responsable en sociedad. O, en palabras del chileno Martín Hopenhayn, se trata de los tres objetivos que traducen los “códigos de modernidad”: formar recursos humanos, construir ciudadanos y desarrollar sujetos autónomos.[7] Estos pilares resultan fundamentales para garantizar las posibilidades de elegir y consolidar un proyecto de vida.

En términos generales, una educación basada en estos principios brinda: mayores oportunidades y opciones de vida; elección de un proyecto profesional y familiar (como opción y no como imposición o “accidente”); mayores condiciones de empleabilidad y de reconocimiento laboral; ,mayores elementos para favorecer el protagonismo en los asuntos comunitarios y participación en la toma de decisiones políticas, sociales y económicas, y por ende, para un ejercicio efectivo de la ciudadanía; mayores herramientas para la prevención en salud, especialmente del contagio de VIH/SIDA y enfermedades de transmisión sexual; mayores herramientas para una paternidad/ maternidad responsable: cuidados de salud durante el embarazo, achicamiento del riesgo de mortalidad infantil, mejores condiciones sanitarias, propensión a brindar una buena educación a los hijos.

 

Además de garantizar las condiciones para el acceso y la permanencia en el sistema educativo formal, en el actual contexto es de particular importancia promover el acceso a la formación profesional y a los conocimientos técnicos[8] mayormente requeridos en el mercado laboral. La capacitación de calidad para jóvenes y adolescentes (especialmente aquellos que se encuentran en situación de pobreza) resulta un aspecto clave para mejorar sus condiciones de “empleabilidad” e inserción social (EFRON, R. et al: 1996).

En este sentido, coincidimos con Martín-Barbero cuando afirma:

 

“Si las políticas sobre juventud no se hacen cargo de los cambios culturales que pasan hoy decisivamente por los procesos de comunicación e información están desconociendo lo que viven y cómo viven los jóvenes, y entonces no habrá posibilidad de formar ciudadanos, y sin ciudadanos no tendremos ni sociedad competitiva en la producción ni sociedad democrática en lo político” (2002: 8)

 

Sapos en el pozo

En el marco de las actividades del Programa Adolescencia se realizó un relevamiento de la población adolescente de la ciudad de Tandil con fines diagnósticos. Para ello, se complementó la información publicada por el INDEC con base en los censos 1991 y 2001 con la generación de datos propios a partir del trabajo de campo en instituciones, entrevistas a informantes claves, relevo de tipo de vivienda y consulta de fuentes secundarias. En síntesis, los principales datos obtenidos fueron los siguientes: la población de 10 a 19 años constituye el 16,9% de la población total (entre 10 y 14 años hay 9303 personas, y 8965 tienen entre 15 y 19), de lo cual se estima un promedio de densidad poblacional de 7.04 adolescentes/ manzana.

De la diferencia entre el crecimiento vegetativo estimado y la población actual concluye un significativo porcentaje de incremento poblacional por inmigración. En los últimos años, se estima un total de 2125 adolescentes provenientes de otras localidades que se integraron a la dinámica de la ciudad. Del grupo de etáreo correspondiente al Nivel Polimodal (15 a 19 años), se encuentra escolarizado un 65,9%.

En términos generales, se observa una distribución altamente heterogénea y sectorizada en cuanto a situación social, económica y educacional[9]. Asimismo, en las instituciones visitadas (incluye bibliotecas, escuelas municipales de artes visuales y clubes) se ha observado que prácticamente no existen actividades específicamente orientadas a los adolescentes, como sí hay para niños menores o para la población adulta.

Estos son los principales rasgos del marco de publicación y circulación de la revista “Sapos de este pozo”. Como señalamos al comienzo de esta presentación, se trata de una publicación destinada a adolescentes, tanto como lectores como participantes en el proceso de producción de la misma. En este sentido, en coherencia con los objetivos generales del Programa Adolescencia, la revista apunta a generar la participación y el protagonismo de los adolescentes. Consideramos que éste es uno de los rasgos distintivos de la publicación.

“Sapos de este pozo” procura dar respuesta y espacio a las demandas de los adolescentes, tomando como premisas básicas el abordaje integral de “lo juvenil”, el hincapié en la construcción activa de la realidad y la visión crítica que habilita a la acción. El perfil de la revista apunta también a la superación de los prejuicios por medio de la presentación de diferentes enfoques en el tratamiento de los temas y del “darle la palabra” a los actores directamente involucrados en la temática de la que se trate.

En consonancia con el diagnóstico efectuado de la situación de la población adolescente en Tandil, uno de los principales objetivos de la revista es el de dar cuenta de la diversidad que caracteriza a la población adolescente de la ciudad, desde una perspectiva que permita la reflexión, a partir de poder pensar la propia realidad y la de los demás como inserta en una trama de procesos sociales e históricos no naturales y por ende, modificables (aunque, como veremos, de la formulación de objetivos abstractos a las prácticas concretas hay un largo trecho que no siempre resulta sencillo de transitar).

Otro de los principales objetivos de “Sapos de este pozo” es el de constituirse en un canal de diálogo entre los adolescentes -de diferentes grupos y realidades-, los familiares y adultos que conviven con ellos en distintos ámbitos (por ejemplo, los docentes) y los profesionales especialistas en adolescencia. En cada número, el tratamiento del tema central incluirá la opinión de un “representante” de cada uno de estos sectores.

Asimismo, se busca tratar los temas desde un enfoque que resalte los aspectos positivos -es decir, intentando plantear soluciones o alternativas a las problemáticas que se aborden-, dado que se parte de la convicción de que las posiciones fatalistas conducen a la inacción.

En este sentido, “Sapos de este pozo” se propone como un espacio abierto para: el reconocimiento y la consolidación de la identidad; la integración e interacción entre generaciones; el desarrollo del pensamiento crítico; el compromiso y la responsabilidad social; la formación de valores cívicos; el aprendizaje y el desarrollo de capacidades a partir del trabajo en equipo.

Como señalamos, la participación de los adolescentes es central en todo el proceso. Los referentes del Programa actúan como coordinadores de las tareas, pero las mismas son realizadas por los adolescentes. Para el primer número participaron cerca de 100 chicos, de 3 cursos de 2do año de Polimodal de la escuela Polivalente de Arte, 2 cursos de 8º y 9º año de EGB de la EEM N° 7 y un curso de 3er año de Polimodal de la EEM N° 8 (ex Comercio). En el caso de la EEM N° 8, se institucionalizó un espacio de pasantía (ya previsto en la estructura curricular de la escuela).

En primer lugar, se testeó el nombre de la revista y el perfil que debía tener, junto con una primera aproximación a los temas de interés. El grupo de pasantes de la EEM N° 8, además de dar su opinión, realizó una encuesta entre sus pares, y de allí surgió el lema adoptado para la revista: “Entrá y dejá tu huella”. Se consideró que este nombre sintetizaba varios de los puntos que habían resultado de las primeras aproximaciones a las inquietudes y temas de interés: el “entrar” (al pozo) en sentido de “pertenecer”, compartir una identidad junto con otros, ser aceptado en un grupo, y a la vez “dejar una huella”; es decir, diferenciarse, poder expresar la propia personalidad, los rasgos de cada subjetividad. De allí surgió también la idea de tomar como tema central para el primer número el nombre de la revista y sus posibles sentidos: identidad, pertenencia, refugio, contención, amistad, lugar poder “dar el salto”, discriminación y su contracara, el encuentro en la diferencia.

Para los números siguientes surgieron como temas a tratar la farándula estudiantil (desfile-competencia de disfraces del que participan las diferentes “agrupaciones” en que se nuclean los egresados de Polimodal de cada año) y los “códigos” o “símbolos” de diferentes grupos de adolescentes. Otros temas de preocupación detectados fueron: el futuro, la muerte (incluye el tema del suicidio adolescente), psicología familiar, aborto adolescente, sexualidad, amistad, familia.

Como parte de la primera convocatoria, se realizó en la EEM N° 7 un taller de producción de textos. Se trata de una escuela cuya población es mayoritariamente pobre, y con un alto porcentaje de estudiantes repitentes. El taller respondía a tres objetivos simultáneos: difundir la revista, convocar a participar a los adolescentes de dicha institución y sondear sus intereses y preocupaciones. Dentro de la actividad, se les pidió que usaran una matriz FODA para identificar sus propias Fortalezas, Debilidades, Oportunidades y Amenazas. Dentro de los resultados más significativos de la experiencia podemos mencionar la identificación de las instituciones escolar y familiar a la vez como “Oportunidad” y como “Amenaza”. Varios de los chicos escribieron, en el casillero correspondiente a oportunidades: “ninguna”.

Una vez definidos los temas, se comenzó a solicitar y recolectar el material. En este punto, la participación de los adolescentes va tanto desde la investigación sobre los diferentes temas, realización de entrevistas, producción de material escrito (notas de opinión, cuentos, poesías), dibujos, etc; así como a través de la convocatoria a otros adolescentes para que acerquen sus propias producciones (pegado de afiches en vía pública, escuelas y otras instituciones; invitación a través del material de la revista; difusión “de boca en boca” entre sus redes de relación). También han participado en el proceso de diseño y edición de la revista, y dentro del Programa mismo, los participantes de otro de los proyectos -los talleres de capacitación en informática- se ofrecieron para colaborar en el tipeo y redacción del material.

En la única instancia en que hay una participación mayor de los referentes del Programa es en la venta de publicidades y en el reparto y distribución de los ejemplares. De todas maneras, qué y cuánta publicidad incluir fue un tema también discutido y consensuado con los adolescentes. Es recurrente en publicaciones que no tienen un fin lucrativo-comercial la disyuntiva acerca de qué posición tomar con respecto a la publicidad. En el caso de “Sapos de este pozo”, ya que aunque no tiene fines de lucro existe la necesidad de que la revista sea sustentable, se decidió incluir espacios de publicidad en sus páginas, pero en espacios establecidos de antemano y respetando cantidad de anuncios y montos estipulados. Esto permite bajar el costo de venta del ejemplar. Asimismo, respecto de qué tipo de publicidades incluir, se apuntó en primer lugar a los avisos institucionales no comerciales, y en segundo lugar, a incluir diversidad de sectores, ya que partimos del conocimiento de que los consumos, especialmente en la adolescencia, constituyen un elemento fuerte de diferenciación -y desigualdad- social.

Por último, también se ha propiciado la participación de los adolescentes en la difusión de la revista (a partir de dar y gestionar entrevistas con medios de comunicación, de la colaboración en el diseño de los afiches de difusión, etc.); así como en la programación y organización del evento de lanzamiento de la misma.

En el primer número, el tema central es la presentación y explicación del título: “Sapos de este pozo”. Se incluyeron sobre este tema cuatro textos producidos por adolescentes, una columna de opinión firmada por un adulto (en este caso, una psicoanalista madre de adolescentes) y otra a cargo de un profesional especialista (una médica pediatra y hebiatra). En la sección “Sociales” se incluyeron fotografías de agrupaciones, mensajes e himnos de las mismas. En la sección de interés general se incluyó una entrevista realizada por un grupo de adolescentes a la coordinadora del Programa Adolescencia, como modo para presentarlo junto con el lanzamiento de la revista. La historieta, dibujada por un joven historietista conocido en el medio, cuenta con un guionista de 12 años. En la sección “Entrá y dejá tu huella” se incluyeron, a pedido de ellos, dibujos realizados por estudiantes de la EEM N° 7.

 

Puntos de partida

A modo de conclusión, proponemos algunos puntos de reflexión sobre los cuales avanzar para tener en cuenta al momento de planificar y desarrollar productos comunicacionales como el que acabamos de describir.

Por un lado, hay que reconocer que la mayoría de los planes de estudio de las carreras de Comunicación no prevén demasiado espacio para capacitar en la creación y realización de productos comunicacionales desde una perspectiva crítica y activa. Se forman analistas que critican los productos mediáticos desde una posición de exterioridad, pero no actores-emisores de sus propios discursos. Toda intervención comunicacional involucra algunos grados de ejercicio del poder, de arbitrariedad en las decisiones y de violencia simbólica. La pregunta es cómo y hasta dónde, para poder hacer sin caer en el a-criticismo ni en la crítica excesiva que, creemos, conduce a no hacer nada.

¿Cómo evitar una posición paternalista, ya que se trata de adultos trabajando con adolescentes? ¿Cómo dar cabida a los distintos grupos sin reproducir prejuicios ni exclusiones? ¿Cómo pensar y utilizar los nuevos lenguajes y códigos? ¿Cómo llegar a los adolescentes que no están institucionalizados? Es posible que las respuestas a estos interrogantes no sean sencillas, pero desde la filosofía del Programa Adolescencia las tomamos como puntos de partida para la acción. En un mundo en el que se habla, por un lado, del “discurso único”, y por otro, de la “fragmentación de los discursos”, consideramos que contar con un espacio propio de enunciación, que busca trascender lo efímero, merece no sólo ser defendido sino trabajado y repensado permanentemente.

 

BIBLIOGRAFÍA

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DATOS DE LAS AUTORAS

Ana Silva, Licenciada en Comunicación Social, FACSO (UNICEN) - CONICET - Programa Adolescencia - anasilva77@yahoo.com.ar

Natalia Fiel, Diseñadora de Imagen y Sonido, FADU (UBA) – Facultad de Arte, UNICEN - Programa Adolescencia – nataliafiel@hotmail.com

Karina Murúa, estudiante avanzada de la carrera de Educación Inicial, FCH (UNICEN) – Programa Adolescencia – muruakarina@yahoo.com.ar



[1] El subrayado es nuestro.

[2] Texto en el que un pasado borrado emerge tenazmente, aunque borroso, en las entrelíneas que escriben el presente. Remite a la memoria y a la pluralidad de tiempos que carga.

[3] Escritura no secuencial, un montaje de conexiones en red que, al permitir/ exigir una multiplicidad de recorridos, transforma la lectura en escritura. Se vincula con la enciclopedia, con las posibilidades presentes de intertextualidad e intermedialidad.

[4] Fuente: diario Clarín, 20/6/04, pág. 30.

[5] Según datos de la Encuesta Permanente de Hogares del INDEC de mayo de 2003 y proyecciones del censo 2001, son 9.423.580 los argentinos de entre 15 y 29 años (www.indec.gov.ar)

[6] Fuente: diario Clarín, 20/6/04, pág. 30.

[7] (HOPENHAYN, 1998)

[8] Ver art. 28 de la Convención.

[9] Cfr. Programa Adolescencia (2002)

 



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