Asistimos
cotidianamente a un centro comercial, a pasar el tiempo, a ir de
compras, a la estética, a esperar a alguien, a divertirnos, a
disfrutar, a descansar; es una práctica que tenemos tan internalizada
que la sentimos y vivimos como privada pese a que la realizamos en público.
En un centro comercial actuamos e
interactuamos socialmente con los grupos, esto es, con el “otro” y
nos sentimos parte de ello. En otros palabras, asistir a un centro
comercial forma parte de las rutas cotidianas –configuradas por una
serie de lugares a los que concurrimos por diversas razones – a través
de las cuales hacemos nuestra la ciudad más grande del mundo.
El
objetivo de la presente investigación es analizar cómo los
receptores culturales (co)habitan el Centro Comercial Santa Fe (CSF) a
través de un acercamiento a las prácticas de apropiación simbólica
(vitrineo, territorialización, socialización) que realizan en dicho
espacio. Así, nos preguntamos cómo el centro comercial es vivenciado
por los diversos sujetos a través de sus prácticas comunicativas y
culturales. En ese sentido, nos proponemos estudiar a CSF no como
materialidad o espacio externo sino como ámbito de producción e
intercambio de significados.
El
centro comercial ha devenido en espacio
alternativo –impregnado eso sí de una serie de elementos que tenía
la plaza pública- como respuesta a nuevas formas y estilos de vida.
¿Por qué reemplazar a la plaza pública por el centro comercial?
Como en su momento el Sanborns de Los Azulejos; la arquitectura urbanísta
de la colonia Roma; los pasajes, calles y establecimientos de la Zona
Rosa; o los restaurantes de Polanco establecieron sentidos de
pertenencia y diferenciación de determinados grupos sociales, parece
que hoy día en el centro comercial acontece algo similar.
El
centro comercial que aparentemente es tan estructurado en un sentido,
tiene en realidad una serie de capas superpuestas o pliegues de
significados que entretejen una red intrincada de relaciones donde
diversas métaforas --vientre femenino, cápsula-confort, universo del
engaño, objeto-monumento, localidad fortificada, micro-ciudad,
catedral del consumo, ciudad perfecta-- puedan aplicarse para su
lectura. Sin embargo, prefiero abordar al centro comercial desde la
experiencia vivida del sujeto, esto es, la relación experiencial y
simbólica que establece en la interacción con los otros en el centro
comercial. Es pertinente mencionar dos ámbitos analíticos asociados
a esta propuesta; por un lado, las prácticas culturales de apropiación
simbólica (vitrinear, territorializar, comprar,
socializar) y, por otro, las representaciones sociales (lugar
afectivo y de encuentro) que elaboran los visitantes asiduos frente a
este espacio de la ciudad. Este entramado de dimensiones analíticas
me permite aprehender al centro comercial desde la perspectiva
experiencial, es decir, desde sus significados.
No
obstante, los centros comerciales son espacios restringidos y en su
interior operan procesos sutiles de segregación o de exclusión. El
consumo, por ejemplo, aparte de funcionar como un “sistema de
comunicación” se encarga de establecer quien pertenece y quien no.
No es lo mismo ser continuo visitante de Plaza Universidad que
observador accidental y temeroso de los escaparates de Centro Santa
Fe. “Desear no es lo mismo que tener, presenciar no es lo mismo que
pertenecer”, dicen algunas de las vitrinas en Centro Santa Fe.
Un modelo analítico
para estudiar el centro comercial
Como
ya mencioné, la premisa subyacente de esta propuesta conceptualiza al
centro comercial no como materialidad o espacio externo sino como
experiencia vivida por el sujeto --receptor cultural-- a través de
sus diversas prácticas comunicativas y culturales.
Reconociendo
los avances en el estudio de la comunicación, aún hay varias
interrogantes fundamentales que están pendientes por resolver. ¿Cómo
acceder, desde marcos explicativos plurales que involucran el
entrecruzamiento de fragmentos de disciplinas, a los objetos de
estudio dentro del campo de la comunicación y la cultura?, ¿de qué
manera incorporar la textura cultural en el análisis de las prácticas
comunicativas de los diversos actores?
Así,
para estudiar al Centro comercial, proponemos y optamos junto con
John Fiske (2002), por una comunicación pensada como producción
e intercambio de significados. En otras palabras, esta propuesta se
concentra en aquello que
convierte a “echar relajo con los amigos, observar el ir y venir de
los paseantes, vagar o circular por un centro comercial, mirar
escaparates y ver qué se encuentra”, en una “comunicación como
construcción de significados”.
Por
otra parte, los desplazamientos marcados por los estudios más
recientes que abordan la relación cultura-sociedad destacan la
importancia de la dimensión empática y afectiva vivida en común, el
aspecto cohesivo del compartir sentimental tanto de lugares como de
valores por parte de las llamadas colectividades, así como la
necesidad de los otros y lo otro en la construcción del espacio simbólico.
Dichos desplazamientos nos permiten considerar que la reflexión sobre
la apropiación del espacio público por parte de los asistentes a un
centro comercial, el vitrineo y la socialidad como expresión lúdica
y cotidiana de la socialización, son ideas pertinentes para iluminar
este fragmento de realidad.
De
acuerdo con investigaciones precedentes (Urteaga y Cornejo, 1995,
1996), sabemos que los jóvenes se han apropiado históricamente de
los espacios públicos de la ciudad para construir su precaria
identidad social. Para ello, transforman espacios públicos o semipúblicos
--como los centros comerciales-- en privados, a través del compartir
de modas, signos, música, normas y valores dentro de sus relaciones
de amistad, tejiendo así redes horizontales de solidaridad e
interacción y creando un ambiente cálido.
Consideramos
entonces de manera operativa que el centro comercial es un espacio de
carácter público/mercantil que puede ser transformado en
privado/simbólico. Basándonos en el concepto de frecuentación,
asumimos que las personas lo transforman de manera espontánea,
siempre en relación con los demás, en espacio simbólico. Para
Monnet, la frecuentación es una forma de apropiación que da un carácter
privado o público al espacio, independientemente de su estatuto jurídico
(Monnet, 1996:11).
a. La frecuentación
Frecuentar
el centro comercial es entendido como la asistencia persistente por
parte de las personas/receptores culturales que concurren a este lugar
para circular, vagar, comprar, vitrinear por los pasillos, locales
comerciales, tiendas de departamentos, cafeterías o restaurantes.
Esta
asistencia va marcando rutas, circuitos y lugares donde, de manera
espontánea y natural, los visitantes asiduos despliegan claves simbólicas
de pertenencia y diferenciación con quienes guardan características
similares a las propias. Elaboran vínculos entre pares y establecen
sutiles procesos de exclusión con los ajenos, distintos y distantes.
b. Las prácticas
culturales de apropiación simbólica
Definimos
junto con Thompson a las prácticas culturales de apropiación simbólica,
como el conjunto de comportamientos, acciones, gestos, enunciados,
expresiones y conversaciones portadoras de un sentido, en virtud de
los cuales los individuos se comunican entre sí y comparten
experiencias, concepciones y creencias. Analizar dichas prácticas,
alude a la tarea de descifrar capas de significados, de describir y
redescubrir acciones y expresiones que son ya significativas para los
propios individuos que las producen, perciben e interpretan en el
curso de sus vidas diarias (Thompson, 1993:145).
Para
usar la terminología de la hermenéutica, el proceso de apropiación
es “hacer propiedad de uno” algo que es nuevo, ajeno o extraño.
El proceso de hacer de uno debe entenderse en relación con los
individuos particulares que, en el curso de sus vidas diarias, reciben
las ofertas culturales y que, a través de un proceso continuo de
elaboración e interpretación, las integran a sus vidas y las
comparten con los demás (ibidem:350). Entre las prácticas que las
personas realizan en el centro comercial cabe mencionar: la
territorialización, el vitrinero (las formas de mirar), y la
socialidad.
a.
Territorialización
Es
probable que el centro comercial sea trastocado, por decirlo así, de
lugar anónimo a territorio, pero, a partir de las prácticas
culturales de apropiación simbólica de las propias
personas/receptores culturales, siempre en relación con lo otro y
junto a los otros. Estar en el centro comercial no sólo sugiere el
libre tránsito por determinado lugar público, sino que más bien
apunta hacia la construcción del mismo y de la persona; no se trata
del espacio simbólico como lugar dado sino como territorio
construido.
Mediante
la territorialización, de la apropiación simbólica de determinadas
parcelas de la ciudad, la cual se concreta en la privatización
afectiva de ciertos lugares públicos durante tiempos específicos,
que las personas reconocen e interactúan con sus pares y con los demás
y, de manera hipotética, configuran comunidades emocionales o
micro-colectividades.
b. El vitrineo o
las formas de mirar
En
principio, señalamos que el centro comercial es un lugar público que
las personas/receptores culturales trastocan en espacio simbólico,
construyen su pertenencia a la ciudad y se vinculan, de alguna manera,
a la metrópoli contemporánea. El análisis detallado de las diversas
formas de mirar: voyerismo, narcisismo, fechicismo, que realizan las
personas nos permitirá avanzar en la comprensión de las diversas
interacciones que suceden al interior de un centro comercial, podría
ser un espacio de interacción y comunicación entre diversos grupos,
pero también de diferenciación entre ellos y los consumidores que
circulan en otros centros comerciales de la ciudad.
c. La socialidad
La
socialidad, entendida como “forma lúdica de socialización”
(Maffesoli, 1988:150),
nos permite reparar en cómo los receptores culturales construyen
estrategias --modos de relacionarse, vestirse, saludarse, platicar,
vagar, circular-- y disponen de objetos/productos de mediación para
interactuar y comunicarse entre sí.
Para
Maffesoli, asistimos a la sustitución de un social racionalizado por
una socialidad de predominio empático. La socialidad es, en
principio, una sensibilidad colectiva que tiene poco que ver con el
dominio económico-político que ha caracterizado a la modernidad.
Esta sensiblidad no se inscribe ya en una racionalidad orientada y
finalizada, sino que se vive en el presente y se inscribe en un
espacio dado (ibidem:37, 57-58).
Se
ha insistido tanto en la deshumanización, el desencanto del mundo
moderno y la soledad que engendra, que ya no estamos en condiciones de
ver las redes que se constituyen en él. Desde esta perspectiva, la
coexistencia social como tal, la propensión a agruparse, la búsqueda
de la compañía de quienes piensan y sienten como nosotros, es
aquello que constituye la socialidad (ibidem:37, 39, 133, 148).
En
el marco del paradigma estético --facultad común de sentir o
experimentar--, lo lúdico sería eso que no se preocupa por ningún
tipo de finalidad, utilidad, practicidad, o de lo que se suele llamar
realidades. Así, el estar juntos sin ocupación es un dato de base.
La sociedad así comprendida no se resume en una mecanicidad racional
cualquiera, sino que vive y se organiza a través de encuentros,
situaciones y experiencias en el seno de los distintos grupos al que
pertenece cada persona (Maffesoli, 1988:148, 150, 162).
En
este sentido, señalamos que las personas utilizan el centro comercial
como lugar de encuentro afectivo, emocional y simbólico con los que
son igual a ellos para autoafirmarse y diferenciarse espejeándose y
crear microcolectividades de interacción genérica, social o etaria.
Estar
en Centro Santa Fe
|
TIEMPO
|
ACTORES
|
REPRESENTACIONES
|
PRÁCTICAS
|
|
Frecuentación:
Asistencia
persistente
al
centro comercial
|
Personas/Consumidores:
Mujeres-Hombres
Jóvenes-Adultos
Obreros-Empresarios
Segmento
alto, medio o bajo
|
Lugar
afectivo
Sentirse
en compañía
Sentirse
protegido
y
resguardado
Reconocimiento
Diferenciación
Pertenencia
citadina
|
Vitrinear
Comprar
Circular,
vagar
Ver
que se encuentra
“Ligar”
Consumir
Territorializar
|
c. El recurso
analítico de “El Diamante Cultural”
Para
analizar al Centro Comercial desde la perspectiva de los significados,
requerimos saber acerca de los productores o emisores (empresarios que
conceptualizan la propuesta); de los receptores culturales (visitantes
asiduos) que adoptan, recrean y resignifican la propuesta comercial, y
de la relación cultural entre el centro comercial y el mundo social
(ciudad suburbio) en que está inmerso.
En
este sentido, hacemos nuestro el recurso analítico del Diamante
Cultural que desarrolla Wendy Griswold (1994). Así, centramos la
atención en el conjunto de relaciones que permiten que un mensaje o
una determinada oferta cultural signifique algo para alguien. El
Diamante Cultural, se conforma de cuatro elementos:
ß Objetos culturales
Es
un significado compartido representado en una forma. Es una expresión
socialmente significativa que es visible, tangible o que puede
articularse. Cuando los objetos se hacen públicos e ingresan en el
circuito del discurso humano, se convierten en objetos culturales.
ß Creadores culturales
Son
las personas que articulan y comunican una idea, que labran una forma
o una propuesta cultural. Entre los creadores culturales se incluyen
las organizaciones y sistemas que producen y distribuyen objetos
culturales.
ß Receptores culturales
Es
la gente que experimenta la cultura y los objetos culturales específicos.
Dichos objetos deben tener personas que los reciban, los escuchen, los
lean, los entiendan, que actúen y participen en ellos. Los receptores
culturales son activos productores de significados.
ß Mundo social
Es
el contexto en que la cultura es creada y experimentada. Son las
exigencias y desafíos económicos, políticos, sociales y culturales
que coinciden en un momento particular.
El centro comercial como objeto de estudio
Diamante Cultural

Por
el contrario a la conceptualización de la comunicación como proceso
de transmisión de mensajes, donde se apela al receptor como uno de
los elementos que la integran; el recurso analítico del Diamante
Cultural conceptualiza y aborda al receptor como productor cultural de
significados desde sus haceres cotidianos y en un contexto social
específico. Así, se concibe a la práctica comunicativa como
construcción e intercambio de significados, donde las personas, como
miembros de una cultura y una sociedad particular, interactúan con
mensajes o textos para producir significados.
En
síntesis, en un primer movimiento analítico se
propone estudiar cómo un espacio de intercambio mercantil
puede ser trastocado en un lugar afectivamente marcado por las prácticas
de apropiación simbólica de las personas/receptores culturales. En
el segundo, se sugiere examinar cómo el lugar provee cierta carga
significativa a las interacciones entre las personas, erigiéndose
como escenario de reconocimiento y diferenciación social.
Emisor/receptor
cultural
En
este propuesta se pretende aprehender cómo es que los receptores
culturales pertenecientes a distintos géneros, grupos sociales y
etarios, transforman el centro comercial en un espacio simbólico al
nombrarlo, recorrerlo, marcarlo, como ámbito de reconocimiento y
diferenciación entre lo suyo y lo otro. Al hacerlo crean, recrean y
construyen micro-colectividades desde sus prácticas culturales
aprendidas en sus universos simbólicos de origen. Al ser trastocado
como lugar de interacciones significativas, centro comercial podría
mudar de lugar de intercambio mercantil a terreno afectivo, constituyéndose
como una forma colectiva e individual de vivir e imaginar la ciudad.
En
los centros comerciales concurren las dos dimensiones del consumo: la
mercantil y la simbólica, sin embargo, advertimos también que la
mayoría de las personas trascienden el ámbito mercantil del centro
comercial a través de prácticas culturales como la del vitrineo, la
apropiación simbólica del territorio y los vínculos emocionales
temporales o espontáneos (socialidad), por medio de los cuales
construyen micro-colectividades.
Es
posible que frente al centro comercial los receptores culturales
elaboren sentimientos de afiliación o pertenencia pero también de
diferenciación, a partir de los significados conferidos por ellos
mismos al concurrir a este centro. Los objetos
que construyen nuestro mundo son considerados como tales cuando el ser
humano es capaz de dotarlos de un significado, y éste es un producto
socialmente elaborado a través de la interacción simbólica (Valera
y Pol, 1996).
Así,
el centro comercial podría ser una de las vitrinas más apeladas para
vivir e imaginar el espacio urbano. Reconocerse como parte de
determinado entorno, apropiarse simbólicamente de una parcela de la
ciudad, constituye una forma metafórica de desplegar emocional y
significativamente claves de pertenencia citadina en donde lo público
y lo privado se mixturan. Quienes de manera persistente acuden a este
centro construyen la ciudad, día con día, mediante sus encuentros,
itinerarios, miradas, travesías, roces, disputas o exclusiones.
Bibliografía
Cornejo,
Inés. “Plaza Universidad: ¿estar en un centro comercial es una
manera de ´hacer ciudad´? En Miguel Angel Aguilar et al. La ciudad a
través de sus lugares. Trece ventanas etnográficas para una metrópoli.
México, Porrúa/UAM-I/CONACULTA, 2001, pp. 297-336.
Fiske,
Jhon. Introduction to Communication studies, 2ª. ed., Londres,
Rotledge, 2002
Giménez,
Gilberto. “La investigación cultural en México”. En revista
Perfiles latinamericanos, México, Año 8, Número 15. 1999.
Griswold,
Wendy. Cultures and societies in a Changing World, Estados Unidos.
Pine Forge Press, 1994.
Monnet,
Jérome. “Espacio público, comercio y urbanidad en Francia, México
y Estados Unidos” en Alteridades, UAM- Iztapalapa, No. 11, México.
1996.
Maffesoli,
Michel. El tiempo de las tribus. Editorial Ikaria, Barcelona, España.
1988.
Thompson,
John B. Ideología y cultura moderna. Universidad Autónoma
Metropolitana. Unidad Xochimilco.1998.
Urteaga,
Maritza e Cornejo, Inés. “La privatización afectiva de los
espacios comerciales por los y las jóvenes”, en revista Ciudades,
no. 27, año 7, Red nacional de investigación urbana, SEP/UNAM, México,
julio-septiembre, 1995, pp. 24-28.
Mtra. Inés Cornejo
Portugal Profesora-investigadora. Departamento de Comunicación.
Universidad Iberoamericana. Email:ines.cornejo@uia.mx
Recordemos que el autor retoma esta
conceptualización de G. Simmel.
Espacios, lugares, relaciones, entendidos a la manera del
interaccionismo simbólico, es decir, la realidad se crea día con
día a medida que actuamos dentro y hacia el mundo, las personas
definen los objetos físicos y sociales con los que tienen relación
de acuerdo con la utilidad que ellas mismas le otorgan.