Licenciados
Rolando Martínez Mendoza y José Luis Petris
Universidad
de Buenos Aires e Instituto Universitario Nacional de las Artes
(Argentina)
Palabras
clave: reconocimiento – cualitativo - homogeneidad
Resumen
En los últimos 3 años la televisión argentina generó
programas que obtuvieron alto rating y motivaron críticas elogiosas.
Estos programas, pertenecientes a diferentes géneros,
generaron efectos en la recepción que se mostraron como únicos,
lineales y homogéneos, ocultando/silenciando la complejidad de toda
recepción caracterizada por el desfase constitutivo del proceso
comunicacional.
Se discutirá el reconocimiento de estos nuevos hitos de la
televisión argentina, revisando la crítica periodística y los
resultados de trabajos cualitativos de recepción hechos en Buenos
Aires, Córdoba y Santa Fe.
En los últimos 3 años la televisión argentina generó
programas ficcionales que obtuvieron muy altos ratings, motivaron críticas
consensuadamente elogiosas y se convirtieron en referentes de la
producción televisiva actual.
Estos programas, pertenecientes a diferentes géneros,
generaron efectos en la recepción que, en principio, en general por
omisión, se mostraron como únicos, lineales y homogéneos,
ocultando/"silenciando" la complejidad de toda recepción
caracterizada por el desfase constitutivo de todo proceso
comunicacional.[1]
Este trabajo se propone el análisis y discusión del
reconocimiento de estos, hasta ahora, nuevos hitos en la historia de
la televisión argentina. En algunos casos revisando el reconocimiento
que hizo la crítica periodística de ellos, en otros estudiando los
resultados de trabajos cualitativos de recepción hechos en Buenos
Aires, Córdoba y Santa Fe.
"Los
Simuladores"
"Los Simuladores"
fue un éxito de rating (sus temporadas fueron repetidas ya dos veces)
y recibió y sigue recibiendo un casi unánime elogio por parte de la
prensa, además de seguir cosechando premios tal como sucedió en la
entrega de los premios Martín Fierro, los más importantes otorgados
por la crítica asociada a la producción de radio y televisión en
Argentina.[2]
El último capítulo de
"Los Simuladores" se emitió por el canal Telefé el lunes 5
de enero de 2004, mucho después de la emisión del anteúltimo capítulo.
Este hiato despertó grandes expectativas en el público y la crítica
especializada.
Analizaremos las críticas publicadas sobre este último capítulo
porque constituyen lugares privilegiados donde detectar
"efectos" de este programa ficcional que se sostiene cambió
a la televisión argentina, transformándose en un programa de culto.
1)
" 'Los simuladores' dijeron adiós
"En
el episodio de despedida, la serie recuperó el espíritu de la
primera temporada"
Miriam
Molero, La Nación, Buenos Aires, miércoles 7 de enero de 2004, 4º
sección, pág.1.
La crítica comienza así:
"¿Se puede aplaudir de pie frente al televisor? Se puede. Se
debe. Aplausos de pie para Damián Szifron".
Elogio
aparte, Molero reconoce en el último capítulo tres dualidades: 1)
"cuerpo/mente (la violencia de Milaso, la inteligencia de los
simuladores)"; 2) "cine/TV"; 3) "vida familiar en
un pequeño pueblo/vida vacía en la gran ciudad". También
reconoce entre lo criticado en el programa a "las promesas
yuppies" y a las empresas internacionales. Y elogia un pasaje del
capítulo: "Pasará a la historia la dulzura kitsch de Medina
(Martín Seefeld), que en el final brilló con su canción al
juguetero Simón".
2)
"El adiós más esperado
"Después
de varias idas y vueltas, el lunes se emitió el final de la exitosa
serie ideada por Damián Szifron"
Luis
María Hermida, Clarín, Buenos Aires, miércoles 7 de enero de 2004,
sección Espectáculos, pág.2.
El título es algo ambiguo.
Pero el destacado no: "Si de algo no quedaron dudas, después de
dos temporadas, es que Los simuladores hicieron historia, y de la
buena". Sin embargo el texto de Hermida critica más que elogiar,
pero rescatando el proyecto: "La demorada grabación y puesta en
el aire del episodio final terminó atentando contra el cierre que
merecía el programa"; "La propuesta del episodio final no
revistió características extraordinarias, más allá de su duración";
"Damián Szifron, Federico D'Elía, Alejandro Fiore, Diego
Peretti y Martín Seefeld construyeron desde la nada y las ganas un
suceso televisivo de aquellos [...] más que nada por su capacidad de
llevar adelante un proyecto comercial independiente [...] sin desmedro
de calidades, productiva, narrativa y estética, aplicadas al
entretenimiento más genuino".
3)
"Terminó 'Los simuladores', mucho más que una exitosa y
sofisticada comedia
"Los
sueños de una Justicia alternativa”
"Durante
dos años, el grupo de expertos dirigido por Damián Szifrón concretó
un auténtico fenómeno televisivo. El demorado final del ciclo subrayó
su planteo ideológico: proponer una utopía social que buscara el
regreso a un viejo orden de valores perdidos"
Julián
Gorodischer, Página/12, Buenos Aires, miércoles 7 de enero de 2004,
pág.20.
Los paratextos que introducen
a la crítica confunden. Pero el texto, con ironía, critica.
"Los simuladores incidieron siempre para que triunfe un modelo
conservador de virtudes, o una manera de ser que alguien decidió
mejor que otras y que se le impone a la víctima aún contra
voluntad".
Gorodischer
reconoce en el capítulo final de "Los simuladores" un
elogio a "la vida pueblerina" frente al trabajo en una
"corporación", una crítica a "la ilusión de tener un
'handy' con pantallita ("la ronda familiar siempre será
preferible a estar en las filas de la multinacional"), un elogio
al "primer amor". Gorodischer reconoce en "Los
simuladores" el mensaje de que "La Modernidad se ha
extendido a todos los ámbitos de la vida provocando divorcios,
familiar quebradas, casamientos truncos, desempleo y pequeñas
empresas fulminadas por las corporaciones". Los motivos
reconocidos son "un novio engañador, un hombre despedido, un
padre divorciado". Dice Gorodischer: "Durante dos años, el
grupo de expertos fue la consagración de un estado de las cosas
previo a la globalización"; "[...] esto no tuvo nada que
ver con una comedia pasatista. Fue, mientras duró, un modo de ejercer
una justicia por mano propia que defendió una doctrina de la
ilegalidad bajo premisa: 'El fin justifica los medios' ". Y
termina con un bartlebiano: "El mundo se moderniza
inevitablemente. ¡Ah, el horror!"
4)
"Una marca en la pantalla"
Eduardo
Fabregat, Página/12, Buenos Aires, miércoles 7 de enero de 2004, pág.20.
Fabregat no coincide con
Gorodischer. Tampoco con Hermida. Sí con Molero: "Fueron varios
meses de espera para ver el último operativo, y la sensación es que
el final de Los simuladores no estuvo a la altura de todo lo anterior:
el esperado epílogo logró superar el ya alto estándar de calidad de
la serie, cerrando su historia con soltura narrativa, grandes
actuaciones, notable tratamiento de la imagen y sutilezas de toda
clase". Fabregat reconoce que la última misión fue
"despertar a un joven empleado de marketing de su sueño de
ascender" en una multinacional, y "reconectarlo con su
familia del interior y alejarlo de una frustración segura".
Difiere con Molero sobre la canción del personaje Medina,
"impresentable costumbre" dice.
5)
"TV del verano: un adiós y demasiados debuts
"Más
de la televisión que nos alimenta
"Los
simuladores se despidieron con un capítulo doble fuera de serie"
Marcelo
Panozzo, TXT, Buenos Aires, 9 de enero de 2004, pág.66.
Panozzo reconoce la
ilegalidad que señala Gorodischer, pero la relativiza: "[...]
cuatro justicieros cuentapropistas, escuadrón paralegal con nada de
parapolicial, dedicado en cuerpo y alma a solucionar problemas
ajenos". El caso lo sintetiza diciendo que trabajaron para
"posibilitar la vuelta navideña al hogar de un corporate boy
adicto al trabajo", la lógica de la serie como "[...] la
embestida contra las huellas cotidianas del neoliberalismo".
Panozzo elogia la serie: "La brigada apostó a una vida con más
justicia y menos crueldad, mientras que Szifrón inventó una televisión
más noble e infinitamente más bella que esa que teníamos".
Por otra parte, Molero (La
Nación) no da cuenta del reconocimiento de citas. Elogia y agradece
el humor que el último capítulo habría recuperado de la primera
temporada, humor que habría perdido en la segunda ("Volvieron
cuatro hombres que se creían perfectos y que habían perdido el
sentido del humor"). Tampoco
Hermida (Clarín) da cuenta de citas. Tampoco Gorodischer y Fabregat
(Página/12).
Distinto es el caso de
Panozzo (TXT) quien reconoce que el último capítulo estuvo
"Atravesado por citas de todo tipo, desde el comienzo alla
Apocalypse Now hasta un gag calcado de la mucho menos prestigiosa pero
infinitamente divertida El triunfo de los nerds".
La complejidad de las
lecturas que desató el programa motivó el desarrollo de un pequeño
trabajo de campo. Del mismo rescatamos las respuestas a la pregunta
"¿cómo clasificaría a 'Los simuladores'?"; se dieron las
siguientes opciones: comedia, comedia con algo de acción, mezcla con
partes iguales de comedia y acción, serie de acción con algo de
comedia o serie de acción. El resultado permitió observar una
clasificación genérica lábil. Los entrevistados respondieron todas
las opciones menos la clasificación de "Los simuladores"
como serie exclusivamente de acción. Y entre las opciones señaladas
no se pudo encontrar una o varias que marcaran una posible tendencia o
permitiera hipotetizar un mínimo consenso en el lugar que ocupó este
programa dentro del sistema de los géneros ficcionales televisivos.
No hay coincidencia entre los
críticos sobre si el último capítulo fue mejor o peor que los
anteriores de la serie. En nuestro pequeño trabajo de campo obtuvimos
en todos los casos una evaluación inferior para el último capítulo.
La falta de coincidencia en
la clasificación genérica de "Los simuladores" obtenida en
nuestro trabajo de campo se corresponde con la no coincidente valoración
de los componentes humorísticos de parte de los críticos.
Por otra parte, los críticos
tienden a coincidir en el reconocimiento de los motivos temáticos y
el mensaje político de la serie, pero no coinciden en su elogio o crítica.
Si se revisan los motivos listados, podrá observarse que muchos son
"lugares comunes" cristalizados, que tal vez justamente por
su recurrencia y vaciamiento de sentido, con su resultante automatismo
metafórico y/o metonímico de remisión a problemas sociales de
imposible desacuerdo, permite que cada receptor los
complete/resignifique de muy distintas maneras de acuerdo a cuáles
sean sus interpretantes.
Que las críticas en general
no hablen de las citas que inundan a "Los simuladores" es
también muestra de las distintas lecturas y privilegios, de los
distintos reconocimientos que obtuvo el programa,
"tapados"/uniformizados por el "efecto" de sentido
macro de elogio que lo acompañó. Y deja además en penumbra qué
distintas colecciones de citas fueron reconocidas por cada espectador.
"Resistiré"
El año 2003 concluyó con el
éxito arrasador de la telenovela "Resistiré" coronado con
el encuentro público-actores en un teatro de Buenos Aires para
presenciar en directo la emisión del último capítulo. Se escribió
mucho sobre las novedades de propuso "Resistiré" al género
telenovela, a punto tal de discutirse en algunos casos si era o no una
telenovela. "Resistiré" ganó este año 2004 todos los
premios Martín Fierro para los que había sido nominada, incluyendo
el de oro. Queda entonces en la historia de la televisión argentina
como una telenovela de ruptura, y de éxito extendido. Pero si se
analiza con cuidado el texto y el proceso de su éxito convendremos en
que parte importante de él fue antes un efecto metadiscursivo que de
reconocimiento.
"Resistiré"
consiguió ser tema recurrente de crítica y análisis periodístico
durante su segunda mitad, a medida que abandonó parcialmente su
registro romántico clásico inicial para incorporar el registro
policial de suspenso que caracterizó su cierre con incursiones en el
campo fantástico. No decimos que la telenovela pasó desapercibida en
sus comienzas, sino que el efecto de sentido que perdura hoy es el que
generó su segunda mitad. Los metadiscursos se sumaron y
multiplicaron, e instalaron curiosidad y conversación social: el
rating creció correlativamente al crecimiento del metadiscurso periodístico.
En campo observamos que parte del crecimiento de este rating obedeció
a no quedar afuera de la conversación social (en el trabajo, en la
familia, en el bar) sobre "Resistiré".
Sobre las rupturas (o novedades) de "Resistiré" con
respecto al género telenovela, que existieron, fueron también en
buena medida sobredimensionadas por el efecto de multiplicación
metadiscursiva. Podemos sostener esto porque en la comparación
textual entre "Resistiré" y "Soy gitano" no
podemos sostener mayores desvíos en la primera. Es cierto que
"Resistiré" construyó un villano que se supo, al final,
que se alimentaba con cuerpo de su tío muerto; pero "Soy
gitano" resucitó por lo menos dos veces a un personaje muerto
para intentar vengarse. "Resistiré" tuvo apariciones fantásticas
inexplicadas y abandonadas, mientras que "Soy gitano" fue un
crescendo de brujería. "Resistiré" tuvo exageradas zonas
libres para el actuar parapolicial del villano, y "Soy
gitano" propuso hasta una mazmorra en la actualidad para la
comunidad gitana de su historia.
Queremos sostener, entonces, que el efecto de sentido que
parece que finalmente quedará en la historia de la televisión
argentina es antes un triunfo metadiscursivo de "Resistiré"
que una prolija descripción de los reconocimientos generados por la
historia de la tira. y por su comparación con "Soy gitano".
"Los
Roldán"
La comedia diaria de Telefé
en horario central de este año 2004 asombró por su alto rating
inicial, casi 40 puntos, y asombra al periodismo por su éxito
sostenido después de casi cinco meses de aire. Pero también aquí el
discurso del éxito esconde diferencias en recepción. Entre las más
importantes, obtenidas en un trabajo cualitativo propio desarrollado
en Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe, podemos señalar:
El altísimo rating obtenido "oculta" su área de
cobertura. Al mes de junio de 2004 la única medidora de rating en la
Argentina, IBOPE, sólo indaga prendido de aparatos televisivos en
Buenos Aires y Gran Buenos Aires. El éxito de "Los Roldán"
es cierto, por lo tanto, en esta zona geográfica. El trabajo
cualitativo desarrollado en Córdoba y Santa Fe permite hipotetizar
que ese éxito no se reproduce de la misma manera en estas plazas. A
diferencia de Buenos Aires, en Córdoba y Santa Fe se criticó a
"Los Roldán" por ser un "programa muy porteño",
por contar historias irreales, por presentar personajes inverosímiles
(en correspondencia con un fuerte gusto por los géneros realistas y
la ficcionalización de hechos reales), por ridiculizar a los pobres
("yo soy pobre pero no soy bruto, ni me visto tan mal"),
etc.
En Buenos Aires se observó la elección familiar del programa,
pero por distintas razones: gusto familiar, gusto de los hijos
adolescentes aceptado pero no acompañado por la madre, pedido de los
hijos menores acompañado por el padre, etc.
El personaje de Laisa (Florencia de la V, un travesti) suscitó
disímiles lecturas y críticas. Entre las positivas: gran comediante,
graciosa por lo ridícula, triunfo social de los sectores
minoritarios, etc. Entre las negativas: el travestismo como modelo de
vida, grosera, "confunde a los chicos", etc.
Sobre la relación de los chicos con el personaje de
"Laisa" en Córdoba y Santa Fe se verificó que algunos no
miran el programa para evitar la pregunta incómoda de los chicos
sobre "¿por qué esa mujer habla con esa voz?". En Buenos
Aires, por el contrario, parece existir el "riesgo" tomado
por los padres, que cuando surgió la pregunta la respuesta ensayada
pareció por el momento conformar a los chicos, o no surgió la
pregunta en el seno familiar porque los chicos trasladan la curiosidad
a sus maestras de escuela.
En muchos casos la elección de "Los Roldán" no es
positiva sino negativa, por "descarte", debido a que lo otra
alternativa ("Los pensionados") carece de elementos de interés
para el conjunto de la familia (parece convocar solamente a
adolescentes, y no a todos).
También se observó la elección de "Los Roldán"
por el género antes que por el mérito de la tira: un programa que no
exige verlo constantemente (se puede entrar y salir de la historia y
del programa
constantemente, permite que sea visto fragmentaria e incompletamente),
que no exige gran atención, que propone diversión "simple"
e inmediata, como "descanso" después de dos años,
diciembre de 2001- diciembre de 2003, fuertemente político.
De los resultados del trabajo
de campo pueden observarse los diferentes reconocimientos contenidos,
y "tapados", en el "efecto" general de alto éxito
que está obteniendo el programa "Los Roldán".
"Padre
coraje" y "El
deseo"
Unas pocas palabras sobre este otro par de
2004, que en rating gana por el momento "Padre coraje". En
nuestro trabajo de campo obtuvimos los siguientes resultados:
La heroína de "El deseo", Natalia Oreiro, segmenta:
hay quienes la elogian, hay quienes fuertemente la critrican.
"Padre coraje" es elegido en algunos casos por la
historia, en otros simplemente por el galán.
"El deseo" es rechazado en algunos casos por ser
visto como un intento de "copia" a "Resistiré",
en sus desvíos, y porque "romper" con la previsible y
generar sorpresa se puede hacer "una vez, no siempre".
Por lo tanto, estas pocas líneas
dan cuenta también de reconocimientos distintos que generan un efecto
aparentemente homogéneo.
Los
disensos de algunos consensos.
Queremos poner en evidencia
lo que en realidad todos sabemos, y que muchas veces olvidamos.
Reconocemos que todo individuo lee desde una óptica personal un
texto, y que por lo tanto puede generarle sentidos distintos a los de
otro individuo (préstese atención a las actuales polémicas
motivadas por el film La pasión de Cristo). Pero, sin embargo, en
general buscamos efectos comunes provocados por los mensajes de los
medios; y solemos "encontrarlos".
El error está en confundir
"efectos" con reconocimientos. Sin profundizar aquí la
diferencia teórica ni agotar sus consecuencias, queremos hablar de
"efectos" para referirnos a las acciones visibles
socialmente significativas. Luego, varias acciones visibles implican
varios "efectos". Pero cada uno de esos "efectos"
puede provenir de múltiples y distintos reconocimientos.
Una acción, es decir un
"efecto", por ejemplo es seguir viendo un programa. Pero los
motivos para ello, que suelen provenir de los reconocimientos, pueden
ser muy distintos y hasta contradictorios entre sí.
A estos disensos de algunos
consensos es que nos referimos con el título de este trabajo.
Disensos que quedan ocultos por los consensos, error común que parece
provenir de una tendencia presente en los estudios sobre los medios.
Porque si bien los estudios
sobre los "efectos" de los medios de comunicación fueron
problematizando la descripción y caracterización de los mismos, y se
abandonaron las explicaciones de reproducciones lineales en recepción,
y surgieron teorías de codificaciones y decodificaciones complejas,
tal vez todo esto no alcance. Sin proponer aquí un ordenamiento de
todas las teorías y modelos de comunicación existentes, podemos
esquematizar una primera clasificación dual:
a.
las que parten del axioma de que la comunicación es un hecho
natural que si no se produce exitosamente se debe a, por ejemplo,
"ruidos" en el canal, decodificaciones asimétricas,
contradicciones internas del mensaje, etc., y
b.
las que proponen entre emisión y recepción una diferencia
esencial y describen a la comunicación como operatorias sobre esa
escisión, que tratan de salvarla, pero siempre de forma irregular,
cambiante e incompleta.
Independientemente del modelo
que se adopte, suelen existir errores recurrentes en la calificación
de un proceso de comunicación como exitoso. Tienden a pensarse como
tal a la obtención en recepción de lo planificado en emisión, y/o
al consumo masivo de un mensaje. Y estos resultados, vistos como homogéneos,
terminan ocultando los complejos y diferentes reconocimientos que
generan los textos transmitidos por los medios de comunicación, que
quedan sepultados por mediciones cuantitativas de "efectos"
visibles.
Se trata entonces, sostenemos, de diferenciar
"efectos" de reconocimientos, y de enriquecer el estudio de
los primeros con los segundos, es decir, con sus disensos y consensos.
Bibliografía:
Martínez Mendoza, Rolando Carlos y Petris, José Luis (2002)
“Comunicaciones en épocas de la utopía Crusoe”, Libro de Actas
del V Congreso Internacional de la Federación Latinoamericana de Semiótica
(2004), Buenos Aires: Facultad de Filosofía y Letras (UBA) y Asociación
Argentina de Semiótica.
Martínez Mendoza, Rolando Carlos y Petris, José Luis (2004)
“Los disensos de algunos consensos. “Los [muy muy y tan tan
reconocidos] Simuladores”, Libro de Actas del Congreso Internacional
de Políticas Culturales e Integración Regional, Buenos Aires.
Steimberg Oscar (1993) Semiótica de los medios masivos, Buenos
Aires: Atuel, Colección del Círculo Buenos Aires para el estudio de
los lenguajes contemporáneos.
Verón, Eliseo (1987) La semiosis social, Buenos Aires: GEDISA,
Colección el Mamífero Parlante.
Verón, Eliseo (2004) Fragmentos de un tejido, Buenos Aires:
GEDISA, Colección el Mamífero Parlante.