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LOS DISENSOS DE ALGUNOS CONSENSOS. "EFECTOS" Y RECONOCIMIENTOS DE ÉXITOS DE RATING DE LA TELEVISIÓN ARGENTINA ENTRE 2002 y 2004.

 

Licenciados Rolando Martínez Mendoza y José Luis Petris

Universidad de Buenos Aires e Instituto Universitario Nacional de las Artes (Argentina)

Palabras clave: reconocimiento – cualitativo - homogeneidad

 

Resumen

            En los últimos 3 años la televisión argentina generó programas que obtuvieron alto rating y motivaron críticas elogiosas.

            Estos programas, pertenecientes a diferentes géneros, generaron efectos en la recepción que se mostraron como únicos, lineales y homogéneos, ocultando/silenciando la complejidad de toda recepción caracterizada por el desfase constitutivo del proceso comunicacional.

            Se discutirá el reconocimiento de estos nuevos hitos de la televisión argentina, revisando la crítica periodística y los resultados de trabajos cualitativos de recepción hechos en Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe.

           

            En los últimos 3 años la televisión argentina generó programas ficcionales que obtuvieron muy altos ratings, motivaron críticas consensuadamente elogiosas y se convirtieron en referentes de la producción televisiva actual.

            Estos programas, pertenecientes a diferentes géneros, generaron efectos en la recepción que, en principio, en general por omisión, se mostraron como únicos, lineales y homogéneos, ocultando/"silenciando" la complejidad de toda recepción caracterizada por el desfase constitutivo de todo proceso comunicacional.[1]

            Este trabajo se propone el análisis y discusión del reconocimiento de estos, hasta ahora, nuevos hitos en la historia de la televisión argentina. En algunos casos revisando el reconocimiento que hizo la crítica periodística de ellos, en otros estudiando los resultados de trabajos cualitativos de recepción hechos en Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe.

 

"Los Simuladores"

"Los Simuladores" fue un éxito de rating (sus temporadas fueron repetidas ya dos veces) y recibió y sigue recibiendo un casi unánime elogio por parte de la prensa, además de seguir cosechando premios tal como sucedió en la entrega de los premios Martín Fierro, los más importantes otorgados por la crítica asociada a la producción de radio y televisión en Argentina.[2]

El último capítulo de "Los Simuladores" se emitió por el canal Telefé el lunes 5 de enero de 2004, mucho después de la emisión del anteúltimo capítulo. Este hiato despertó grandes expectativas en el público y la crítica especializada.

            Analizaremos las críticas publicadas sobre este último capítulo porque constituyen lugares privilegiados donde detectar "efectos" de este programa ficcional que se sostiene cambió a la televisión argentina, transformándose en un programa de culto.

 

1) " 'Los simuladores' dijeron adiós

"En el episodio de despedida, la serie recuperó el espíritu de la primera temporada"

Miriam Molero, La Nación, Buenos Aires, miércoles 7 de enero de 2004, 4º sección, pág.1.

 

La crítica comienza así: "¿Se puede aplaudir de pie frente al televisor? Se puede. Se debe. Aplausos de pie para Damián Szifron".

Elogio aparte, Molero reconoce en el último capítulo tres dualidades: 1) "cuerpo/mente (la violencia de Milaso, la inteligencia de los simuladores)"; 2) "cine/TV"; 3) "vida familiar en un pequeño pueblo/vida vacía en la gran ciudad". También reconoce entre lo criticado en el programa a "las promesas yuppies" y a las empresas internacionales. Y elogia un pasaje del capítulo: "Pasará a la historia la dulzura kitsch de Medina (Martín Seefeld), que en el final brilló con su canción al juguetero Simón".

 

2) "El adiós más esperado

"Después de varias idas y vueltas, el lunes se emitió el final de la exitosa serie ideada por Damián Szifron"

Luis María Hermida, Clarín, Buenos Aires, miércoles 7 de enero de 2004, sección Espectáculos, pág.2.

 

El título es algo ambiguo. Pero el destacado no: "Si de algo no quedaron dudas, después de dos temporadas, es que Los simuladores hicieron historia, y de la buena". Sin embargo el texto de Hermida critica más que elogiar, pero rescatando el proyecto: "La demorada grabación y puesta en el aire del episodio final terminó atentando contra el cierre que merecía el programa"; "La propuesta del episodio final no revistió características extraordinarias, más allá de su duración"; "Damián Szifron, Federico D'Elía, Alejandro Fiore, Diego Peretti y Martín Seefeld construyeron desde la nada y las ganas un suceso televisivo de aquellos [...] más que nada por su capacidad de llevar adelante un proyecto comercial independiente [...] sin desmedro de calidades, productiva, narrativa y estética, aplicadas al entretenimiento más genuino".

 

3) "Terminó 'Los simuladores', mucho más que una exitosa y sofisticada comedia

"Los sueños de una Justicia alternativa”

"Durante dos años, el grupo de expertos dirigido por Damián Szifrón concretó un auténtico fenómeno televisivo. El demorado final del ciclo subrayó su planteo ideológico: proponer una utopía social que buscara el regreso a un viejo orden de valores perdidos"

Julián Gorodischer, Página/12, Buenos Aires, miércoles 7 de enero de 2004, pág.20.

 

Los paratextos que introducen a la crítica confunden. Pero el texto, con ironía, critica. "Los simuladores incidieron siempre para que triunfe un modelo conservador de virtudes, o una manera de ser que alguien decidió mejor que otras y que se le impone a la víctima aún contra voluntad".

Gorodischer reconoce en el capítulo final de "Los simuladores" un elogio a "la vida pueblerina" frente al trabajo en una "corporación", una crítica a "la ilusión de tener un 'handy' con pantallita ("la ronda familiar siempre será preferible a estar en las filas de la multinacional"), un elogio al "primer amor". Gorodischer reconoce en "Los simuladores" el mensaje de que "La Modernidad se ha extendido a todos los ámbitos de la vida provocando divorcios, familiar quebradas, casamientos truncos, desempleo y pequeñas empresas fulminadas por las corporaciones". Los motivos reconocidos son "un novio engañador, un hombre despedido, un padre divorciado". Dice Gorodischer: "Durante dos años, el grupo de expertos fue la consagración de un estado de las cosas previo a la globalización"; "[...] esto no tuvo nada que ver con una comedia pasatista. Fue, mientras duró, un modo de ejercer una justicia por mano propia que defendió una doctrina de la ilegalidad bajo premisa: 'El fin justifica los medios' ". Y termina con un bartlebiano: "El mundo se moderniza inevitablemente. ¡Ah, el horror!"

 

4) "Una marca en la pantalla"

Eduardo Fabregat, Página/12, Buenos Aires, miércoles 7 de enero de 2004, pág.20.

 

Fabregat no coincide con Gorodischer. Tampoco con Hermida. Sí con Molero: "Fueron varios meses de espera para ver el último operativo, y la sensación es que el final de Los simuladores no estuvo a la altura de todo lo anterior: el esperado epílogo logró superar el ya alto estándar de calidad de la serie, cerrando su historia con soltura narrativa, grandes actuaciones, notable tratamiento de la imagen y sutilezas de toda clase". Fabregat reconoce que la última misión fue "despertar a un joven empleado de marketing de su sueño de ascender" en una multinacional, y "reconectarlo con su familia del interior y alejarlo de una frustración segura". Difiere con Molero sobre la canción del personaje Medina, "impresentable costumbre" dice.

 

5) "TV del verano: un adiós y demasiados debuts

"Más de la televisión que nos alimenta

"Los simuladores se despidieron con un capítulo doble fuera de serie"

Marcelo Panozzo, TXT, Buenos Aires, 9 de enero de 2004, pág.66.

 

Panozzo reconoce la ilegalidad que señala Gorodischer, pero la relativiza: "[...] cuatro justicieros cuentapropistas, escuadrón paralegal con nada de parapolicial, dedicado en cuerpo y alma a solucionar problemas ajenos". El caso lo sintetiza diciendo que trabajaron para "posibilitar la vuelta navideña al hogar de un corporate boy adicto al trabajo", la lógica de la serie como "[...] la embestida contra las huellas cotidianas del neoliberalismo". Panozzo elogia la serie: "La brigada apostó a una vida con más justicia y menos crueldad, mientras que Szifrón inventó una televisión más noble e infinitamente más bella que esa que teníamos".

 

Por otra parte, Molero (La Nación) no da cuenta del reconocimiento de citas. Elogia y agradece el humor que el último capítulo habría recuperado de la primera temporada, humor que habría perdido en la segunda ("Volvieron cuatro hombres que se creían perfectos y que habían perdido el sentido del humor").  Tampoco Hermida (Clarín) da cuenta de citas. Tampoco Gorodischer y Fabregat (Página/12).

Distinto es el caso de Panozzo (TXT) quien reconoce que el último capítulo estuvo "Atravesado por citas de todo tipo, desde el comienzo alla Apocalypse Now hasta un gag calcado de la mucho menos prestigiosa pero infinitamente divertida El triunfo de los nerds".

 

La complejidad de las lecturas que desató el programa motivó el desarrollo de un pequeño trabajo de campo. Del mismo rescatamos las respuestas a la pregunta "¿cómo clasificaría a 'Los simuladores'?"; se dieron las siguientes opciones: comedia, comedia con algo de acción, mezcla con partes iguales de comedia y acción, serie de acción con algo de comedia o serie de acción. El resultado permitió observar una clasificación genérica lábil. Los entrevistados respondieron todas las opciones menos la clasificación de "Los simuladores" como serie exclusivamente de acción. Y entre las opciones señaladas no se pudo encontrar una o varias que marcaran una posible tendencia o permitiera hipotetizar un mínimo consenso en el lugar que ocupó este programa dentro del sistema de los géneros ficcionales televisivos.

No hay coincidencia entre los críticos sobre si el último capítulo fue mejor o peor que los anteriores de la serie. En nuestro pequeño trabajo de campo obtuvimos en todos los casos una evaluación inferior para el último capítulo.

La falta de coincidencia en la clasificación genérica de "Los simuladores" obtenida en nuestro trabajo de campo se corresponde con la no coincidente valoración de los componentes humorísticos de parte de los críticos.

Por otra parte, los críticos tienden a coincidir en el reconocimiento de los motivos temáticos y el mensaje político de la serie, pero no coinciden en su elogio o crítica. Si se revisan los motivos listados, podrá observarse que muchos son "lugares comunes" cristalizados, que tal vez justamente por su recurrencia y vaciamiento de sentido, con su resultante automatismo metafórico y/o metonímico de remisión a problemas sociales de imposible desacuerdo, permite que cada receptor los complete/resignifique de muy distintas maneras de acuerdo a cuáles sean sus interpretantes.

Que las críticas en general no hablen de las citas que inundan a "Los simuladores" es también muestra de las distintas lecturas y privilegios, de los distintos reconocimientos que obtuvo el programa, "tapados"/uniformizados por el "efecto" de sentido macro de elogio que lo acompañó. Y deja además en penumbra qué distintas colecciones de citas fueron reconocidas por cada espectador.

 

"Resistiré"

El año 2003 concluyó con el éxito arrasador de la telenovela "Resistiré" coronado con el encuentro público-actores en un teatro de Buenos Aires para presenciar en directo la emisión del último capítulo. Se escribió mucho sobre las novedades de propuso "Resistiré" al género telenovela, a punto tal de discutirse en algunos casos si era o no una telenovela. "Resistiré" ganó este año 2004 todos los premios Martín Fierro para los que había sido nominada, incluyendo el de oro. Queda entonces en la historia de la televisión argentina como una telenovela de ruptura, y de éxito extendido. Pero si se analiza con cuidado el texto y el proceso de su éxito convendremos en que parte importante de él fue antes un efecto metadiscursivo que de reconocimiento.   

"Resistiré" consiguió ser tema recurrente de crítica y análisis periodístico durante su segunda mitad, a medida que abandonó parcialmente su registro romántico clásico inicial para incorporar el registro policial de suspenso que caracterizó su cierre con incursiones en el campo fantástico. No decimos que la telenovela pasó desapercibida en sus comienzas, sino que el efecto de sentido que perdura hoy es el que generó su segunda mitad. Los metadiscursos se sumaron y multiplicaron, e instalaron curiosidad y conversación social: el rating creció correlativamente al crecimiento del metadiscurso periodístico. En campo observamos que parte del crecimiento de este rating obedeció a no quedar afuera de la conversación social (en el trabajo, en la familia, en el bar) sobre "Resistiré".

            Sobre las rupturas (o novedades) de "Resistiré" con respecto al género telenovela, que existieron, fueron también en buena medida sobredimensionadas por el efecto de multiplicación metadiscursiva. Podemos sostener esto porque en la comparación textual entre "Resistiré" y "Soy gitano" no podemos sostener mayores desvíos en la primera. Es cierto que "Resistiré" construyó un villano que se supo, al final, que se alimentaba con cuerpo de su tío muerto; pero "Soy gitano" resucitó por lo menos dos veces a un personaje muerto para intentar vengarse. "Resistiré" tuvo apariciones fantásticas inexplicadas y abandonadas, mientras que "Soy gitano" fue un crescendo de brujería. "Resistiré" tuvo exageradas zonas libres para el actuar parapolicial del villano, y "Soy gitano" propuso hasta una mazmorra en la actualidad para la comunidad gitana de su historia.

            Queremos sostener, entonces, que el efecto de sentido que parece que finalmente quedará en la historia de la televisión argentina es antes un triunfo metadiscursivo de "Resistiré" que una prolija descripción de los reconocimientos generados por la historia de la tira. y por su comparación con "Soy gitano".

 

"Los Roldán"

La comedia diaria de Telefé en horario central de este año 2004 asombró por su alto rating inicial, casi 40 puntos, y asombra al periodismo por su éxito sostenido después de casi cinco meses de aire. Pero también aquí el discurso del éxito esconde diferencias en recepción. Entre las más importantes, obtenidas en un trabajo cualitativo propio desarrollado en Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe, podemos señalar:

          El altísimo rating obtenido "oculta" su área de cobertura. Al mes de junio de 2004 la única medidora de rating en la Argentina, IBOPE, sólo indaga prendido de aparatos televisivos en Buenos Aires y Gran Buenos Aires. El éxito de "Los Roldán" es cierto, por lo tanto, en esta zona geográfica. El trabajo cualitativo desarrollado en Córdoba y Santa Fe permite hipotetizar que ese éxito no se reproduce de la misma manera en estas plazas. A diferencia de Buenos Aires, en Córdoba y Santa Fe se criticó a "Los Roldán" por ser un "programa muy porteño", por contar historias irreales, por presentar personajes inverosímiles (en correspondencia con un fuerte gusto por los géneros realistas y la ficcionalización de hechos reales), por ridiculizar a los pobres ("yo soy pobre pero no soy bruto, ni me visto tan mal"), etc.

          En Buenos Aires se observó la elección familiar del programa, pero por distintas razones: gusto familiar, gusto de los hijos adolescentes aceptado pero no acompañado por la madre, pedido de los hijos menores acompañado por el padre, etc.

          El personaje de Laisa (Florencia de la V, un travesti) suscitó disímiles lecturas y críticas. Entre las positivas: gran comediante, graciosa por lo ridícula, triunfo social de los sectores minoritarios, etc. Entre las negativas: el travestismo como modelo de vida, grosera, "confunde a los chicos", etc.

          Sobre la relación de los chicos con el personaje de "Laisa" en Córdoba y Santa Fe se verificó que algunos no miran el programa para evitar la pregunta incómoda de los chicos sobre "¿por qué esa mujer habla con esa voz?". En Buenos Aires, por el contrario, parece existir el "riesgo" tomado por los padres, que cuando surgió la pregunta la respuesta ensayada pareció por el momento conformar a los chicos, o no surgió la pregunta en el seno familiar porque los chicos trasladan la curiosidad a sus maestras de escuela.

          En muchos casos la elección de "Los Roldán" no es positiva sino negativa, por "descarte", debido a que lo otra alternativa ("Los pensionados") carece de elementos de interés para el conjunto de la familia (parece convocar solamente a adolescentes, y no a todos).

          También se observó la elección de "Los Roldán" por el género antes que por el mérito de la tira: un programa que no exige verlo constantemente (se puede entrar y salir de la historia y del  programa constantemente, permite que sea visto fragmentaria e incompletamente), que no exige gran atención, que propone diversión "simple" e inmediata, como "descanso" después de dos años, diciembre de 2001- diciembre de 2003, fuertemente político.   

 

De los resultados del trabajo de campo pueden observarse los diferentes reconocimientos contenidos, y "tapados", en el "efecto" general de alto éxito que está obteniendo el programa "Los Roldán".

 

"Padre coraje" y  "El deseo"

            Unas pocas palabras sobre este otro par de 2004, que en rating gana por el momento "Padre coraje". En nuestro trabajo de campo obtuvimos los siguientes resultados:

          La heroína de "El deseo", Natalia Oreiro, segmenta: hay quienes la elogian, hay quienes fuertemente la critrican.

          "Padre coraje" es elegido en algunos casos por la historia, en otros simplemente por el galán.

          "El deseo" es rechazado en algunos casos por ser visto como un intento de "copia" a "Resistiré", en sus desvíos, y porque "romper" con la previsible y generar sorpresa se puede hacer "una vez, no siempre".

 

Por lo tanto, estas pocas líneas dan cuenta también de reconocimientos distintos que generan un efecto aparentemente homogéneo.

 

Los disensos de algunos consensos.

Queremos poner en evidencia lo que en realidad todos sabemos, y que muchas veces olvidamos. Reconocemos que todo individuo lee desde una óptica personal un texto, y que por lo tanto puede generarle sentidos distintos a los de otro individuo (préstese atención a las actuales polémicas motivadas por el film La pasión de Cristo). Pero, sin embargo, en general buscamos efectos comunes provocados por los mensajes de los medios; y solemos "encontrarlos".

El error está en confundir "efectos" con reconocimientos. Sin profundizar aquí la diferencia teórica ni agotar sus consecuencias, queremos hablar de "efectos" para referirnos a las acciones visibles socialmente significativas. Luego, varias acciones visibles implican varios "efectos". Pero cada uno de esos "efectos" puede provenir de múltiples y distintos reconocimientos.

Una acción, es decir un "efecto", por ejemplo es seguir viendo un programa. Pero los motivos para ello, que suelen provenir de los reconocimientos, pueden ser muy distintos y hasta contradictorios entre sí.

A estos disensos de algunos consensos es que nos referimos con el título de este trabajo. Disensos que quedan ocultos por los consensos, error común que parece provenir de una tendencia presente en los estudios sobre los medios.

Porque si bien los estudios sobre los "efectos" de los medios de comunicación fueron problematizando la descripción y caracterización de los mismos, y se abandonaron las explicaciones de reproducciones lineales en recepción, y surgieron teorías de codificaciones y decodificaciones complejas, tal vez todo esto no alcance. Sin proponer aquí un ordenamiento de todas las teorías y modelos de comunicación existentes, podemos esquematizar una primera clasificación dual:

a.      las que parten del axioma de que la comunicación es un hecho natural que si no se produce exitosamente se debe a, por ejemplo, "ruidos" en el canal, decodificaciones asimétricas, contradicciones internas del mensaje, etc., y

b.      las que proponen entre emisión y recepción una diferencia esencial y describen a la comunicación como operatorias sobre esa escisión, que tratan de salvarla, pero siempre de forma irregular, cambiante e incompleta.

 

Independientemente del modelo que se adopte, suelen existir errores recurrentes en la calificación de un proceso de comunicación como exitoso. Tienden a pensarse como tal a la obtención en recepción de lo planificado en emisión, y/o al consumo masivo de un mensaje. Y estos resultados, vistos como homogéneos, terminan ocultando los complejos y diferentes reconocimientos que generan los textos transmitidos por los medios de comunicación, que quedan sepultados por mediciones cuantitativas de "efectos" visibles.  

            Se trata entonces, sostenemos, de diferenciar "efectos" de reconocimientos, y de enriquecer el estudio de los primeros con los segundos, es decir, con sus disensos y consensos.

 

 

Bibliografía:

          Martínez Mendoza, Rolando Carlos y Petris, José Luis (2002) “Comunicaciones en épocas de la utopía Crusoe”, Libro de Actas del V Congreso Internacional de la Federación Latinoamericana de Semiótica (2004), Buenos Aires: Facultad de Filosofía y Letras (UBA) y Asociación Argentina de Semiótica.

          Martínez Mendoza, Rolando Carlos y Petris, José Luis (2004) “Los disensos de algunos consensos. “Los [muy muy y tan tan reconocidos] Simuladores”, Libro de Actas del Congreso Internacional de Políticas Culturales e Integración Regional, Buenos Aires.

          Steimberg Oscar (1993) Semiótica de los medios masivos, Buenos Aires: Atuel, Colección del Círculo Buenos Aires para el estudio de los lenguajes contemporáneos.

          Verón, Eliseo (1987) La semiosis social, Buenos Aires: GEDISA, Colección el Mamífero Parlante.

          Verón, Eliseo (2004) Fragmentos de un tejido, Buenos Aires: GEDISA, Colección el Mamífero Parlante.

 



[1] La noción de circulación como diferencia entre producción y reconocimiento abre el camino para el estudio de la articulación entre un mensaje y sus efectos. (Verón, Eliseo: 1987 y 2004.)

[2] "Los simuladores" fue Martín Fierro de Oro en 2003 y este año 2004 recibió el premio a la mejor  producción integral, mejor unitario o serie televisiva y mejor actuación especial masculina.

 



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